viernes, 27 de julio de 2018

La incomodidad

¿Que por qué estoy así? No lo sé. Son los nervios, los nervios adquiridos, la locura en el ambiente, la neurosis. ¡Quién puede saberlo mejor, sino yo! La semana pasada fue realmente pesada, inesperada, de negociaciones forzadas y estúpidas, quizá fue un viaje casi en vano, o, mejor dicho, ese objetivo, ese cansancio en específico sí que lo fue.
No puedes ayudar a alguien si éste no quiere ser ayudado. Ah, pero, ahí fui. Lo hice porque quedé alarmada al escuchar tanta incoherencia y al ver que, aparentemente, nadie lo notaba. Después resultó que sí. 
Esa semana me desgastó, desgastó mis nervios, acabó con mis fuerzas, mi tiempo, mi paciencia y ahora no hay más que desesperación y ahogo, ahogo entre tanta lluvia, entre la promesa rota de la colada, las sábanas aún húmedas, la ropa medio seca.
¿Qué me deparará el destino?
Resulta que la persona a la que ayudamos ha echado en saco roto lo dicho, lo hecho, una y otra vez; resulta que quiere que las cosas se resuelvan tal y como ella piensa, sin modificaciones. (Los planes se mueven, eso me resulta familiar). ¿Qué fue lo que me cansó de toda esa experiencia?
Pareciera que esa persona es la única en sufrir, la única en sentirse mal, la única en sentir la desesperación asfixiante, la única cuyo humor le hace cometer actos de los que se arrepiente al momento posterior inmediato. No. Ella no es la única. También yo he estado en ese humor, en ese estado maldito de la mente. Justamente en estos momentos me encuentro en algo similar. ¿Qué hacer? Aislarme, callar, escribir, porque caminar con esta lluvia que arruinó mi colada no se puede, concentrarme en la labor intelectual que lleva ya en mi varios años y que parece que finalizaré en tiempos no remotos (parece). 
Eso me agotó, eso mermó mis fuerzas físicas y psíquicas, aunado a la dificultad de poder auxiliar a alguien sí querido, y guitarrista, que estaba en trance similar o más agudo.

Por favor, querida gente, si se van a meter a lo trascendental, háganlo con plena consciencia, con paciencia y con estudio. Si se van a meter chochos locos de psiquiatra, no se los quiten de golpe, no se provoquen desequilibrios químicos en su cabeza. Si van a ser personas sufrientes por vocación, séanlo, así, plenamente, pero séanlo en alguna expresión creativa.
Sí, el estado maldito de la mente puede bajar sus decibeles con Arte, con lectura, con creación.
¿Qué sería de mí sin EL ARTEEEE?
Quizá una sufridora sin convicción, trastornada, con un sufrimiento perdido, sin destino ni final, sin cause, porque sí, el sufrir siempre está allí, aquí, en mi corazón, pero está en mí hacer algo de él, transformarlo en algo más, en algo bello, sobretodo. Está en mí y sólo en mí la fuerza creadora; la creación que no viene de la nada, sino de mis tormentos, lamentos y aventuras.
Tras esa semana supe mi manera de serenarme, de llegar de nuevo a mi centro, pero ¡oh! Ahora justo es tan difícil…



martes, 24 de julio de 2018

La DIOSA

La DIOSA, ¿qué es la DIOSA? Yo misma me lo preguntaba sendas veces y al mirar al interior lo sabía. La DIOSA está dentro, está fuera, está por doquier. Es la fuerza, la semilla y la voluntad; es la capacidad infinita, ilimitada. Una sonrisa, ojos a veces cansados, a veces llenos de lágrimas y otras veces, sonrientes. La DIOSA se manifiesta y lo come todo, lo toma todo, lo quiere todo para ella, pero es generosa y también da. 
Da caricias, da canciones, da miradas de reproche, de gozo, de gusto, de regaño, de berrinche. La DIOSA no es perfecta, pero en su imperfección lo abarca todo. Teme, huye, se esconde, luego simplemente se avienta, grita, habla, se abre, y luego se cierra.
La DIOSA es para todos y sólo para uno sólo. La DIOSA es para sí misma; le gusta gozarse, tocarse, le gusta mirar su figura y jugar con los sentidos, el placer, el dolor, los aromas suaves y los sabores fuertes. ¿Qué es la DIOSA, sino una manifestación deliciosa y humana de la fuerza de Natura?
La DIOSA se manifiesta y es feliz. Lo quiere devorar todo, sobretodo a quien la ama, quiere su placer, quiere su dolor: Quiere la belleza del Todo.
Si me preguntan dónde pueden encontrarla, tendrán que ser amables, bellos, extraordinarios, dignos de ella. Si son dignos, la DIOSA les ofrecerá su cuerpo mismo, pedazos de su alma, belleza y creaciones. Si no lo son, ella no se molestará siquiera en mirarlos, pero, es mejor no molestarla.
A la DIOSA le gusta el silencio y la soledad. 
A la DIOSA le gusta jugar.
A la DIOSA no le gusta que la interrumpan, es iracunda.
A la DIOSA le gusta que le hagan caso.

La DIOSA te mira, te toca, huele, degusta. Acaba contigo, mientras ella misma se consume de amor.





martes, 10 de julio de 2018

Dos arbolitos

Por varios años he añorado mi casita, mi casita con perrito, gatito y arbolitos, no sólo dos, sino varios, los que quepan, y varias otras plantitas, las que quieran vivir conmigo. Me han dicho que hace tres años hice la propuesta, la verdad es que no me acuerdo, para mí ha pasado menos tiempo, o más, ya ni sé. Hace varios años que quiero mi casita, no sólo por ser mía, sino por ser de ambos; por saber que estaré con mi igual; por la felicidad de tener quien me ayude en el quehacer, ese asqueroso quehacer que ¡ay, cómo quita el tiempo! Ojalá sí pase.
Y ojalá que pase la casita, no tanto como la imagino, porque sé que eso es imposible, pero que sí sea de nuestro agrado, que sea cálida y ventilada, que sea silenciosa y alegre, que esté llena de amor y de sexo. Sí, para eso quiero la casita, para estar con él y nada más, bueno sí, también para estar con la gata, la perra, las plantitas, las flores y todo lo que quiera vivir con nosotros, casi todo, ratitas, no.
Quiero nuestra casita y tengo miedo de no tenerla, de que se escape, de que no se concrete, o que sea un mal trago. Sólo quiero un lugar contento, un lugar bueno y fácil de limpiar, libre de escalones innecesarios.

A veces creo que pido demasiado. A veces no me siento capaz de lograr ese objetivo, y casi ninguno. Me han dicho que es por perfeccionista y exigente de mí misma, yo creo que no, yo creo que soy lo suficientemente torpe para no llegar al auto sabotaje, sino solamente quedarme en el comienzo, porque doy vueltas en círculos, persigo mi cola, aunque ni tengo, y luego me canso y me duermo.
La exigencia paraliza, más que el miedo, quizá, y justo en este momento, el momento de la tan deseada casa, no sé cómo reaccionar. Silencio tengo, paz, también. Tal vez es la falta de certeza, pero esa nunca la voy a tener.
¿Qué más hacer? ¿qué más pensar? ¿Y decir?
Es un decir, es un eterno retorno y mejor saltar y saltar y saltar… Hasta dejar de botar, hasta el cansancio, hasta chapotear el agua que se estanca, hasta remover el polvo y estornudar. ¿Qué más?

Seguir.


miércoles, 20 de junio de 2018

Pila del agua bendita

De pensar en otras relaciones a pensar sólo en una, hay un gran paso; hay una gran decisión, y se ha hecho. Hacer una relación consigo mismo y compartirla con otro más, ninguno más. ¿Por qué? Porque me he cansado de las propuestas insulsas, vacías, me he cansado de los "hola" sin más razón que el fornicio sinsentido. 
Aunque soy fan del fornicio sin sentido, le he perdido gusto. Aunque la vida sin fornicio no tendría sentido, no me falta, ni me sobra. Pero no quiero más fornicio, ni más coqueteos, ni juegos a que jugamos a que nos vamos a dar placer. No. Eso ya no lo quiero, porque no me llena, porque no llena a nadie. Tampoco me vacía. Simplemente, no.
Me he visto en situaciones no favorables, en momentos incómodas; a veces me he visto hasta forzada. No, no siempre quiero compartir mi sexualidad con cualquiera, ni con algún conocido. 
Más me atrae una buena charla, una plática interesante. Más me atrae que me cuenten algo, que sean amenos y divertidos, que sean imaginativos. Sí. Porque busco enamorarme de nuevo, porque sí, el ingrediente secreto es el amor, porque el cuerpo sin mucho seso no tiene gran chiste.
Busco educación, dulzura, cautela. Busco la elaboración en el discurso, las anécdotas grandiosas, o pequeñas, la fuente de risas, los ojos honestos y la lujuria infinita, todo eso junto y hasta más. 
Quiero que la magia vuelva, quiero dejarme ir con la entera confianza de que el otro está allí y no está solamente en la búsqueda de su propia satisfacción carnal. Eso no tiene mayor ciencia ni reto. Eso se puede hacer en la soledad del cuarto con mano o juguete. Quiero la satisfacción mutua física e intelectual.
¿De dónde vino todo esto?
Saber lo que en realidad soy, verme en otros ojos, verme en su negación, verme en el rechazo, verme en la aceptación total. Estuve allí y estoy acá. Seguí a pesar de mí; seguí sin podérmela creer y fui. Ahora soy.
Y en este Soy veo muy para adentro, veo lo que me construye. Veo todo lo que me puede reconstruir. Soy, el otro, el entorno. En este Soy lo desea todo de vuelta, por completo, sin preguntas, libremente.
No por mi deseo de exclusividad física, ni de delicada selección, me he de cerrar a opciones. Es cosa más simple: No Soy yo para todos, soy Yo para mí misma. Seré yo para con los que de verdad lo sienta.
He de ser pila del agua bendita para los rancheros que yo disponga.



viernes, 8 de junio de 2018

En el cielo y en la tierra.

Tengo sueño. Tengo mucho sueño. No había querido escribir nada, ni aquí, ni en el diario de papel, porque me he visto inmersa en el proceso creativo pero, ¡oh sorpresa! El proceso creativo hizo una pausa forzosa por el dolor anímico y físico de la persona que amo.
Es casi imposible concentrarme en las cosas programadas, las cosas reales y bellas, cuando se tiene la cabeza en otro sitio. Sí, sabía que eso podía pasar, pero no sabía que me podía doler así, que me podía pegar de manera tangencial y a la vez tan directa. Nos ha tomado desprevenido a todos.
Pero yo no tengo derecho a quejarme, ni a manifestar desazón. No puedo expresar más que apoyo y dar mi mejor cara, mostrar mi mejor actitud. Y ya.
¡Qué bonito se ve el cielo desde mi ventana!
Toca ser la persona fuerte, la paciente, y no me quejo, pero ojalá también mi corazón encontrara sosiego. Sé que su corazón merece más sosiego, un pedazo de belleza (le entregaré mi belleza), un toque de sabor (le quitaré los sinsabores), miradas buenas y risas.
¿Será la necesidad de sentirse necesitada o será el auténtico dolor por el otro, la compasión?
No lo sé y me atormenta un poco.
No sé si estoy siendo egoísta o si me esfuerzo demasiado. No sé cómo actuar exactamente. ¡Ah, cómo lo extraño! 
Mejor quedarme con los pensamientos tristes, con las dudas, no vaya a ser que reaccione de mala manera y no lo merezca, porque no lo merece, tampoco lo merezco yo.
Toda la tarde con sueño y en silencio, porque más vale tomar la siesta y recuperarse, porque más vale tragarse las palabras y no dejarse llevar por los tormentos psíquicos que no me competen.
Ser simplemente una  E v a  que está ahí, para cuando se le necesite. Suena duro, pero es lo mejor.
En eso también consiste el amor.




miércoles, 23 de mayo de 2018

Reconstrucción, o la entrega de la Voluntad a EL ARTEEEE.

Tomar en serio algo. Emocionarse. Saber que uno está haciendo algo. ¡En serio! ¡En serio que lo estoy haciendo! El momento es hoy, ahorita, el tan mexicano ahorita, pero no tanto, porque no es el ahorita de en un momento (indeterminado) se hará, sino que sí, lo hago. Emprendo.
No hago que hago. Hago. ¿Qué hago? Arte, puritito Arte, para despejar los miedos, arrancar temores y mirar con nuevos ojos, sentir con otra piel, oír todo otra vez, repasar y rehacer. ¿Los olfatos? Bien machacados. ¿Los gustos? Extra-ordinarios.
Sí, hago Arte porque sé hacerlo, sé cómo se hace, porque he pasado mucho tiempo ya viendo hacia afuera y mirando para adentro a ratos, sólo a ratos, y sólo lo feo, lo molesto, apestoso, ruidoso; sólo lo que todos notaban y me hacían notar de mí. Así miraba para dentro. Así era como mirar de afuera y sólo ver la superficie, sin estudio, sin verdadera apreciación del objeto-sujeto-yo.
¿Cómo lo supe?
Realmente hace poco. Hace unos cuantos días platicaba mi proyecto a mi familia y una de sus integrantes me dijo algo así como: "¿También vas a chillar, también vas a hacer berrinche…?" A lo que le respondí que no, que eso no era Arte. Y eso fue todo; calló. Mi seriedad lo pudo todo y la apreciación sobre mí la rebasó y sí, así me apreciaba a mí misma, no desde mi verdadero sentir, desde mis ojos, oídos y capacidades, sino desde el punto de vista de los demás; un punto de vista bastante pobre. Lo vi. Y no, no soy esa que piensan ellas, ni ellos, ni nadie; soy esta, la que está accionando hacia el futuro, la que tiene un plan maestro y un proyecto rico y artístico, o artísticamente rico, la que piensa, planea, dice, crea. Soy yo creator, y así lo he sido siempre, a pesar de sus denostaciones, a pensar de sus negaciones, a pesar de su eterna forma de quererme normalizar en una vida plana y sin sobresaltos, sin luces y sonidos, sin verdadera vida.
Hace poco una prima me dijo que ellos nos hacían locos. Ahora entiendo el porqué. Sí, ellos nos hacen locos; nos hacen dudar de nosotros mismos. Su ayuda no nos ayuda, nos quita equilibrio, nos desconfigura; ellas quieren que seamos como ellas creen que debemos ser, y no. Lo siento. No.
Apenas hoy vi el tatuaje de uno de mis primos, de esos tatuajes que representan la superviviencia a la depresión. ¿Marcarse eso? ¿En serio no hay mejor forma de sobrevivir a la depresión? Puede que sí, pero, ¿por qué no algo fuera de lo común?
He salido avante. Me he mantenido al margen. No necesito esa marca, ni tomar fármacos, ni del hermano que te dice lo que debes hacer.
Bienvenida yo a mí misma, a mi proyecto del ARTEEEE, ese que hago porque puedo, porque sé y porque soy. El Arte que soy una, que soy yo, porque entrego mi Voluntad al EL ARTEEEEE. 


viernes, 11 de mayo de 2018

Aniversario. El año de la Voluntad.

Este es el año de la Voluntad, el año de la voluntad de estar juntos, el año de la voluntad de amar, el año de la voluntad de emprender. El año de nuestras voluntades.
Este es el año de la Vida y de la Muerte. El año del ciclo mágico, de salir de nosotros y convertirnos en otros y, al mismo tiempo, volver a ser lo que siempre hemos sido.
Este no es un año suave, tampoco es duro, ni blando, acaso un poco rugoso, rugoso como el interior de mi cuerpo y del suyo. Es un año bello, hecho belleza por nuestra propia voluntad y nada más; o un poco más que eso, es un año de belleza con voluntad, ganas y esmero. Un año de nuestra fuerza.
Este es el año de sabernos y de luchar, de respirar muy alto y aspirar a lo hondo; de contrastes maravillosos y de días sorpresivos, de noches descansadas y cansancios nocturnos. Es un año que forjamos de todos los años, alejándonos de lo que no no viene al caso, de lo que nos estorba y sobra.
Este es el año de estar juntos, de sus ojos infinitos, de mis lágrimas con causa, de la locura, de los sabores, del tacto de sus manos, de mis uñas enterradas, de mordidas, de cabellos sueltos, de ataduras, de nudos, de vuelos, distancias, confianzas y sueños.
Este año de Voluntad estoy con él, como siempre, como él está conmigo; en el sinsentido, en el silencio, en la creación y la rebeldía: En la causa de estar siempre juntos.
Te amo.
Feliz aniversario.

En el circo Atayde


viernes, 20 de abril de 2018

Angustia por la voz

Aquí estás, pensando en lo que te estaba pasando hace un año, en que no te la creías y que luego no salió como esperabas. Aquí estás, mirando las luces de la ciudad, allá, lejana. Crees poder adivinar esa gran luz rojiza, vez las antenas del Chiquihuite y ya, no ves más porque los árboles frente a ti han crecido maravillosamente y te tapan la vista. No lo lamentas, eres feliz de ver tanto verde y de no haber tenido frío este día; eres feliz porque cumpliste los objetivos del día, pero piensas en el objetivo primario de la semana, aquél que aún no se cumple porque estás a un par de días.
Sí, todo hubiera sido diferente, pero no lo es, y pasaste un buen día al lado de tus mascotas, el sol y los jugueteos con tu amor. Ah, pero tú tienes un pero, tal vez hasta dos.
Ahí estás mirando al cielo mientas el sol desaparece por el poniente, el que está a tus espaldas. Lavaste tu vestido para el domingo, te falta buscar los zapatos, los que sabes que son cómodos para salir al escenario, ¿dónde estarán?
Sabes que la mente es muy, muy fuerte y que, mientras te aferres a la angustia, privará la salida libre del aire, lo sabes. ¿Qué vas a hacer mañana? ¿Qué es lo mejor que puedes hacer por ti para dar una presentación decente al día siguiente?
Lo sabes, pero no tienes muy claro el cómo desaparecer el angustia, el cómo hacer que todo se relaje ¿Y si simplemente no haces nada y dejas de pensar en ese sólo punto?
¿Cómo se hace eso?
Sólo espero poder dar el ancho.


jueves, 12 de abril de 2018

El dedo chiquito

Cuando desperté esta mañana supe que tendría un día malo, que mi nariz sufriría los estragos de las repentinas y bajas temperaturas, que los recuerdos feos me atormentarían todo el día. Lo han logrado. Este día no me llena de gozo, ni de placeres, no así hace un año. ¿Por qué un año? Quisiera no recordar nada de hace un año, nada, porque duele, da coraje, me llena de algo inexplicable. Esa llamita siempre viva de felicidad que alguien intentó apagar sin que yo lo mereciera, sin preguntar, asumiendo las cosas. Las dio por ciertas.
Quisiera no recordar y no sentir aún la necesidad de sus encuentros. Quisiera clausurar todo aquello y quizás así ser feliz completamente de nuevo, y no.
No merezco este estado, no merezco el desgano, como tampoco merezco el frío en casa y el tener que usar sostén para no asustar a la gente con mis senos sin protección.
Eso mismo.
Crecí con cierta libertad, sí, crecí demasiado mimada quizás, pero eso me ganó la libertad de jamás haber sido juzgada sexualmente, o por mis gustos, por mi cuerpo: por la forma, el sabor, los prodigios.
Pasaron años con una pareja y nos dejamos por problemas de codependencia, sí, le mentí, sí, engañé, sí, hice mal, pero ella me tenía en un rincón, aterrada, sometida a sus cambios de humor. Pasaron años con otra pareja, nos dejamos porque nos íbamos a dejar en algún momento, porque el tiempo corría pero la vida con ella no iba hacia ese cauce, permanecía. Sí, tuve algunos errores, creo que ella también. Las dos nos aceptamos. 
Han pasado años con esta pareja, sigo con él, seguimos a pesar de los problemas, los sinsabores, las desilusiones. Hemos permanecido juntos justo por la libertad de nuestros cuerpos, nadie nos la otorga, la ejercemos. Lo adoro porque adora mi libertad y la manera en la que la he podido vivir con él.
Pero.
Pasó aquello, lo que me tiene aún con congoja, lo que me partió el alma y me llenó de confusión, ¿por qué? 
Nadie, nadie, nadie, ni la terrorífica aquella siquiera, puso en tela de juicio mi sexualidad y menos sabiendo de antemano la situación y las reglas del juego. No. Eso sí que fue jugar rudo, pegar justo donde nadie, nadie había pegado, el dedo chiquito, le digo. 
¿Qué hago? ¿Le digo, le grito, le reclamo, lo mando golpear? No. No hago nada. Sé la razón y sigo, pero no sigo porque estoy aquí, escribiendo de lo mismo, vomitando en un blog que sé que pocos leen y que poca importancia tiene para la gran mayoría.
Esa duda suya no tiene perdón.




martes, 10 de abril de 2018

Montaña rusa

La montaña rusa de las emociones me ataca.
Me ataca, me muerde, me ata.
Se sacia de mí y a la vez me llena de energía.
Luego me patea y se burla de mí.
Todo pasa en un sólo día, todo pasa.
Una hora triste, dos alegre, tres ansiosa, y repita.
La montaña rusa de las emociones no me deja descansar.
Quiere mi atención, me llama,
requiere mi alma tal vez.
O tal vez sólo quiera que yo no esté en mí, sólo ella,
las emociones.
¡Quién quita y un día despierte y sea la montaña misma!
Extraño las tardes estables.
Extraño los días radiantes, el viento.
Extraño la falta de ropa, el sueño contento.
Extraño las charlas, los hallazgos, extraño.
Cuando despierte y sea la montaña sólo los valientes vendrán a mí,
sólo los honrados, los verdaderos, los buenos,
aquellos que merecen mi seno y mi calor.
Los que han despreciado las bondades no sabrán
no dirán, no hablarán, no verán.
Serán el gran no, el no gigante, el que acapara,
la parte baja de la montaña
y el grito callado.
Esta montaña rusa me tiene presa.
La montaña rusa me tiene atada a ella.
Si algún día me ven montaña, sean conmigo,
monten en mí y viajen.


jueves, 22 de marzo de 2018

Romances de Primavera.

De los romances de Primavera puedo hablar largo y tendido, despacio, tranquilamente y a la vez con pasión. Los romances de Primavera son aquellos que llegan a mí en marzo, me incendian, llenan de gozo y placeres y ¿permanecen?
Yo hubiera querido que mis romances de Primavera permanecieran conmigo toda la vida, que al verlos siempre apareciera una sonrisa, que siempre hubiera amor mutuo y deseo. Hubiera querido que no se catalogasen como fugaces. ¿Por qué se van los romances de Primavera, si son tan bellos? ¿Por qué deciden irse? ¿Por qué deciden que yo soy el problema, la causante de los problemas, el foco de los males, y se retiran? ¿Por qué soy yo y no ellos?
¿Qué de malo tengo yo?
Lo que tengo de malo es que fueron ellos y no otros mis romances de Primavera, que escogíles tan inseguros y emocionalmente indispuesto. El problema sí fui yo, pero ¡esos qué! No sufren ni tantito, sólo retiran sus cartas y se van tan frescos, tan campantes, tan incapaces de expresar sus sentimientos a mí; yo que sí, estoy loca, pero no del tipo opresor y estereotipado mexicano.
Si soy loca es porque tengo poca contención, pero mi locura baja fácilmente, cosa de saber abrir los brazos y contenerme con ternuras varias, y ya, casi, a veces no tanto, a veces sale el diablo y le sopla y mis ascuas se convierten en quemante fuego, que todo desea arrasar. ¡Pero ni eso conocieron ese par de romances de Primavera!
Se quedaron a medias, con camino tranquilo, muy fácil.
Ya quisiera mi GRAN AMOR que les hubiera tocado tantito de lo que a él le ha tocado. Pero él no se arrincona, sale al ruedo y me enfrenta con su cornamenta. Cornamenta contra cornamenta, para ambos, exhaustos, lograr acuerdos en medio de ojos suaves y caricias. Mi GRAN AMOR también fue mi romance de Primavera, pero él sí permanece, él no tiene miedo, él está aquí para mí, como yo lo estoy para él. ¿Cuál fue la diferencia?
Su disposición emocional, su falta de miedo y su absoluta fe en nuestro amor.
Lo amo.




lunes, 19 de marzo de 2018

Confundidos

Hemos llegado aquí con total confusión, con ganas de hacer y con pesadez de la buena; con ganas de dormir y quedarse allí por horas, días, semanas. Luego nos acordamos que hay tanto que hacer, que hay muchos objetivos por cumplir, que lo esencial no está en el dormir, sino en el sueño por cumplir, porque los sueños se pueden cumplir, al igual que las pesadillas.
Lo que tanto pedí se me concedió. Lo que tanto rogué que no pasara, pasó.
He llegado aquí confundida, tratando de darle vueltas a la vida, pero la vida es la que me ha dado vueltas, la que me ha dejado impávida ante las reacciones de las gentes, porque reacciones ha sido muchas y de muchos, y de distintos tipos.
¿Cuánto pesa un nombre?
¿Cuánto pesan un par de palabras?
¿Valen, aunque al final no fueran nada en realidad, aunque, de hecho, sí se hayan ido con el aire? 
¿Valen porque están en mi memoria? ¿No valen porque no hay sustento en ellas? ¿Qué hace una palabra, qué hace una idea?
Lo sé, lo sé todo y lo siento, más bien lo resiento. Hace daño, quizá, sí que lo hace, pero lloro de vez en cuando, lloro no sólo por mí, sino por dos que lo resienten, y ya no debería estar llorando, pero, ya no debería llorar, no porque no lo valiera, sino porque ya no debería de sentir; sin embargo lo siento. ¿Qué siento?
La total y plena confusión en mis acciones, como si hubiese obrado mal, como si: "la culpa, aunque ésta me destruya a mí…"
Finalmente es una lucha de egos, una lucha de manías, de ideas, prejuicios, caracteres, libertades. Quien haya ganado no importa mucho. Quiero pensar que cada uno se ha llevado su parte.
La que no ha quedado sola no he sido yo, ha sido el otro, porque tengo mi energía, mi amor y mi placer. Tengo la Vida en mis manos y me acompaña mi Muerte. Tengo un camino venturoso y contento, a veces terrible, a veces magnífico, ¿qué no vale eso? ¿Qué no vale eso para mí? ¿Qué no es suficiente?
Es suficiente, pero a lo lejos suena cada vez más débil una campanilla que anuncia duda y confusión, que me invita a voltear allá atrás, para convertirme a mí misma, no en estatua de sal, sino en un nudo, un reflejo de lo que ya no soy. No quisiera volver allí. ¿Qué hago para acallarla?


lunes, 12 de marzo de 2018

Bala perdida

Yo era una bala perdida, o eso pensaba, o lo era porque anduve de arriba a abajo por los caminos, o por uno sólo, porque en realidad esta vida es una sola vida con varios caminitos, vereditas, pasitos, boulevares, avenidas y camas.
Yo era una bala perdida, o eso era lo que los demás pensaban, o piensan, porque me ven inestable emocionalmente, pero no lo soy del todo, sólo un poco, poquitito, tanto como las hormonas me llevan, porque en parte son las hormonas, en parte mis ideas, mis obsesiones, mis motivos, mis votivos. 
Yo era una bala perdida y aún lo soy, nomás un poco, a veces, cuando caigo de nuevo en las manos adecuadas, cuando me dejo acariciar, mirar, admirar, fornicar. Lo soy en tanto el otro quiera y yo lo permita. Lo soy en tanto yo quiero y permito. Soy una bala perdida, la más buena, filosa, brillante, apetecible, acariciable, y soy la mejor bala perdida.
Yo soy una bala perdida, he andado de mano en mano, he dado de comer y me han comido, he jugado a ser niño y niña, hombre y mujer, he dado y me han dado, he explorado y me han explorado. La bala perdida fugaz y no, la que se queda incrustada en el pecho de muchos y de nadie, la bala, el mordisco, el lejano recuerdo, quizás un mosco molesto. Eso soy, eso siempre he sido, sí.
Sin duda he sido la bala perdida que siempre he querido, a la que pocos han amado, con la que algunos se han regocijado, la que da placeres y comida a unos cuantos, o comida a muchos, pero placeres a otros cuantos. ¿Y qué me ha quedado?
Me ha quedado la satisfacción de ser, de nunca haber dejado de ser (bueno, por un breve tiempo sí dejé de ser, pero volví), de no hacerle daño a nadie inocente, de no andarme con enredos de telenovela barata, de ser congruente y constante. Me ha quedado la satisfacción de seguir haciendo de mi cola un papalote y volar ese papalote alto, bien alto, con las mejores compañías y al lado del más grande amor.
Prefiero ser mil veces la bala perdida que cualquier señorita mustia que al final irá de matrimonio en matrimonio dejando crías en la familia disfuncional del mundo matraca.
Prefiero ser mil veces la bala perdida que vuela y vuela y no tiene empacho en no usar calzones un día, dejar el sostén en casa o enunciar su verdad y su amor con vehemencia, ¿o será con demencia?




domingo, 4 de marzo de 2018

Un escrito para Isis, 4 de marzo.

Para mi querida gata Isis:
Hoy cumples 14 años. Hace unos días desperté un pensamiento en la cabeza: que estabas por cumplir los 14 años, ¡tanto tiempo juntas! Has estado conmigo y yo, contigo, salvo unos cuantos meses en los que no estuve viviendo conmigo, pero luego volví, nos reconciliamos y no nos hemos separado.
Tanto, tanto tiempo que me has dado, tanta vida, tanto amor, si eso se puede llamar amor.
Has estado conmigo durante las 3 grandes relaciones de mi vida, has convivido con los tres, les has platicado, les has dicho te te rasquen la panza, que te den de comer, que quieres dormir, que qué bueno que vinieron, para dormir más calientita (aunque eso implique que la cama se mueva un poco más).
Antes te ibas por días, semanas, y regresabas hasta con arañas. Ahora no sales de casa ni a tomar el sol, apenas asomas tu nariz para oler cuando hay viento, además de que está el Gatucho y se miran feo. No me importa que ya no salgas, ni que duermas por tanto tiempo, no me importa que me aplastes y que me mires con desaprobación; me importa poco que me levantas por las noches porque quieres salir a mear o a comer más, poco, porque sí me importa, porque pareciera que esperas el momento preciso del bello sueño para interrumpirlo. Gata mañosa.
A pesar de que platicas de más, haces ruido, esperas a que duerma para ponerte a maullar, y hasta una vez me enfermé porque me hiciste levantar de la cama tres veces en la noche más fría de este invierno, a pesar de todo, te agradezco por toda la vida que me has dado y me sigues dando, por tus ojitos sobre mí, por tus pelos que tengo que cortar, por tus arañazos en mi antebrazo, por tus orejitas frías, por dormir espalda contra espalda conmigo y por la exigencia de mi atención.
Gracias Isis.
Felices 14 años. 
Quédate conmigo todo lo que quieras.

martes, 27 de febrero de 2018

La diferencia

La diferencia entre tú y yo es mucha, variada, amplia.
Con amor, la diferencia es poca, es nula, casi nula; la diferencia no importa.
Con desamor, la diferencia lo es todo, aplasta, magulla, ahorca, anula. La diferencia cada vez más grande.
Yo no supe de diferencias hasta que me encontré con una inmensa, una que no había visto jamás porque no me importan muchas cosas, no deberían de.
Pero hay personas que sí toman la importancia de cosas que yo no y ahí, justo ahí está la diferencia, la irremediable diferencia que nos lleva a la separación más cruenta, llena de preguntas, de inconsistencias, de acciones ilógicas. 
¡Qué irracional su forma de ser racional!
Y sólo me quedé llorando y pensando en qué había pasado, en qué había hecho mal, en cómo había ocurrido algo así. De repente aún me quedo en eso. De repente me arrepiento de haber dicho, hecho cualquier cosa. De repente ya no.
Pasa el tiempo, los días. Los objetivos se reacomodan. Los días, las horas, los minutos. Me acomodo, no me acomodo y de nuevo pienso en lo que no pienso y veo claramente, después ya no tanto.
La diferencia queda clara, tan clara. Esa diferencia de edad, de miras, de destino, de metas; esa diferencia que, si tan sólo uno no quiere salvar, no pasa nada, no se va más allá de la inminente caída.
Voluntad.
La diferencia entre tú y yo estriba en la voluntad.
Tu voluntad la has entregado al ser viejo y abandonar lo difícil.
Mi voluntad está en seguir haciendo, no dejar la vida.
Así son las cosas. Así es el abismo, ese que no quisiste saltar por mí, por ti, ese que no es el que tú piensas que es, sino el que formaste con tus prejuicios. Sí.
Dejaste la belleza embarrada en el pavimento de Periférico y te llevaste la diferencia bien encarnada en tu pétreo y fosilizado corazón.




miércoles, 21 de febrero de 2018

Fácil.

Cuán fácil se le hace a la gente traer hijos al mundo. No entiendo el porqué; no entiendo cómo. Simplemente es inconcebible para mí eso de aventarse al embarazo, los cuidados, el parto, el yugo eterno de un humano inocente; un humano inocente más sobre este mundo matraca.
Dejar tu individualidad, tu egoísmo, tus cosas valiosas, tus libros, tus saberes, dejarlo todo atrás por la crianza de un fruto de tu vientre, oh clemente.
Justo ayer en una buena charla desesperada algo ha salido a la luz.
¿Tienen a los hijos por el amor que éstos les puedan dar? ¿Es cierto que el amor padre-hijo es el amor verdadero? ¿Es cierto que el amor que un hijo te da, nadie más te lo puede dar? Supongo que no es más que el lazo biológico, el lazo familiar, hogareño, el lazo de la tribu.
No lo sé.
Me veo como hija y sé que no soy ni la mejor, ni la ejemplar, ni la que se desvive por sus padres; todo lo contrario. Será por eso que no creo que el amor de un hijo hacia sus progenitores sea invaluable, aunque sí puedo reconocer que el amor de los progenitores hacia su vástago, lo es, ¿por qué?
Tal vez porque se echaron ya el compromiso y no hay forma de deshacerse de éste o tal vez porque es la copia genética de ellos y así lo dicta la biología (¡nah!)
Qué se yo.
Sólo sé que los motivos para traer hijos al mundo son variados, variopintos y ninguno me convence, ninguno, salvo el hecho de traer una copia genética para que continúe en la especie humana la información, con todo y enfermedades, malestares y locuras.
¿Para qué otra cosa, sino?
¿Es ese suficiente motivo?
Yo sé que no y justo por eso sé que ese acto es sumamente egoísta. Este mundo matraca no puede más con tanto humano de dudoso raciocinio. Esta Madre Tierra está sobrepoblada.
Y sin embargo…


El tiempo corre.



martes, 20 de febrero de 2018

Escrito al vapor.

No suelo escribir a esta hora, pero escribo y ya.
Escribo sobre mis dolencias, mis dudas, mis sueños y mis deseos. 
¿Qué es el deseo? ¿Cuál es el deseo de hoy?
Deseo dormir. Deseo soñar. Deseo despertar y ser igual de feliz de lo que era hace unos meses. Deseo volar. Pero sobretodo, deseo no sentir más frío.
¿Dónde está el sol que calienta, que abrasa, que manifiesta con su calor su amor por mí?
¿Y yo de esa forma manifiesto mi amor?
¿Dónde están todos los que alguna vez he amado? ¿Y los que no?
Desde este punto de vista parcial, egoísta, mínimo, quisiera simplemente saber, saber más, tener, poseer, quisiera que todo hubiera sido un mal sueño y que mi amor fuera completo y no hubiera sido arrancado un pedazo, ahora tan difícil de remendar.
No sé por qué estoy así. Debe ser por el ciclo y el frío, el frío que no ayuda, porque ni siquiera me permite trabajar en mis cosas.
Quisiera emborracharme en este momento y dormir hasta mañana. Faltar a clase, dejar todo botado y soñar y soñar, pero sigo adelante, casi sin descanso, continúo sin mucho esmero y falta de sorpresas.
Justo es eso, se ha eliminado el factor sorpresa y todo corre en linea recta interminable, tan sólo interrumpida por los sustos de los temblores. Pero los temblores no tiene la culpa, la Madre Tierra es así y simplemente hay que aceptarla.
Aceptar.
Y lo que no acepto es esos comportamientos del Hombre.
Y lo que no acepto y de todos modos no puedo soltar.
A veces pienso que necesito algo más que estar conmigo misma.
Necesito otra voz.




domingo, 11 de febrero de 2018

Y me quedé pensando.

Hoy he oído algo, algo que me ha recordado otra cosa, ¿qué otra cosa?
Los planes, mis antiguos planes. Y me he quedado pensando, ¿en qué cosa?
¿En qué he estado pensando? ¿En qué estaba pensando esas tardes de viernes?
Alguna vez me vi tentada a vestirme y salir, sin explicaciones, simplemente dar la espalda y no volver, aunque hubiera vuelto enseguida, quizás aún volvería.
¿En qué he estado pensando todo el día?
He cumplido la edad en la que esperaba haber cumplido los planes biológicos; sin embargo no los he concretado, por una o por otra, por mi vida, por la vida de los demás, por el bien de la Humanidad, por pensármela, por las imposibilidades. ¿Y qué sigue?
¿Lo haré? ¿Algún día de estos años que me restan lo haré? ¿En serio?
Yo siempre había pensado que sí, que lo haría, pero que sólo sería producto mío, porque nunca me imaginé con un alguien masculino a mi lado y siempre me puse como límite esta, esta mismísima edad que acabo de cumplir hace poco más de un mes.
¿En verdad lo quiero? ¿En verdad lo necesito? ¿En verdad soy capaz?
No tengo mucho poder adquisitivo, no. No tengo lugar seguro, no. Mi mente no es segura, no. 
Hace unos meses me lo plantee seriamente y la posibilidad quedó, luego dejó de existir. ¿En qué estaba pensando al estar con esa persona?
Y ahora, ahora, ahora. La posibilidad me asustaba, me asusta, me sigue asustando, no dejará de, porque ¿soy capaz? ¿seremos capaces? ¿se puede? ¿en verdad quiero? ¿en verdad quiere? ¿en verdad queremos?
El tiempo corre y nos come, y me come más a mí y muy en serio. Este cuerpo está óptimo, pero, como dijera un no-amigo: "¿Por cuánto tiempo?" Y esto sí es de pensarse, eso sí es de pensarse.
Creo que ese es mi mayor miedo, justito ese. Y es que no me veo así y luego sí y luego veo lo que me rodea y me lo quiero ahorrar, pero luego siento que me arrepentiré si no o si sí, porque es una carga eterna, que nunca acaba y sí, porque acaba con tu fuerza vital.
Y me quedo pensando… 




miércoles, 31 de enero de 2018

31 de enero

Se acaba el mes del cumpleaños y qué me queda, un despeluche, ganas de dormir, ganas de huir del frío, ganas de cerrar los ojos y dejar que todo pase, porque estoy cansada.
Este mes ha sido largo, muy largo y, por lo mismo, cansado, muy cansado. No ha sido triste del todo, pero sí ha sido bastante estresante y algo revelador, bueno, revelador a medias, porque ya se veía venir, aunque se había tardado, pero ya se veía venir.
Lo que se ve venir y lo que se niega. Eso está bien, eso es fácil resolver; lo difícil de resolver es todo aquello es nos agarra desprevenidos, todo aquello que es inesperado y triste, muy triste.
A veces me sigo preguntando por sus razones, por si lo que dijo fue cierto o hasta qué punto de cierto fue. A veces quisiera negarlo todo, olvidar, borrar, dejar fuera incluso lo bueno. A veces, sólo a veces, acepto el amor que tengo y lo manipulo para mi placer estético.
Ya se veía venir, pero fue sorpresivo aún así, justo porque llegó en el momento justo donde otro ciclo de cansancio y desesperación iniciaba. ¡Qué tino! Pero ni modo y ni modo, qué más hacerle, pues nada.
Si él eligió el silencio y dejar de saber de mí y/o evitar que yo me entere de él, pues allá él y su estable, monótona, lineal, vida cotidiana.

Vete al diablo, vete lejos o quédate allí, encerrado en tu departamento, entre tus libros y tus comics, entre tus películas que nunca prestas, tu pantalla y tus lindos gatos. Quédate allí, encerrado, encerrado en ti, en tus cosas, en tu día a día, en tus preocupaciones libres de culpa, libres de sol, libres de sobresaltos, preocupaciones programadas, medibles, mesuradas. Quédate allí y nunca, nunca salgas y, cuando salgas, quédate en el guión, no improvises (no lo harás) y permanece así hasta que por entero las ganas de vivir, de Vivir, vivir-experimentar, se hayan ido de ti del todo, porque falta muy poquito para que eso pase, porque tenías el chance de crear, respirar, jugar, gozar, amar y lo echaste fuera de tu pequeña vida y abrazaste del todo tu cotidianidad, tus prejuicios, tu machismo enmascarado. Eres un cabrón y no, no eres un cabrón, eres un pendejo, un puto pendejo, incapaz de hablar, de pedir, de dialogar, de rescatar todo lo valioso. Y sí: Dejas fácilmente, como el conductor que atropelló a la chica a una cuadra de tu casa, sí, justo así actuaste y seguro así has actuado siempre.
Tonta de mí, que creí en tu discurso libre y despreocupado.
Quédate allí, que tengo sueño, que estoy cansada de sentirme acusada y juzgada por una persona como tú, incongruente.

Este mes se acaba, se acaba el mes del cumpleaños. Comenzará otro lleno de actividades, juegos y sorpresas; también regalos.
¡Espérelo pronto!