Los días en que cerraron la Cubana.
Los días en que la otra Evabé fue feliz y luego perdió su estado.
Con sueño, con pereza, con modorra, con aspaviento. ¿Exagero? Aquí lo no escrito y siempre a la vez. He aquí las huellas del Destino que he ido arrastrando: Tedio.
Los días en que cerraron la Cubana.
Los días en que la otra Evabé fue feliz y luego perdió su estado.

¡Concedido! Quería estar sola, ¿no? pues así resultó. Todos se han marchado y me he quedado sola en casa. Ya escribí, reflexioné, comí, cené, juzgué. Ya hice todo lo que tenía que haber hecho este día posterior a mi cumpleaños. Los que llegaron, llegaron. Las felicitaciones que me abrasaron, me abrasaron. Me abrazaron también.

Aquí en el recuerdo, donde se revierten la peores situaciones a anécdotas de lo más ligeras, me pongo en tela de juicio a mí misma: ¿En qué fallé? Porque, por supuesto, también en algo tropecé. Sí.
Tengo mucho que decir. Estoy despechada, desesperada, abandonada. ¿Por qué tuve que sufrir ausencias, silencios y regaños? ¿Por qué tuve que volver a sentir ese rechazo, esa prisa sin sentido? Su monstruosidad. La monstruosidad que siempre temí y odié; la monstruosidad que, nada halagadoramente, ha mostrado sólo a mí.Es por eso ya no tengo ex.
Y quien me puede entender, ha hecho un extraño voto de silencio.
Hoy no me di cuenta, tampoco ayer, ni antier. Me di cuenta hace más de una semana, poco más. Ya no hay nada.
Reparando.