martes, 29 de enero de 2019

Terrorcito

Habría que hacer un análisis muy amplio sobre la masculinidad, sobre la cosificación de la mujer, sobre el miedo del macho hacia la mujer (o hembra, por qué no), sobre su actuar sumamente violento en estos últimos años en este país piñata llamado México.
Leí por ahí una teoría interesante de por qué la ausencia del padre en la crianza del hijo, sea varón o mujer, afecta la masculidad y la transforma en no otra cosa que un macho violento, que rechaza a la madre cuidadora, que lucha eternamente contra el padre, que desea ser más que él y, en consecuencia, se hipermasculiniza hasta el punto de ser el violento, ajeno a todo lo femenino, misógino, incapaz de manejar sus emociones. 
Sí, lo estoy manejando de manera simplista tal vez, es un resumen vago que viene del fondo de mi cabeza, como resultado de una discusión grata sobre el tema y sí, quedamos de acuerdo en que el padre debería estar más cerca de sus hijos desde la salida del vientre, oh clemente, que debería estar presente para lograr conectar sus emociones con el crío y no sólo esperar largos años hasta que se le pueda enseñar algo útil. Debería, sí.
Pero en este país piñata llamado México eso es casi imposible. Primero por la crianza machista que todos, la que imposibilita que el padre se acerque a un bebé, ya sea por prohibición de las mujeres de la familia, como por su total miedo a romperlo, o porque simplemente, el padre no está.
La figura del padre en este país no existe. Eso lo sabemos. El padre sólo representa o algo vago, lejano, algo duro, alguien que da dinero, alguien que viene por las noches y los fines de semana se la pasa durmiendo o haciendo cosas de "El hombre".
Tampoco me voy a meter en psicología, porque no es mi fuerte, porque, si se quiere leer sobre ello hay un sinfín de textos que hablan mejor que yo sobre la figura del padre.
Suponiendo que el padre no está en este territorio por todas las razones sociopolíticas posibles, ¿cómo se salvarán los habitantes del país piñata?
Nunca habrá padre presente. Nunca habrá contacto con las emociones. Prevalecerán los machos misóginos incapaces de ver al otro —el otro que no debiera ser el otro, sino el igual, el que casualmente, y no, es una mujer— y tener consideración por él.
Estamos condenados.
Y dentro de esta condena queda la ola de desapariciones, feminicidios y nuevos secuestros a mujeres en la capital del país. ¿Y qué pasa? ¿De verdad por qué no hay fuerza policiaca que haga algo? ¿Es tan difícil abrir una investigación y dar con las redes de crimen organizado que seguramente están tras todas esas atrocidades en contra de mujeres y niñas?
Sin quererlo, y queriéndolo, lo he nombrado Terrorismo de Estado, (aunque algunas damas ya me han dicho que he sobre dimensionado el asunto y por eso he optado por cortar con ellas). ¿Por qué decirle así a la falta de interés de las autoridades en hacer una investigación ante la obviedad de la situación? Es decir, si se sabe que hay redes de droga que no sólo comercian con droga, sino con órganos, niños, mujeres, hombres, todo lo que se pueda vender en el mercado negro, ¿por qué no actuar?
Justo por eso. No se ha hecho verdaderamente con el problema de la droga, mucho menos con nimiedades como la desaparición forzada y a plena vista de muchas, muchas mujeres y niñas, al fin que son más de la mitad de la población, que son grupo vulnerable (vulnerado, diría yo), que son histéricas, argüenderas, mentirosas, traicioneras, que deberían quedarse en su casa a hacer labores del hogar y no salir a la calle a simplemente pasear, o ir al cyber a hacer una tarea. Porque el "ellas se lo buscaron" significa: "Ellas están afuera y podemos tomarlas para nuestros fines."
Pero no, así no piensan las autoridades, así piensan los delincuentes, mismos que, yo supongo, le dan algo a los que deberían vigilar para que no hagan nada, para que asientan cuando les diga un hombre que esa mujer está histérica y mal de su cabeza. El gobierno no piensa que las mujeres sean El Otro, la otra, la incomprensible, la dócil, la que no debería hacer ruido.
¿Y cuando ella hace ruido? Fácil, se le calla, hasta se le desaparece.
¿Y si hay muchas que hacen ruido? Fácil, se les inyecta miedo, temor, terror. Porque, según estoy leyendo, el Terrorismo de Estado es  
«…una forma del ejercicio del poder estatal cuya regla de conocimiento permite y/o impone, con miras a crear el temor generalizado, la aplicación clandestina, impredecible y difusa, también personas manifiestamente inocentes, de medidas coactivas prohibidas por el ordenamiento jurídico proclamado, obstaculiza o anula la actividad judicial y convierte al gobierno enagente activo de la lucha por el poder»1
¿Qué es esto? Según entiendo, en mi poca cabeza, que el Estado ejecuta el terror de manera clandestina (puede ser mediante delincuencia organizada), para el ordenamiento de los inconformes. Este terror puede darse no sólo mediante la fuerza policiaca sobre el ciudadano, sino con la falta de autoridad sobre quienes lo están amedrentando y quitando no sólo su tranquilidad, sino hasta su vida. 
¿No está pasando justo esto en la sociedad del país piñata llamado México?
O acaso estoy alucinando, me estoy yendo por caminos errados, por imaginerías mías. ¿No acaso el Estado es falto de acción ante el terror perpretado por —asumo, supongo— grupos de delincuencia organizada contra mujeres, no es omiso?
¿Y le convendrá?
Claro que sí.


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1GARZÓN VALDÉS, Ernesto, Filosofía Política,
Derecho, Colección Honoris Causa, Universidad
de Valencia, 2001, p.147.

viernes, 25 de enero de 2019

Siempre el silencio

Siempre el silencio cansa, cala, llena de hoyos, molesta.
El silencio, sin una sonrisa, sin una mirada. Como estar sola.
Así no me parece tan mala idea el suicidio. Así sola, como antaño, como si fuera siempre.
Siempre el silencio ahonda los problemas, llena de estática, intranquiliza.
¡Qué silencio!
Aquel al que uno no está acostumbrado, aquel que uno no desea. Como si fuera mi culpa.
No es mi culpa, me digo; sin embargo pareciera que sí, que no pongo suficiente atención, que lo que hago no es suficiente para mantener la armonía, que debo prestar atención en los detalles.
Quizás en mis detalles sí prestan atención, quizás a mí sí me escuchan y es puro egoísmo el mío.
Siempre torpe, siempre incomodando, demasiado protagónica en la vida de la gente.
Sería bueno ser como vapor de aroma suave, delicada, casi imperceptible. Sería bueno simplemente absorber y no incomodar a la gente.
Sí, así ha sido siempre. Así lo he arruinado todo, siempre y para siempre.
Sería mejor siempre el silencio.




lunes, 21 de enero de 2019

La primera de enero

¡Cómo pasa el tiempo!
Llegamos aquí en agosto y ya es enero, e-ne-ro.
Quedamos en que acá haríamos las cosas que nos gustan y apasionan. Aún no ha pasado ello.
Supe que una poetiza murió. Leí sus poemas por primera vez. Me arrepentí de hacerlo. No me gustaron. ¿Es en serio que así es la poesía publicada en el siglo XXI? ¿Y las formas? ¿Los fondos? ¿La retórica? ¿Las figuras?
Escribir por tema poesía no es lo conveniente. Lo deseable es escribir poesía de todo aquello que te mueva la entraña, te parta el alma, conozcas, te arranque el corazón, te parta en pedazos. Escribir desde muy adentro, desde las profundidades de la mente. Sino, no. ¿En serio eso leen ahora?
Sujeto, verbo, predicado.  No más.
También me dijeron por ahí que la industria editorial pide textos así, sin más juegos de palabras, sin retóricas locas. La lengua descorazonada.
Escribir entonces y ya. ¿Por qué sólo piden que se cuente una historia? ¿Y la forma de contarla ya no vale? Justo eso es parte del placer de la lectura, del placer estético.
Escribo esto porque todos se han estado interesando en problemas políticos demasiado calientes, demasiado calientes y egoístas, por eso he optado por no decir nada, nadita al respecto, por apegarme a mi agenda política y acatar mis reglas, así, también egoísta, porque, como ya había dicho, es mi trinchera. ¿Mi trinchera?
La trinchera del placer, de cuerpo, de EL ARTEEEEEE. La posición desde la divinidad de lo Femenino, el origen, la vida misma, ¿y a qué vinimos sino a gozar??? ¿Y cómo gozar? Pues con el cuerpo, ¡qué más! Y en este cuerpecito hermoso tenemos una bella mente, mente que hay que alimentar y cultivar con EL ARTEEEEEE.
Vamos a hacer arte.
¿Qué la gente no se aburre de no hacer arte? ¿Qué la gente no se cansa de oír las mismas canciones insípidas de dos acordes (o uno) y cuatro —por mucho— notas en su melodía? ¿No se aturden de los gritos desafinados, de las palabras burdas, de la falta de elaboración en el mensaje? ¿No??
Se puede hacer de la vida arte, así como se puede hacer arte de una vida. 
El arte como forma de vida.
Ya sé que un montón de autores ha escrito sobre ello.
Me pregunto, ¿cuándo, cómo, hasta dónde podremos hacerlo?
El ruido de agobia. El ruido me quita la tranquilidad. El ruido me impide concentrarme en las cosas que importan. Eso descubrimos aquel día en que le conté a mi Amor sobre qué fue lo que me puso mal durante el temblor del 19 de septiembre: El ruido.
Sin silencio poco puedo hacer.
Me descubierto, tal vez ya sabía, que el silencio es mi mejor aliado, que mi cabeza es tonta, que no puedo andar por la vida si no estoy dándole voz a mis pensamientos únicamente. El acto más egoísta.
Si no sigo los pasos que me estoy nombrando en silencio, pierdo el hilo de los acontecimientos, aunque sean los más cotidianos y automáticos. ¿Me estaré poniendo vieja? 


sábado, 29 de diciembre de 2018

A cinco días…

Cinco días son los que me faltan, cinco días de hoy a mi cumpleaños. Cinco.
Cinco no es un número feo, a decir verdad, no es par, ni se divide entre tres, es un número no malo. ¿Y tres? Tres es un número genial, se divide entre sí mismo, creo, al parecer, ya que todo es relativo en estos días, ya que nada está dado.
Y nada es como uno planea, nada, nadie, todo. Adverbios.
Cinco días para que llegue el día, el día en que quizás coma mariscos, porque es lo más rico que he encontrado acá y porque es el único local que tiene algún descuento de cumpleañero en estas tierras. Qué triste.
Es más triste no ver a los amigos, eso sí que es triste, es triste querer verlos, querer platicar con ellos, no tener muchos medios porque con el móvil no es muy cómodo que digamos, porque se me pasman los pulgares (¿la edad, la falta de flexibilidad en los dedos?), se me cansa la mano, que no la izquierda, ambas.
Cinco días y quizá sí, estoy ansiosa, expectante, también. Hay muchas cosas por hacer, hay muchas cosas por decir, por emprender, ¿y después? Ya el cuerpo dirá.
¿Y después? ¿Los proyectos pendientes?
Me carcome, sí, un poco el alma que el tiempo no me permita proseguir con los proyectos, con EL ARTEEEEEE, con la vida bella, con mi Yo-misma, con aquello que me prometí; luego me repito que me mudé, que todo va a ir bien, que tendré oportunidad de seguir, que será pronta, que habrá trabajo para darme la oportunidad, que corregiré y mandaré lejos aquello que me ha detenido por tanto tiempo. Tanto tiempo. Siete años y un poco más. No es posible, ¿cómo pasó?, ¿qué pasó? En fin. ¿Por qué tiene que ser tan difícil algo que para todos parece ser tan fácil, tan de trámite? ¿Por qué cuando lo hice con esa intención, tampoco salió a cabalidad? No, no salió. Pareciera que el trabajo académico no es para mí, que el escribir de un tema serio tampoco, o quizás he elegido mal y el asesor ha sido demasiado quisquilloso… Bugie! Sí he de ser yo la torpe que es incapaz de concretar, de describir, de analizar, de hacer cosa seria y consciensuda. Yo veo que la gente lo hace y no lo hace mal, que lo ejecutan, que logran dejar de ser sí mismos para plasmar ideas abstractas con éxito.
En cambio yo, sólo puedo hablar de mi, desde mi cabecita y mi pobre entorno. Como si sólo pudiera contar del día que salí a las tortillas y vi que el niño terminó enterrándose en la arena que había comprado su familia para seguir con la construcción de la casa.
Cinco días y no puedo abstraerme, y sólo soy yo, sin más. ¿Quisiera ser más?
Como le dije a la gata Isis en mi sueño:
"Yo sólo canto, escribo y lloro un poco."


Feliz año nuevo.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Desde la navidá

Esta vez no sé muy bien cómo empezar, ni qué escribir, sólo sé que quiero escribir porque tiene tiempo que no lo hago, ¿por qué no lo he hecho? Por el trabajo que nos damos para proveernos. Pidan a los dioses del trabajo y del dinero que este año venidero, 2019, venga lleno de ello para nosotros.
Estoy, de nuevo, en un café internet, ha anochecido ya, aún no vamos por la compra del día, pero aquí estamos, tranquilos, buscando, escribiendo, pero no mucho, y tal vez no de lo que queremos, pero bueno.
Como digo, no sé lo que escribiré esta ocasión, y debo hacerlo rápido, porque mi pila se agota, porque en esta terraza no hay enchufe, porque tengo muchas ganas de orinar, porque he tomado mucho, mucho té verde, porque no he tomado café, porque me hace circos la panza. ¿Por qué? Porque, para no perder la tradición, me enfermé, nos enfermamos, del estómago en estas fechas, no grave, pero sí molesto.
Espero que también para año nuevo y para mi cumpleaños podamos comer ricamente, porque ¡quiero mariscos en mi cumpleaños!!
Escribo queriendo escribir y sin saber qué decir, lo siento.
Escribo tal vez pensando en el año entero que me dejó sin él, y en que ya no debería ni mencionarlo, ni pensarlo, pero es que de pronto lo sueño, aunque, ¡qué maravilloso es el subconsciente y qué aún más maravilloso es desentrañar eso que se quiere arreglar en tu cabeza cuando sueña!!
Y después.
Aún no decido nada, pero no creo decir más, porque no tiene caso, aunque las cicatrices existan, aunque duelan. Ya veremos…
Durante el dolor estomacal estuve haciendo algunas travesuras, cosas que se concretarán próximamente, si los tiempos y los dineros nos lo permiten…Será.
¿Y en Navidad? 
Cenamos delicioso, fuimos felices. A decir verdad, creo que fue la primera cena de navidad que paso tranquila, a mis tiempos, en buen momento, todo, a pesar del terrible dolor de tripa. Fue una cena deliciosa, íntima y llena de amor, como nunca antes.
Gracias.
Feliz Solsticio de Invierno y feliz año nuevo, por si no puedo escribir antes.


miércoles, 28 de noviembre de 2018

Desesperanzada y harta.

Despierto tras un sueño largo y pesado, tras haber soñado por segunda vez con aquella persona que me jodió hace un año. Exactamente hace un año, o casi, pero sí, digamos que hace un año yo estaba en la locura enamorada y se me rompió el corazón de la manera más vil e injusta.
Un año y estoy acá, en Cuautla, dándole a los proyectos, viendo cómo las cosas avanzan como una masa lenta, que no ahoga, pero que sí desespera, y no un poco, sino bastante.
¿Qué más hacer?
Es cierto que el que espera desespera, y desespera más que, al despertar, tras un sueño extraño, incómodo y bello a la vez, veas noticias espantosas en la red.
¿Qué tiene que ver mi vida, en este momento, con los horrores que se dan a conocer por las redes sociales?
Todo y nada. Todo y nada porque soy mujer y soy parte de un grupo vulnerable en este país piñata, en este mundo matraca. Todo. Y nada, porque estoy hecha una furia y hago las cosas según mejor pienso y me place y porque sé que en la lucha también está el "Adaptarse o morir".
¿Por que digo todo esto?
¿Por qué no dejarlos morir solos? ¿Por qué, si los hombres son los impartidores de injusticias, no se les abandona a su suerte? ¿Qué harían un montón de hombres solos en casa sin ninguna mujer cerca? ¿Qué harían un montón de hombres solos en una oficina, sin una mujer cerca? ¿Qué harían un montón de hombres solos en una Entidad Federativa, sin una mujer cerca? ¿A quién tendrían para impartir su misoginia? ¿Con quién delegarían los trabajos mínimos del hogar, de la oficina, del orden, de la agenda de la semana? ¿Con quién conversarían por las noches y sacarían sus miedos más profundos? ¿Quién les lavaría, plancharía, cocinaría, limpiaría?
Sí. Ellos, en algún momento, tendrían que hacerse cargo de ellos mismos.
Sí. Hay varios hombres en este país piñata que se hacen cargo de ellos mismos, que son ordenados, limpios, organizados, que saben lavar, planchar, cocinar, fregar, pero no son el grueso, lamentablemente, no. Hay muchos hombres aún que se creen que debe haber una mujer cerca para hacer las nimiedades del hogar y la oficina, muchos y de todas las clases sociales. No sé. Me han dicho que no debo generalizar, pero ¡cómo no hacerlo si lo sigo viendo, si lo atestiguo!!
Me he cansado de la nimiedades de hogar; me he cansado de ver cómo las mujeres pelean infructuosamente (yo incluida) con hombres que se creen los dueños del entorno y más allá; me he cansado de ver cómo las mujeres aleccionan a otras mujeres sobre cómo deben ser mujeres, cómo deben ser femeninas, cómo no deben ser no femeninas, cómo deben ser activas, cómo deben ser no pasivas, cómo deben ser feministas; me he cansado de ver los horrores que sufren las mujeres por el hecho de ser mujer; me he cansado de ver cómo, aunque estén unidas, no resulta en gran cosa, de que, por mucho que se pida justicia, no la hay… ¿Y si mejor TODAS desaparecemos? Y si se nos trata mal en el trabajo, en la escuela, dentro de un gobierno, ¿por qué no nos vamos de allí y lo dejamos solos?
Adaptarse o morir, sí. Hace no mucho oí que las mujeres ya hicimos mucho para entender, para cambiar, para ser y entender al otro, pero que los hombres han hecho poco de esto, que las adaptaciones les han venido guangas, que es hora de que ellos hagan el esfuerzo también y pues, ¿por qué no lo dejamos solos a que hagan todo, toditito el trabajo? 
Quizá aprendan algún día, quizá mueran, o quizá, lo cual es lo más probable, hagan de otros hombre su 'mujer' su ser inferior para que se haga cargo de las nimiedades del hogar, la oficina, la vida diaria y cotidiana.
Sí, esa es la Eva desesperanzada y harta.



jueves, 22 de noviembre de 2018

Entrada del desarraigo.

Sentadita, esperando a que no se me acabe aún la batería, estoy, estoy sentada en una cafetería, la de los abuelos, esperando a que mi novio termine las labores del día, porque ya me quiero ir. ¿Será que me va a dar alguna enfermedad? Ojalá no, porque no quiero pagar por medicina. Odio la medicina.
La última vez que tomé medicina, no me fue bien.
Tengo frío.
¿Qué tanto ha pasado desde la última entrada?
Muchas cosas. 
Hemos cubierto eventos, hemos caminado como locos por las calles de Cuautla buscando comida, escuelas, gente, buscando más y más oportunidades. 
Dicen que uno se labra las oportunidades, eso dicen; yo siento que las oportunidades llegan y se brindan a ti. Habrá gente que piense lo contrario, ¡qué sé yo! Yo no sé nada. Cada vez sé menos del mundo, cada vez veo más de cerca el mundo matraca y cada vez me cae más gordo.
¿Por qué a gente se deja envolver por los sinsentidos de otra gente? ¿Por qué caen en engaños manifiestos?
No hay un salvador, no hay un mesías, no hay quien vaya a solucionar tus problemas, ni quien te vaya a proveer de justicia.

El salvador, el mesías, el solucionador de problemas y el dador de justicia eres tú mismo.
Cada vez me convenzo más de que la anarquía es el camino, ¿estoy loca? Quizás estoy perdiendo el camino, quizás no doy más conmigo, no sé. Yo nunca sé nada. Soy como un pozo sin fondo, un pozo donde todo se pierde, donde nada nuevo te puedes hallar, ¿¡qué si no!?

Me gusta vivir aquí, eso sí, me gusta el calor, la comida, las posibilidades infinitas, me gusta sentirme desarraigada y atada únicamente a los saberes de antaño. No sé si querría siquiera que mis abuelos se sintieran orgullosos de mí, ¿no es eso algo cursi acaso?

Caminante del desarraigo.

lunes, 22 de octubre de 2018

Fufú

Día uno:
Tormenta, mucha, mucha tormenta. ¡Se está cayendo el cielo! Qué bueno que estamos resguardados. La gata Isis está en nosotros en la camita. Las tormentas en Cuautla no son eternas, como las de la Ciudad de México, por fortuna. Bajamos a la cocina, porque tenemos hambre y sed. Escucho un maullido: Míau, míau, míau, más maullidos, míau, míau. Me asomo por la puerta. Hay un gatito que camina debajo del auto hacia la puerta de la casa, está mojado y asustado, ¿qué hacemos? Seguro su madre lo perdió por la tormenta, seguro él está perdido. Tengo higaditos para Isis y resuelvo darle uno. 
Se acerca sigiloso y come con hambre, con mucha hambre. No se deja agarrar y me tira un: ¡Fuuu!

Día dos:
Sueño que la gata Isis no está conmigo y que busco al gatito por todas partes y que, cuando lo encuentro, se ha convertido en un gusanito. Despertamos. Las niñas de la vecina intentan agarrar al gatito, pero él se escapa; se mete al terreno de al lado, un terreno lleno de maleza. No podemos sacarlo. Después mi novio dice que su maullido está más lejos; seguro se ha ido a buscar a su madre, cuando de pronto, lo escuchamos cerca, más cerca. Logramos que se meta al cuarto de lavado, le ponemos un caminito de comida y lechita tibia, come con voracidad. ¿Dormirá allí? Mi novio le había acomodado un cajón con periódicos, esperamos que así sea.

Día tres:
Despierto. ¿Estará el gatito?
Mi novio sale y ahí está, no, no está ahí, se ha ido y, después de poner el café, después de prender la bomba de agua y cerrar la puerta, el gatito está ahí, en el cuartito de lavado: "Ahí está", y sí. Le damos lechita tibia en lo que salgo con la señora del pollo para comprarle un retacito para alimentarlo. 
Se pone a jugar con una basurita, con un cajón lleno de papeles, ¡los ataca! Vemos que se siente cómodo. Voy con él, me le acerco, le tiendo las manos, las huele y zas…logro capturarlo. Comienza a ronronear como camión DINA, luego mi novio baja y lo pongo en su regazo también. Parece que el gatito que trajo la tormenta sí se quiso quedar.



¿Y la gata Isis? ¿Qué dirá? 
La gata Isis ya la ha olido a través de la puerta, no ha dicho nada. Esperemos que no se ponga celosa y es que, ¡¿cómo iba a dejar a un indefenso bajo las tormentas de esta temporada?!
La gata Isis también es buena, ¿verdad?? Por el momento, el gatito vivirá en el cuartito de lavado, es lo mejor.

Como la primera vez que lo quise agarrar, me dijo: Fuuuu, le he puesto: Fufú.



miércoles, 17 de octubre de 2018

Comunicación.

Tras un poco menos de una semana, he adquirido un teléfono móvil para seguir comunicada con el mundo exterior. Fue agradable tener unos días de cero ruido para pensar y hacer cosas que siempre quise hacer, como leer mi bella novelota o retomar la flauta contralto. ¡Sí que se me dificulta ahora!
Todo será cuestión de práctica.
Las depresiones avanzan lentamente, pero las combato con la hechura de comida y demás ensoñaciones; es lo mejor, ¿no?
Seguimos picando piedra; luego saldremos a desmontar un terrenito para emprender la aventura de la casa, la casita de una sola planta, porque no me gusta subir y bajar escaleras para limpiar. Eso se hará pronto.
Tenemos un montón de proyectos.
De eso se trata la vida, ¿no?




lunes, 8 de octubre de 2018

Espera

De nuevo en un café del centro de Cuautla, creando y trabajando, de nuevo. Y aquí sentada, de nuevo, pero ahora esperando a que regrese él de su llamada telefónica, o de su conversación, o de cualquiera cosa que esté haciendo. En espera.
En espera de un par de llamadas (ahora sólo me falta una), en espera de horas, de días laborales y laborables, en espera…¡Cómo se pasa el tiempo! ¡Cómo se viene la tarde!! Ya viene.
Y soñar que te debes maquillar porque te espera algo importante, quizás una cita de trabajo, quién sabe, pero soñar que no tienes maquillaje y que debes pedir prestado uno, pero que no te queda, que se te despega, hasta que alguien te dice que vayas de ti misma, así con tu ropa y sin maquillaje, soñar, ¿eso funcionará? ¿Eso funcionará en estas tierras? ¿Son necesarias, son importantes, son mis credenciales suficientes?
Pues quien sabe, espero que sí. Este momento de la decidia, de la esperanza total, de buscar y rascar, este momento que se alarga día con día, pero que en serio, espero en serio, que termine en algún momento para no terminar el sueño, o para comenzar uno nuevo. ¿Quién más querrá conquistar el mundo?
No quiero dudar de estos lares, no quiero, así como no quiero dudar de mis capacidades, así que continuaré con fe y esperanza, esa que casi no tenía años antes, pero que ahora hay, porque sí que la hay, ¿o qué más hay?
Estos sueños inquietantes, el colchón oreándose, una lavadora sin estrenar aún y muchas ganas de darle, pero con un dominguito previo para descansar de los pendientes, un dominguito retacado de amor y besos. Eso hay.
También hay sapos, iguanas, grillos y muchas mariposas.




miércoles, 26 de septiembre de 2018

Un año / Un mes / Destiempo. 19s

Aquí estoy, a destiempo de las conmemoraciones del 19s y del terremoto de 1985. Estoy alejada del ruido de la Ciudad de México y me gusta.
Hemos cumplido un mes y una semana de habitar en esta colonia de Cuautla, Mor. es esta calle sin pavimento, junto a un baldío, frente a un sembradío y atrás de una torre de agua. Nos sentimos felices, aunque, para ser verdad, nos hace falta ya el contacto con el mundo exterior, con la red, pues, pero pronto, ya pronto, espero, sino, nos seguiremos robando la internet de distintos cafés, mientas nos atascamos de cafeína.
Hace no mucho fui a mi antigua casa a hacer algunos asuntos, a charlar con la madre y traerme algunas de mis cosas. ¿Qué será de ella sin mí? ¿Qué será de esa casa sin nosotras?
Al regresar sufrí, pues me entró frío en el cuerpo y al llegar al clima cálido, no tenía más que la sensación de la helada mano de la muerte sobre mí. Sí, suena exagerado, pero eso era lo que traía. El frío no se me quitó, sino hasta el día siguiente, tras una caminata hacia la señora que vende el pollo.
Antes de esa incursión hacia las heladas manos de la muerte en el cerro que cada vez se pone más pesado y sucio, tuvimos a bien el conmemorar dos sismos: El del 19 de septiembre de 1985 y el del 19 de septiembre de 2017. 
Las cosas.
Cuántas cosas han cambiado para nosotros, los pequeños habitantes del centro de este país piñata llamado México, y no. El cinismo ha permanecido, los hurtos, los robos, la fraudulencia de los gobernantes. Todo eso ha quedado exactamente igual que hace 33 años, y no, porque hemos visto lo que ya se hacía y sabíamos cómo era y una gran mayoría se ha quedado con las manos abajo, mientras que los menos han hecho algo, quizá significativo, pero demasiado pequeño para hacer diferencia. Sí, hoy me encuentro pesimista, pero es lo que hay.
En estos lares de Morelos se ve que nada, nada ha cambiado, ni mejorado, tal vez ni empeorado. En estas tierras se pone de manifiesto cómo las mentiras están allí a la luz, cómo la gente las desdice y sabe las verdades, pero cómo hay poca posibilidad para la acción. 
Tal vez estoy siendo demasiado general, pero no tengo gana de ser específica; quizá sea mi dolor estomacal de tanto tragar.
¿Y qué haremos acá, además de crear un hogar y habitar la casa de nuestros sueños?
La Revolución, quizá, una pequeña, pero más que significativa: Me conformo con sembrar muchas, muchas semillas y ayudar a alguien… Ahora estoy siento optimista, será que hay que salvar algo de estos momentos donde hay un nudo en la panza.
Y ustedes, un año después del 19s, ¿qué salvan, se salvan??




viernes, 7 de septiembre de 2018

¿Cuánto tiempo ha pasado?

Escribo desde un café en el centro de Cuautla llamado "El rincón del abuelo", ubicado en la calle Temor 38. Aún no comemos, porque estamos en la internet fuera de casa, ¿por qué? Porque aún no tenemos internet.
Buscamos oportunidades, dinero, diversión, cosas nuevas. Buscamos aventura y la tenemos, en la medida de nuestras domésticas posibilidades.
En casa todo marcha bien. Estamos haciendo mueblecitos de huacales, porque nos gusta; también estamos cosiendo las cortinas y barriendo el agua que se mete con algunas tormentas.
¿Qué más?
Pues hacemos tratos y creamos sueños, sueños que aún no es tiempo de sacar a la luz, pero ya pronto, ¡pronto! Uff…
No tengo muchas fotos aún, porque no he tenido tiempo de dedicarme a EL ARTEEEEE ni a ninguna de mis ocupaciones diarias; le tiro más a ser ama de casa y mantener aseado, para que no haya cucarachas en la cocina.
Espero no dilatar mucho en dejar bien el hogar para poder invitar a quien lo desee.

La vida en pareja marcha bien, por cierto, que ya nos vamos acomodando, ¿y la pasión? La pasión es intensa.

En el Museo vivencial de Cuautla





miércoles, 29 de agosto de 2018

Morenita Cuautla

Sentados en un restaurante de cadena para utilizar la internet. Aún no tenemos la internet, pero sí tenemos ¡estufa! ¡refri! ¡camita! Falta una lavadorcita, pero aún aguantamos.
¿Qué haremos acá? Pues vivir, experimentar, crear, ser nosotros y ser más nuevos y, a la vez, ser más viejos. Viejos y felices.
Construimos, construiremos y seremos. 
La vida se ha convertido en lo cotidiano, lo necesario, lo que falta, no es queja, es lo que es y punto. La vida será lo cotidiano, lo novedoso, la costumbre, la sorpresa, tan sorpresa como los alacranes al caer la noche o la inundación de la escalera por la tormenta extraña.
Anhelamos tomar cauce en la cotidianidad, retomar la rutina, reír y contarlos lo sucedido durante el día. Será pronto, muy pronto…eso espero, esperamos.
Y del amor, ¡qué puedo decir! Acá sigue y creciendo. 
La vida acá es lenta, pero segura, llena de calor y lluvias nocturnas. Silencios necesarios y risas auténticas.
Ya va haciendo hambre, pronto cocinaremos nuestra comidita.



miércoles, 22 de agosto de 2018

Nueva vistas. Despedidas.

¿Qué puedo decir?
Nada y mucho.
Puedo decir que esperaba verlos a todos antes de mi partida, esperaba que fueran a mi último concierto, esperaba dar una buena presentación, esperaba los, los esperaba.
Llegaron pocos, pero llegaron, aunque hubo desconcierto, porque ella fue y parecía que no había ido. Se fue furtivamente sin siquiera saludarme. Luego resultó que no era lo que esperaba, que su mente…No supe más de ella; no la quise molestar, no la quise importunar y, es por eso, que de ella no me despido. Se enterará por amistades mutuas, que me he ido.
No me voy lejos, me voy a otro Estado, ¿por qué me voy? Porque estoy cansada del frío, estoy cansada de tener la nariz llena de estornudos, justo como ahora, estoy cansada de sentir dolor en las articulaciones por el frío, de no poder dormir con los brazos afuera de las cobijas, de vivir en esta casa, de dormir en esta cama…en esta cama.
Pocos entienden mis motivaciones; muchos dicen que por qué me voy, que por qué calor, que qué haré allá. Pues lo mismo de acá y más, porque mis brazos estarán libres de suéteres, mi cuello estará libre de bufandas, mi nariz estará libre de congestión.
Hay otras razones, por supuesto, razones como el amor, como el sexo, como los mejores aromas con una lluvia, la existencia de sapos, de caballitos, de verde y de río. Y no estar más aquí, en esta casa, en este resguardo doloroso, en este silencio deleitoso. Lo bueno que allá también habrá silencio.
No me despido de ella, ni del idiota, mucho menos de la que representa el sumo terror. 
No me despido de casi nadie, salvo del que se haga presente. Por eso no me despido, y sí, me despido por este medio, como ya me despedí de mi ciudad, la que era bella hace diez años, de mi café de confianza, de mis calles, mis avenidas, mis recuerdos y correrías. Me despido de esos días divertidos, de esos ayeres, del ruido, de la gente, de las risas y también de las lágrimas.
Iré a ver otro mundo, que es este mismo, pero más tibio y confortable para este cuerpo tan castigado por los fríos húmedos y eternos. Iré a fabricar sueños a otras tierras, a conquistar corazones y alcanzar anhelos. (Todo se lee tan cursi).
Se van conmigo la gata, mis pertenencias, mi cabello y mi amor.
Ya nos vamos.

Bueno, le acabo de decir a ella, la ex buena, que ya me voy.




viernes, 27 de julio de 2018

La incomodidad

¿Que por qué estoy así? No lo sé. Son los nervios, los nervios adquiridos, la locura en el ambiente, la neurosis. ¡Quién puede saberlo mejor, sino yo! La semana pasada fue realmente pesada, inesperada, de negociaciones forzadas y estúpidas, quizá fue un viaje casi en vano, o, mejor dicho, ese objetivo, ese cansancio en específico sí que lo fue.
No puedes ayudar a alguien si éste no quiere ser ayudado. Ah, pero, ahí fui. Lo hice porque quedé alarmada al escuchar tanta incoherencia y al ver que, aparentemente, nadie lo notaba. Después resultó que sí. 
Esa semana me desgastó, desgastó mis nervios, acabó con mis fuerzas, mi tiempo, mi paciencia y ahora no hay más que desesperación y ahogo, ahogo entre tanta lluvia, entre la promesa rota de la colada, las sábanas aún húmedas, la ropa medio seca.
¿Qué me deparará el destino?
Resulta que la persona a la que ayudamos ha echado en saco roto lo dicho, lo hecho, una y otra vez; resulta que quiere que las cosas se resuelvan tal y como ella piensa, sin modificaciones. (Los planes se mueven, eso me resulta familiar). ¿Qué fue lo que me cansó de toda esa experiencia?
Pareciera que esa persona es la única en sufrir, la única en sentirse mal, la única en sentir la desesperación asfixiante, la única cuyo humor le hace cometer actos de los que se arrepiente al momento posterior inmediato. No. Ella no es la única. También yo he estado en ese humor, en ese estado maldito de la mente. Justamente en estos momentos me encuentro en algo similar. ¿Qué hacer? Aislarme, callar, escribir, porque caminar con esta lluvia que arruinó mi colada no se puede, concentrarme en la labor intelectual que lleva ya en mi varios años y que parece que finalizaré en tiempos no remotos (parece). 
Eso me agotó, eso mermó mis fuerzas físicas y psíquicas, aunado a la dificultad de poder auxiliar a alguien sí querido, y guitarrista, que estaba en trance similar o más agudo.

Por favor, querida gente, si se van a meter a lo trascendental, háganlo con plena consciencia, con paciencia y con estudio. Si se van a meter chochos locos de psiquiatra, no se los quiten de golpe, no se provoquen desequilibrios químicos en su cabeza. Si van a ser personas sufrientes por vocación, séanlo, así, plenamente, pero séanlo en alguna expresión creativa.
Sí, el estado maldito de la mente puede bajar sus decibeles con Arte, con lectura, con creación.
¿Qué sería de mí sin EL ARTEEEE?
Quizá una sufridora sin convicción, trastornada, con un sufrimiento perdido, sin destino ni final, sin cause, porque sí, el sufrir siempre está allí, aquí, en mi corazón, pero está en mí hacer algo de él, transformarlo en algo más, en algo bello, sobretodo. Está en mí y sólo en mí la fuerza creadora; la creación que no viene de la nada, sino de mis tormentos, lamentos y aventuras.
Tras esa semana supe mi manera de serenarme, de llegar de nuevo a mi centro, pero ¡oh! Ahora justo es tan difícil…



martes, 24 de julio de 2018

La DIOSA

La DIOSA, ¿qué es la DIOSA? Yo misma me lo preguntaba sendas veces y al mirar al interior lo sabía. La DIOSA está dentro, está fuera, está por doquier. Es la fuerza, la semilla y la voluntad; es la capacidad infinita, ilimitada. Una sonrisa, ojos a veces cansados, a veces llenos de lágrimas y otras veces, sonrientes. La DIOSA se manifiesta y lo come todo, lo toma todo, lo quiere todo para ella, pero es generosa y también da. 
Da caricias, da canciones, da miradas de reproche, de gozo, de gusto, de regaño, de berrinche. La DIOSA no es perfecta, pero en su imperfección lo abarca todo. Teme, huye, se esconde, luego simplemente se avienta, grita, habla, se abre, y luego se cierra.
La DIOSA es para todos y sólo para uno sólo. La DIOSA es para sí misma; le gusta gozarse, tocarse, le gusta mirar su figura y jugar con los sentidos, el placer, el dolor, los aromas suaves y los sabores fuertes. ¿Qué es la DIOSA, sino una manifestación deliciosa y humana de la fuerza de Natura?
La DIOSA se manifiesta y es feliz. Lo quiere devorar todo, sobretodo a quien la ama, quiere su placer, quiere su dolor: Quiere la belleza del Todo.
Si me preguntan dónde pueden encontrarla, tendrán que ser amables, bellos, extraordinarios, dignos de ella. Si son dignos, la DIOSA les ofrecerá su cuerpo mismo, pedazos de su alma, belleza y creaciones. Si no lo son, ella no se molestará siquiera en mirarlos, pero, es mejor no molestarla.
A la DIOSA le gusta el silencio y la soledad. 
A la DIOSA le gusta jugar.
A la DIOSA no le gusta que la interrumpan, es iracunda.
A la DIOSA le gusta que le hagan caso.

La DIOSA te mira, te toca, huele, degusta. Acaba contigo, mientras ella misma se consume de amor.





martes, 10 de julio de 2018

Dos arbolitos

Por varios años he añorado mi casita, mi casita con perrito, gatito y arbolitos, no sólo dos, sino varios, los que quepan, y varias otras plantitas, las que quieran vivir conmigo. Me han dicho que hace tres años hice la propuesta, la verdad es que no me acuerdo, para mí ha pasado menos tiempo, o más, ya ni sé. Hace varios años que quiero mi casita, no sólo por ser mía, sino por ser de ambos; por saber que estaré con mi igual; por la felicidad de tener quien me ayude en el quehacer, ese asqueroso quehacer que ¡ay, cómo quita el tiempo! Ojalá sí pase.
Y ojalá que pase la casita, no tanto como la imagino, porque sé que eso es imposible, pero que sí sea de nuestro agrado, que sea cálida y ventilada, que sea silenciosa y alegre, que esté llena de amor y de sexo. Sí, para eso quiero la casita, para estar con él y nada más, bueno sí, también para estar con la gata, la perra, las plantitas, las flores y todo lo que quiera vivir con nosotros, casi todo, ratitas, no.
Quiero nuestra casita y tengo miedo de no tenerla, de que se escape, de que no se concrete, o que sea un mal trago. Sólo quiero un lugar contento, un lugar bueno y fácil de limpiar, libre de escalones innecesarios.

A veces creo que pido demasiado. A veces no me siento capaz de lograr ese objetivo, y casi ninguno. Me han dicho que es por perfeccionista y exigente de mí misma, yo creo que no, yo creo que soy lo suficientemente torpe para no llegar al auto sabotaje, sino solamente quedarme en el comienzo, porque doy vueltas en círculos, persigo mi cola, aunque ni tengo, y luego me canso y me duermo.
La exigencia paraliza, más que el miedo, quizá, y justo en este momento, el momento de la tan deseada casa, no sé cómo reaccionar. Silencio tengo, paz, también. Tal vez es la falta de certeza, pero esa nunca la voy a tener.
¿Qué más hacer? ¿qué más pensar? ¿Y decir?
Es un decir, es un eterno retorno y mejor saltar y saltar y saltar… Hasta dejar de botar, hasta el cansancio, hasta chapotear el agua que se estanca, hasta remover el polvo y estornudar. ¿Qué más?

Seguir.


miércoles, 20 de junio de 2018

Pila del agua bendita

De pensar en otras relaciones a pensar sólo en una, hay un gran paso; hay una gran decisión, y se ha hecho. Hacer una relación consigo mismo y compartirla con otro más, ninguno más. ¿Por qué? Porque me he cansado de las propuestas insulsas, vacías, me he cansado de los "hola" sin más razón que el fornicio sinsentido. 
Aunque soy fan del fornicio sin sentido, le he perdido gusto. Aunque la vida sin fornicio no tendría sentido, no me falta, ni me sobra. Pero no quiero más fornicio, ni más coqueteos, ni juegos a que jugamos a que nos vamos a dar placer. No. Eso ya no lo quiero, porque no me llena, porque no llena a nadie. Tampoco me vacía. Simplemente, no.
Me he visto en situaciones no favorables, en momentos incómodas; a veces me he visto hasta forzada. No, no siempre quiero compartir mi sexualidad con cualquiera, ni con algún conocido. 
Más me atrae una buena charla, una plática interesante. Más me atrae que me cuenten algo, que sean amenos y divertidos, que sean imaginativos. Sí. Porque busco enamorarme de nuevo, porque sí, el ingrediente secreto es el amor, porque el cuerpo sin mucho seso no tiene gran chiste.
Busco educación, dulzura, cautela. Busco la elaboración en el discurso, las anécdotas grandiosas, o pequeñas, la fuente de risas, los ojos honestos y la lujuria infinita, todo eso junto y hasta más. 
Quiero que la magia vuelva, quiero dejarme ir con la entera confianza de que el otro está allí y no está solamente en la búsqueda de su propia satisfacción carnal. Eso no tiene mayor ciencia ni reto. Eso se puede hacer en la soledad del cuarto con mano o juguete. Quiero la satisfacción mutua física e intelectual.
¿De dónde vino todo esto?
Saber lo que en realidad soy, verme en otros ojos, verme en su negación, verme en el rechazo, verme en la aceptación total. Estuve allí y estoy acá. Seguí a pesar de mí; seguí sin podérmela creer y fui. Ahora soy.
Y en este Soy veo muy para adentro, veo lo que me construye. Veo todo lo que me puede reconstruir. Soy, el otro, el entorno. En este Soy lo desea todo de vuelta, por completo, sin preguntas, libremente.
No por mi deseo de exclusividad física, ni de delicada selección, me he de cerrar a opciones. Es cosa más simple: No Soy yo para todos, soy Yo para mí misma. Seré yo para con los que de verdad lo sienta.
He de ser pila del agua bendita para los rancheros que yo disponga.



viernes, 8 de junio de 2018

En el cielo y en la tierra.

Tengo sueño. Tengo mucho sueño. No había querido escribir nada, ni aquí, ni en el diario de papel, porque me he visto inmersa en el proceso creativo pero, ¡oh sorpresa! El proceso creativo hizo una pausa forzosa por el dolor anímico y físico de la persona que amo.
Es casi imposible concentrarme en las cosas programadas, las cosas reales y bellas, cuando se tiene la cabeza en otro sitio. Sí, sabía que eso podía pasar, pero no sabía que me podía doler así, que me podía pegar de manera tangencial y a la vez tan directa. Nos ha tomado desprevenido a todos.
Pero yo no tengo derecho a quejarme, ni a manifestar desazón. No puedo expresar más que apoyo y dar mi mejor cara, mostrar mi mejor actitud. Y ya.
¡Qué bonito se ve el cielo desde mi ventana!
Toca ser la persona fuerte, la paciente, y no me quejo, pero ojalá también mi corazón encontrara sosiego. Sé que su corazón merece más sosiego, un pedazo de belleza (le entregaré mi belleza), un toque de sabor (le quitaré los sinsabores), miradas buenas y risas.
¿Será la necesidad de sentirse necesitada o será el auténtico dolor por el otro, la compasión?
No lo sé y me atormenta un poco.
No sé si estoy siendo egoísta o si me esfuerzo demasiado. No sé cómo actuar exactamente. ¡Ah, cómo lo extraño! 
Mejor quedarme con los pensamientos tristes, con las dudas, no vaya a ser que reaccione de mala manera y no lo merezca, porque no lo merece, tampoco lo merezco yo.
Toda la tarde con sueño y en silencio, porque más vale tomar la siesta y recuperarse, porque más vale tragarse las palabras y no dejarse llevar por los tormentos psíquicos que no me competen.
Ser simplemente una  E v a  que está ahí, para cuando se le necesite. Suena duro, pero es lo mejor.
En eso también consiste el amor.