lunes, 13 de mayo de 2019

Día de la Madre.

Escribo esto molesta, tardía, enfadada, meditabunda. Escribo esto porque debí escribirlo en el momento en que se me ocurrió, pero ni modo, ahora es cuando he abierto la computadora para hacerlo, y no antes, porque mis ocupaciones personales me lo impedían.
Todo tiene que ver con la madre, no la madre como figura, no la madre como todos lo piensan, sino como la persona.
Note usted la siguiente imagen: 


¿Qué ve allí usted? ¿Un chiste? ¿Una broma inocente? ¿Un consejo, acaso?
¿No ve usted algo raro allí, algo inadecuado?
Quizá vea que las figuras femeninas mostradas son demasiado atrevidas, o que, en efecto, se debe seguir el consejo que se muestra y las mujeres madres de familia no deberían vestirse así para el festival de sus niños. Sí, eso es lo inadecuado, que las mamás vayan con atuendos atractivos a los festivales del día de las madres. Eso debe ser.
Este diez de mayo, por azares de la red, me encontré con una serie de artículos relacionados con el deber ser madre; no con la forma correcta de educar, de amamantar, de disciplinar, no, sino con la forma física de la madre y lo que le demanda la sociedad para cumplir a cabalidad con su papel de madre. Su papel.
Para la gente, al parecer, el papel de madre es no sólo el de la entrega, la ternura y el perdón, sino el de el total abandono de sí misma para convertirse en cuidadora y criadora al cien por cierto del crío que vino al mundo a través de ella, y sí. He visto cómo mis amigas se han convertido en madres, cómo las ha chupado el hijo, cómo han dejado de ser un poco ellas mismas, para ser para ellos y no más. Es un gran esfuerzo y ejercicio de amor el que desempeñan todas aquellas madres que, cuando lo deciden y desean, brindan vida, su vida, al hijo que obtuvieron (de tal o cual forma). He visto cómo se han partido, han llorado, se han arrancado sus pelos, se han extrañado a sí mismas por días enteros, pero que no han abandonado su papel de madre, ¿por qué? Porque así lo quisieron y porque, inexplicablemente para mí (o no), se les hace gusto esa nueva vida.
Mi reconocimiento a ellas.
Pero, ahora, regresando a la imagen, ¿qué ve usted, lector, de inadecuado en ella?
Acá lo que veo yo:
Esta imagen intenta hacer burla de una situación —que no me consta— del día de la madre, en donde, además de que es una verdadera joda el preparar el festival, el vestuario, los bailables, además de la cantidad monetaria que se invierte, del tiempo, del calor; además de que las madres TIENEN que ir a dicho festival porque "¡Pobrecitos niños como huerfanitos que sus madres abandonan, que sus madres trabajan y trabajan, y no tienen la sensibilidad para abandonar sus labores por un par de horas (que se convierten en más de medio día), e ir al magno festival del día de las madres!", tienen que ir arregladas, quedarse a ver otros niños que no son suyos, aplaudirles, morirse de calor y, tal vez, soltar una lágrima de ternura por su niño. Todo así, si no, al parecer, no son las madres que tienen que ser en este país piñata, y no distintas, porque entonces esa mamá no encajaría en el grupo escolar de otras mamás, donde todas son iguales (lo supongo, aquí carezco de datos para seguir la narración, no soy madre y dudo convertirme en una de esas de grupo de mamás porque no me gusta convivir con gente que no tiene nada en común conmigo y porque tener un hijo no te hace tener algo en común con otra señora, lo supongo).
Retomo lo que me molesta de la imagen.
Esta supuesta burla, este chascarrillo, ¿por qué lo es? ¿Por qué el hecho de que una mujer —que no señora, eso está muy feo— se vista como le pega en gana para ir a fletarse el festival del día de las madres, donde verá a su hijo en un bailable de no más de cinco minutos, está mal?
¿Cómo se atreven estos individuos a decir que una mujer se viste como para ir a perrear, como zorra, cuando va a la escuela de su hijo? ¿Cuál es el punto de señalar su vestimenta?
Es decir, si el día de las madres se ha encarnado a tal punto en el imaginario de los mexicanitos, ¿por qué no respetar a las mujeres que parieron y que son madres y no decirles perras? ¿Qué les dirían sus propias madres, pensando aún en la santidad de la madre, si vieran que hacen burla de otras mujeres por la manera en que se visten?
Quiero pensar que los regañarían, por lo menos, quiero pensar…
No soy madre, no he pasado por el largo y tortuoso proceso de que tu cuerpo deje de ser tuyo porque ahora aloja otro ser, ni por el momento en que todo se llena de hormonas de nuevo y ya no te reconoces, ni por el momento en que la ropa que usabas, aunque vuelvas a tu talla, ya no te quede como antes, ni por el momento en que te sientes horrible y devastada, despeinada, desvelada, ajena a ti. Yo lo escribo porque así he visto a mis amigas y así me han contado más o menos que es, no explícitamente, pero sí por comentarios aventados por allí, pero, ¿en serio creen estos peleles que es gracioso burlarse de las mujeres que sacan una vez al año sus mejores ropas, con las que se sienten atractivas y guapas, para ver a sus hijos, la luz de sus ojos, hacer sus monerías? ¿Qué derecho les da el hacer escarnio de ellas para sus risas fáciles y estúpidas? ¿Son ellos superiores a las mujeres que parieron, que decidieron cuidar, por sobre sí mismas, a seres indefensos? 
Y las mujeres, todas, ¿no creen que es realmente triste y vergonzoso para ellos el creer que, por el hecho de que las mujeres se quieran ver bellas, sea menester estimarlas de putas, aún siendo el festival al que muchas son obligadas socialmente a ir, en el que ellas van a ver a sus hijos, han gastado dinero y, obviamente, no van a ligar?
Sí, querido lector, una mujer no tiene que dejar de ser mujer deseante, atractiva, bañada, limpia, guapa por el hecho de haber decidido traer críos humanos al mundo.
Esta fue mi indignación.
¿Qué se puede hacer al respecto con todos esos que consideran la imagen graciosa?

martes, 2 de abril de 2019

Del caos al silencio.

El Coso muere, ¿y ahora qué? Sigue un extraño duelo, sigue dolor, sigue pena y llanto. No hay otra. Las razones de la muerte del Coso no son claras. No sabemos si hicimos bien o hicimos mal; sólo sabemos que hay culpa, mucha culpa, que era un inocente, que su vida estaba en nuestras manos y ahí mismo, sobre la cama y entre los dos, el Coso dejó de existir.
¿Por que tanto dolor si es sólo un gato? Un gatito pequeñito, tierno, con olor a bebé, un gatito que quería vivir y pasear por allí, que le gustaba el toque del sol, salir a pasear en mi morral, enredarse en mis cabellos, que no le gustaba la medicina ni que le diéramos a fuerza de comer, ¡pero tenía que comer!
Un gatito que estaba sanito, gordito, y de pronto enfermó, enflacó, dejó de defecar, murió. Un gatito con olor a bebé.
Gusté mucho de ser la mamá del Coso, coso así, porque aún no parecía gato, porque parecía ratón con sus manos de alien, el del octavo pasajero, porque no podíamos ponerle nombre, porque no se iba a quedar, aunque me pesara que tal vez no conseguiría una mamá que lo procurara como lo merecía, como lo merecía…
Y al final yo tampoco fui esa mamá, no logré que sobreviviera conmigo y que se convirtiera en un gato, que comenzara a juguetear como los gatos y a comer solito. El Coso se quedó coso y nada más y con él se fue el caos y la alegría ruidosa que reinaba en este recién conformado hogar.
Le lloramos al coso, le estamos llorando como un hijo, dirán que estamos exagerando, pues tal vez, porque ante sus ojos ese inocente ser no era más que un gato quizá prematuro que su madre gata abandonó en el nido, pero para nosotros era la esperanza de la vida, la fuerza, hasta la lucha contra la injusticia, porque el Coso había venido a este mundo de forma injusta, forzada, al lado de un lavadero, sobre la tierra, porque la dueña de la gata, su madre, se había largado y había permitido, tal vez a propósito, que la gata se escapara del nuevo hogar porque estaba preñada y aquí parió, y aquí dejó morir a sus hijos, a todos, menos a uno, el Coso que se nos murió en la cama en medio de los dos.
En mi mente había hecho todo lo posible por procurar su bienestar.
Repasando las acciones, hubo muchos errores, fatales, tal vez, que le costaron la vida al más inocente de esta recién configurada familia de gatos.
¿A qué vino el Coso a este mundo? ¿A sufrir por nuestra culpa? ¿A sentir dolor en su pequeño cuerpo? ¿A padecer una larga enfermedad?
El Coso dejó de existir una noche en medio de los dos, sobre nuestro lecho, con Isis al pie, aparentemente indolente, y con las nenas afuera, tan ricas y dormidas en sus camitas.
Y del caos del Coso, vino el silencio doliente.




martes, 19 de marzo de 2019

Mater

Una serie de eventos en esta última semana me ha puesto a reflexionar acerca de la maternidad. Sí, la maternidad, aquella palabra impronunciable para mí, no así aborto, esa la pronuncio desde muy joven. Y sí, ambas vienen junto con pegado.
Ahí va.
La gata que la vecina abandonó, pero luego se llevó de mala gata, regresó y parió cuatro críos. Al día siguiente vimos sólo dos y casi dos semanas después, vimos que uno de lo que quedaban estaba muy mal. Hacía ruidos extraños, la llamaba, estaba fuera del nido, ella no lo recogía. Luego, al anochecer, la ingrata gata, gata que, por cierto, atacaba a nuestra pequeña gatita Fufú a cada rato, decidimos recogerle la pequeña camada.
Tuvimos cuidado en que no nos atacara, en que no nos peleara los críos. No lo hizo. Desde el techo del cuarto de al lado vio cómo mi novio recogía los críos y se alejó. Así, sin más. Nos dejó sus críos a cargo. ¿Y el instinto?
Uno de los dos murió a las pocas horas. Se veía que había comido tierra quizá por días y no hacía más que quejarse del dolor. ¿Y qué acaso las madres gato no matan a sus hijos? Esta gata sólo lo relegó, pero no lo mató. Lo enterramos debajo de un aguacate. Lloré un poco. Fue muy triste ver cómo un bebé no era querido por su mamá, cómo ni siquiera había tenido a bien en sacrificarlo, sino que lo dejó comer tierra hasta la muerte, una muerte terrible seguramente.
El otro gatito sí estaba gordito, dormía y dormía. Lo dejamos en la transportadora con una mamá falsa.
Al otro día vimos a la gata, tan campante. ¿Buscaba sus críos? Claro que no. Lo que quería era estar en su territorio y ya. Ni una sola vez oí que los llamara. ¿No acaso hacen eso las hembras felinas cuando se les pierden los cachorros? Y no es que el crío no hiciera ruido, oh sí, sí que hace ruido y no, ni una sola vez lo reclamó.
Después otra de nuestras gatas se puso mala. Estamos en eso con el veterinario. (Hoy le dieron antibióticos y esperemos que esté mejor.) Mientras estábamos con esa gatita, nuestra otra gata se dio a la fuga en persecución de la gata ingrata que dejó a sus críos. La angustia nos embargó, y más cuando, aún sin encontrar a nuestra gata, la madre del pequeño regresó tan campante. Tras darle de comer al crío, asegurar a la enferma, correr a la gata mala, salimos a buscar a nuestra gatita. Por fortuna la encontramos. La necia no quería volver, pero hicimos que volviera por donde se había ido.
¿A dónde va todo esto?
Esto que les cuento pasó esta semana y, de tener un fin de semana descansado, no obtuvimos más que dolor de panza, angustia, estrés y más dolor de panza. Las gatas, espero, están mejor. La gata mala no ha vuelto. El crío gato está justo ahora acostado en mi seno, gracias a una pañoleta que puse a modo de rebozo de bebé. Ronronea. Isis, mi gata Isis, ha sido comprensiva y se ha mantenido al margen del ajetreo, lo cual ha sido de gran ayuda, puesto que es un tanto cuanto agresiva con otros gatos que no sean ella.
Todo fue una bomba emocional bastante fuerte. 
Cuando una madre desea serlo ama, AMA DE VERDAD. Le canta a su feto, lo espera con ansia, lo da a luz con ganas, se desgasta, desvela, pero así lo quiso y sí, después, según he visto, lloran, se desesperan, quieren un momento para ellas, se arrancan los pelos por un tiempo libre de críos, sí, lo he visto, pero al final del día, por alguna razón que desconozco, aman a su cachorro, sea humano o no.
Cuando una hembra es forzada a parir, cuando no quiere el feto, cuando ve crecer su vientre, cuando la promesa es desgaste, desvelo, desamparo, hambre, pobreza, incertidumbre, soledad, ¿qué puede dar? ¿Qué puede dar una hembra, humana o no, a los críos ante una situación áspera, adversa? ¿Cómo puede querer la hembra a críos que no quería que vinieran al mundo, cualesquiera que sea la razón?
No estoy cuestionando las razones. Hay muchas. Todas, para cada una de las hembras, son válidas, porque hembras somos y como hembras sabemos cuándo es el momento, si lo habrá, si lo hay, si acaso lo puede haber, de traer un crío al mundo. Todas. Las perras, las leonas, las gatas, las humanas, las elefantas, todas. Si no hay condiciones favorables, las hembras no humanas prefieren dejarlos a su suerte. ¿Y por qué las hembras humanas no dejamos a su suerte a los críos? Porque son seres humanos, tienen derechos, por la moral, por nuestra razón. Pero, si hay posibilidad de evitar que el ser humano sea, si se puede evitar y sacar la masa celular antes de que sea un ser humano, ¿por qué impedirlo? ¿Por qué forzar la tristeza, a la desesperanza, la desesperación, el desamparo, la desolación? ¿Por qué impedir el desarrollo emocional e intelectual de la hembra que se ve en la necesidad de no parir? ¿Por qué traer hijos no amados a este mundo?
Forzar a cualquier hembra a parir, a criar, créanmelo, es lo más cruel que pueden imaginar. Y si no pueden sentir ni un poco de empatía por el verdadero terror siente alguien al verse obligada a llevar un embarazo no deseado a término, no digan nada.
La empatía lo es todo.




martes, 5 de marzo de 2019

Quince años. La gata Isis. 4 de marzo.

-Escrito el 4 de marzo-
Hace poco fui a casa de mi madre a quedarme, a visitarle y por unas cosas. ¿Cómo está? Bien; noté que extrañaba a la gata Isis cuando encontré en mi cajón de las fotos reveladas, unas de Isis cuando era bebé y tenía su colita paradita. Y es que ¿cómo no extrañarla? Si Isis siempre fue en esa casa.
¿Cómo era Isis bebé?
La verdad no recuerdo, no recuerdo mucho. Recuerdo que cuando dormía se posaba sobre tu pecho y te observaba dormir. Si despertabas, podías notarlo. Te veía con sus ojotes atentos, casi con cariño, porque a saber cómo es el cariño de los gatos.
Luego recuerdo que era una gata ágil, que se iba por días al campo y que regresaba llena de marañas, arañas, pedazos, hasta espinas de nopal. A veces regresaba toda empapada, se dejaba secar y se iba de inmediato a comer.
Era una gata feliz, hasta que enfermó.
Entonces la tuve que cuidar, inyectar, medicar, comprar su alimento especial.
De eso han pasado ya varios años, ¿cuántos habrán sido? Más de siete, eso es seguro.
Le gustó el hogar, estar en casa, dormir conmigo, no salir, dormir y dormir; y lo sigue haciendo.
Hoy la gata Isis, mi gatita, mi bebé, cumple quince años, ¡quince años para un gato es un montón!! Y aquí sigue conmigo, con nosotros, odiándonos un poco por traerla al calorón loco de estas tierras, lejos del perpétuo témpano de allá, de la casa donde la viera nacer.
Ni modo.

Aquí está y está conmigo, y está feliz —espero—. Yo la amo.

Isis casi recién nacida.

Isis a los quince años



jueves, 21 de febrero de 2019

Escapada hacia la ciudad.

Hemos ido a la gran ciudad, sí, a la Ciudad de México. Hemos ido con un objetivo específico, como siempre pasa, porque no vamos de oquis. Hemos ido al museo a ver la exposición de Saturnino Herrán y otros Modernistas en el MUNAL. Nos ha encantado.
Hemos comido comida japonesa, porque acá en Cuautla nomás no hallamos variedad gastronómica que satisfaga nuestro sibarita paladar. Me he quedado en la casa de mi madre, he dormido en mi vieja cama, he charlado sobre tema varios, he desayunado allá y después fui a un examen profesional.
No recuerdo —como casi siempre que escribo aquí con una intención— el porqué de querer escribir ahora. No creo que sea exactamente para contar las anécdotas varias sobre la capital, sobre el clima del que, por alguna extraña razón, todos se quejan, ¡si está rico, hay viento que refresca y hay sol!
Pinches chilangos, y sí, siempre lo he dicho, desde niña, no aguantan ni tantito calor, no saben lo que es el incendiarte con la PINCHE CALOR.

Fui a la casa de mi madre y de bajada he visto un operativo quesque anti talamontes, "ya pa'qué", pensé, después de que vi cómo el cerro del Ajusco está ya casi por la mitad sin árboles; y no creo que sea por el clima, porque sí llovió en esta temporada invernal y no está haciendo exactamente calor de sequía. Pobre cerro, pobre sierra del Chichinautzin, lo mejor sería que todos los habitantes humanos de esa zona ¡desaparecieran! No que se mudaran, no, que ya no existieran. Se están comiendo el bosque con su avaricia estúpida, ¿saben para qué talan los árboles? No, esos árboles no dan madera fina, ni pisos bellos, ni tablones interesantes, no, esa madera no se puede utilizar mucho más que para polines, sí, los ahora tan populares polines, gracias al temblor del 19 de septiembre de 2017. ¡Polines! Palotes de madera que sostienen edificaciones en construcción o por caerse. ¿En serio por eso están matando un bosque?? 
Al subir a ese pueblo, tras quince minutos de estanco en la pequeña y única calle principal, también recordé por qué salí de allí. Sí, ese lugar es insoportable, no sólo por el clima, sino por toda la falta de generosidad de esas gentes. Si no caben los autos, ¿por qué estacionarlos para que quepan menos?
No, tampoco abrí esto para escribir de las neurosis pasadas.

De casa de mi madre traje libros, muchos libros, libros para leer, porque noté que me hace falta leer, saber, absorber, crecer más. Me gusta la tranquilidad de la lectura, la capacidad de la mente de enfocarse en algo y quitar la paja y las tonterías de la cotidianidad. 
Falta leer y reposar lo leído.
Falta escribir ficción.
Falta hablar de lo leído.
Y de regreso me puse en el celular —porque la mandarina apagó el camión— a leer un texto feminista que comenzó a inquietarme. El libro comienza planteando la incomodidad de las mujeres que se supone lo tienen todo: Una familia, pareja, hijos, casa, carrera, pero que aún les falta ese no sé qué de no saber quiénes son. Sí, algo así he visto por allí y por allá. Ya sabré qué mas dice, porque me tuve que bajar del autobús.
Ojalá ese texto me dé una solución a los ruidos de mi cabeza. Ojalá.

También hemos ido a la titulación de un buen amigo. Iba a poner que fue divertido, pero no fue exactamente eso. Pensar que cupo la posibilidad de no ir, pero no, si no íbamos, nos arrepentiríamos. La amistad es algo serio e importante, casi tanto como el amor en pareja.

¿Y la gran ciudad?
Por un momento sentí nostalgia en ella. Después, al transitar por Tlalpan y ver cómo se estaban chingando (no hay otra forma de escribirlo) unas edificaciones pequeñas y podría decirse que hasta históricas para, asumo, construir de esos edificios gigantescos, sobrevaluados y pretensiosos encima de un suelo que —ya se vio— no es el apto para esas construcciones. No aprenden, ¿verdad? Puede más la ambición que el sentido común y de conservación.
Por esas cosas nos fuimos de la que fuera nuestra ciudad natal, por esas y otras tantas.
Seguiremos yendo a visitar, ya sea por trabajo, ya sea para ver las exposiciones que nos faltan, pero echar raíces allí, lo dudo, ¡ni cómo! Cada vez es más cara, la gente es más egoísta y nosotros simplemente queremos calor.

Cerro del Ajusco desde la Unidad de Posgrado. UNAM.

martes, 19 de febrero de 2019

Las cosas bonitas.

¿Qué son las cosas bonitas?
Las extraño.
Extraño las cosas bonitas que miraba en la calle.
Extraño los días despreocupados en la acera.
Extraño los detalles de las banquetas, los muros, las casas, las historias que se guardan.
Las extraño.
Extraño las caminatas sabatinas y los chistes; el buen humor y las risas. Extraño la superficialidad de la vida, la total falta de seriedad y los días, y las noches.
¿Qué son las cosas bonitas?
Viendo en otro sitio veo que las personas no cambian del todo, aunque digan que se han superado, que la valentía las ha llevado adelante y están, ¿solas? No lo sé. No quiero investigar.
Hablando con el pasado veo cómo, en efecto, la gente no cambia, no para bien, no para mal, simplemente permanece igual, quizás actuando un poco distinto, opinando de manera más informada, cauta, recatada, pero casi siempre con el mismo punto de vista que tenían hace diez años. ¿En qué año estamos ya?
Sí, digamos que extraño la simpleza de las cosas, la tonta certeza de la comida caliente al regresar a casa, la falta de pendientes que se deben hacer para sobrevivir el día a día.
Las cosas bonitas como un perfumito, un jabón sabroso, un vestidito de rebaja, una crema de niña, aretes divertidos, anillos antiguos, rescatar algunos libros. ¿Son las cosas bonitas algo tontas?

¿Venimos al mundo a embellecer el entorno y a cuidar a los otros?
Hablando de política de este país piñata. ¿De verdad no les escandaliza que un grupo de mujeres que se dicen ser feministas se nombren madres de la patria? ¿Madres? ¿En serio?
1. No todas la mujeres son madres. No todas quieren. No todas deben. La maternidad es cosa seria
2. ¿De la patria? La patria ya es una figura en sí, no necesita una madre. Ya es una Patria.
 Dicen que las mujeres están para embellecer el entorno y cuidar del otro. ¿En serio?
3. Las mujeres vienen a este mundo matraca a ser personas y vivir como otras tantas, luchar, respirar, ser, hacer, no a adornar. No somos flores, jarrones, cuadros. Con perdón de las flores, que tampoco vienen a adornar, sino a cumplir su función en la vida de las plantas. Son seres vivos.
4. Estos últimos años se ha estado pugnando porque las mujeres no sean las cuidadoras natas. No. Las mujeres, como personas, tenemos el derecho a decidir si vivimos o si no vivimos y nos la pasamos cuidando; es decir, ¿cuántas mujeres no se quiebran por tener que cumplir con sus obligaciones profesionales a la vez de andar de cuidadoras de todos en la casa? No. En serio, no tenemos que andar cuidando gente, también tenemos que ver por nosotras, corrijo, primero tenemos que ver por nosotras. Ya luego los otros. Aunque suene egoísta, lo siento, no me importa.
Ya estuvo de mujeres fundidas por tener que abarcarlo todo. Que los demás también vean por ellos.
He terminado, por el momento, con este paréntesis político.

Tal vez no sólo la superficialidad sea lo que extraño, sino también la furia encausada, la lucha congruente, el feminismo sin ánimos de culpar a todos, ver que sí, se debe ser de armas tomar y hacer por sí mismo, ser responsable y no estar en la estupidez absoluta de que el otro es más que el otro, sino el enemigo porque no se es como uno piensa que se debe de ser.

¿Dónde están las cosas bonitas ahora?



martes, 12 de febrero de 2019

Mundo pequeño, mundo extendido.

Mundo pequeño:
La casa, la convivencia en pareja, las gatas, la limpieza, el amor, los alimentos, la comida, la audición, los cariños, el orden, la puntualidad, la dilatación.

Mundo extendido:
La escuela, el trabajo, los días, los planes, los proyectos, las semanas, el tiempo, los pendientes, la contingencia, la gente, la familia, los amigos, las charlas, esos tiempos.
Los tiempos que ya no hay, que dejaron de ser, por mí, por todos, por esta distancia que puse de por medio, ¿por qué no ponerla? ¿Qué ganaba con estar allá con ellos? ¿Qué gano con estar acá sin ellos?
En mi todo, en mi todo que comparto con otro, con otro y con nadie más, porque, aunque quiera compartir con alguna persona más, me es difícil abrirme, ser, decir quién soy y cómo soy; poder entablar una plática sincera, sin otro interés que el ser.
Me es difícil acá.
Me fue difícil allá.
Pero en el año último de estancia en la gran ciudad pude ver a muchos a los ojos y no decirles nada, y decirles todo, todo con sólo una cita casual con cada uno. Todo.
¿Qué hago al respecto con ese maravilloso material?
Nada, nada aún.
Los pendientes por hacer me comen, me carcomen el alma. El duende que me muerde en el corazón se llama "Cosasporhacer"

Quisiera compartir este mundo pequeño al mundo extendido sin el agobio de las cosas mínimas a cumplir. Quisiera un par de días con la suciedad y mi mente.

Y pensar que muchas estamos así. ¿Es un mal de la edad?


martes, 29 de enero de 2019

Terrorcito

Habría que hacer un análisis muy amplio sobre la masculinidad, sobre la cosificación de la mujer, sobre el miedo del macho hacia la mujer (o hembra, por qué no), sobre su actuar sumamente violento en estos últimos años en este país piñata llamado México.
Leí por ahí una teoría interesante de por qué la ausencia del padre en la crianza del hijo, sea varón o mujer, afecta la masculidad y la transforma en no otra cosa que un macho violento, que rechaza a la madre cuidadora, que lucha eternamente contra el padre, que desea ser más que él y, en consecuencia, se hipermasculiniza hasta el punto de ser el violento, ajeno a todo lo femenino, misógino, incapaz de manejar sus emociones. 
Sí, lo estoy manejando de manera simplista tal vez, es un resumen vago que viene del fondo de mi cabeza, como resultado de una discusión grata sobre el tema y sí, quedamos de acuerdo en que el padre debería estar más cerca de sus hijos desde la salida del vientre, oh clemente, que debería estar presente para lograr conectar sus emociones con el crío y no sólo esperar largos años hasta que se le pueda enseñar algo útil. Debería, sí.
Pero en este país piñata llamado México eso es casi imposible. Primero por la crianza machista que todos, la que imposibilita que el padre se acerque a un bebé, ya sea por prohibición de las mujeres de la familia, como por su total miedo a romperlo, o porque simplemente, el padre no está.
La figura del padre en este país no existe. Eso lo sabemos. El padre sólo representa o algo vago, lejano, algo duro, alguien que da dinero, alguien que viene por las noches y los fines de semana se la pasa durmiendo o haciendo cosas de "El hombre".
Tampoco me voy a meter en psicología, porque no es mi fuerte, porque, si se quiere leer sobre ello hay un sinfín de textos que hablan mejor que yo sobre la figura del padre.
Suponiendo que el padre no está en este territorio por todas las razones sociopolíticas posibles, ¿cómo se salvarán los habitantes del país piñata?
Nunca habrá padre presente. Nunca habrá contacto con las emociones. Prevalecerán los machos misóginos incapaces de ver al otro —el otro que no debiera ser el otro, sino el igual, el que casualmente, y no, es una mujer— y tener consideración por él.
Estamos condenados.
Y dentro de esta condena queda la ola de desapariciones, feminicidios y nuevos secuestros a mujeres en la capital del país. ¿Y qué pasa? ¿De verdad por qué no hay fuerza policiaca que haga algo? ¿Es tan difícil abrir una investigación y dar con las redes de crimen organizado que seguramente están tras todas esas atrocidades en contra de mujeres y niñas?
Sin quererlo, y queriéndolo, lo he nombrado Terrorismo de Estado, (aunque algunas damas ya me han dicho que he sobre dimensionado el asunto y por eso he optado por cortar con ellas). ¿Por qué decirle así a la falta de interés de las autoridades en hacer una investigación ante la obviedad de la situación? Es decir, si se sabe que hay redes de droga que no sólo comercian con droga, sino con órganos, niños, mujeres, hombres, todo lo que se pueda vender en el mercado negro, ¿por qué no actuar?
Justo por eso. No se ha hecho verdaderamente con el problema de la droga, mucho menos con nimiedades como la desaparición forzada y a plena vista de muchas, muchas mujeres y niñas, al fin que son más de la mitad de la población, que son grupo vulnerable (vulnerado, diría yo), que son histéricas, argüenderas, mentirosas, traicioneras, que deberían quedarse en su casa a hacer labores del hogar y no salir a la calle a simplemente pasear, o ir al cyber a hacer una tarea. Porque el "ellas se lo buscaron" significa: "Ellas están afuera y podemos tomarlas para nuestros fines."
Pero no, así no piensan las autoridades, así piensan los delincuentes, mismos que, yo supongo, le dan algo a los que deberían vigilar para que no hagan nada, para que asientan cuando les diga un hombre que esa mujer está histérica y mal de su cabeza. El gobierno no piensa que las mujeres sean El Otro, la otra, la incomprensible, la dócil, la que no debería hacer ruido.
¿Y cuando ella hace ruido? Fácil, se le calla, hasta se le desaparece.
¿Y si hay muchas que hacen ruido? Fácil, se les inyecta miedo, temor, terror. Porque, según estoy leyendo, el Terrorismo de Estado es  
«…una forma del ejercicio del poder estatal cuya regla de conocimiento permite y/o impone, con miras a crear el temor generalizado, la aplicación clandestina, impredecible y difusa, también personas manifiestamente inocentes, de medidas coactivas prohibidas por el ordenamiento jurídico proclamado, obstaculiza o anula la actividad judicial y convierte al gobierno enagente activo de la lucha por el poder»1
¿Qué es esto? Según entiendo, en mi poca cabeza, que el Estado ejecuta el terror de manera clandestina (puede ser mediante delincuencia organizada), para el ordenamiento de los inconformes. Este terror puede darse no sólo mediante la fuerza policiaca sobre el ciudadano, sino con la falta de autoridad sobre quienes lo están amedrentando y quitando no sólo su tranquilidad, sino hasta su vida. 
¿No está pasando justo esto en la sociedad del país piñata llamado México?
O acaso estoy alucinando, me estoy yendo por caminos errados, por imaginerías mías. ¿No acaso el Estado es falto de acción ante el terror perpretado por —asumo, supongo— grupos de delincuencia organizada contra mujeres, no es omiso?
¿Y le convendrá?
Claro que sí.


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1GARZÓN VALDÉS, Ernesto, Filosofía Política,
Derecho, Colección Honoris Causa, Universidad
de Valencia, 2001, p.147.

viernes, 25 de enero de 2019

Siempre el silencio

Siempre el silencio cansa, cala, llena de hoyos, molesta.
El silencio, sin una sonrisa, sin una mirada. Como estar sola.
Así no me parece tan mala idea el suicidio. Así sola, como antaño, como si fuera siempre.
Siempre el silencio ahonda los problemas, llena de estática, intranquiliza.
¡Qué silencio!
Aquel al que uno no está acostumbrado, aquel que uno no desea. Como si fuera mi culpa.
No es mi culpa, me digo; sin embargo pareciera que sí, que no pongo suficiente atención, que lo que hago no es suficiente para mantener la armonía, que debo prestar atención en los detalles.
Quizás en mis detalles sí prestan atención, quizás a mí sí me escuchan y es puro egoísmo el mío.
Siempre torpe, siempre incomodando, demasiado protagónica en la vida de la gente.
Sería bueno ser como vapor de aroma suave, delicada, casi imperceptible. Sería bueno simplemente absorber y no incomodar a la gente.
Sí, así ha sido siempre. Así lo he arruinado todo, siempre y para siempre.
Sería mejor siempre el silencio.




lunes, 21 de enero de 2019

La primera de enero

¡Cómo pasa el tiempo!
Llegamos aquí en agosto y ya es enero, e-ne-ro.
Quedamos en que acá haríamos las cosas que nos gustan y apasionan. Aún no ha pasado ello.
Supe que una poetiza murió. Leí sus poemas por primera vez. Me arrepentí de hacerlo. No me gustaron. ¿Es en serio que así es la poesía publicada en el siglo XXI? ¿Y las formas? ¿Los fondos? ¿La retórica? ¿Las figuras?
Escribir por tema poesía no es lo conveniente. Lo deseable es escribir poesía de todo aquello que te mueva la entraña, te parta el alma, conozcas, te arranque el corazón, te parta en pedazos. Escribir desde muy adentro, desde las profundidades de la mente. Sino, no. ¿En serio eso leen ahora?
Sujeto, verbo, predicado.  No más.
También me dijeron por ahí que la industria editorial pide textos así, sin más juegos de palabras, sin retóricas locas. La lengua descorazonada.
Escribir entonces y ya. ¿Por qué sólo piden que se cuente una historia? ¿Y la forma de contarla ya no vale? Justo eso es parte del placer de la lectura, del placer estético.
Escribo esto porque todos se han estado interesando en problemas políticos demasiado calientes, demasiado calientes y egoístas, por eso he optado por no decir nada, nadita al respecto, por apegarme a mi agenda política y acatar mis reglas, así, también egoísta, porque, como ya había dicho, es mi trinchera. ¿Mi trinchera?
La trinchera del placer, de cuerpo, de EL ARTEEEEEE. La posición desde la divinidad de lo Femenino, el origen, la vida misma, ¿y a qué vinimos sino a gozar??? ¿Y cómo gozar? Pues con el cuerpo, ¡qué más! Y en este cuerpecito hermoso tenemos una bella mente, mente que hay que alimentar y cultivar con EL ARTEEEEEE.
Vamos a hacer arte.
¿Qué la gente no se aburre de no hacer arte? ¿Qué la gente no se cansa de oír las mismas canciones insípidas de dos acordes (o uno) y cuatro —por mucho— notas en su melodía? ¿No se aturden de los gritos desafinados, de las palabras burdas, de la falta de elaboración en el mensaje? ¿No??
Se puede hacer de la vida arte, así como se puede hacer arte de una vida. 
El arte como forma de vida.
Ya sé que un montón de autores ha escrito sobre ello.
Me pregunto, ¿cuándo, cómo, hasta dónde podremos hacerlo?
El ruido de agobia. El ruido me quita la tranquilidad. El ruido me impide concentrarme en las cosas que importan. Eso descubrimos aquel día en que le conté a mi Amor sobre qué fue lo que me puso mal durante el temblor del 19 de septiembre: El ruido.
Sin silencio poco puedo hacer.
Me descubierto, tal vez ya sabía, que el silencio es mi mejor aliado, que mi cabeza es tonta, que no puedo andar por la vida si no estoy dándole voz a mis pensamientos únicamente. El acto más egoísta.
Si no sigo los pasos que me estoy nombrando en silencio, pierdo el hilo de los acontecimientos, aunque sean los más cotidianos y automáticos. ¿Me estaré poniendo vieja? 


sábado, 29 de diciembre de 2018

A cinco días…

Cinco días son los que me faltan, cinco días de hoy a mi cumpleaños. Cinco.
Cinco no es un número feo, a decir verdad, no es par, ni se divide entre tres, es un número no malo. ¿Y tres? Tres es un número genial, se divide entre sí mismo, creo, al parecer, ya que todo es relativo en estos días, ya que nada está dado.
Y nada es como uno planea, nada, nadie, todo. Adverbios.
Cinco días para que llegue el día, el día en que quizás coma mariscos, porque es lo más rico que he encontrado acá y porque es el único local que tiene algún descuento de cumpleañero en estas tierras. Qué triste.
Es más triste no ver a los amigos, eso sí que es triste, es triste querer verlos, querer platicar con ellos, no tener muchos medios porque con el móvil no es muy cómodo que digamos, porque se me pasman los pulgares (¿la edad, la falta de flexibilidad en los dedos?), se me cansa la mano, que no la izquierda, ambas.
Cinco días y quizá sí, estoy ansiosa, expectante, también. Hay muchas cosas por hacer, hay muchas cosas por decir, por emprender, ¿y después? Ya el cuerpo dirá.
¿Y después? ¿Los proyectos pendientes?
Me carcome, sí, un poco el alma que el tiempo no me permita proseguir con los proyectos, con EL ARTEEEEEE, con la vida bella, con mi Yo-misma, con aquello que me prometí; luego me repito que me mudé, que todo va a ir bien, que tendré oportunidad de seguir, que será pronta, que habrá trabajo para darme la oportunidad, que corregiré y mandaré lejos aquello que me ha detenido por tanto tiempo. Tanto tiempo. Siete años y un poco más. No es posible, ¿cómo pasó?, ¿qué pasó? En fin. ¿Por qué tiene que ser tan difícil algo que para todos parece ser tan fácil, tan de trámite? ¿Por qué cuando lo hice con esa intención, tampoco salió a cabalidad? No, no salió. Pareciera que el trabajo académico no es para mí, que el escribir de un tema serio tampoco, o quizás he elegido mal y el asesor ha sido demasiado quisquilloso… Bugie! Sí he de ser yo la torpe que es incapaz de concretar, de describir, de analizar, de hacer cosa seria y consciensuda. Yo veo que la gente lo hace y no lo hace mal, que lo ejecutan, que logran dejar de ser sí mismos para plasmar ideas abstractas con éxito.
En cambio yo, sólo puedo hablar de mi, desde mi cabecita y mi pobre entorno. Como si sólo pudiera contar del día que salí a las tortillas y vi que el niño terminó enterrándose en la arena que había comprado su familia para seguir con la construcción de la casa.
Cinco días y no puedo abstraerme, y sólo soy yo, sin más. ¿Quisiera ser más?
Como le dije a la gata Isis en mi sueño:
"Yo sólo canto, escribo y lloro un poco."


Feliz año nuevo.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Desde la navidá

Esta vez no sé muy bien cómo empezar, ni qué escribir, sólo sé que quiero escribir porque tiene tiempo que no lo hago, ¿por qué no lo he hecho? Por el trabajo que nos damos para proveernos. Pidan a los dioses del trabajo y del dinero que este año venidero, 2019, venga lleno de ello para nosotros.
Estoy, de nuevo, en un café internet, ha anochecido ya, aún no vamos por la compra del día, pero aquí estamos, tranquilos, buscando, escribiendo, pero no mucho, y tal vez no de lo que queremos, pero bueno.
Como digo, no sé lo que escribiré esta ocasión, y debo hacerlo rápido, porque mi pila se agota, porque en esta terraza no hay enchufe, porque tengo muchas ganas de orinar, porque he tomado mucho, mucho té verde, porque no he tomado café, porque me hace circos la panza. ¿Por qué? Porque, para no perder la tradición, me enfermé, nos enfermamos, del estómago en estas fechas, no grave, pero sí molesto.
Espero que también para año nuevo y para mi cumpleaños podamos comer ricamente, porque ¡quiero mariscos en mi cumpleaños!!
Escribo queriendo escribir y sin saber qué decir, lo siento.
Escribo tal vez pensando en el año entero que me dejó sin él, y en que ya no debería ni mencionarlo, ni pensarlo, pero es que de pronto lo sueño, aunque, ¡qué maravilloso es el subconsciente y qué aún más maravilloso es desentrañar eso que se quiere arreglar en tu cabeza cuando sueña!!
Y después.
Aún no decido nada, pero no creo decir más, porque no tiene caso, aunque las cicatrices existan, aunque duelan. Ya veremos…
Durante el dolor estomacal estuve haciendo algunas travesuras, cosas que se concretarán próximamente, si los tiempos y los dineros nos lo permiten…Será.
¿Y en Navidad? 
Cenamos delicioso, fuimos felices. A decir verdad, creo que fue la primera cena de navidad que paso tranquila, a mis tiempos, en buen momento, todo, a pesar del terrible dolor de tripa. Fue una cena deliciosa, íntima y llena de amor, como nunca antes.
Gracias.
Feliz Solsticio de Invierno y feliz año nuevo, por si no puedo escribir antes.


miércoles, 28 de noviembre de 2018

Desesperanzada y harta.

Despierto tras un sueño largo y pesado, tras haber soñado por segunda vez con aquella persona que me jodió hace un año. Exactamente hace un año, o casi, pero sí, digamos que hace un año yo estaba en la locura enamorada y se me rompió el corazón de la manera más vil e injusta.
Un año y estoy acá, en Cuautla, dándole a los proyectos, viendo cómo las cosas avanzan como una masa lenta, que no ahoga, pero que sí desespera, y no un poco, sino bastante.
¿Qué más hacer?
Es cierto que el que espera desespera, y desespera más que, al despertar, tras un sueño extraño, incómodo y bello a la vez, veas noticias espantosas en la red.
¿Qué tiene que ver mi vida, en este momento, con los horrores que se dan a conocer por las redes sociales?
Todo y nada. Todo y nada porque soy mujer y soy parte de un grupo vulnerable en este país piñata, en este mundo matraca. Todo. Y nada, porque estoy hecha una furia y hago las cosas según mejor pienso y me place y porque sé que en la lucha también está el "Adaptarse o morir".
¿Por que digo todo esto?
¿Por qué no dejarlos morir solos? ¿Por qué, si los hombres son los impartidores de injusticias, no se les abandona a su suerte? ¿Qué harían un montón de hombres solos en casa sin ninguna mujer cerca? ¿Qué harían un montón de hombres solos en una oficina, sin una mujer cerca? ¿Qué harían un montón de hombres solos en una Entidad Federativa, sin una mujer cerca? ¿A quién tendrían para impartir su misoginia? ¿Con quién delegarían los trabajos mínimos del hogar, de la oficina, del orden, de la agenda de la semana? ¿Con quién conversarían por las noches y sacarían sus miedos más profundos? ¿Quién les lavaría, plancharía, cocinaría, limpiaría?
Sí. Ellos, en algún momento, tendrían que hacerse cargo de ellos mismos.
Sí. Hay varios hombres en este país piñata que se hacen cargo de ellos mismos, que son ordenados, limpios, organizados, que saben lavar, planchar, cocinar, fregar, pero no son el grueso, lamentablemente, no. Hay muchos hombres aún que se creen que debe haber una mujer cerca para hacer las nimiedades del hogar y la oficina, muchos y de todas las clases sociales. No sé. Me han dicho que no debo generalizar, pero ¡cómo no hacerlo si lo sigo viendo, si lo atestiguo!!
Me he cansado de la nimiedades de hogar; me he cansado de ver cómo las mujeres pelean infructuosamente (yo incluida) con hombres que se creen los dueños del entorno y más allá; me he cansado de ver cómo las mujeres aleccionan a otras mujeres sobre cómo deben ser mujeres, cómo deben ser femeninas, cómo no deben ser no femeninas, cómo deben ser activas, cómo deben ser no pasivas, cómo deben ser feministas; me he cansado de ver los horrores que sufren las mujeres por el hecho de ser mujer; me he cansado de ver cómo, aunque estén unidas, no resulta en gran cosa, de que, por mucho que se pida justicia, no la hay… ¿Y si mejor TODAS desaparecemos? Y si se nos trata mal en el trabajo, en la escuela, dentro de un gobierno, ¿por qué no nos vamos de allí y lo dejamos solos?
Adaptarse o morir, sí. Hace no mucho oí que las mujeres ya hicimos mucho para entender, para cambiar, para ser y entender al otro, pero que los hombres han hecho poco de esto, que las adaptaciones les han venido guangas, que es hora de que ellos hagan el esfuerzo también y pues, ¿por qué no lo dejamos solos a que hagan todo, toditito el trabajo? 
Quizá aprendan algún día, quizá mueran, o quizá, lo cual es lo más probable, hagan de otros hombre su 'mujer' su ser inferior para que se haga cargo de las nimiedades del hogar, la oficina, la vida diaria y cotidiana.
Sí, esa es la Eva desesperanzada y harta.



jueves, 22 de noviembre de 2018

Entrada del desarraigo.

Sentadita, esperando a que no se me acabe aún la batería, estoy, estoy sentada en una cafetería, la de los abuelos, esperando a que mi novio termine las labores del día, porque ya me quiero ir. ¿Será que me va a dar alguna enfermedad? Ojalá no, porque no quiero pagar por medicina. Odio la medicina.
La última vez que tomé medicina, no me fue bien.
Tengo frío.
¿Qué tanto ha pasado desde la última entrada?
Muchas cosas. 
Hemos cubierto eventos, hemos caminado como locos por las calles de Cuautla buscando comida, escuelas, gente, buscando más y más oportunidades. 
Dicen que uno se labra las oportunidades, eso dicen; yo siento que las oportunidades llegan y se brindan a ti. Habrá gente que piense lo contrario, ¡qué sé yo! Yo no sé nada. Cada vez sé menos del mundo, cada vez veo más de cerca el mundo matraca y cada vez me cae más gordo.
¿Por qué a gente se deja envolver por los sinsentidos de otra gente? ¿Por qué caen en engaños manifiestos?
No hay un salvador, no hay un mesías, no hay quien vaya a solucionar tus problemas, ni quien te vaya a proveer de justicia.

El salvador, el mesías, el solucionador de problemas y el dador de justicia eres tú mismo.
Cada vez me convenzo más de que la anarquía es el camino, ¿estoy loca? Quizás estoy perdiendo el camino, quizás no doy más conmigo, no sé. Yo nunca sé nada. Soy como un pozo sin fondo, un pozo donde todo se pierde, donde nada nuevo te puedes hallar, ¿¡qué si no!?

Me gusta vivir aquí, eso sí, me gusta el calor, la comida, las posibilidades infinitas, me gusta sentirme desarraigada y atada únicamente a los saberes de antaño. No sé si querría siquiera que mis abuelos se sintieran orgullosos de mí, ¿no es eso algo cursi acaso?

Caminante del desarraigo.

lunes, 22 de octubre de 2018

Fufú

Día uno:
Tormenta, mucha, mucha tormenta. ¡Se está cayendo el cielo! Qué bueno que estamos resguardados. La gata Isis está en nosotros en la camita. Las tormentas en Cuautla no son eternas, como las de la Ciudad de México, por fortuna. Bajamos a la cocina, porque tenemos hambre y sed. Escucho un maullido: Míau, míau, míau, más maullidos, míau, míau. Me asomo por la puerta. Hay un gatito que camina debajo del auto hacia la puerta de la casa, está mojado y asustado, ¿qué hacemos? Seguro su madre lo perdió por la tormenta, seguro él está perdido. Tengo higaditos para Isis y resuelvo darle uno. 
Se acerca sigiloso y come con hambre, con mucha hambre. No se deja agarrar y me tira un: ¡Fuuu!

Día dos:
Sueño que la gata Isis no está conmigo y que busco al gatito por todas partes y que, cuando lo encuentro, se ha convertido en un gusanito. Despertamos. Las niñas de la vecina intentan agarrar al gatito, pero él se escapa; se mete al terreno de al lado, un terreno lleno de maleza. No podemos sacarlo. Después mi novio dice que su maullido está más lejos; seguro se ha ido a buscar a su madre, cuando de pronto, lo escuchamos cerca, más cerca. Logramos que se meta al cuarto de lavado, le ponemos un caminito de comida y lechita tibia, come con voracidad. ¿Dormirá allí? Mi novio le había acomodado un cajón con periódicos, esperamos que así sea.

Día tres:
Despierto. ¿Estará el gatito?
Mi novio sale y ahí está, no, no está ahí, se ha ido y, después de poner el café, después de prender la bomba de agua y cerrar la puerta, el gatito está ahí, en el cuartito de lavado: "Ahí está", y sí. Le damos lechita tibia en lo que salgo con la señora del pollo para comprarle un retacito para alimentarlo. 
Se pone a jugar con una basurita, con un cajón lleno de papeles, ¡los ataca! Vemos que se siente cómodo. Voy con él, me le acerco, le tiendo las manos, las huele y zas…logro capturarlo. Comienza a ronronear como camión DINA, luego mi novio baja y lo pongo en su regazo también. Parece que el gatito que trajo la tormenta sí se quiso quedar.



¿Y la gata Isis? ¿Qué dirá? 
La gata Isis ya la ha olido a través de la puerta, no ha dicho nada. Esperemos que no se ponga celosa y es que, ¡¿cómo iba a dejar a un indefenso bajo las tormentas de esta temporada?!
La gata Isis también es buena, ¿verdad?? Por el momento, el gatito vivirá en el cuartito de lavado, es lo mejor.

Como la primera vez que lo quise agarrar, me dijo: Fuuuu, le he puesto: Fufú.



miércoles, 17 de octubre de 2018

Comunicación.

Tras un poco menos de una semana, he adquirido un teléfono móvil para seguir comunicada con el mundo exterior. Fue agradable tener unos días de cero ruido para pensar y hacer cosas que siempre quise hacer, como leer mi bella novelota o retomar la flauta contralto. ¡Sí que se me dificulta ahora!
Todo será cuestión de práctica.
Las depresiones avanzan lentamente, pero las combato con la hechura de comida y demás ensoñaciones; es lo mejor, ¿no?
Seguimos picando piedra; luego saldremos a desmontar un terrenito para emprender la aventura de la casa, la casita de una sola planta, porque no me gusta subir y bajar escaleras para limpiar. Eso se hará pronto.
Tenemos un montón de proyectos.
De eso se trata la vida, ¿no?




lunes, 8 de octubre de 2018

Espera

De nuevo en un café del centro de Cuautla, creando y trabajando, de nuevo. Y aquí sentada, de nuevo, pero ahora esperando a que regrese él de su llamada telefónica, o de su conversación, o de cualquiera cosa que esté haciendo. En espera.
En espera de un par de llamadas (ahora sólo me falta una), en espera de horas, de días laborales y laborables, en espera…¡Cómo se pasa el tiempo! ¡Cómo se viene la tarde!! Ya viene.
Y soñar que te debes maquillar porque te espera algo importante, quizás una cita de trabajo, quién sabe, pero soñar que no tienes maquillaje y que debes pedir prestado uno, pero que no te queda, que se te despega, hasta que alguien te dice que vayas de ti misma, así con tu ropa y sin maquillaje, soñar, ¿eso funcionará? ¿Eso funcionará en estas tierras? ¿Son necesarias, son importantes, son mis credenciales suficientes?
Pues quien sabe, espero que sí. Este momento de la decidia, de la esperanza total, de buscar y rascar, este momento que se alarga día con día, pero que en serio, espero en serio, que termine en algún momento para no terminar el sueño, o para comenzar uno nuevo. ¿Quién más querrá conquistar el mundo?
No quiero dudar de estos lares, no quiero, así como no quiero dudar de mis capacidades, así que continuaré con fe y esperanza, esa que casi no tenía años antes, pero que ahora hay, porque sí que la hay, ¿o qué más hay?
Estos sueños inquietantes, el colchón oreándose, una lavadora sin estrenar aún y muchas ganas de darle, pero con un dominguito previo para descansar de los pendientes, un dominguito retacado de amor y besos. Eso hay.
También hay sapos, iguanas, grillos y muchas mariposas.




miércoles, 26 de septiembre de 2018

Un año / Un mes / Destiempo. 19s

Aquí estoy, a destiempo de las conmemoraciones del 19s y del terremoto de 1985. Estoy alejada del ruido de la Ciudad de México y me gusta.
Hemos cumplido un mes y una semana de habitar en esta colonia de Cuautla, Mor. es esta calle sin pavimento, junto a un baldío, frente a un sembradío y atrás de una torre de agua. Nos sentimos felices, aunque, para ser verdad, nos hace falta ya el contacto con el mundo exterior, con la red, pues, pero pronto, ya pronto, espero, sino, nos seguiremos robando la internet de distintos cafés, mientas nos atascamos de cafeína.
Hace no mucho fui a mi antigua casa a hacer algunos asuntos, a charlar con la madre y traerme algunas de mis cosas. ¿Qué será de ella sin mí? ¿Qué será de esa casa sin nosotras?
Al regresar sufrí, pues me entró frío en el cuerpo y al llegar al clima cálido, no tenía más que la sensación de la helada mano de la muerte sobre mí. Sí, suena exagerado, pero eso era lo que traía. El frío no se me quitó, sino hasta el día siguiente, tras una caminata hacia la señora que vende el pollo.
Antes de esa incursión hacia las heladas manos de la muerte en el cerro que cada vez se pone más pesado y sucio, tuvimos a bien el conmemorar dos sismos: El del 19 de septiembre de 1985 y el del 19 de septiembre de 2017. 
Las cosas.
Cuántas cosas han cambiado para nosotros, los pequeños habitantes del centro de este país piñata llamado México, y no. El cinismo ha permanecido, los hurtos, los robos, la fraudulencia de los gobernantes. Todo eso ha quedado exactamente igual que hace 33 años, y no, porque hemos visto lo que ya se hacía y sabíamos cómo era y una gran mayoría se ha quedado con las manos abajo, mientras que los menos han hecho algo, quizá significativo, pero demasiado pequeño para hacer diferencia. Sí, hoy me encuentro pesimista, pero es lo que hay.
En estos lares de Morelos se ve que nada, nada ha cambiado, ni mejorado, tal vez ni empeorado. En estas tierras se pone de manifiesto cómo las mentiras están allí a la luz, cómo la gente las desdice y sabe las verdades, pero cómo hay poca posibilidad para la acción. 
Tal vez estoy siendo demasiado general, pero no tengo gana de ser específica; quizá sea mi dolor estomacal de tanto tragar.
¿Y qué haremos acá, además de crear un hogar y habitar la casa de nuestros sueños?
La Revolución, quizá, una pequeña, pero más que significativa: Me conformo con sembrar muchas, muchas semillas y ayudar a alguien… Ahora estoy siento optimista, será que hay que salvar algo de estos momentos donde hay un nudo en la panza.
Y ustedes, un año después del 19s, ¿qué salvan, se salvan??