martes, 27 de febrero de 2018

La diferencia

La diferencia entre tú y yo es mucha, variada, amplia.
Con amor, la diferencia es poca, es nula, casi nula; la diferencia no importa.
Con desamor, la diferencia lo es todo, aplasta, magulla, ahorca, anula. La diferencia cada vez más grande.
Yo no supe de diferencias hasta que me encontré con una inmensa, una que no había visto jamás porque no me importan muchas cosas, no deberían de.
Pero hay personas que sí toman la importancia de cosas que yo no y ahí, justo ahí está la diferencia, la irremediable diferencia que nos lleva a la separación más cruenta, llena de preguntas, de inconsistencias, de acciones ilógicas. 
¡Qué irracional su forma de ser racional!
Y sólo me quedé llorando y pensando en qué había pasado, en qué había hecho mal, en cómo había ocurrido algo así. De repente aún me quedo en eso. De repente me arrepiento de haber dicho, hecho cualquier cosa. De repente ya no.
Pasa el tiempo, los días. Los objetivos se reacomodan. Los días, las horas, los minutos. Me acomodo, no me acomodo y de nuevo pienso en lo que no pienso y veo claramente, después ya no tanto.
La diferencia queda clara, tan clara. Esa diferencia de edad, de miras, de destino, de metas; esa diferencia que, si tan sólo uno no quiere salvar, no pasa nada, no se va más allá de la inminente caída.
Voluntad.
La diferencia entre tú y yo estriba en la voluntad.
Tu voluntad la has entregado al ser viejo y abandonar lo difícil.
Mi voluntad está en seguir haciendo, no dejar la vida.
Así son las cosas. Así es el abismo, ese que no quisiste saltar por mí, por ti, ese que no es el que tú piensas que es, sino el que formaste con tus prejuicios. Sí.
Dejaste la belleza embarrada en el pavimento de Periférico y te llevaste la diferencia bien encarnada en tu pétreo y fosilizado corazón.




miércoles, 21 de febrero de 2018

Fácil.

Cuán fácil se le hace a la gente traer hijos al mundo. No entiendo el porqué; no entiendo cómo. Simplemente es inconcebible para mí eso de aventarse al embarazo, los cuidados, el parto, el yugo eterno de un humano inocente; un humano inocente más sobre este mundo matraca.
Dejar tu individualidad, tu egoísmo, tus cosas valiosas, tus libros, tus saberes, dejarlo todo atrás por la crianza de un fruto de tu vientre, oh clemente.
Justo ayer en una buena charla desesperada algo ha salido a la luz.
¿Tienen a los hijos por el amor que éstos les puedan dar? ¿Es cierto que el amor padre-hijo es el amor verdadero? ¿Es cierto que el amor que un hijo te da, nadie más te lo puede dar? Supongo que no es más que el lazo biológico, el lazo familiar, hogareño, el lazo de la tribu.
No lo sé.
Me veo como hija y sé que no soy ni la mejor, ni la ejemplar, ni la que se desvive por sus padres; todo lo contrario. Será por eso que no creo que el amor de un hijo hacia sus progenitores sea invaluable, aunque sí puedo reconocer que el amor de los progenitores hacia su vástago, lo es, ¿por qué?
Tal vez porque se echaron ya el compromiso y no hay forma de deshacerse de éste o tal vez porque es la copia genética de ellos y así lo dicta la biología (¡nah!)
Qué se yo.
Sólo sé que los motivos para traer hijos al mundo son variados, variopintos y ninguno me convence, ninguno, salvo el hecho de traer una copia genética para que continúe en la especie humana la información, con todo y enfermedades, malestares y locuras.
¿Para qué otra cosa, sino?
¿Es ese suficiente motivo?
Yo sé que no y justo por eso sé que ese acto es sumamente egoísta. Este mundo matraca no puede más con tanto humano de dudoso raciocinio. Esta Madre Tierra está sobrepoblada.
Y sin embargo…


El tiempo corre.



martes, 20 de febrero de 2018

Escrito al vapor.

No suelo escribir a esta hora, pero escribo y ya.
Escribo sobre mis dolencias, mis dudas, mis sueños y mis deseos. 
¿Qué es el deseo? ¿Cuál es el deseo de hoy?
Deseo dormir. Deseo soñar. Deseo despertar y ser igual de feliz de lo que era hace unos meses. Deseo volar. Pero sobretodo, deseo no sentir más frío.
¿Dónde está el sol que calienta, que abrasa, que manifiesta con su calor su amor por mí?
¿Y yo de esa forma manifiesto mi amor?
¿Dónde están todos los que alguna vez he amado? ¿Y los que no?
Desde este punto de vista parcial, egoísta, mínimo, quisiera simplemente saber, saber más, tener, poseer, quisiera que todo hubiera sido un mal sueño y que mi amor fuera completo y no hubiera sido arrancado un pedazo, ahora tan difícil de remendar.
No sé por qué estoy así. Debe ser por el ciclo y el frío, el frío que no ayuda, porque ni siquiera me permite trabajar en mis cosas.
Quisiera emborracharme en este momento y dormir hasta mañana. Faltar a clase, dejar todo botado y soñar y soñar, pero sigo adelante, casi sin descanso, continúo sin mucho esmero y falta de sorpresas.
Justo es eso, se ha eliminado el factor sorpresa y todo corre en linea recta interminable, tan sólo interrumpida por los sustos de los temblores. Pero los temblores no tiene la culpa, la Madre Tierra es así y simplemente hay que aceptarla.
Aceptar.
Y lo que no acepto es esos comportamientos del Hombre.
Y lo que no acepto y de todos modos no puedo soltar.
A veces pienso que necesito algo más que estar conmigo misma.
Necesito otra voz.




domingo, 11 de febrero de 2018

Y me quedé pensando.

Hoy he oído algo, algo que me ha recordado otra cosa, ¿qué otra cosa?
Los planes, mis antiguos planes. Y me he quedado pensando, ¿en qué cosa?
¿En qué he estado pensando? ¿En qué estaba pensando esas tardes de viernes?
Alguna vez me vi tentada a vestirme y salir, sin explicaciones, simplemente dar la espalda y no volver, aunque hubiera vuelto enseguida, quizás aún volvería.
¿En qué he estado pensando todo el día?
He cumplido la edad en la que esperaba haber cumplido los planes biológicos; sin embargo no los he concretado, por una o por otra, por mi vida, por la vida de los demás, por el bien de la Humanidad, por pensármela, por las imposibilidades. ¿Y qué sigue?
¿Lo haré? ¿Algún día de estos años que me restan lo haré? ¿En serio?
Yo siempre había pensado que sí, que lo haría, pero que sólo sería producto mío, porque nunca me imaginé con un alguien masculino a mi lado y siempre me puse como límite esta, esta mismísima edad que acabo de cumplir hace poco más de un mes.
¿En verdad lo quiero? ¿En verdad lo necesito? ¿En verdad soy capaz?
No tengo mucho poder adquisitivo, no. No tengo lugar seguro, no. Mi mente no es segura, no. 
Hace unos meses me lo plantee seriamente y la posibilidad quedó, luego dejó de existir. ¿En qué estaba pensando al estar con esa persona?
Y ahora, ahora, ahora. La posibilidad me asustaba, me asusta, me sigue asustando, no dejará de, porque ¿soy capaz? ¿seremos capaces? ¿se puede? ¿en verdad quiero? ¿en verdad quiere? ¿en verdad queremos?
El tiempo corre y nos come, y me come más a mí y muy en serio. Este cuerpo está óptimo, pero, como dijera un no-amigo: "¿Por cuánto tiempo?" Y esto sí es de pensarse, eso sí es de pensarse.
Creo que ese es mi mayor miedo, justito ese. Y es que no me veo así y luego sí y luego veo lo que me rodea y me lo quiero ahorrar, pero luego siento que me arrepentiré si no o si sí, porque es una carga eterna, que nunca acaba y sí, porque acaba con tu fuerza vital.
Y me quedo pensando… 




miércoles, 31 de enero de 2018

31 de enero

Se acaba el mes del cumpleaños y qué me queda, un despeluche, ganas de dormir, ganas de huir del frío, ganas de cerrar los ojos y dejar que todo pase, porque estoy cansada.
Este mes ha sido largo, muy largo y, por lo mismo, cansado, muy cansado. No ha sido triste del todo, pero sí ha sido bastante estresante y algo revelador, bueno, revelador a medias, porque ya se veía venir, aunque se había tardado, pero ya se veía venir.
Lo que se ve venir y lo que se niega. Eso está bien, eso es fácil resolver; lo difícil de resolver es todo aquello es nos agarra desprevenidos, todo aquello que es inesperado y triste, muy triste.
A veces me sigo preguntando por sus razones, por si lo que dijo fue cierto o hasta qué punto de cierto fue. A veces quisiera negarlo todo, olvidar, borrar, dejar fuera incluso lo bueno. A veces, sólo a veces, acepto el amor que tengo y lo manipulo para mi placer estético.
Ya se veía venir, pero fue sorpresivo aún así, justo porque llegó en el momento justo donde otro ciclo de cansancio y desesperación iniciaba. ¡Qué tino! Pero ni modo y ni modo, qué más hacerle, pues nada.
Si él eligió el silencio y dejar de saber de mí y/o evitar que yo me entere de él, pues allá él y su estable, monótona, lineal, vida cotidiana.

Vete al diablo, vete lejos o quédate allí, encerrado en tu departamento, entre tus libros y tus comics, entre tus películas que nunca prestas, tu pantalla y tus lindos gatos. Quédate allí, encerrado, encerrado en ti, en tus cosas, en tu día a día, en tus preocupaciones libres de culpa, libres de sol, libres de sobresaltos, preocupaciones programadas, medibles, mesuradas. Quédate allí y nunca, nunca salgas y, cuando salgas, quédate en el guión, no improvises (no lo harás) y permanece así hasta que por entero las ganas de vivir, de Vivir, vivir-experimentar, se hayan ido de ti del todo, porque falta muy poquito para que eso pase, porque tenías el chance de crear, respirar, jugar, gozar, amar y lo echaste fuera de tu pequeña vida y abrazaste del todo tu cotidianidad, tus prejuicios, tu machismo enmascarado. Eres un cabrón y no, no eres un cabrón, eres un pendejo, un puto pendejo, incapaz de hablar, de pedir, de dialogar, de rescatar todo lo valioso. Y sí: Dejas fácilmente, como el conductor que atropelló a la chica a una cuadra de tu casa, sí, justo así actuaste y seguro así has actuado siempre.
Tonta de mí, que creí en tu discurso libre y despreocupado.
Quédate allí, que tengo sueño, que estoy cansada de sentirme acusada y juzgada por una persona como tú, incongruente.

Este mes se acaba, se acaba el mes del cumpleaños. Comenzará otro lleno de actividades, juegos y sorpresas; también regalos.
¡Espérelo pronto!




viernes, 26 de enero de 2018

Aprendizaje

De un momento a otro, las cosas cambian, no se sabe por qué, no se sabe ni cuando, solamente llegan nuevos vientos, nuevas oportunidades, nuevos métodos de enmendar las cosas. Llegarán.
Ya llegaron y se fueron, ya fueron consumidos por el tiempo y el tiempo sigue transcurriendo sin posibilidad de volverlo atrás. La rueda del tiempo no da marcha atrás y seguimos avanzando.
Ahorita no tengo mucha energía ni mente para seguir escribiendo; sin embargo lo haré, por mero gusto, por entretenimiento, por repasar los acontecimientos que me han llevado a este momento, único, irrepetible, un momento que se parece a un otro momento, pero más rico y más añejo, con vejez.
Yo no sé si la edad siempre implique madurez, a veces quiero pensar que sí, pero otras veces veo que no, que la edad no implica madurez, sino cobardía, cobardía por vivir algo nuevo, por sentir, por ser uno mismo por una vez más; cobardía de asumir y sonreír, de experimentar, de perder el estatus quo, ah, pero el tiempo pasa y te lo cobra caro, carísimo, maravillosamente caro y ni lo sientes. De pronto ya estás en medio del problema y, por más que luches por salirte, no lo logras, te quedas adentro y serás arrastrado hasta que cese todo, hasta que el problema decida que puede ser resuelto. No antes, no después, no depende de ti ni de tu voluntad por más que hagas que haces por detenerlo. No. Está allí, justo en frente de tus narices.
Y no me importa, seré yo un perro ladrando a una pared, pero no será eterno y la pared se desmoronará, caerá por su propio peso, por su propio ego, por sí misma, porque no puede ser de otra manera, como no pudo ser de otra manera el momento justo en el que me encuentro, único, preciso, afilado.
A veces tengo que mirar dos veces lo que estoy haciendo para constatar que aún estoy despierta, que no sigo soñando y que esto es realidad, ¿y qué es realidad? Pues la que construyo yo a partir de los demás, o eso quiero creer. Quien sabe. O son los círculos constantes que das en la vida, porque la vida también es un círculo, bastante imperfecto, pero delicioso.
Total que supongo que el chiste es tomar las cosas con la mejor actitud.
Me encuentro cansada.



viernes, 19 de enero de 2018

Actos amorosos

Gestos. Recuerdos. Actos. Todo lo que me viene a la mente de lo que construye los vínculos, así, sin querer y se construyen. Se estrechan lazos, se abren las puertas, los ojos, los labios, los brazos, la mente y las piernas.
Esos gestos que enloquecen, que dejan perplejo cuando pasan; cositas de nada, cosa de sólo algunos momentos y los momentos.
¿Qué son los momentos? ¿Es posible guardarlos en una caja y seguir? ¿Es posible realmente atesorarlos? ¿La vida es una recopilación de momentos? O será que la vida es una recopilación de gestos, o de emociones, o de sentimientos, o de palabras dichas al aire, o de palabras pocamente leídas. ¡Qué se yo!
Los gestos que se convierten en actos amorosos. Los gestos que vienen al caso, o acaso al cazo. Esos gestos que hacen que uno se aferre a los vínculos, aunque el otro haya decidido otra cosa con él, aunque los gestos le hayan delatado.
Ay…
Mientras tanto, por las noches sumamente frías, invernales y secas, los recuerdos de los gestos me atormentan, me tienen paralizada, hacen que despierte y quiera decir mil cosas, mas luego me acuerdo que mis palabras son aparentemente necias, porque siempre aterrizan en sus oídos sordos, ahora más sordos que nunca.
Pero yo no fui…
No fui quien hizo ese gesto, ese abrazo, ese beso en la cabeza, ese silencio perfecto en la ducha. No. Yo no fui quien dejó, en ese único gesto, no implícito, sino más bien explícito, el acto amoroso, uno de los más tiernos e inesperados. ¿Y luego?
Luego, nada. Sólo los tormentos nocturnos, los recuerdos traicioneros, las mañanas más frías aún, despertar en medio de la obscuridad y levantarse. No. Yo no fui quien hizo el gesto delator. Tampoco fui quien decidió huir ante el inminente sentimiento, maravilloso y cruel a la vez, porque no huyo: Enfrento, aunque duela y mucho. ¿Para qué huir si no se puede?
Seré valiente. 


viernes, 12 de enero de 2018

Silencio, ruido y amor.

Un encuentro fortuito, un encuentro feliz, ¿quién iba a pensar que entraría a esa cafetería?
Charla, diversión, puntos de vista encontrados. Sí, me da gusto comprobar que las personas bonitas se quedan a mi lado, que yo las quiero y que me quieren. Me lleno de gozo inusitado. Y pensar que me sentía aislada del mundo en este gélido castillo.
Luego hablamos del pasado más pasado, cuando me entregaba al tormento y ella estaba alrededor, ¿qué fue de esa persona innombrable? Lo descubrí. Está bien y me da cierto alivio y repulsión a la vez, porque esa persona provoca el máximo terror en mí, no así a quien vi, ella me llena de gusto y me da mucha felicidad que aún esté en mi vida, que, a pesar de los desencuentros, podamos compartir espacio, charlas, diversiones, y ¡cómo no! Si nos conocemos de varios años, compartimos cama, jabón, almohada y juegos.
Y ustedes, ¿con quién se quedan en la vida? ¿Con quien los quiere o con quien no?
Supongo que un poco de desamor, de ser malquerido, también ayuda a comprender, a aprender, a tomar y retomar camino, sí, eso debe ser, aunque duele y no, uno no se acostumbra a ese dolor agudo del alma que viene, va y se regresa, pero cada que regresa es menor, se va durmiendo, se sedimenta, se convierte en arenilla y ahí se queda, convertida en el bonito recuerdo, en el aprendizaje necesario, en algo digno de ser transformado y a amar siempre…
Mejor amar siempre que andar de víctima, que andar clamando, que la injusticia, que los males del mundo, que lucharé, que todos son iguales, que ay…¡Ay no! Más vale teorizar sólo un rato y luego seguir, más vale no quedarse en la mera reflexión y actuar, hacer, emprender. Sino, ¿para qué vinimos a este mundo matraca? ¿Para luchar, pelear, estar en la inconformidad, demandar, denunciar?
O tal vez vinimos para hacer, no dejar que se cometa la injusticia y, si se comete, tomarla, hacerla a un lado y no arroparse en ella porque, ¿para qué? Si bien se puede seguir moviendo el mundo, el cuerpo, manejar la propia vida, no pelear, sino emprender, hacer siempre.
La pelea es cansada.
La acción llena.
Ando que ando y sí ando. Ahora sí que ando. Ahora que decido seguir amando, aunque no le parezca, porque ese es su problema, no el mío.
El amor como forma de vida. 


viernes, 5 de enero de 2018

Carta a los Reyes Magos

Queridos Reyes Magos:

Este año me he portado muy bien, he trabajado mucho, casi no he llegado tarde a clase, he procurado dar buenas clases, a pesar de mis malestares físicos y mentales. No me he emborrachado más de la cuenta, si acaso me he puesto chistosita y ni siquiera he llegado al mal aspecto.

No he sido grosera con casi nadie, ni siquiera con los automovilistas que pisan la linea peatonal, ni tampoco le he dicho cosas feas a las personas que han intentado molestarme en el transporte público.

Este año fui buena, cosciente, traté bien a mis semejantes, a los no tan semejantes, a mis amores, aunque descuidé, sí, un poco a mis amigos, cosa de que ellos ya tienen su vida, sus casas, sus hijos, sus trabajos, sus deberes y yo, pues también, aunque no tengo aún casi, ni hijos, pero sí vida y animalitos a los que cuido y educo.

Este año tuve amor, mucho amor, tuve un novio maravilloso y bueno, excelente diría yo, al que procuré lo más posible en sus dolencias, lo cuidé, le di de comer, lo acompañé, lo amo. Tuve algo más, que me ha dejado un tanto rota, sin merecerlo, creo, porque lo traté muy bien, nunca fui encimosa, metiche, ni pelada con esa persona, pero bueno, no siempre se recibe lo que se merece, o sí, mientras él quiso. Ya ni modo.

Este año también tuvimos todos un gran susto, mismo que debió cambiarnos a todos y, sino, pues ni modo, pero a mí sí me cimbró y me motivó a emprender cosas bellas, a expresar mi amor, a dar a conocer la divinidad que vive en mí.

Este año me porté bien e hice cosas buenas y es por eso que les pido que me traigan energía para emprender las cosas bellas, salud para mi novio y para mí, trabajo para podernos mover, un corazón fuerte para crear un hogar, una pegatina durable e impermeable para mi corazón roto, muchas ilusiones y juegos, ojitos honestos, bocas mamadoras, aromas deliciosos y caricias suaves. También quiero que todos a los que quiero sigan bien, inclusive a los que eligieron no quererme, o que me sigan queriendo mejor.

Tengo una petición especial, queridos reyes, que la tristeza, el enojo, el sentimiento de que me hicieron injusticia se quede atrás muy pronto, para poder seguir adelante con los planes de lo bello y no llorar de repente en los momentos inoportunos o cansados del hogar. Sí, por favor, quiero dejar de pensar en esa duda, en esa culpa que se me imputó sobre lo incontrolable del cuerpo. ¿Sería mucho pedir?

Eso es lo que les pido, por este año, y me seguiré portando bien, a la altura, con decoro, honestidad y autenticidad.

Gracias.

¡Feliz viaje!


domingo, 31 de diciembre de 2017

Reflexión del año viejo.

Caos, este año no ha sido más que caos, este año se fue en proyectos sin realizar, en sueños sin cumplir, en temores, en terrores. Este año acaba ya.
Lo mejor, que acaba ya. Lo no mejor es que cumplo un año más. Un año más es un año menos, o, viéndolo de otro lado, un año más es un año gastado en quién sabe qué. En qué…
Gastado en sexo, gastado en amor, gastado en gasto, en días, en horas, en planes sin cumplir. Gastado es pequeños pedazos de nada y en monumentos sin acabar: En monumento a la yo académica ahí está, inconcluso.
Un año de aventura feliz y abrupta desventura.
Un año donde mucho se quebró, casi todo, todo y no. Un año que pintaba estable y despintó, se desdibujó.
¿Y es año que está por comenzar? ¿Será mejor o peor? O sólo será un año. ¿Se lograrán los proyectos? ¿Se concretarán los planes? ¿El monumento académico quedará concluido para nunca más volver a ese mundo? ¿Se lograrán hacer las cosas en vez de sólo teorizar al respecto? ¿Se logrará poder comprar, adquirir, habitar, cohabitar? ¿Habrá sexo? ¿Habrá comida? ¿Habrá?
Es un año donde se espera lo que se espera, donde ya se debería concluir lo empezado en este año que acaba, ¿o no? ¿verdad que sí, sí?
Este año que acaba me quita algo más que doce meses de mi existencia, me quita un pedacito de confianza ciega, de ilusión, de sueño y coquetería. Me quita una chispa bonita y abolla mi divinidad.
Debería decir que este año me llenó de aprendizajes, quizá sí, pero aún no puedo decirlo, porque hay dolor, se irá, pero aún está. ¿Por qué?
¿De qué trata la esperanza del año nuevo? La esperanza de que todo será distinto, de que es un nuevo comienzo, de que todo irá bien. ¿Todo irá bien? 
Necesito que todo vaya bien.
Feliz año nuevo a todos. 


martes, 26 de diciembre de 2017

Sin salir a jugar

¿Qué se fue?
Lo que se fue.
Se fue esa chispita en los ojitos, esa cosita ilusión. Se fue la sonrisa fácil y alegre. Se fue esa gana de sólo gozar y ser gozada y un poco de inocencia.
Se fue la inocencia.
Ahora todo es seriedad, sobriedad, cautela. La locura se ha ido, la risa coqueta, también.
Se fue la inocencia.
Se murió un poquito eso de creer que la cosa bonita se da así nomás, sin meditar, porque se da y se dio, pero se detuvo y tal vez sé por qué, pero se murió poquito.
Y lo sé, se murió y no se murió, lo murieron, porque consideraron que así era mejor, porque el ya-no-juego fue salvación para él y todos sus amigos; mientras tanto mi juego se rompió, se aplastó, lo aplastaron, lo dejaron sin posibilidad de volver a ser jugado, lo ensuciaron.
Era una niña pequeña, muy feliz, muy contenta y muy feliz, una niña que siempre supo jugar sola, pero que le gustaba compartir las cosas bonitas e importantes con los que más quería. Una niña que se sabía poseedora de sí misma, de su cuerpo, de sus pensamientos, de su voluntad, una niña voluntariosa, si se quiere ver así. Era una niña que tenía la capacidad de discernir entre a quién y a quién no confiar sus más oscuros secretos y sus secretos más íntimos. Una niña que mostró sin más su corazón y…
Se le murió la inocencia, ahí quedó nomás; un pequeño pedazo de belleza mancillado por la duda y el miedo irracional.
No creo que la niña se haya equivocado, no lo creo en absoluto, simplemente, simplemente, le han roto uno de los tesoros. Esta niña ha olvidado un poco el cómo salir a jugar.



jueves, 14 de diciembre de 2017

Estación Obsesión

De hablar y hablar, de pensar y repensar. De eso está hecha la obsesión.
Unos me dirán que no le dé más vueltas, que me hace mal. Otros me dirán que eso no tiene solución. Otros, que todo es confuso porque no tiene sentido y no, no lo tiene.
Quizá tenga un sentido oculto, quizá no; quizá él le encontró sentido, muy probablemente se inventó toda una historia en su cabeza para salir avante en la lid y quedar bien parado.
No, lo lamento, no has quedado bien parado.
Si bien, pocos o casi nadie sabe tu identidad, esos pocos también esperaban más de ti, al igual que yo.
Ahora viene la fase de la obsesión y ya fue; más bien, está la fase del bonito recuerdo, aquél con el que una bella dama prefirió quedarse a arruinar el romance con la realidad. (Se llamaba Gonzalo).
Sé que no hay nada que entender; sin embargo trato de reconstruir los hechos, rearmar los momentos, revivir y volver a sentirlo todo, todo, desde la dicha, hasta el placer; desde la incredulidad, hasta el desequilibrio.
Sí, era la mujer más feliz.
¿Y ahora?
Si bien, no soy la persona más infeliz, tampoco estoy feliz; estoy más bien triste. Triste repasando los pasajes dolorosos; triste acariciando los gozos y sonrisas. Triste siempre y siempre triste.
De pronto mi cuerpo se tira, deja de hacer, suelta las manos y mantiene la mirada fija en no se qué y así podría estar por horas, casi días o medios días, y no pienso en nada, más que en ti, pero ni siquiera pienso en lo que podrías estar haciendo, sino en lo que ya no pudimos hacer. No por mí, sino por ti. Sí, esta quizá sea la etapa de la culpa, no hacia mí, sino hacia ti, porque lo único malo que pude haber hecho fue decirte lo que en verdad quería de ti y ya. Eso fue todo. Das war alles. 
En en camino nocturno sólo pude repetir a manera de mantra dos oraciones:
Der Ofen ist auf. Er lacht dazu. (Acabó. Él ríe de ello) 
Der Ofen ist auf. Er lacht dazu.
Der Ofen ist auf. Er lacht dazu.
Y todo por tu risa cuando recordaste que sí se dice en alemán 'ja'. Fuiste cruel.

Después leo palabras muy bellas, palabras que me llenan de ganas para seguir viviendo este proyecto loco, donde se me dice que siga seduciendo, que siga con el amor libre y que siga siendo ejemplar. Me lleno de lágrimas, lágrimas de amor y alegría, porque sí, soy más que un receptáculo de duda e inseguridad.
Soy una persona llena de divinidad.


martes, 12 de diciembre de 2017

Schmerz/Leid-Dolor

Duele y ya sé por qué.
Duele porque así no iba la canción.
Así no iba la novela.
Así no iba la historia.

Duele porque esta vez no lo sabía, no lo vi venir y sí. 
Y cuando lo vi venir lo negué porque así no iba.

Que todo era una fantasía, sí.
Que era una aventura, sí.
Pero acabó en injusticia, sí.
Pero era real, sí.

Duele y no hay remedio, sólo duele.
Y me repito que no hice nada malo, me lo digo.

Tal vez este horror comenzó antes de los siete estornudos.
Ese violento temblor que nos llevó a todos lejos de nosotros. Ese temblor que formó las grietas.
¿En qué consistió mi grieta?
En dejar salir el amor, cual mancha voraz, en abarcar a todos con él.

¿Y el amor? Ahí quedó.
Apenas salió, embarró poquito y mejor se lo sacudió.
Eso duele.
Se sacudió su porción, quizá con dificultad, eso lo puedo creer, pero al final no la quiso.




Ya se irá el dolor, ¿ya se irá el dolor?

domingo, 10 de diciembre de 2017

Triángulo

De esto no iba a escribir, no tan abiertamente, pero lo haré.
Estuve en un triángulo este año, un triángulo amoroso. Una parte era mi relación formal y otra la mal llamada no relación, que terminó en enamoramiento bárbaro y loco, imposible o posible. 
Una no relación llena de ambigüedades, gustos, placeres, disgustos y padeceres.
Pensaba que no iría más allá, luego pensaba que podría ir más allá. Pensaba que podría haber oportunidad de ir más allá y justo en el momento de hablar, de intentar, de querer dar un paso, algo inesperado se atravesó.
Llámalo vida.
Esperaba más de esa persona. Bien sabía que se solía guardar en una concha, él se decía ostra, pero su reacción fue totalmente inesperada.
Al final, aunque lo niegue, él tomó la decisión, una decisión bien meditada por toda una semana, mientras estaba yo en ascuas. Eso no importa ahora. 
Sí importa. Sus razones importan, porque fueron totalmente injustas, porque atentaron contra mi dignidad, mi ser femenino y mi ser divino, aunque lo niegue, aunque lamente que yo lo vea injusto.
Él sabía muy bien con quién y a qué se metía. 
Yo siempre fui honesta con él. Totalmente.
Le enseñé mi corazón
Lo cuidé.
Le brindé todo lo que podía brindarle en esos momentos. Los momentos.
No puedo escribir claramente.
Sólo sé que:
Todo estuvo hablado. Todo está hablado. Todo comenzó con siete estornudos seguidos, una infección, medicinas, sistema inmunológico comprometido, el horror y más horror:
La duda.
La duda lo mata todo.
El enojo de sentirse castigada, aunque diga que no, juzgada, aunque diga que no, culpada, aunque lo niegue todo y diga que ojalá lo entienda. Tal vez entienda.
Ojalá él entienda el porqué de este enojo, de por qué lo considero una injusticia y casi un pretexto.
Ahora debo arreglar todo de nuevo, el amor que siento, ese amor que ahora es no amor porque no me quiere lo suficiente y decide protegerse de todo mal, facilitado por todo lo que no puede controlar.
Decepción.
Dolor.
Ojalá hubiera sido diferente, ojalá hubiera buscado una buena explicación, ojalá me hubiera propuesto una solución entre todos, ojalá se hubiera quedado, ojalá no me hubiera dejado sin él.
Sé muy bien que sigue y cómo. Sé que no era eterno. No me lo esperaba tan pronto.
Ojalá me hubiera querido lo suficiente.



sábado, 2 de diciembre de 2017

1ro. de diciembre

Empecemos por el inicio, terminemos ya.
Que de este año lo único que he sacado ha sido un gran temblor.
Tal vez estaba en mi zona de confort, tal vez todos lo estábamos, ¿y luego qué? ¡Plas!
Para algunos no significó nada, para otros todo. 
Nuestros hogares se movieron de más, demasiado. Tuve fortuna en no perderlo, pero mi hogar interior quedó blandito, frágil.
Ahora puedo llorar por lo que duele, así, sin más. No aguanto mucho tiempo cuando hay algo que cala. ¿Qué cala?
El saber, el constatar que no he alcanzado lo que me he propuesto.
El que alguien externo me diga que no me apuro a hacer, realizar, tal o cual cosa.
El ver cómo el tiempo me ha comido y pues nada, aquí todo sigue igual… Todo igual, ¿o no?
Lo que ha hecho diferente este año puede o no continuar, puede y no depender de mí.
Una cosa depende enteramente de mí, pero estoy un tanto rota.
La otra no, no sé, ni quiero saber, ya no.

He quedado demasiado blanda, demasiado insoportable para mí y los demás. A cualquier provocación puedo volver a sentirme mal, triste, decepcionada, decepcionada de mí.
Esta vez no me siento aislada; esta vez articulo mis tristezas y me siento fuera de lugar, porque todos los demás están tristes también.
Seguiré porque así debe de ser.

Esta entrada es una basura.
A veces aún tengo los miedos irracionales.
Quiero una cama calientita, de menos.

¿Qué más puedo decir??
No quiero un cambio, quiero lo que quiero, completar, terminar, acabar, lograr.
¿Y mi divinidad? ¿Acaso me ha abandonado? ¿Acaso se fue como el agua en los manantiales tras el temblor? No la siento, no me abraza.
¿Y esa terrible necesidad de amar? ¿Se detuvo? ¿Me abandonó? ¿Me he equivocado y no era eso?
Me extraño.



domingo, 19 de noviembre de 2017

19 de noviembre o el ingrediente secreto es el amor (segunda parte)

La eterna enamorada: Yo. Y enamorada eterna.
Qué decir que no se haya dicho ya. Qué decir…nada.
Todo y nada.
Recuerdo ese día frente al laboratorio de biología, recuerdo haberle dicho y que él sólo me dijo: "¿Qué? No entiendo." Y se fue a clase.
Recuerdo los días que vinieron, días sin escuela y que esperaba una respuesta, cualesquiera que fuera, aunque en realidad esperaba que me dijera que sentía lo mismo.
Lo que vino después ya no importa; ya no importa porque él ya está conmigo, y lo estará todo lo que resta de esta vida, porque así él lo quiere y así yo siempre quise. 
Las cosas se mueven, fluyen, los sentimientos cambian y permanecen a la vez. 
Antes ese amor era una llamita necia y constante. Ahora se ha convertido en un fuego abrasador que todo arrasa, todo y a todos. ¿Será que el amor es como un hogar? ¿El mío así es?
Es constante, eso sí, ha sobrevivido años, muchos años, muchas relaciones, kilómetros, calores, fríos y vientos. Este amor es grande y bonito, es vasto, avasallador, aplastante, comprende desde mis chinos hasta más abajo del suelo que pisan mis pies. Mis pies, esos que él ama y mis chinos, los que se enredan en los dedos amantes.
Mi cabello que ahoga.
¿Y qué hice ese tanto amor hace tantos años? Me lo comí. Lo fui digiriendo día a día, mes a mes, año con año, se fue lavando, secando, humedeciendo, hinchando, descosiendo y renaciendo, hasta que un día, 14 años después, la respuesta que esperaba ese 19 de noviembre, resultó ser la que quería oír.
Tanta vida, tanto recorrido.
¿Vale este aniversario?
Lo vale para mí; eso es lo importante.
Y mientras siga constante este amor, lo seguirá valiendo, porque ese fue el día en que por primera vez me atreví a demostrar lo que siempre negaba, a decir aquello bien guardado, a sonreír nerviosamente y expresar lo más hermoso, (aunque días después el resultado no fue del todo favorable).
Este 19 de noviembre con este amor vasto y los tiempos transcurridos soy otra, más que la misma y sigo queriendo, amando, deseando y esperando a que la vida me sorprenda y me lleve por donde menos había esperado, a su lado, siempre.
Ay, de este amor tan grande y abarcador, que en todo está, ¿dónde más irá a parar?


domingo, 5 de noviembre de 2017

La última vez

He decidido que esta temporada será la última vez que haga mis pays de calabaza. ¿Por qué? Será la felicidad, o la infelicidad. Será que ya no vale la pena, o sí.
La luna me está sorprendiendo gratamente desde mi ventana. La luna no tiene brillo propio. Nunca la veo dese la ventana norte. Ha de ser que todo ha cambiado y tanto ha cambiado, que he decidido que esta será la última vez, el siguiente año ya no hornearé para venta, por mi vida, por mi cansancio, por mi sueño. 
Será la última temporada porque me es más cansado que satisfactorio. (Gracias luna por seguirme iluminando). Lo será porque no le veo más caso, porque quiero y necesito dedicar mi tiempo a mis cosas, especiales y no, a lo que creo que soy y a lo que soy.
Yo no soy lo que hago; yo no soy lo que estoy haciendo.
Esta temporada será la última en la que venda pays de calabaza. Eso no soy, esa ya no soy.
El amor es el ingrediente secreto, dije, pero el amor ya no está más allí.
La luna ya casi no se ve desde mi ventana; ha subido en el horizonte.


domingo, 29 de octubre de 2017

El ingrediente secreto es el amor.

Pocos comprenderán el porqué de estas palabras.

Cuando hago un postre, sea capirotada, pan de elote, pan de plátano sorpresa, flan o toma mi gama de pays, de queso con mermeladas, de pera, de manzana, de calabaza, cuando hago un pastel de cumpleaños especial y personalizado, tengo un único propósito: Complacer al otro, darle un bello recuerdo, llenar un momento de buen sabor y darle, también, un poco de mí.
Aprendí a hornear por el deseo de la cosa dulce después de la comida; quería hacer algo bello y sabroso, porque lo dulce tiene que ser, además de delicioso, vistoso, sino, no es lo mismo.
Hornear implica seguir instrucciones precisas, tener paciencia y calma, soportar cansancios y tener el cuidado necesario para que salga rico.
Para hornear no se necesitan máscaras ni apariencias, todo lo contrario: Es honesto, es sincero. 
Cuando lo hago, sólo soy yo y la motivación de que salga lo más perfecto posible y agradar paladares.
No estoy escribiendo esto con ánimo de presumir.
La mezcla de ingredientes y la magia de su cocción es como el amor mismo, la hechura del amor. Se requiere paciencia, mesura, dosis precisas, cuidado, gusto por el placer, armonía y consciencia plena.
Cuando uno se aburre de hacer cierto postre, es mejor descansarlo un rato, para que, después vuelva a salir gustoso. 
Es es y se sabe y no puedo exactamente escribir lo que estaba pensando.

Ante el temor y la incertidumbre, ante la zozobra y el desamparo, queda bien, o tomar la acción, o tomar consciencia. ¿Qué ha estado pasando? La acción me llenó de energía y de cansancio; la consciencia me va dejando esperanza y razones para seguir.
Esta tarde hubiera sido realmente gracioso dejar la horneada a medio hacer y desaparecer de este mundo matraca, pero no lo hice, y no lo hice por el amor que hay en todos lados, por el nuevo proyecto, por la vida nueva después de la destrucción del pequeño mundo.
Será necesario vivir según la consciencia que se ha ido despertando, aunque me sienta un poco aislada del resto, y no.
El nuevo lugar desde donde me dispongo a verlo todo tiene caos y orden y orden y caos, tiene esperanza, generosidad, egoísmo y valor. Tiene más abrazos, cuerpo, miradas,  placeres, preguntas, también tiene respuestas. Quisiera que ese lugar fuera la respuesta.
¿Qué pasó después de la gran sacudida? Simplemente somos parte de un gran todo y la forma de aceptarlo y lograr vencer al terror es abrazarnos con el todo, entregarnos a Natura, sentirla verdaderamente. Y cuando se le siente, se puede expresar de diversas formas lo que es ella, tanto con grandes actos heroicos, como con las más pequeñas acciones.
En esta empresa, en la que sigo mientras permanezca en este mundo matraca, me dedicaré a las más pequeñas acciones, las tiernas y dulces, al Arte y a la horneada, porque ambas son de mí para el otro, para agradarlo o para provocarlo, para complacerlo, para deleitarlo o, incluso, incomodarlo. Así he sido siempre, creo, pero ahora ese será mi camino, porque ese es el camino del amor y de Natura.

Cuando hago un pastel, un pay, un postre, lo hago con deseo de agradar paladares y de plasmar allí algo muy de mí, el amor que jamás digo, pero que siempre está allí, loco, lastimado, bullente, silencioso, increíble, grandilocuente, discreto y siempre auténtico.

Pan interesante de elote.

Desde allí comienza todo.

martes, 26 de septiembre de 2017

Un pay de pera y las variables.

Varias veces leí crónicas sobre el temblor del 85, cómo muchos salieron corriendo, otros se les hizo tarde, cómo el 19 de septiembre de 1985 fue un día que se no sucedió. Nunca creí vivir algo parecido y menos en una fecha tan similar: 19 de septiembre de 2017, el día que no sucedió, que se canceló. 
No sé si aún estoy lista para escribir algo al respecto, pero ahí voy, porque es necesario para la mente.
Ese día iba a salir más temprano de lo que acostumbro para ver a un viejo amigo, iba a venderle un pay de pera. La noche anterior nos habíamos puesto de acuerdo, nos citamos dos horas después de lo que ya nos habíamos citado, gracias a ello, el temblor no me tocó en la calle y estuve en casa para atender la peligrosa emergencia que surgió.
La noche anterior mandé emails, busqué lista de regentes de la ciudad e invité a una amiga a mi recital de Lied alemana, el cual, por obvias razones, se pospondrá. El día iba a transcurrir según lo planeado.
A eso de las 12 del medio día comencé a ensayar mis Lieder, dos vueltas por canción, un poco desganada, por alguna razón, que ya no recuerdo, mi voz estaba cansada, pero aún así, había que estudiar y no perder condición. Cuando terminé de cantar, apagué mi pista y me quedé un momento mirando hacia la esquina de mi cuarto, decidiendo qué hacer en los pocos minutos que me quedaban antes de bajar a comer, cuando de pronto sentí, oí, el gran azotón de la tierra, todo era ruido. Tuve unos segundos para pensar en qué bajar, tomé el celular, mi reloj, busqué las llaves en su cajita, pero no las hallé, bajé corriendo las escaleras y saqué a la chica que nos ayuda en casa, que el agua de llave abierta, ni modo. Nos quedamos en medio del patio, sintiendo, mirando, cómo todo se estremecía, cómo la casa y las ramas de los árboles no paraban. Traté de calmarla. Nunca en mi vida había sentido un movimiento tan violento.
Cuando terminó aquello, aunque dijeron después que aún no había parado, entré sola a la casa, cerré la llave del agua y apagué la estufa que estaba encendida, entonces, oímos un ruido espantoso, ¿qué era eso? Subí a ver, pensaba que se había roto una tubería y no, era el tanque del oxígeno de mi madre, se había caído y roto una válvula y el oxígeno salía ruidosamente. Lo levanté y no supe que hacer. Bajé de nuevo, pensando en una explosión. Llegó un vecino, me dijo del sonido y le pedí una llave para cerrar el tanque. Subí de nuevo y vino a mi mente la imagen de la válvula de arriba y pude cerrar el tanque.
Después de tranquilizarnos un poco y ver que estábamos incomunicadas, salí a buscar un teléfono público para avisar que estábamos bien y localizar a mi madre, porque trabaja en Fray Servando, en un edificio feo y viejo, de esos que la SEP acostumbra rentar para que sus empleados trabajen. Caminé hasta encontrar el único teléfono de monedas funcional, porque la gente del Ajusco acostumbra romper los teléfonos. Estábamos varios intentando localizar a los nuestros, todos en la angustia. Llamé a casa de mi novio, ahí me contestaron, pero había salido. Llamé al celular del Huehue muchas veces, hasta que me conectó. Me dijo que mi madre ya venía en camino y que él estaba atorado en el tráfico. Llamé de nuevo a mi novio y me dijo cómo se veía todo allá abajo.
La tarde fue silenciosa y larga. Mi gata estaba muy asustada y se escondió abajo de las escaleras. La saqué y nos fuimos a recostar al sillón del estudio porque se negó a estar en mi camita. Tuve miedo de mi cuarto.
Llegaron todos. Mi madre y yo envolvimos el tanque del oxígeno en una cobija. Nos dormimos.
Al día siguiente no podía pensar, no podía seguir nada, olvidaba donde dejaba las cosas, tenía sueño, pero no dormía, tenía hambre, pero no terminaba mi plato, me molestaban los ruidos fuertes y, para colmo, mi gata seguía muy asustada. Me quedé en el estudio todo el día, hasta que en la noche pude hablar con mi novio. Se armó la brigada.
Primero organizó a sus alumnos de la UAEMEX, que se fueron a Ocuilan, me parece,o tal vez no, y luego se coordinó con unos chicos del Poli, de la escuela de medicina y homeopatía. La cita era a las 12 del día en Tlalpan y Periférico para salir a Morelos.
Gracias a una bella amiga, se consiguió transporte para los médicos, mas no llegaron nunca. Tuvimos que salir del Tec de Monterrey con varios carros llenos de despensas, pero sin personas. Nos dejaron en Totolapan y de ahí, mi novio y yo, experimentamos la magia de los hilos que unen a la gente. 
La Brigada Fantasma se terminó de armar en Tlayacapan, Mor., estuvo conformada por los de 30 y tantos, mi novio y yo, profesores y 7 estudiantes de la ciudad de México y Morelos de entre 19 y 23 años. Nos llevaron a Tetela del Volcán y ahí estuvimos en remoción de escombros, mientras mi novio también coordinaba los otros grupos que salían de la ciudad y llegaban a diversas poblaciones de Morelos.
Él sentía que hacía poco, porque no llegamos con médicos, pero después vimos como el hecho de ir de avanzada logró que varios grupos viajaran hacia allá y se pusieran a ayudar. Sólo faltaba el primer impulso.
Agradezco infinitamente la vida que me ha tocado recorrer, las vivencias, el carácter demoniaco que tengo, que tenemos, su paciencia, mi capacidad de soportar el desgaste físico, nuestros recorridos de curiosidad en la ciudad, nuestras vivencias en campo, el hecho de que ambos hayamos tratado con chicos de 17 a 25 años en clase.
Todo se fue acomodando y fluyendo. Nuestros miedos cesaron. 
Nuestras vidas son otras ahora. Hemos comprendido, experimentado, cómo es que los hilos se juntan, nos atan y desatan, cómo nuestros caminos se van haciendo hacia un propósito y luego otro y otro, y, sin notarlo, vamos construyendo cosas hermosas.
Somos esas variables que destruyen, ejecutan, edifican, detienen, que sufren y gozan. La Madre Naturaleza, la constante. Responsables somos y acciones debemos tener, para bien, de preferencia.
Falta mucho por hacer. Y en eso seguiremos.
Somos otros, nuestro mundo se acabó y comenzó otro no exactamente igual, porque en nosotros está el mejorarlo.