jueves, 22 de marzo de 2018

Romances de Primavera.

De los romances de Primavera puedo hablar largo y tendido, despacio, tranquilamente y a la vez con pasión. Los romances de Primavera son aquellos que llegan a mí en marzo, me incendian, llenan de gozo y placeres y ¿permanecen?
Yo hubiera querido que mis romances de Primavera permanecieran conmigo toda la vida, que al verlos siempre apareciera una sonrisa, que siempre hubiera amor mutuo y deseo. Hubiera querido que no se catalogasen como fugaces. ¿Por qué se van los romances de Primavera, si son tan bellos? ¿Por qué deciden irse? ¿Por qué deciden que yo soy el problema, la causante de los problemas, el foco de los males, y se retiran? ¿Por qué soy yo y no ellos?
¿Qué de malo tengo yo?
Lo que tengo de malo es que fueron ellos y no otros mis romances de Primavera, que escogíles tan inseguros y emocionalmente indispuesto. El problema sí fui yo, pero ¡esos qué! No sufren ni tantito, sólo retiran sus cartas y se van tan frescos, tan campantes, tan incapaces de expresar sus sentimientos a mí; yo que sí, estoy loca, pero no del tipo opresor y estereotipado mexicano.
Si soy loca es porque tengo poca contención, pero mi locura baja fácilmente, cosa de saber abrir los brazos y contenerme con ternuras varias, y ya, casi, a veces no tanto, a veces sale el diablo y le sopla y mis ascuas se convierten en quemante fuego, que todo desea arrasar. ¡Pero ni eso conocieron ese par de romances de Primavera!
Se quedaron a medias, con camino tranquilo, muy fácil.
Ya quisiera mi GRAN AMOR que les hubiera tocado tantito de lo que a él le ha tocado. Pero él no se arrincona, sale al ruedo y me enfrenta con su cornamenta. Cornamenta contra cornamenta, para ambos, exhaustos, lograr acuerdos en medio de ojos suaves y caricias. Mi GRAN AMOR también fue mi romance de Primavera, pero él sí permanece, él no tiene miedo, él está aquí para mí, como yo lo estoy para él. ¿Cuál fue la diferencia?
Su disposición emocional, su falta de miedo y su absoluta fe en nuestro amor.
Lo amo.




lunes, 19 de marzo de 2018

Confundidos

Hemos llegado aquí con total confusión, con ganas de hacer y con pesadez de la buena; con ganas de dormir y quedarse allí por horas, días, semanas. Luego nos acordamos que hay tanto que hacer, que hay muchos objetivos por cumplir, que lo esencial no está en el dormir, sino en el sueño por cumplir, porque los sueños se pueden cumplir, al igual que las pesadillas.
Lo que tanto pedí se me concedió. Lo que tanto rogué que no pasara, pasó.
He llegado aquí confundida, tratando de darle vueltas a la vida, pero la vida es la que me ha dado vueltas, la que me ha dejado impávida ante las reacciones de las gentes, porque reacciones ha sido muchas y de muchos, y de distintos tipos.
¿Cuánto pesa un nombre?
¿Cuánto pesan un par de palabras?
¿Valen, aunque al final no fueran nada en realidad, aunque, de hecho, sí se hayan ido con el aire? 
¿Valen porque están en mi memoria? ¿No valen porque no hay sustento en ellas? ¿Qué hace una palabra, qué hace una idea?
Lo sé, lo sé todo y lo siento, más bien lo resiento. Hace daño, quizá, sí que lo hace, pero lloro de vez en cuando, lloro no sólo por mí, sino por dos que lo resienten, y ya no debería estar llorando, pero, ya no debería llorar, no porque no lo valiera, sino porque ya no debería de sentir; sin embargo lo siento. ¿Qué siento?
La total y plena confusión en mis acciones, como si hubiese obrado mal, como si: "la culpa, aunque ésta me destruya a mí…"
Finalmente es una lucha de egos, una lucha de manías, de ideas, prejuicios, caracteres, libertades. Quien haya ganado no importa mucho. Quiero pensar que cada uno se ha llevado su parte.
La que no ha quedado sola no he sido yo, ha sido el otro, porque tengo mi energía, mi amor y mi placer. Tengo la Vida en mis manos y me acompaña mi Muerte. Tengo un camino venturoso y contento, a veces terrible, a veces magnífico, ¿qué no vale eso? ¿Qué no vale eso para mí? ¿Qué no es suficiente?
Es suficiente, pero a lo lejos suena cada vez más débil una campanilla que anuncia duda y confusión, que me invita a voltear allá atrás, para convertirme a mí misma, no en estatua de sal, sino en un nudo, un reflejo de lo que ya no soy. No quisiera volver allí. ¿Qué hago para acallarla?


lunes, 12 de marzo de 2018

Bala perdida

Yo era una bala perdida, o eso pensaba, o lo era porque anduve de arriba a abajo por los caminos, o por uno sólo, porque en realidad esta vida es una sola vida con varios caminitos, vereditas, pasitos, boulevares, avenidas y camas.
Yo era una bala perdida, o eso era lo que los demás pensaban, o piensan, porque me ven inestable emocionalmente, pero no lo soy del todo, sólo un poco, poquitito, tanto como las hormonas me llevan, porque en parte son las hormonas, en parte mis ideas, mis obsesiones, mis motivos, mis votivos. 
Yo era una bala perdida y aún lo soy, nomás un poco, a veces, cuando caigo de nuevo en las manos adecuadas, cuando me dejo acariciar, mirar, admirar, fornicar. Lo soy en tanto el otro quiera y yo lo permita. Lo soy en tanto yo quiero y permito. Soy una bala perdida, la más buena, filosa, brillante, apetecible, acariciable, y soy la mejor bala perdida.
Yo soy una bala perdida, he andado de mano en mano, he dado de comer y me han comido, he jugado a ser niño y niña, hombre y mujer, he dado y me han dado, he explorado y me han explorado. La bala perdida fugaz y no, la que se queda incrustada en el pecho de muchos y de nadie, la bala, el mordisco, el lejano recuerdo, quizás un mosco molesto. Eso soy, eso siempre he sido, sí.
Sin duda he sido la bala perdida que siempre he querido, a la que pocos han amado, con la que algunos se han regocijado, la que da placeres y comida a unos cuantos, o comida a muchos, pero placeres a otros cuantos. ¿Y qué me ha quedado?
Me ha quedado la satisfacción de ser, de nunca haber dejado de ser (bueno, por un breve tiempo sí dejé de ser, pero volví), de no hacerle daño a nadie inocente, de no andarme con enredos de telenovela barata, de ser congruente y constante. Me ha quedado la satisfacción de seguir haciendo de mi cola un papalote y volar ese papalote alto, bien alto, con las mejores compañías y al lado del más grande amor.
Prefiero ser mil veces la bala perdida que cualquier señorita mustia que al final irá de matrimonio en matrimonio dejando crías en la familia disfuncional del mundo matraca.
Prefiero ser mil veces la bala perdida que vuela y vuela y no tiene empacho en no usar calzones un día, dejar el sostén en casa o enunciar su verdad y su amor con vehemencia, ¿o será con demencia?




domingo, 4 de marzo de 2018

Un escrito para Isis, 4 de marzo.

Para mi querida gata Isis:
Hoy cumples 14 años. Hace unos días desperté un pensamiento en la cabeza: que estabas por cumplir los 14 años, ¡tanto tiempo juntas! Has estado conmigo y yo, contigo, salvo unos cuantos meses en los que no estuve viviendo conmigo, pero luego volví, nos reconciliamos y no nos hemos separado.
Tanto, tanto tiempo que me has dado, tanta vida, tanto amor, si eso se puede llamar amor.
Has estado conmigo durante las 3 grandes relaciones de mi vida, has convivido con los tres, les has platicado, les has dicho te te rasquen la panza, que te den de comer, que quieres dormir, que qué bueno que vinieron, para dormir más calientita (aunque eso implique que la cama se mueva un poco más).
Antes te ibas por días, semanas, y regresabas hasta con arañas. Ahora no sales de casa ni a tomar el sol, apenas asomas tu nariz para oler cuando hay viento, además de que está el Gatucho y se miran feo. No me importa que ya no salgas, ni que duermas por tanto tiempo, no me importa que me aplastes y que me mires con desaprobación; me importa poco que me levantas por las noches porque quieres salir a mear o a comer más, poco, porque sí me importa, porque pareciera que esperas el momento preciso del bello sueño para interrumpirlo. Gata mañosa.
A pesar de que platicas de más, haces ruido, esperas a que duerma para ponerte a maullar, y hasta una vez me enfermé porque me hiciste levantar de la cama tres veces en la noche más fría de este invierno, a pesar de todo, te agradezco por toda la vida que me has dado y me sigues dando, por tus ojitos sobre mí, por tus pelos que tengo que cortar, por tus arañazos en mi antebrazo, por tus orejitas frías, por dormir espalda contra espalda conmigo y por la exigencia de mi atención.
Gracias Isis.
Felices 14 años. 
Quédate conmigo todo lo que quieras.

martes, 27 de febrero de 2018

La diferencia

La diferencia entre tú y yo es mucha, variada, amplia.
Con amor, la diferencia es poca, es nula, casi nula; la diferencia no importa.
Con desamor, la diferencia lo es todo, aplasta, magulla, ahorca, anula. La diferencia cada vez más grande.
Yo no supe de diferencias hasta que me encontré con una inmensa, una que no había visto jamás porque no me importan muchas cosas, no deberían de.
Pero hay personas que sí toman la importancia de cosas que yo no y ahí, justo ahí está la diferencia, la irremediable diferencia que nos lleva a la separación más cruenta, llena de preguntas, de inconsistencias, de acciones ilógicas. 
¡Qué irracional su forma de ser racional!
Y sólo me quedé llorando y pensando en qué había pasado, en qué había hecho mal, en cómo había ocurrido algo así. De repente aún me quedo en eso. De repente me arrepiento de haber dicho, hecho cualquier cosa. De repente ya no.
Pasa el tiempo, los días. Los objetivos se reacomodan. Los días, las horas, los minutos. Me acomodo, no me acomodo y de nuevo pienso en lo que no pienso y veo claramente, después ya no tanto.
La diferencia queda clara, tan clara. Esa diferencia de edad, de miras, de destino, de metas; esa diferencia que, si tan sólo uno no quiere salvar, no pasa nada, no se va más allá de la inminente caída.
Voluntad.
La diferencia entre tú y yo estriba en la voluntad.
Tu voluntad la has entregado al ser viejo y abandonar lo difícil.
Mi voluntad está en seguir haciendo, no dejar la vida.
Así son las cosas. Así es el abismo, ese que no quisiste saltar por mí, por ti, ese que no es el que tú piensas que es, sino el que formaste con tus prejuicios. Sí.
Dejaste la belleza embarrada en el pavimento de Periférico y te llevaste la diferencia bien encarnada en tu pétreo y fosilizado corazón.




miércoles, 21 de febrero de 2018

Fácil.

Cuán fácil se le hace a la gente traer hijos al mundo. No entiendo el porqué; no entiendo cómo. Simplemente es inconcebible para mí eso de aventarse al embarazo, los cuidados, el parto, el yugo eterno de un humano inocente; un humano inocente más sobre este mundo matraca.
Dejar tu individualidad, tu egoísmo, tus cosas valiosas, tus libros, tus saberes, dejarlo todo atrás por la crianza de un fruto de tu vientre, oh clemente.
Justo ayer en una buena charla desesperada algo ha salido a la luz.
¿Tienen a los hijos por el amor que éstos les puedan dar? ¿Es cierto que el amor padre-hijo es el amor verdadero? ¿Es cierto que el amor que un hijo te da, nadie más te lo puede dar? Supongo que no es más que el lazo biológico, el lazo familiar, hogareño, el lazo de la tribu.
No lo sé.
Me veo como hija y sé que no soy ni la mejor, ni la ejemplar, ni la que se desvive por sus padres; todo lo contrario. Será por eso que no creo que el amor de un hijo hacia sus progenitores sea invaluable, aunque sí puedo reconocer que el amor de los progenitores hacia su vástago, lo es, ¿por qué?
Tal vez porque se echaron ya el compromiso y no hay forma de deshacerse de éste o tal vez porque es la copia genética de ellos y así lo dicta la biología (¡nah!)
Qué se yo.
Sólo sé que los motivos para traer hijos al mundo son variados, variopintos y ninguno me convence, ninguno, salvo el hecho de traer una copia genética para que continúe en la especie humana la información, con todo y enfermedades, malestares y locuras.
¿Para qué otra cosa, sino?
¿Es ese suficiente motivo?
Yo sé que no y justo por eso sé que ese acto es sumamente egoísta. Este mundo matraca no puede más con tanto humano de dudoso raciocinio. Esta Madre Tierra está sobrepoblada.
Y sin embargo…


El tiempo corre.



martes, 20 de febrero de 2018

Escrito al vapor.

No suelo escribir a esta hora, pero escribo y ya.
Escribo sobre mis dolencias, mis dudas, mis sueños y mis deseos. 
¿Qué es el deseo? ¿Cuál es el deseo de hoy?
Deseo dormir. Deseo soñar. Deseo despertar y ser igual de feliz de lo que era hace unos meses. Deseo volar. Pero sobretodo, deseo no sentir más frío.
¿Dónde está el sol que calienta, que abrasa, que manifiesta con su calor su amor por mí?
¿Y yo de esa forma manifiesto mi amor?
¿Dónde están todos los que alguna vez he amado? ¿Y los que no?
Desde este punto de vista parcial, egoísta, mínimo, quisiera simplemente saber, saber más, tener, poseer, quisiera que todo hubiera sido un mal sueño y que mi amor fuera completo y no hubiera sido arrancado un pedazo, ahora tan difícil de remendar.
No sé por qué estoy así. Debe ser por el ciclo y el frío, el frío que no ayuda, porque ni siquiera me permite trabajar en mis cosas.
Quisiera emborracharme en este momento y dormir hasta mañana. Faltar a clase, dejar todo botado y soñar y soñar, pero sigo adelante, casi sin descanso, continúo sin mucho esmero y falta de sorpresas.
Justo es eso, se ha eliminado el factor sorpresa y todo corre en linea recta interminable, tan sólo interrumpida por los sustos de los temblores. Pero los temblores no tiene la culpa, la Madre Tierra es así y simplemente hay que aceptarla.
Aceptar.
Y lo que no acepto es esos comportamientos del Hombre.
Y lo que no acepto y de todos modos no puedo soltar.
A veces pienso que necesito algo más que estar conmigo misma.
Necesito otra voz.




domingo, 11 de febrero de 2018

Y me quedé pensando.

Hoy he oído algo, algo que me ha recordado otra cosa, ¿qué otra cosa?
Los planes, mis antiguos planes. Y me he quedado pensando, ¿en qué cosa?
¿En qué he estado pensando? ¿En qué estaba pensando esas tardes de viernes?
Alguna vez me vi tentada a vestirme y salir, sin explicaciones, simplemente dar la espalda y no volver, aunque hubiera vuelto enseguida, quizás aún volvería.
¿En qué he estado pensando todo el día?
He cumplido la edad en la que esperaba haber cumplido los planes biológicos; sin embargo no los he concretado, por una o por otra, por mi vida, por la vida de los demás, por el bien de la Humanidad, por pensármela, por las imposibilidades. ¿Y qué sigue?
¿Lo haré? ¿Algún día de estos años que me restan lo haré? ¿En serio?
Yo siempre había pensado que sí, que lo haría, pero que sólo sería producto mío, porque nunca me imaginé con un alguien masculino a mi lado y siempre me puse como límite esta, esta mismísima edad que acabo de cumplir hace poco más de un mes.
¿En verdad lo quiero? ¿En verdad lo necesito? ¿En verdad soy capaz?
No tengo mucho poder adquisitivo, no. No tengo lugar seguro, no. Mi mente no es segura, no. 
Hace unos meses me lo plantee seriamente y la posibilidad quedó, luego dejó de existir. ¿En qué estaba pensando al estar con esa persona?
Y ahora, ahora, ahora. La posibilidad me asustaba, me asusta, me sigue asustando, no dejará de, porque ¿soy capaz? ¿seremos capaces? ¿se puede? ¿en verdad quiero? ¿en verdad quiere? ¿en verdad queremos?
El tiempo corre y nos come, y me come más a mí y muy en serio. Este cuerpo está óptimo, pero, como dijera un no-amigo: "¿Por cuánto tiempo?" Y esto sí es de pensarse, eso sí es de pensarse.
Creo que ese es mi mayor miedo, justito ese. Y es que no me veo así y luego sí y luego veo lo que me rodea y me lo quiero ahorrar, pero luego siento que me arrepentiré si no o si sí, porque es una carga eterna, que nunca acaba y sí, porque acaba con tu fuerza vital.
Y me quedo pensando… 




miércoles, 31 de enero de 2018

31 de enero

Se acaba el mes del cumpleaños y qué me queda, un despeluche, ganas de dormir, ganas de huir del frío, ganas de cerrar los ojos y dejar que todo pase, porque estoy cansada.
Este mes ha sido largo, muy largo y, por lo mismo, cansado, muy cansado. No ha sido triste del todo, pero sí ha sido bastante estresante y algo revelador, bueno, revelador a medias, porque ya se veía venir, aunque se había tardado, pero ya se veía venir.
Lo que se ve venir y lo que se niega. Eso está bien, eso es fácil resolver; lo difícil de resolver es todo aquello es nos agarra desprevenidos, todo aquello que es inesperado y triste, muy triste.
A veces me sigo preguntando por sus razones, por si lo que dijo fue cierto o hasta qué punto de cierto fue. A veces quisiera negarlo todo, olvidar, borrar, dejar fuera incluso lo bueno. A veces, sólo a veces, acepto el amor que tengo y lo manipulo para mi placer estético.
Ya se veía venir, pero fue sorpresivo aún así, justo porque llegó en el momento justo donde otro ciclo de cansancio y desesperación iniciaba. ¡Qué tino! Pero ni modo y ni modo, qué más hacerle, pues nada.
Si él eligió el silencio y dejar de saber de mí y/o evitar que yo me entere de él, pues allá él y su estable, monótona, lineal, vida cotidiana.

Vete al diablo, vete lejos o quédate allí, encerrado en tu departamento, entre tus libros y tus comics, entre tus películas que nunca prestas, tu pantalla y tus lindos gatos. Quédate allí, encerrado, encerrado en ti, en tus cosas, en tu día a día, en tus preocupaciones libres de culpa, libres de sol, libres de sobresaltos, preocupaciones programadas, medibles, mesuradas. Quédate allí y nunca, nunca salgas y, cuando salgas, quédate en el guión, no improvises (no lo harás) y permanece así hasta que por entero las ganas de vivir, de Vivir, vivir-experimentar, se hayan ido de ti del todo, porque falta muy poquito para que eso pase, porque tenías el chance de crear, respirar, jugar, gozar, amar y lo echaste fuera de tu pequeña vida y abrazaste del todo tu cotidianidad, tus prejuicios, tu machismo enmascarado. Eres un cabrón y no, no eres un cabrón, eres un pendejo, un puto pendejo, incapaz de hablar, de pedir, de dialogar, de rescatar todo lo valioso. Y sí: Dejas fácilmente, como el conductor que atropelló a la chica a una cuadra de tu casa, sí, justo así actuaste y seguro así has actuado siempre.
Tonta de mí, que creí en tu discurso libre y despreocupado.
Quédate allí, que tengo sueño, que estoy cansada de sentirme acusada y juzgada por una persona como tú, incongruente.

Este mes se acaba, se acaba el mes del cumpleaños. Comenzará otro lleno de actividades, juegos y sorpresas; también regalos.
¡Espérelo pronto!




viernes, 26 de enero de 2018

Aprendizaje

De un momento a otro, las cosas cambian, no se sabe por qué, no se sabe ni cuando, solamente llegan nuevos vientos, nuevas oportunidades, nuevos métodos de enmendar las cosas. Llegarán.
Ya llegaron y se fueron, ya fueron consumidos por el tiempo y el tiempo sigue transcurriendo sin posibilidad de volverlo atrás. La rueda del tiempo no da marcha atrás y seguimos avanzando.
Ahorita no tengo mucha energía ni mente para seguir escribiendo; sin embargo lo haré, por mero gusto, por entretenimiento, por repasar los acontecimientos que me han llevado a este momento, único, irrepetible, un momento que se parece a un otro momento, pero más rico y más añejo, con vejez.
Yo no sé si la edad siempre implique madurez, a veces quiero pensar que sí, pero otras veces veo que no, que la edad no implica madurez, sino cobardía, cobardía por vivir algo nuevo, por sentir, por ser uno mismo por una vez más; cobardía de asumir y sonreír, de experimentar, de perder el estatus quo, ah, pero el tiempo pasa y te lo cobra caro, carísimo, maravillosamente caro y ni lo sientes. De pronto ya estás en medio del problema y, por más que luches por salirte, no lo logras, te quedas adentro y serás arrastrado hasta que cese todo, hasta que el problema decida que puede ser resuelto. No antes, no después, no depende de ti ni de tu voluntad por más que hagas que haces por detenerlo. No. Está allí, justo en frente de tus narices.
Y no me importa, seré yo un perro ladrando a una pared, pero no será eterno y la pared se desmoronará, caerá por su propio peso, por su propio ego, por sí misma, porque no puede ser de otra manera, como no pudo ser de otra manera el momento justo en el que me encuentro, único, preciso, afilado.
A veces tengo que mirar dos veces lo que estoy haciendo para constatar que aún estoy despierta, que no sigo soñando y que esto es realidad, ¿y qué es realidad? Pues la que construyo yo a partir de los demás, o eso quiero creer. Quien sabe. O son los círculos constantes que das en la vida, porque la vida también es un círculo, bastante imperfecto, pero delicioso.
Total que supongo que el chiste es tomar las cosas con la mejor actitud.
Me encuentro cansada.



viernes, 19 de enero de 2018

Actos amorosos

Gestos. Recuerdos. Actos. Todo lo que me viene a la mente de lo que construye los vínculos, así, sin querer y se construyen. Se estrechan lazos, se abren las puertas, los ojos, los labios, los brazos, la mente y las piernas.
Esos gestos que enloquecen, que dejan perplejo cuando pasan; cositas de nada, cosa de sólo algunos momentos y los momentos.
¿Qué son los momentos? ¿Es posible guardarlos en una caja y seguir? ¿Es posible realmente atesorarlos? ¿La vida es una recopilación de momentos? O será que la vida es una recopilación de gestos, o de emociones, o de sentimientos, o de palabras dichas al aire, o de palabras pocamente leídas. ¡Qué se yo!
Los gestos que se convierten en actos amorosos. Los gestos que vienen al caso, o acaso al cazo. Esos gestos que hacen que uno se aferre a los vínculos, aunque el otro haya decidido otra cosa con él, aunque los gestos le hayan delatado.
Ay…
Mientras tanto, por las noches sumamente frías, invernales y secas, los recuerdos de los gestos me atormentan, me tienen paralizada, hacen que despierte y quiera decir mil cosas, mas luego me acuerdo que mis palabras son aparentemente necias, porque siempre aterrizan en sus oídos sordos, ahora más sordos que nunca.
Pero yo no fui…
No fui quien hizo ese gesto, ese abrazo, ese beso en la cabeza, ese silencio perfecto en la ducha. No. Yo no fui quien dejó, en ese único gesto, no implícito, sino más bien explícito, el acto amoroso, uno de los más tiernos e inesperados. ¿Y luego?
Luego, nada. Sólo los tormentos nocturnos, los recuerdos traicioneros, las mañanas más frías aún, despertar en medio de la obscuridad y levantarse. No. Yo no fui quien hizo el gesto delator. Tampoco fui quien decidió huir ante el inminente sentimiento, maravilloso y cruel a la vez, porque no huyo: Enfrento, aunque duela y mucho. ¿Para qué huir si no se puede?
Seré valiente. 


viernes, 12 de enero de 2018

Silencio, ruido y amor.

Un encuentro fortuito, un encuentro feliz, ¿quién iba a pensar que entraría a esa cafetería?
Charla, diversión, puntos de vista encontrados. Sí, me da gusto comprobar que las personas bonitas se quedan a mi lado, que yo las quiero y que me quieren. Me lleno de gozo inusitado. Y pensar que me sentía aislada del mundo en este gélido castillo.
Luego hablamos del pasado más pasado, cuando me entregaba al tormento y ella estaba alrededor, ¿qué fue de esa persona innombrable? Lo descubrí. Está bien y me da cierto alivio y repulsión a la vez, porque esa persona provoca el máximo terror en mí, no así a quien vi, ella me llena de gusto y me da mucha felicidad que aún esté en mi vida, que, a pesar de los desencuentros, podamos compartir espacio, charlas, diversiones, y ¡cómo no! Si nos conocemos de varios años, compartimos cama, jabón, almohada y juegos.
Y ustedes, ¿con quién se quedan en la vida? ¿Con quien los quiere o con quien no?
Supongo que un poco de desamor, de ser malquerido, también ayuda a comprender, a aprender, a tomar y retomar camino, sí, eso debe ser, aunque duele y no, uno no se acostumbra a ese dolor agudo del alma que viene, va y se regresa, pero cada que regresa es menor, se va durmiendo, se sedimenta, se convierte en arenilla y ahí se queda, convertida en el bonito recuerdo, en el aprendizaje necesario, en algo digno de ser transformado y a amar siempre…
Mejor amar siempre que andar de víctima, que andar clamando, que la injusticia, que los males del mundo, que lucharé, que todos son iguales, que ay…¡Ay no! Más vale teorizar sólo un rato y luego seguir, más vale no quedarse en la mera reflexión y actuar, hacer, emprender. Sino, ¿para qué vinimos a este mundo matraca? ¿Para luchar, pelear, estar en la inconformidad, demandar, denunciar?
O tal vez vinimos para hacer, no dejar que se cometa la injusticia y, si se comete, tomarla, hacerla a un lado y no arroparse en ella porque, ¿para qué? Si bien se puede seguir moviendo el mundo, el cuerpo, manejar la propia vida, no pelear, sino emprender, hacer siempre.
La pelea es cansada.
La acción llena.
Ando que ando y sí ando. Ahora sí que ando. Ahora que decido seguir amando, aunque no le parezca, porque ese es su problema, no el mío.
El amor como forma de vida. 


viernes, 5 de enero de 2018

Carta a los Reyes Magos

Queridos Reyes Magos:

Este año me he portado muy bien, he trabajado mucho, casi no he llegado tarde a clase, he procurado dar buenas clases, a pesar de mis malestares físicos y mentales. No me he emborrachado más de la cuenta, si acaso me he puesto chistosita y ni siquiera he llegado al mal aspecto.

No he sido grosera con casi nadie, ni siquiera con los automovilistas que pisan la linea peatonal, ni tampoco le he dicho cosas feas a las personas que han intentado molestarme en el transporte público.

Este año fui buena, cosciente, traté bien a mis semejantes, a los no tan semejantes, a mis amores, aunque descuidé, sí, un poco a mis amigos, cosa de que ellos ya tienen su vida, sus casas, sus hijos, sus trabajos, sus deberes y yo, pues también, aunque no tengo aún casi, ni hijos, pero sí vida y animalitos a los que cuido y educo.

Este año tuve amor, mucho amor, tuve un novio maravilloso y bueno, excelente diría yo, al que procuré lo más posible en sus dolencias, lo cuidé, le di de comer, lo acompañé, lo amo. Tuve algo más, que me ha dejado un tanto rota, sin merecerlo, creo, porque lo traté muy bien, nunca fui encimosa, metiche, ni pelada con esa persona, pero bueno, no siempre se recibe lo que se merece, o sí, mientras él quiso. Ya ni modo.

Este año también tuvimos todos un gran susto, mismo que debió cambiarnos a todos y, sino, pues ni modo, pero a mí sí me cimbró y me motivó a emprender cosas bellas, a expresar mi amor, a dar a conocer la divinidad que vive en mí.

Este año me porté bien e hice cosas buenas y es por eso que les pido que me traigan energía para emprender las cosas bellas, salud para mi novio y para mí, trabajo para podernos mover, un corazón fuerte para crear un hogar, una pegatina durable e impermeable para mi corazón roto, muchas ilusiones y juegos, ojitos honestos, bocas mamadoras, aromas deliciosos y caricias suaves. También quiero que todos a los que quiero sigan bien, inclusive a los que eligieron no quererme, o que me sigan queriendo mejor.

Tengo una petición especial, queridos reyes, que la tristeza, el enojo, el sentimiento de que me hicieron injusticia se quede atrás muy pronto, para poder seguir adelante con los planes de lo bello y no llorar de repente en los momentos inoportunos o cansados del hogar. Sí, por favor, quiero dejar de pensar en esa duda, en esa culpa que se me imputó sobre lo incontrolable del cuerpo. ¿Sería mucho pedir?

Eso es lo que les pido, por este año, y me seguiré portando bien, a la altura, con decoro, honestidad y autenticidad.

Gracias.

¡Feliz viaje!


domingo, 31 de diciembre de 2017

Reflexión del año viejo.

Caos, este año no ha sido más que caos, este año se fue en proyectos sin realizar, en sueños sin cumplir, en temores, en terrores. Este año acaba ya.
Lo mejor, que acaba ya. Lo no mejor es que cumplo un año más. Un año más es un año menos, o, viéndolo de otro lado, un año más es un año gastado en quién sabe qué. En qué…
Gastado en sexo, gastado en amor, gastado en gasto, en días, en horas, en planes sin cumplir. Gastado es pequeños pedazos de nada y en monumentos sin acabar: En monumento a la yo académica ahí está, inconcluso.
Un año de aventura feliz y abrupta desventura.
Un año donde mucho se quebró, casi todo, todo y no. Un año que pintaba estable y despintó, se desdibujó.
¿Y es año que está por comenzar? ¿Será mejor o peor? O sólo será un año. ¿Se lograrán los proyectos? ¿Se concretarán los planes? ¿El monumento académico quedará concluido para nunca más volver a ese mundo? ¿Se lograrán hacer las cosas en vez de sólo teorizar al respecto? ¿Se logrará poder comprar, adquirir, habitar, cohabitar? ¿Habrá sexo? ¿Habrá comida? ¿Habrá?
Es un año donde se espera lo que se espera, donde ya se debería concluir lo empezado en este año que acaba, ¿o no? ¿verdad que sí, sí?
Este año que acaba me quita algo más que doce meses de mi existencia, me quita un pedacito de confianza ciega, de ilusión, de sueño y coquetería. Me quita una chispa bonita y abolla mi divinidad.
Debería decir que este año me llenó de aprendizajes, quizá sí, pero aún no puedo decirlo, porque hay dolor, se irá, pero aún está. ¿Por qué?
¿De qué trata la esperanza del año nuevo? La esperanza de que todo será distinto, de que es un nuevo comienzo, de que todo irá bien. ¿Todo irá bien? 
Necesito que todo vaya bien.
Feliz año nuevo a todos. 


martes, 26 de diciembre de 2017

Sin salir a jugar

¿Qué se fue?
Lo que se fue.
Se fue esa chispita en los ojitos, esa cosita ilusión. Se fue la sonrisa fácil y alegre. Se fue esa gana de sólo gozar y ser gozada y un poco de inocencia.
Se fue la inocencia.
Ahora todo es seriedad, sobriedad, cautela. La locura se ha ido, la risa coqueta, también.
Se fue la inocencia.
Se murió un poquito eso de creer que la cosa bonita se da así nomás, sin meditar, porque se da y se dio, pero se detuvo y tal vez sé por qué, pero se murió poquito.
Y lo sé, se murió y no se murió, lo murieron, porque consideraron que así era mejor, porque el ya-no-juego fue salvación para él y todos sus amigos; mientras tanto mi juego se rompió, se aplastó, lo aplastaron, lo dejaron sin posibilidad de volver a ser jugado, lo ensuciaron.
Era una niña pequeña, muy feliz, muy contenta y muy feliz, una niña que siempre supo jugar sola, pero que le gustaba compartir las cosas bonitas e importantes con los que más quería. Una niña que se sabía poseedora de sí misma, de su cuerpo, de sus pensamientos, de su voluntad, una niña voluntariosa, si se quiere ver así. Era una niña que tenía la capacidad de discernir entre a quién y a quién no confiar sus más oscuros secretos y sus secretos más íntimos. Una niña que mostró sin más su corazón y…
Se le murió la inocencia, ahí quedó nomás; un pequeño pedazo de belleza mancillado por la duda y el miedo irracional.
No creo que la niña se haya equivocado, no lo creo en absoluto, simplemente, simplemente, le han roto uno de los tesoros. Esta niña ha olvidado un poco el cómo salir a jugar.



jueves, 14 de diciembre de 2017

Estación Obsesión

De hablar y hablar, de pensar y repensar. De eso está hecha la obsesión.
Unos me dirán que no le dé más vueltas, que me hace mal. Otros me dirán que eso no tiene solución. Otros, que todo es confuso porque no tiene sentido y no, no lo tiene.
Quizá tenga un sentido oculto, quizá no; quizá él le encontró sentido, muy probablemente se inventó toda una historia en su cabeza para salir avante en la lid y quedar bien parado.
No, lo lamento, no has quedado bien parado.
Si bien, pocos o casi nadie sabe tu identidad, esos pocos también esperaban más de ti, al igual que yo.
Ahora viene la fase de la obsesión y ya fue; más bien, está la fase del bonito recuerdo, aquél con el que una bella dama prefirió quedarse a arruinar el romance con la realidad. (Se llamaba Gonzalo).
Sé que no hay nada que entender; sin embargo trato de reconstruir los hechos, rearmar los momentos, revivir y volver a sentirlo todo, todo, desde la dicha, hasta el placer; desde la incredulidad, hasta el desequilibrio.
Sí, era la mujer más feliz.
¿Y ahora?
Si bien, no soy la persona más infeliz, tampoco estoy feliz; estoy más bien triste. Triste repasando los pasajes dolorosos; triste acariciando los gozos y sonrisas. Triste siempre y siempre triste.
De pronto mi cuerpo se tira, deja de hacer, suelta las manos y mantiene la mirada fija en no se qué y así podría estar por horas, casi días o medios días, y no pienso en nada, más que en ti, pero ni siquiera pienso en lo que podrías estar haciendo, sino en lo que ya no pudimos hacer. No por mí, sino por ti. Sí, esta quizá sea la etapa de la culpa, no hacia mí, sino hacia ti, porque lo único malo que pude haber hecho fue decirte lo que en verdad quería de ti y ya. Eso fue todo. Das war alles. 
En en camino nocturno sólo pude repetir a manera de mantra dos oraciones:
Der Ofen ist auf. Er lacht dazu. (Acabó. Él ríe de ello) 
Der Ofen ist auf. Er lacht dazu.
Der Ofen ist auf. Er lacht dazu.
Y todo por tu risa cuando recordaste que sí se dice en alemán 'ja'. Fuiste cruel.

Después leo palabras muy bellas, palabras que me llenan de ganas para seguir viviendo este proyecto loco, donde se me dice que siga seduciendo, que siga con el amor libre y que siga siendo ejemplar. Me lleno de lágrimas, lágrimas de amor y alegría, porque sí, soy más que un receptáculo de duda e inseguridad.
Soy una persona llena de divinidad.


martes, 12 de diciembre de 2017

Schmerz/Leid-Dolor

Duele y ya sé por qué.
Duele porque así no iba la canción.
Así no iba la novela.
Así no iba la historia.

Duele porque esta vez no lo sabía, no lo vi venir y sí. 
Y cuando lo vi venir lo negué porque así no iba.

Que todo era una fantasía, sí.
Que era una aventura, sí.
Pero acabó en injusticia, sí.
Pero era real, sí.

Duele y no hay remedio, sólo duele.
Y me repito que no hice nada malo, me lo digo.

Tal vez este horror comenzó antes de los siete estornudos.
Ese violento temblor que nos llevó a todos lejos de nosotros. Ese temblor que formó las grietas.
¿En qué consistió mi grieta?
En dejar salir el amor, cual mancha voraz, en abarcar a todos con él.

¿Y el amor? Ahí quedó.
Apenas salió, embarró poquito y mejor se lo sacudió.
Eso duele.
Se sacudió su porción, quizá con dificultad, eso lo puedo creer, pero al final no la quiso.




Ya se irá el dolor, ¿ya se irá el dolor?

domingo, 10 de diciembre de 2017

Triángulo

De esto no iba a escribir, no tan abiertamente, pero lo haré.
Estuve en un triángulo este año, un triángulo amoroso. Una parte era mi relación formal y otra la mal llamada no relación, que terminó en enamoramiento bárbaro y loco, imposible o posible. 
Una no relación llena de ambigüedades, gustos, placeres, disgustos y padeceres.
Pensaba que no iría más allá, luego pensaba que podría ir más allá. Pensaba que podría haber oportunidad de ir más allá y justo en el momento de hablar, de intentar, de querer dar un paso, algo inesperado se atravesó.
Llámalo vida.
Esperaba más de esa persona. Bien sabía que se solía guardar en una concha, él se decía ostra, pero su reacción fue totalmente inesperada.
Al final, aunque lo niegue, él tomó la decisión, una decisión bien meditada por toda una semana, mientras estaba yo en ascuas. Eso no importa ahora. 
Sí importa. Sus razones importan, porque fueron totalmente injustas, porque atentaron contra mi dignidad, mi ser femenino y mi ser divino, aunque lo niegue, aunque lamente que yo lo vea injusto.
Él sabía muy bien con quién y a qué se metía. 
Yo siempre fui honesta con él. Totalmente.
Le enseñé mi corazón
Lo cuidé.
Le brindé todo lo que podía brindarle en esos momentos. Los momentos.
No puedo escribir claramente.
Sólo sé que:
Todo estuvo hablado. Todo está hablado. Todo comenzó con siete estornudos seguidos, una infección, medicinas, sistema inmunológico comprometido, el horror y más horror:
La duda.
La duda lo mata todo.
El enojo de sentirse castigada, aunque diga que no, juzgada, aunque diga que no, culpada, aunque lo niegue todo y diga que ojalá lo entienda. Tal vez entienda.
Ojalá él entienda el porqué de este enojo, de por qué lo considero una injusticia y casi un pretexto.
Ahora debo arreglar todo de nuevo, el amor que siento, ese amor que ahora es no amor porque no me quiere lo suficiente y decide protegerse de todo mal, facilitado por todo lo que no puede controlar.
Decepción.
Dolor.
Ojalá hubiera sido diferente, ojalá hubiera buscado una buena explicación, ojalá me hubiera propuesto una solución entre todos, ojalá se hubiera quedado, ojalá no me hubiera dejado sin él.
Sé muy bien que sigue y cómo. Sé que no era eterno. No me lo esperaba tan pronto.
Ojalá me hubiera querido lo suficiente.



sábado, 2 de diciembre de 2017

1ro. de diciembre

Empecemos por el inicio, terminemos ya.
Que de este año lo único que he sacado ha sido un gran temblor.
Tal vez estaba en mi zona de confort, tal vez todos lo estábamos, ¿y luego qué? ¡Plas!
Para algunos no significó nada, para otros todo. 
Nuestros hogares se movieron de más, demasiado. Tuve fortuna en no perderlo, pero mi hogar interior quedó blandito, frágil.
Ahora puedo llorar por lo que duele, así, sin más. No aguanto mucho tiempo cuando hay algo que cala. ¿Qué cala?
El saber, el constatar que no he alcanzado lo que me he propuesto.
El que alguien externo me diga que no me apuro a hacer, realizar, tal o cual cosa.
El ver cómo el tiempo me ha comido y pues nada, aquí todo sigue igual… Todo igual, ¿o no?
Lo que ha hecho diferente este año puede o no continuar, puede y no depender de mí.
Una cosa depende enteramente de mí, pero estoy un tanto rota.
La otra no, no sé, ni quiero saber, ya no.

He quedado demasiado blanda, demasiado insoportable para mí y los demás. A cualquier provocación puedo volver a sentirme mal, triste, decepcionada, decepcionada de mí.
Esta vez no me siento aislada; esta vez articulo mis tristezas y me siento fuera de lugar, porque todos los demás están tristes también.
Seguiré porque así debe de ser.

Esta entrada es una basura.
A veces aún tengo los miedos irracionales.
Quiero una cama calientita, de menos.

¿Qué más puedo decir??
No quiero un cambio, quiero lo que quiero, completar, terminar, acabar, lograr.
¿Y mi divinidad? ¿Acaso me ha abandonado? ¿Acaso se fue como el agua en los manantiales tras el temblor? No la siento, no me abraza.
¿Y esa terrible necesidad de amar? ¿Se detuvo? ¿Me abandonó? ¿Me he equivocado y no era eso?
Me extraño.