domingo, 19 de noviembre de 2017

19 de noviembre o el ingrediente secreto es el amor (segunda parte)

La eterna enamorada: Yo. Y enamorada eterna.
Qué decir que no se haya dicho ya. Qué decir…nada.
Todo y nada.
Recuerdo ese día frente al laboratorio de biología, recuerdo haberle dicho y que él sólo me dijo: "¿Qué? No entiendo." Y se fue a clase.
Recuerdo los días que vinieron, días sin escuela y que esperaba una respuesta, cualesquiera que fuera, aunque en realidad esperaba que me dijera que sentía lo mismo.
Lo que vino después ya no importa; ya no importa porque él ya está conmigo, y lo estará todo lo que resta de esta vida, porque así él lo quiere y así yo siempre quise. 
Las cosas se mueven, fluyen, los sentimientos cambian y permanecen a la vez. 
Antes ese amor era una llamita necia y constante. Ahora se ha convertido en un fuego abrasador que todo arrasa, todo y a todos. ¿Será que el amor es como un hogar? ¿El mío así es?
Es constante, eso sí, ha sobrevivido años, muchos años, muchas relaciones, kilómetros, calores, fríos y vientos. Este amor es grande y bonito, es vasto, avasallador, aplastante, comprende desde mis chinos hasta más abajo del suelo que pisan mis pies. Mis pies, esos que él ama y mis chinos, los que se enredan en los dedos amantes.
Mi cabello que ahoga.
¿Y qué hice ese tanto amor hace tantos años? Me lo comí. Lo fui digiriendo día a día, mes a mes, año con año, se fue lavando, secando, humedeciendo, hinchando, descosiendo y renaciendo, hasta que un día, 14 años después, la respuesta que esperaba ese 19 de noviembre, resultó ser la que quería oír.
Tanta vida, tanto recorrido.
¿Vale este aniversario?
Lo vale para mí; eso es lo importante.
Y mientras siga constante este amor, lo seguirá valiendo, porque ese fue el día en que por primera vez me atreví a demostrar lo que siempre negaba, a decir aquello bien guardado, a sonreír nerviosamente y expresar lo más hermoso, (aunque días después el resultado no fue del todo favorable).
Este 19 de noviembre con este amor vasto y los tiempos transcurridos soy otra, más que la misma y sigo queriendo, amando, deseando y esperando a que la vida me sorprenda y me lleve por donde menos había esperado, a su lado, siempre.
Ay, de este amor tan grande y abarcador, que en todo está, ¿dónde más irá a parar?


domingo, 5 de noviembre de 2017

La última vez

He decidido que esta temporada será la última vez que haga mis pays de calabaza. ¿Por qué? Será la felicidad, o la infelicidad. Será que ya no vale la pena, o sí.
La luna me está sorprendiendo gratamente desde mi ventana. La luna no tiene brillo propio. Nunca la veo dese la ventana norte. Ha de ser que todo ha cambiado y tanto ha cambiado, que he decidido que esta será la última vez, el siguiente año ya no hornearé para venta, por mi vida, por mi cansancio, por mi sueño. 
Será la última temporada porque me es más cansado que satisfactorio. (Gracias luna por seguirme iluminando). Lo será porque no le veo más caso, porque quiero y necesito dedicar mi tiempo a mis cosas, especiales y no, a lo que creo que soy y a lo que soy.
Yo no soy lo que hago; yo no soy lo que estoy haciendo.
Esta temporada será la última en la que venda pays de calabaza. Eso no soy, esa ya no soy.
El amor es el ingrediente secreto, dije, pero el amor ya no está más allí.
La luna ya casi no se ve desde mi ventana; ha subido en el horizonte.


domingo, 29 de octubre de 2017

El ingrediente secreto es el amor.

Pocos comprenderán el porqué de estas palabras.

Cuando hago un postre, sea capirotada, pan de elote, pan de plátano sorpresa, flan o toma mi gama de pays, de queso con mermeladas, de pera, de manzana, de calabaza, cuando hago un pastel de cumpleaños especial y personalizado, tengo un único propósito: Complacer al otro, darle un bello recuerdo, llenar un momento de buen sabor y darle, también, un poco de mí.
Aprendí a hornear por el deseo de la cosa dulce después de la comida; quería hacer algo bello y sabroso, porque lo dulce tiene que ser, además de delicioso, vistoso, sino, no es lo mismo.
Hornear implica seguir instrucciones precisas, tener paciencia y calma, soportar cansancios y tener el cuidado necesario para que salga rico.
Para hornear no se necesitan máscaras ni apariencias, todo lo contrario: Es honesto, es sincero. 
Cuando lo hago, sólo soy yo y la motivación de que salga lo más perfecto posible y agradar paladares.
No estoy escribiendo esto con ánimo de presumir.
La mezcla de ingredientes y la magia de su cocción es como el amor mismo, la hechura del amor. Se requiere paciencia, mesura, dosis precisas, cuidado, gusto por el placer, armonía y consciencia plena.
Cuando uno se aburre de hacer cierto postre, es mejor descansarlo un rato, para que, después vuelva a salir gustoso. 
Es es y se sabe y no puedo exactamente escribir lo que estaba pensando.

Ante el temor y la incertidumbre, ante la zozobra y el desamparo, queda bien, o tomar la acción, o tomar consciencia. ¿Qué ha estado pasando? La acción me llenó de energía y de cansancio; la consciencia me va dejando esperanza y razones para seguir.
Esta tarde hubiera sido realmente gracioso dejar la horneada a medio hacer y desaparecer de este mundo matraca, pero no lo hice, y no lo hice por el amor que hay en todos lados, por el nuevo proyecto, por la vida nueva después de la destrucción del pequeño mundo.
Será necesario vivir según la consciencia que se ha ido despertando, aunque me sienta un poco aislada del resto, y no.
El nuevo lugar desde donde me dispongo a verlo todo tiene caos y orden y orden y caos, tiene esperanza, generosidad, egoísmo y valor. Tiene más abrazos, cuerpo, miradas,  placeres, preguntas, también tiene respuestas. Quisiera que ese lugar fuera la respuesta.
¿Qué pasó después de la gran sacudida? Simplemente somos parte de un gran todo y la forma de aceptarlo y lograr vencer al terror es abrazarnos con el todo, entregarnos a Natura, sentirla verdaderamente. Y cuando se le siente, se puede expresar de diversas formas lo que es ella, tanto con grandes actos heroicos, como con las más pequeñas acciones.
En esta empresa, en la que sigo mientras permanezca en este mundo matraca, me dedicaré a las más pequeñas acciones, las tiernas y dulces, al Arte y a la horneada, porque ambas son de mí para el otro, para agradarlo o para provocarlo, para complacerlo, para deleitarlo o, incluso, incomodarlo. Así he sido siempre, creo, pero ahora ese será mi camino, porque ese es el camino del amor y de Natura.

Cuando hago un pastel, un pay, un postre, lo hago con deseo de agradar paladares y de plasmar allí algo muy de mí, el amor que jamás digo, pero que siempre está allí, loco, lastimado, bullente, silencioso, increíble, grandilocuente, discreto y siempre auténtico.

Pan interesante de elote.

Desde allí comienza todo.

martes, 26 de septiembre de 2017

Un pay de pera y las variables.

Varias veces leí crónicas sobre el temblor del 85, cómo muchos salieron corriendo, otros se les hizo tarde, cómo el 19 de septiembre de 1985 fue un día que se no sucedió. Nunca creí vivir algo parecido y menos en una fecha tan similar: 19 de septiembre de 2017, el día que no sucedió, que se canceló. 
No sé si aún estoy lista para escribir algo al respecto, pero ahí voy, porque es necesario para la mente.
Ese día iba a salir más temprano de lo que acostumbro para ver a un viejo amigo, iba a venderle un pay de pera. La noche anterior nos habíamos puesto de acuerdo, nos citamos dos horas después de lo que ya nos habíamos citado, gracias a ello, el temblor no me tocó en la calle y estuve en casa para atender la peligrosa emergencia que surgió.
La noche anterior mandé emails, busqué lista de regentes de la ciudad e invité a una amiga a mi recital de Lied alemana, el cual, por obvias razones, se pospondrá. El día iba a transcurrir según lo planeado.
A eso de las 12 del medio día comencé a ensayar mis Lieder, dos vueltas por canción, un poco desganada, por alguna razón, que ya no recuerdo, mi voz estaba cansada, pero aún así, había que estudiar y no perder condición. Cuando terminé de cantar, apagué mi pista y me quedé un momento mirando hacia la esquina de mi cuarto, decidiendo qué hacer en los pocos minutos que me quedaban antes de bajar a comer, cuando de pronto sentí, oí, el gran azotón de la tierra, todo era ruido. Tuve unos segundos para pensar en qué bajar, tomé el celular, mi reloj, busqué las llaves en su cajita, pero no las hallé, bajé corriendo las escaleras y saqué a la chica que nos ayuda en casa, que el agua de llave abierta, ni modo. Nos quedamos en medio del patio, sintiendo, mirando, cómo todo se estremecía, cómo la casa y las ramas de los árboles no paraban. Traté de calmarla. Nunca en mi vida había sentido un movimiento tan violento.
Cuando terminó aquello, aunque dijeron después que aún no había parado, entré sola a la casa, cerré la llave del agua y apagué la estufa que estaba encendida, entonces, oímos un ruido espantoso, ¿qué era eso? Subí a ver, pensaba que se había roto una tubería y no, era el tanque del oxígeno de mi madre, se había caído y roto una válvula y el oxígeno salía ruidosamente. Lo levanté y no supe que hacer. Bajé de nuevo, pensando en una explosión. Llegó un vecino, me dijo del sonido y le pedí una llave para cerrar el tanque. Subí de nuevo y vino a mi mente la imagen de la válvula de arriba y pude cerrar el tanque.
Después de tranquilizarnos un poco y ver que estábamos incomunicadas, salí a buscar un teléfono público para avisar que estábamos bien y localizar a mi madre, porque trabaja en Fray Servando, en un edificio feo y viejo, de esos que la SEP acostumbra rentar para que sus empleados trabajen. Caminé hasta encontrar el único teléfono de monedas funcional, porque la gente del Ajusco acostumbra romper los teléfonos. Estábamos varios intentando localizar a los nuestros, todos en la angustia. Llamé a casa de mi novio, ahí me contestaron, pero había salido. Llamé al celular del Huehue muchas veces, hasta que me conectó. Me dijo que mi madre ya venía en camino y que él estaba atorado en el tráfico. Llamé de nuevo a mi novio y me dijo cómo se veía todo allá abajo.
La tarde fue silenciosa y larga. Mi gata estaba muy asustada y se escondió abajo de las escaleras. La saqué y nos fuimos a recostar al sillón del estudio porque se negó a estar en mi camita. Tuve miedo de mi cuarto.
Llegaron todos. Mi madre y yo envolvimos el tanque del oxígeno en una cobija. Nos dormimos.
Al día siguiente no podía pensar, no podía seguir nada, olvidaba donde dejaba las cosas, tenía sueño, pero no dormía, tenía hambre, pero no terminaba mi plato, me molestaban los ruidos fuertes y, para colmo, mi gata seguía muy asustada. Me quedé en el estudio todo el día, hasta que en la noche pude hablar con mi novio. Se armó la brigada.
Primero organizó a sus alumnos de la UAEMEX, que se fueron a Ocuilan, me parece,o tal vez no, y luego se coordinó con unos chicos del Poli, de la escuela de medicina y homeopatía. La cita era a las 12 del día en Tlalpan y Periférico para salir a Morelos.
Gracias a una bella amiga, se consiguió transporte para los médicos, mas no llegaron nunca. Tuvimos que salir del Tec de Monterrey con varios carros llenos de despensas, pero sin personas. Nos dejaron en Totolapan y de ahí, mi novio y yo, experimentamos la magia de los hilos que unen a la gente. 
La Brigada Fantasma se terminó de armar en Tlayacapan, Mor., estuvo conformada por los de 30 y tantos, mi novio y yo, profesores y 7 estudiantes de la ciudad de México y Morelos de entre 19 y 23 años. Nos llevaron a Tetela del Volcán y ahí estuvimos en remoción de escombros, mientras mi novio también coordinaba los otros grupos que salían de la ciudad y llegaban a diversas poblaciones de Morelos.
Él sentía que hacía poco, porque no llegamos con médicos, pero después vimos como el hecho de ir de avanzada logró que varios grupos viajaran hacia allá y se pusieran a ayudar. Sólo faltaba el primer impulso.
Agradezco infinitamente la vida que me ha tocado recorrer, las vivencias, el carácter demoniaco que tengo, que tenemos, su paciencia, mi capacidad de soportar el desgaste físico, nuestros recorridos de curiosidad en la ciudad, nuestras vivencias en campo, el hecho de que ambos hayamos tratado con chicos de 17 a 25 años en clase.
Todo se fue acomodando y fluyendo. Nuestros miedos cesaron. 
Nuestras vidas son otras ahora. Hemos comprendido, experimentado, cómo es que los hilos se juntan, nos atan y desatan, cómo nuestros caminos se van haciendo hacia un propósito y luego otro y otro, y, sin notarlo, vamos construyendo cosas hermosas.
Somos esas variables que destruyen, ejecutan, edifican, detienen, que sufren y gozan. La Madre Naturaleza, la constante. Responsables somos y acciones debemos tener, para bien, de preferencia.
Falta mucho por hacer. Y en eso seguiremos.
Somos otros, nuestro mundo se acabó y comenzó otro no exactamente igual, porque en nosotros está el mejorarlo.




domingo, 10 de septiembre de 2017

Una loquilla

Hoja en blanco.
Pensamientos acostumbrados.
Ruido. Silencio. Comodidad. Angustia.
Yo no sé qué son los celos, los conozco. Son la puerta del tormento del inseguro, la alarma imaginaria, la pesadilla y el reproche a media noche. ¿Decía que no sabía qué eran los celos?
Recuerdo esa vez de sueño, el llanto y el castigo por algo no cometido.
Pero hay una diferencia grande entre la opresión en el pecho de los celos y el drama a gran escala. 
¡Qué voy a saber de ello! Si todo eso quedó en el pasado remoto, muy remoto. ¡Qué voy a saber, si no lo recuerdo!
Yo no, pero sí mi cuerpo. No tiene la culpa la música, sino el evento. El acondicionamiento…
Y si he despegado es porque he querido, no importando nada, más que mi propia vida y mis placeres. Si temo, debo aguantar y seguir adelante, no hay manera de detenerse. Si caigo y me lastimo, no habrá sido la primera vez, la primera vergüenza o el primer desazón.
Y ya estoy volando y se siente bien, pero ahora temo el azotón, la dureza del suelo, que la inseguridad me carcoma. No hay mucho seguro, a veces nada, pero sigo volando.
Sólo espero ser suficiente.
(Sí, a veces me dedico a no ser clara.)


miércoles, 6 de septiembre de 2017

Las cosas simples.

Me gustan las cosas simples.
Pensaba que todo se debía al estilo de vida heterosexual que he estado llevando y no, es algo más complicado, mejor dicho, complejo. La idealización de alguien y no mirarlo aquí en la tierra. ¿Cómo se pueden acercar dos seres si no están en el mismo plano? 
Pon los pies en la tierra y mira mis ojitos, luego mira mis pies y bésalos, pero bésalos porque son míos, soy yo y es mi cuerpo. Bésalos porque me amas y no porque puedo darte algo a cambio, ¿qué podría yo darte que no te he dado ya? Sí, supongo que más. Tampoco es cuestión de alardear y decir que soy la mejor, que soy infalible, porque no, no lo soy. Afortunadamente he sido falible toda esta vida y eso me ha hecho ser quien soy.
¿Qué es el amor romántico? ¿Cómo se ama románticamente? ¿Cuál es el estereotipo de amor, del enamoramiento? ¿También hay estereotipo de la pasión? O todo es simplemente un tipo de, una tipología del amor, de lo romántico, del enamoramiento, de la pasión. Muchos lo han hecho ya y no sé si estoy calificada para hacerlo también. 
Me hundo en mis sueños y veo puertas, un baño, frío, charlas, ganas de no estar allí. No es un lugar cerrado, tampoco abierto. No sé siquiera si sea un lugar. ¿Tampoco sé si es amor? ¿Cómo puedo estar segura de que lo es? No, de eso no he huido nunca, ni me da miedo, ni creo que lastimará (aunque lo sé), pero no me importa. Si lastima, así será (¿estaba escrito?), o son las decisiones mismas, las tomadas a tal grado de consciencia, que se sabe por antelación el resultado posible. 
Mientras tanto, a gozar, que el mundo se va a acabar.
Me gustan las cosas simples, aquéllas que hacen feliz en un instante. Las comidas sabrosas, bien sazonadas, los lugares calientitos, el chocolate verdadero, igual que el café. Podría corregir y decir que en vez de gustarme las cosas simples, me gustan las cosas auténticas, aquéllas donde no es necesario alardear el valor, donde a simple vista, gusto, olfato, tacto, se sienten.
No quiero la elaboración y lo fingido, no quiero lujos innecesarios. El verdadero lujo es gozar del amor, la compañía, las cosas, la vida, sin complicaciones ni presentaciones suntuosas, que lo suntuoso ya es uno mismo.
Ama.



viernes, 1 de septiembre de 2017

Supuesto aniversario

Divertido, muy divertido el ver la insatisfacción, la irresponsabilidad, la inmadurez emocional de la que hace gala aquél que un año atrás me pidió negarlo tres veces (o algo así). Más que gracioso, es penoso, penoso el ver cómo oculta algo que no es nada, ni lo fue en ningún momento, porque era fugaz y mero divertimento, no más. ¿Cariño? Sí, tal vez hubo, pero no el suficiente como para tambalear mis relaciones o poner en perspectiva mi vida.
En realidad no es nada, no fue nada. ¿Lo extrañé? Sí, como se extrañan los buenos momentos o quien aguante tus malos pensamientos.
Ni modo, ¿qué se le va a hacer? ¿Qué puedo hacer ante una persona maniatada por su propio gusto?
Y pensar que yo… (no termino la frase).
Cual si fuera realmente importante y no; quien fue importante aún está, o no, pero estuvo. ¿Quién de ustedes es capaz de hablarle a una desconocida para preguntar si aún tienen contacto con su pareja en turno por celos de algo que pudo o no haber pasado cuando no se estaba o se mantenía relación con con la dicha pareja en turno? Y usted, pareja en turno, ¿es incapaz de sosegar a la fiera que se ha despertado por las imaginerías de terceros? ¿Qué tanto mal le ha hecho que no puede ponerle un alto?
Pobre tonto.
Mejor sigo con mi camino, este lleno de sorpresas y pequeñas satisfacciones, lleno de luchas, campañas, empresas y amores. Lleno del todo y la nada y de las maravillas causadas cuando los caminos verdaderamente importantes se juntan.
¡Qué más quisiera ese pobre tonto el tener la libertad de amar de los modos todos en los que se puede amar!
El modo honesto. El modo silencioso. El modo extravagante. El modo nihilista. El modo sibarita. El modo libertario. El modo desprendido. El modo que a uno le dé la gana.
Lo siento, tú que fuiste amigo, por estar ahí, en el no modo.
Mientras tanto yo, en mis ensoñaciones varias, seguiré pensando gratamente en nuevas y viejas formas de ser mí misma; me seguiré mostrando cada vez más tal cual soy, no tendré más empacho, porque sí, un amor, un cariño, la enunciación del mismo, me hace más segura, confiada y relajada.
Ahora puedo ser yo.



lunes, 17 de julio de 2017

De la capirotada del amor.

Regreso de un viaje bien planeado y placentero. Conozco gente nueva. Conozco un lugar no conocido antes. Me duermo. Despierto. ¿De qué tanto hemos hablado? De toda nuestra vida y obra, de los deseos, la vida, los sueños, ni tan sueños. Hemos hablado de hecho, energía, voluntades. Todas las voluntades sin falta. Esas voluntades que son dueñas de nuestros errores y aciertos. sí, de eso hablamos.
Los pequeños detalles, los que construyen esta vida. ¿Qué es lo trascendental? ¿Acaso importa?
O será que vinimos a esta vida al puro gozo, ¡quién sabe! No sé quién en verdad querría saberlo o, ¿qué tal si sabemos la respuesta a todas las preguntas del universo y no nos gusta? Sí, lo sé, eso ya ha sido escrito.
A veces olvido los lazos importantes porque se me remoja el cerebro de tanta lluvia sin ton ni son, por esta lluvia de va de arriba a abajo y que enfría las articulaciones. 
Nada como un pequeño viaje para reconocer a las personas hermosas, las acciones, las fortalezas, todas esas cosas de las que nos hemos ido construyendo: El valor de los años. ¿O será del tiempo? Sé que todo esto puede no tener sentido, mas poco me importa.
Pocos y muchos saben que cuando hay un conflicto anímico en mí, lo mejor que puedo hacer es capirotada (pan endurecido, miel de piloncillo, canela, coco, pasas, nueces varias, queso). La mayoría de las veces funciona, pero esta vez no solucionó todo, quedó un poco de aquello que lastima, aquello que encuentro cuando miro fijamente mis ojos en el espejo, lo que juega en mi frente cuando dejo que mis pensamientos se estanquen, eso que he dicho y que, de alguna forma, no ha llegado del modo adecuado al receptor.
Lo cierto es que, entre más conflicto anímico haya en mis emociones, mejor sabor tiene la capirotada y esta capirotada, salió riquísima…sin embargo…
Algo quedó atorado, algo detonó el dolor y el silencio.
Nada como los nuevos aires para mirarse y poder hablar de sí mismo, reconocerse, conocer al otro, mirar con los mismos ojos esos otros ojos, transformarse. Sonreír al saber lo valioso que es tener un amigo entrañable que siempre estará allí, a pesar de las distancias, los tiempos, los estudios, los hijos; y al saber que siempre se podrá conocer con aún más
profundidad a alguien.
Estaré feliz al mirarme en el otro y escuchar las maravillas que puede decir de mí.
Estaré feliz de ver nuevamente al verdadero amor, estar allí para él, tratar de darle un poco de mi felicidad.
Regresé muy feliz.

Centro Cultural Mexiquense Bicentenario.

lunes, 19 de junio de 2017

Del presente. De la religión.

De la religión. 
No sé de qué sirve tener una religión si no se tiene fe verdadera, si se cumplen con los pasos por mero lujo, si te escudas en ella para juzgar a los demás, aquéllos que tú piensas que no son como tú, que no son iguales, que son inferiores a ti. Sí, quizá también estoy juzgando, pero muy desde mí, no escudándome en algo que alguien dijo que dice, porque no, tampoco te has metido a leer y a investigar. No sé de qué sirve decir que se es de tal o cual religión, ceñirse a preceptos caducos, llenarse la boca de jesuses y dioses y no ver lo que está alrededor. 
¿Qué me molestó?
Un hombre que se subió al transporte público a gritarle a la gente que por pensar estaba pecando, un hombre que citaba libros del viejo testamento, o eso creí oír, para decirle a los usuarios de dicho transporte cuán mal estábamos en la vida. ¿En serio? ¿En serio esa gente no puede ver la bondad en el otro? ¿No puede ver la verdadera conexión, los hilos de colores, esa Herrlichkeit que abraza?
Creo que no.
¿Qué más me molestó?
Una niña que, presumo, está haciendo la tortura del catecismo, platicando gustosa de lo que vio y tiene que ver en sus lecciones, del viejo testamento, también. La niña se veía emocionada y contaba sin cesar a sus padres, mientras éstos no la escuchaban, no la miraban, estaban absortos en el celular, viendo quien o qué les había respondido alguien en su red social. ¿Para qué llevan a la niña a clases de religión si ellos no se interesan, ya no tanto por la religión, sino por su propia hija?
De verdad que no entiendo a la gente, a toda esa gente que dice tener una religión, que dicen que cumplen con ella, que gastan mucho dinero en las fiestas, las ferias, las misas. No los entiendo, no veo cómo llevan su vida a través de la culpa y de juzgar a los demás, a través del amor de dientes para afuera y no de la verdadera aceptación. No entiendo cómo no pueden ver la belleza de este Mundo y cómo su pobreza es tal que sólo recurren a su divinidad cuando se encuentran en dificultades. Es eso. Justo es eso.
La incapacidad de reflexionar sobre la que dicen es su religión da por resultado pobreza mental. Qué triste.

Del presente.
Un día, una hora, un minuto, un segundo. Respirar y estar en el momento, sin viajes al futuro, sin imaginaciones, sin planear nada más allá de lo que se come en el momento, lo que se hace, lo que se vive y simplemente disfrutar. De eso se trata ese juego, del momento. El momentum. Y no desear nada, más que el otro esté bien, que el otro siga siendo amable, que el otro esté en disponibilidad. Ah, pero los momentos. El momentum. Cada precioso detalle, el tacto, la mirada, lo dicho y no dicho. Lo escuchado, cada acto, cada gesto, la confianza o responder a las preguntas apasionadas que tal vez no se deberían haber hecho y, sin embargo, se hicieron, por la incertidumbre del futuro y del presente mismo, por la necesidad de solidez. El presente y la solidez, la inexistente solidez, porque sí, la vida parece ser líquida, fluye y, mientras se mueve, todo estará bien.
Unos dirían que nada hay nuevo bajo el sol. Yo diré que siempre será mejor si fluye y si se siente bien.
La belleza

domingo, 11 de junio de 2017

Un once de junio.

En silencio, después de haber visto una película sobre las posibilidades de la vida, con la gata maullando a un lado, me dispongo a escribir sobre este once de junio y sus maravillas, sus milagros, sus hallazgos y esperanzas. 
Veo que la gata se acomoda, porque quiere calor, porque es adicta a hacerme compañía y porque ya está vieja. Ronronea. Siempre que la gata yace junto a mí y exige que no me mueva constato lo que es el amor verdadero, el de los ojos de la plena confianza y la última mirada antes del fin del mundo, ese fin del mundo que sí nos llegó y que pocos percibimos. Corazón.
El once de junio es el día de mi Amor. El día en que recuerdo que alguna vez estuve locamente enamorada, que lo seguía y perseguía con la mente, los ojos y eventualmente mis piernas. Es el día que alguien más escogió para que naciera y el día en que se funda mi amor.
El día que no es el día porque es un error, pero es el día porque deseo, y siempre deseé, que lo fuera (el amor, no el error), es el día que se marca mi eterno amor, mi deseo, el sueño, la esperanza y la fe, esas que estuvieron dormidas bajo kilos y kilos de realidad y negación, pero que siempre, como yo, estuvieron allí, expectantes.
Ese salto de fe que siempre me había negado a dar, que me mata de miedo, ese salto es el que me mantiene aquí y ahora junto a él, el que siempre ha sido mi sueño y mi deseo, él, el magnífico entre todos. Corazón.
¿Qué es el Amor después de todo? No es el negar lo malo, lo sucio, lo doloroso, es sumarlo y justo ponerlo al lado de lo maravilloso, lo impoluto y lo placentero. El amor es una mezcla rica de todos, como un batido de fresa con notas de amaranto y una cereza fresca encima, como un buen café aromático y cargado, bien negro como mi alma, revitalizante.
El amor es llegar a prisa a ver a alguien, llevarle cosa rica, es la risa a la distancia, la entera mirada en los detalles más hermosos sin que el otro se de cuenta y el amor está en todas partes, en todas formas, en todos los sabores. 
Aunque unos digan que eso no es cierto, aunque unos nieguen que son capaces de experimentarlo, aunque todo esto se lea cursi, esto es el Amor y más, porque entre menos pienso, más maneras encuentro de decirlo, de decir que el amor es una cama suave o la firme pared que todo lo sostiene, dejar dormir al otro o impedir que el sueño interrumpa las pasiones, salir a jugar y tomar un helado o sentarse a ver televisión y comer una hamburguesa. El amor es compañía, comprensión, entrega y confianza, esa plena confianza que me hace llorar en la novela de Kundera. 
¿Será el amor eterno retorno, así como año con año está en el calendario, sin falta, un once de junio?
Sólo sé que el once de junio es el día de mi Amor y que ninguna tormenta emocional me arrebatará el sosiego de saber que el Amor, ese que siempre quise, está conmigo.

El amor

domingo, 21 de mayo de 2017

Lo que es la nada.


Una pregunta sin respuesta, hecha a la ligera, pero que encierra los secretos y silencios, los tesoros mágicos y realmente bellos, tan bellos como mirar a un gato lavarse la patita, con los ojos entrecerrados y luego acomodarse entre los libros y apuntes, para seguir dormitando y acompañarte en el placer intelectual.
¿Qué es la nada o la responsabilidad de amar al otro, de cuidarlo, de procurarlo, de no mentir ni engañarlo, de serle leal y procurarle cariños, ternuras y mimos.
¿De qué trata todo aquello que está encerrado y que de pronto dejamos salir? ¿Para qué compartirlo? ¿Para qué sacarlo a la luz? ¿Para qué hablarlo? ¿Para qué decirlo? ¿Para qué enterar al otro de los temores más profundos?
Y ¿para qué seguir escribiendo?
La responsabilidad de cuidar el corazón del otro es de una sola persona y las decisiones que se tomen siempre afectarán al otro, se quiera o no, por eso siempre es mejor que el otro esté enterado de lo que se hace, para evitar engaños, para no romper la confianza. En caso de que no se le vea el caso decirle al otro los actos que podrían atentar contra la relación, ¿qué tan seria y verdadera es ésta?
Sólo pude manejar todo con respecto a las posturas, a mantenerse firme en el dicho y no cejar, ni dar marcha atrás en el proyecto y, he de confesar, que lo he dicho también un poco por mí, por mantener mi fe en lo que hemos estado construyendo, en el proyecto de vida que hemos planeado y en lo que siempre quise y anhelé. Porque no hay motivo verdadero para detenerlo, porque lo otro son meras ensoñaciones y gozos, tardes para el recuerdo.
Quizá peco de fría, quizá peco de caliente. Una cosa es todo lo que uno puede imaginar y otra la más pura realidad, aunque ¿qué es la realidad? Esa pregunta sin respuesta que a veces está hecha a la ligera y a veces no tanto, pero que encierra los miedos, esos que uno decide compartir y que te atormentan.
Y sin embargo, aquí sigo, haciendo lo que me propuse y cumpliendo lentamente las metas— dichas y no dichas, dichosas y no—que me propuse al iniciar el año.
Lo más interesante de todo esto, son las personas que inesperadamente se están acercando a mí, esos hilos de colores que se unen en este precioso momento de la vida. 
No puedo más que gozar el momento y abrazarlo muy contenta; y seguir recordando el momento en el que no se pudo expresar nada, porque era nada el pensamiento.




sábado, 4 de marzo de 2017

Para la gata Isis

Hoy cumple años mi gata Isis, cumple 13.
Yo no sé qué piense, o si sienta el peso de su edad, quizás sí, pero no le importe, porque le gusta más dormir. También le gusta tomar el sol, pero lo que creo que más le gusta es dormir mientras toma el sol.
La gata Isis solía salir por semanas enteras y regresar toda llena de espinas o empapada; me llamaba desde la ventana para que le abriera y luego corría hacia la comida, para después dormir y comer y dormir.
Conmigo casi no platica, pero con las visitas sí, sobretodo si ellas platican y le dan su atención. No es que yo no le de mi atención, más bien le doy comida, besos, apachurros, sopapos, nalgadas, zarandeadas, apretones, calor, comida, agua, la cepillo, limpio sus cacas, le rasco la panza, las orejas, la nariz, soy esclava, pues, pero lo hago con mucho gusto.
No sé si la gata Isis me quiera, yo creo que sí, pero yo sí la quiero y mucho, aunque pese 6 kilos, la gorda, y se dedique a dormir y pedir algo.
Isis cumple años y le agradezco de corazón compartir su vida de gata conmigo casi, ca-si, desinteresadamente.
¡Miau!


viernes, 3 de febrero de 2017

Nudes y autocensura.

Haría una lista de todas las cosas que no digo en las mentadas redes sociales y hasta en la vida real, pero no sé, supongo que me sigo autocensurando, que no quiero que la gente vea-lea lo que pienso y que hasta me dejen de hablar por decir que pienso, como…
Que eso del veganismo es una tontería, que tenemos colmillos por algo y que si quieren ser veganos, que no vegetarianos (ovolacteovegetarianos) aprendan a cultivar sus alimentos y a cocinarlos de manera deliciosa, para que no anden siendo timados por los restaurantes carísimos de esta y otras ciudades.
Que la segregación en los vagones del metro y metrobús en esta ciudad piñata es una total tontería, porque sería mejor educar a los machos a respetar a las mujeres, no como si fueran su hermana o su madre, porque seguramente, no las tratan del todo bien, sino como si fueran sus iguales. Además, ese chistecito de poner vagones exclusivos para las mujeres a todas horas les da el permiso a las señoras horrorosas de ser groseras con los hombres, no importando su edad y condición social.
Que no entiendo que la gente hable de un dios cual si fuera una persona, o tuviera figura humana. Si dios existe, ¿no tendría que ser un algo mucho más grande y no un humano-persona? Asumir que el dios cristiano es como una humano (y luego un humano blanco y barbado), es ser irrespetuoso con la Naturaleza, puesto que el ser humano es parte de un todo, un todo llamado planeta Tierra y en ella todos estamos, animales humanos y no humanos, todos los seres vivos y no vivos. ¿No es acaso petulante asumir un dios con forma humana? 
Que sí, el aborto es una decisión personal, que no cualquiera lo hace, que no es fácil de tomar, pero que es bueno tener esa opción. Y no, antes de las mentadas 12 semanas, no es un bebé lo que se gesta; un bebé es el pequeño animal humano que ha salido del útero y ya usa sus pulmones por sí sólo (de preferencia).
Que esa tontería del lenguaje incluyente no es otra cosa que resaltar la discriminación. ¿No acaso somos iguales? Si la lengua española dice que el plural en masculino abarca ambos géneros del sustantivo, ¿no es eso acaso verdadera igualdad? ¿Por qué marcar la diferencia entonces? Pareciera que los baños de pureza y la mochería de este país piñata están directamente encaminados a la sobreprotección de la Mujer.
Que no mando nudes tan fácilmente, pero antes sí lo hacía, antes, cuando la gente sabía llevar una conversación y no sólo le interesaba la inmediatez de las redes. (Malditas sean). Y sí, me gusta mandar nudes, me gusta poner fotos sensuales de mi cuerpo y presumirlo, porque me gusta y es mi decisión hacerlo; sin embargo no lo he hecho tanto porque la gente tiene miedo de ver a alguien que conoce en persona en cueros.
Aquí la nude…

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Me he cansado de tanta autocensura. Me he cansado de tanta idiotez en las redes sociales. Me he cansado del mundo de las apariencias y a la vez, a veces, me gustaría presumir, como los mortales, mi vida y obra, mis amor, mis orgullos, mas no lo hago porque sé que no lo vale y porque la información personal es valiosísima. Aunque a veces, sólo a veces…

viernes, 14 de octubre de 2016

Este corazón desvalijado.


Tras un viaje apresurado, incómodo y poco reconfortante. Tras conocer por segunda ocasión el país vecino del sur y mirar a través de él mi propio país, he de decir que la vida acá no es tan mala, ni esta parte del 3er Mundo lo es, no así sus habitantes, por ellos no meto la mano al fuego, (lo siento connacionales), porque sigo viendo cómo las voluntades son destruidas por lo que dicen los Medios, todos, la televisión, la radio y la internet, porque se paralizan con el exceso de información que hay en la internet o se quedan en el limbo y en el fácil entretenimiento sin reflexión que otorga la televisión. Pero bueno, este no es el motivo (votivo) de esta entrada, ni siquiera el del describir lo bello que se ve el atardecer a través de mi ventana y cómo, al mirar hacia la cazuela donde se ubica la gran urbe llamada ahora Ciudad De México, puedo ver cada vez menos de ella, gracias a unos majestuosos árboles que crecieron sin que me percatara. No. (¡Cómo extraño mi DF!)
                       
Allá la mentada CDMX que ya no se mira por tanto verde.

El motivo de esta redacción, que, espero no hacer demasiado enredada es el de hablar de y por mí, porque yo no soy como los otros, porque me defiendo de las agresiones externas metiéndome en un bello caparazón, en un mundo interior, como dice la canción favorita de una gran amiga del show televisivo 31 Minutos. Pero ¿qué pasa cuando este mundo interior tan precioso sufre un desperfecto? (Qué bella se ve la puesta de sol) o, mejor dicho ¿qué pasa cuando el exterior te agrede de tal forma que no te queda de otra que refugiarte en tu mundo interior, pero éste tiene una gran y absoluta ausencia? 
Lloras y lloras desconsoladamente, por las tardes, por las madrugadas, cuando vas al lugar laboral, cuando recién sales de la ducha. Lloras y no poquito; lloras mucho y fuerte por su falta, por tu falta, por tu error, tu descuido, porque sabes que no volverás a verle. Mi Bolillo. (Sé que es un objeto, un osito muy bonito y blanco con brazos y piernas largas y un moñito rojo, lo sé, sé que es un algo y no un alguien, pero tenía algo más allá que fibras sintéticas y forma de juguete: Un alma bonita.) ¿Qué se le va a hacer si ya no está, si no me esperó en el aeropuerto, si alguien lo levantó y no lo llevó a objetos perdidos y se lo quedó consigo, haciendo que yo me convirtiera en un mar de lágrimas, ya muy cansado de serlo, mas irremediablemente seguir siendo?
Este corazón desvalijado no deja de culpar mi descuidada persona, mi correr por las escaleras, mi falta de atención por esos diez minutos en la fila del bus para ascender al avión. Ya ni llorar es bueno, dirían muchos.
Pero luego recuerdo bien cómo, al estar en un país extranjero, quien fuera nuestro anfitrión pareciera que se avergonzara de su país, de sus costumbres, su comida y su gente, pareciera que su pequeño país, por ser pequeño y latinoamericano, no fuera digno de ser mirado con ojos de asombro así, tal cual es, con sus bemoles, pero con lo otro, muy rico, que hay: La diversidad en aromas, colores y sabores. 
La pobreza y la desigualdad es muy grande en ese país, pero ¿por qué ocultarla? ¿por qué querer dejar en el extranjero una imagen falsa y escénica, de un progreso que aún no está allí?, ¿por qué no dejar que el extranjero se cree un juicio propio de tu país con las cosas diversas que ha podido ver?, ¿por qué tanta vergüenza si tú también eres parte de esa Tierra, si ahí naciste, ahí creciste y de allí aún mamas?
Tanto acá como allá somos muy pobres, muy desiguales, muy contradictorios, pero no veo un motivo verdadero para ocultar tanto la cochinada como la riqueza; porque si alguien viene de lejos y quiere conocer lo que yo conozco, lo llevo a mis lugares favoritos, lo interno a mercados, le doy comida que hacen con las manos, le digo cuidado aquí, cuidado allá, pero no desprecio lo popular, ni el factor humano que está íntimamente relacionado con la Historia. Ya si el otro quiere desperdiciar el largo viaje y entrar a una cadena de hamburguesas, allá él.
Sí, estoy hablando de Guatemala y de México.

viernes, 30 de septiembre de 2016

La culpa la tiene ella.

Me había prometido no escribir nada sobre las familias naturales, sobre aquellos que creen que la buena consciencia se rige por tener un papá, una mamá y muchos, muchos hijitos; ir a la iglesia, hacer le catecismo, casarse, decirle a los hijos que se casen bien (sea lo que esto signifique). Había prometido no escribir sobre esto, porque me enojo, despotrico, insulto, rasguño, pateo. 
He leído ya bastantes argumentos para desmoronar la necedad de esos que se dejan llevar por lo que su párroco dice que debe ser la fe según su corta interpretación de unos libros ya bastante hechos a modo con el transcurso de los años. Sé que aquellos seguirán en su cuento de un milenio, mejor dicho, seguirán en el cuento de un milenio que les cuenta un otro que, a su vez, han estado escuchando el mismo cuento y lo han creído ciegamente, porque estos ya ni estudian, ya ni leen, ya sólo se quedan con su corta visión y viven cómodamente en la parroquia que les dan.
Lo sé, lo sé, me había prometido no escribir sobre esto de las familias naturales, de que esos quieren coartar los derechos humanos de los otros, de los otros en los que me incluyo, porque quizás, al hacerlo, al tratar de replicarle a esas piedras, sólo les estoy dando importancia necia. Sí, eso puede ser. 
Lo que me hizo escribir aquí fue el comentario de una señora que, al ver la noticia de una de las recientes desaparecidas, que ahora no lo está y que, lamentablemente, fue encontrada en una maleta, en uno de los Estados más violentos de este país piñata: El Estado de México (que es una prepotente existencia moral), hizo.
¿Qué dijo la señora al respecto de las muchachas desaparecidas, tras comentarle sobre la importancia de cuidar a los hijos? 
Que los hijos son los que se escapan, los que se van por allí sin avisar a los padres, los que tratan de engañarlos, y, además, esos hijos, de varones estoy hablando, son convencidos por sus compañeras, de mujeres jóvenes estoy hablando, a las que se les hace fácil todo y se los llevan a centros comerciales, a incumplir con sus responsabilidades y a mentir a sus padres. Ellas son las que se enganchan y luego se van y, a veces las secuestran, sí, pero porque ellas andan allí, metidas en otras cosas. ¡Haberlo dicho antes!
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Estimados padres de familia:
Nuestros hijos varones están sufriendo de la pérdida de la moral, debido a la influencia maléfica que en ellos ejercen sus hijas mujeres, ellas que hacen mal, muy mal en querer vivir y divertirse, en andar por allí con desconocidos, en, tras salir de la escuela, querer andar por allí vagando, comprando cosas, mirando gente, socializando.
Por esta razón, les pido de la manera más atenta que amarren a sus hijas, las castiguen, les impidan ejercer su individualidad y divertirse, porque ellas son las absolutas responsables de las malas conductas de sus hijos varones, los cuales, cegados por sus impulsos reproductivos, están imposibilitados para discernir entre hacer lo correcto o ir a divertirse con ellas.
Sin más por el momento, me despido de ustedes atentamente,

Frente Unido contra las Hembras que atentan contra las Buenas Consciencias de Nuestros Varones.

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Y luego se preguntarán por qué me altero ante esos grupos de piedras que dicen defender la familia natural, esos que culpan al otro, que sí, pueden ver hacia sí mismos, no lo niego, pero que, tras un pequeño examen de consciencia siempre, siempre, encontrarán a alguien externo para culpar y ese otro externo es el raro, el joto, la lesbiana, la vestida, la mujer, todo aquél que quiere ser sí mismo y actúa como tal. Y no, no mirarán el problema real y más grande que es el de la inseguridad y la corrupción auspiciada por el Estado y sus secuaces delincuentes.
Pinche país piñata en el que vivo yo.

miércoles, 22 de junio de 2016

La culpa no la tiene dios, ¿o sí?

La Gemütlichkeit, aquello que el hombre anhela y que, cuando la alcanza, la defiende por sobre todas las cosas. ¿Quién no quiere un poco de comodidad en su vida? ¿Quién no quiere el statu quo? ¿A quién no le duele sentir que se ha perdido lo que se ha ganado?
Pensar que sólo uno tiene la razón para mantenerse en la Gemütlichkeit debería ser un síntoma de vejez mental, de apatía, de conformismo, como conformismo hay cuando se espera "lo que dios quiera" y no se mueve un dedo. ¿Por qué dios nos ha abandonado? ¿Por qué la fe dejó de mover montañas? Porque dios y la fe está en uno mismo, las montañas las mueve uno y en uno está el luchar para que la desgracia no nos pegue (tanto), para que las injusticias sean las menos, para ayudar al otro que no es uno, tener solidaridad. Si la dama está siendo acosada, ¿por qué no unirse a ella? Si las personas están perdiendo su empleo ¿por qué no informarse antes de juzgarlos?
Para juzgar estamos todos. Tú que no eres yo, eres menos que yo. Tú, que no estás en mi lugar, no sabes, porque no tienes hijos, no pagas cuentas, no tienes responsabilidades. Tú, que nunca has dado clases, no tienes idea de lo que es lidiar con hijos de padres irresponsables. Tú, que no crees en dios, no sabes porque no estás en su gracia divina. Tú, que no tienes hijos, no sabes lo que es el amor verdadero. Tú, que no tienes consciencia social, no sabes la impotencia de no poder hacer algo por el que está siendo juzgado por todos, empezando por ti.
Todos estamos mentidos en el mismo costal, peor aún, todos estamos siendo manipulados por quienes sacan provecho del sistema. ¿Quiénes? No sé. Y aquí parecerá que me he adjuntado a algún grupo conspiranoide, que me he dejado lavar el coco por los que quieren justicia a la mala, no sé. Pero no, ese no es el caso. Es evidente que algo pasa, algo que parece que está fuera de nuestro control y no lo está.
La unión hace la fuerza o divide y vencerás.
Los que poseen la Gemütlichkeit no la quieren soltar y no dicen nada, aún cuando se les cometa injusticia.
Los que no saben que poseen la Gemütlichkeit luchan por tenerla, aunque estén en ella, es más, desde ella es que luchan. ¿Paradoja?
Los que no poseen la Gemütlichkeit, luchan porque no se les arrebate dignidad, pero, como están importunando a los poseedores de la Gemütlichkeit, son mal vistos por estos últimos. 
Las luchas están y son válidas, es menester la justicia, la felicidad, la vida digna. Las luchas lo son hasta cierto punto, hasta el punto que nadie quiere ver: el momento de los intereses personales. 
Es sumamente cansado ver cómo esas luchas son armas de algunos para obtener lo que quieren, que en este caso, desde mi punto de vista, es separar a la sociedad, tenerla encontrada en todo momento, para ganar a costa de ella. Porque sí, cada quien piensa distinto, tiene intereses propios, le acomoda uno u otro modo de vida, pero en el momento de que alguien se opone a su modo de vida, la persona salta y se va en contra de quien lo perturba, aquel que marcha en las calles clamando justicia y en contra de su grito de justicia.
¿Y si fuera al revés? Eso también ya se ha visto. El otro desacredita al poseedor de la Gemütlichkeit por creer que su demanda es tibia y burguesa. Y ¿en serio es necesario luchar por separado? ¿en serio es válido desacreditar al otro en todo momento?
Habría que ver más arriba, descubrir los hijos que mueven los movimientos, dejarlos a un lado, desenmascararlos y seguir luchando, porque los intereses de esos son los que promueven la desestabilización, la división de la sociedad. La lucha está bien, los que manipulan a las masas so pretexto de la lucha para ganar dinero y poder, no. ¿Qué no es evidente?

domingo, 5 de junio de 2016

Extraño a Osito

No debí dar a Osito para que viajara, me dijo. Tal vez, pero no hice de buena voluntad. La buena voluntad, ¿qué es la buena voluntad? Esa bondad bonita que se guarda en las gentes, eso que hace que ayuden sin pedir nada a cambio, sólo por compasión, por hacer el bien desinteresadamente.
Ayuda, y yo que no sé pedir ayuda y cuando la brindo, que no. Entonces no y no.
Yo sólo quiero mi Osito. Ya no quiero buena voluntad, sólo quiero mi Osito.
Ahora que todo terminó, ¿volverá Osito?

martes, 26 de abril de 2016

Un "hola" y un acoso.

¿Es el "hola" de un taxista en una calle acoso sexual? Ahora que todos escriben algo sobre el acoso en este país, el acoso, el abuso, la violencia, la violación, la muerte, la lucha de poder, el sojuzgamiento, la vejación, la nulificación, y todo aquello que pone en desventaja al sexo femenino ante el masculino, no me he puesto a pensar, pero sí a leer los testimonios de muchas amigas y otras anónimas sobre lo difícil que es andar por la calle vestida como sea: con un uniforme escolar, con un pantalón guangocho, con un vestido bonito, con una falda sexy, con maquillaje, sin maquillaje, con cabello recogido o despeinada. Sí, andar en la calle es difícil porque , además de haber tenido que hacer un gran esfuerzo en escoger la ropa para el día, sobretodo en esta ciudad, donde amanece frío, sale el sol, llueve y hay ventisca, todo en un día, lo es porque sabes que muchas miradas lascivas, palabras soeces y tocamientos sin consentimiento pueden estar sobre tu persona. Sí, es cierto que las mujeres nos vestimos como nos da la gana y lo hacemos no para aradar, sino para sentirnos bien con nosotras mismas por un día y así al día siguiente, porque en casa nos han molestado, nos han dicho gordas o flacas, nos han dicho prietas o güeras, nos han dicho larguchas o chaparras. No, casi que ninguna se ha salvado de las primeras miradas inquisitivas, las de nuestra familia, porque ellos ven en nosotros todo lo que desean ver en sí mismos y, si por ellos fueran, harían por nosotras las cosas, con tal de alcanzar el éxito, no estoy hablando del éxito académico (puf), sino del éxito social, porque todo es apariencia, porque una mujer que no es bonita ni tiene sonrisa agradable no puede tener amigos y mucho menos novio. De más joven mi madre me decía que traía todo el día cara de gendarme y que así los muchachos no se me iban a acercar, ¿qué le dije? porque sí, no soy hija ejemplar y le respondo a mis mayores, le dije que ni modo de andar sonriendo, porque si sonreía los viejos luego luego pensaban que les sonreía a ellos y me empezaban a molestar.
Entonces, ¿es el "hola" de un taxista en la calle acoso? Todo depende. Depende de si quiero que se me salude o no, depende del todo de su voz, depende si en su enunciación hay saliva, depende si después de ese "hola" viene alguna cosa como guapa, sabrosa, mamita, mamacita, etc. No hace mucho caminaba por mi calle oscura después de haberme bajado de mi transporte público cuando de la gasolinería escuché un chiflido, era para mí, lo supe porque no había otra persona más que yo caminando por la calle. ¿Me sentí acosada? No, al contrario, me sentí gustosa de que me chiflaran, que alguien me considerara guapa y atractiva, sí, porque a veces un clásico chiflido (fiú fiúúúúú) se agradece, sobretodo cuando se van cumpliendo los años y el cuerpo va cambiando.
¿Será acoso el "hola" del taxista o el chiflido del despachador de gasolina? No lo sentí así, ¿y por qué no? porque no los sentí ofensivos ni malintencionados, porque no percibí vulgaridad en sus acciones. Vulgar es cuando después del chiflido te avientan besos llenos de saliva, vulgar es cuando después de decirte hola te dicen más cosa. 
¿Y el "adiós guapa" también es acoso? Este tema se está poniendo complicado, hiper correctivo, este tema de relaciones de poder, de equidad, igualdad, relaciones entre los géneros y los géneros mismos se va radicalizando, porque sí, ¿qué de malo tiene que a una en la calle le chiflen? ¿es igual de malo un chiflido a una eyaculación en el hombro o las insinuaciones sexuales explícitas? Esto se está poniendo tan raro que en poco, muy poco tiempo, dirán que sí, que un "hola" o un chiflido es igual que un tocamiento o un "qué ricas tus piernas" del desconocido.
Yo, yo en mi pequeña persona, considero que no es igual, pero soy yo, que soy permisiva, que me gusta hablar abiertamente de ciertas cosas, que no me espanto, yo de treinta y tres años, que la yo de diecisiete, no diría lo mismo, porque me molestaban los viejos feos y nunca pude ponerme la ropa bonita que siempre quise, porque con mis grandes senos, con un mínimo cuello en V, parecían que se desbordarían de la blusa.
Ahora, ¿qué puedo hacer ante los acosos del sexo opuesto y las ideas de lo que es acoso cada vez más radicalizadas? Pues ver, oír, escuchar y hablar sólo lo necesario y vivir mi cuerpo como yo he aprendido que es mejor para mí, porque a veces, de tanto leer y escuchar que el otro es malo y que los géneros y que el poseer al otro y que la vaina, he llegado a pensar que algunas cosas de las que hago en mi intimidad no son adecuadas, porque, ¿qué tiene de malo amar tanto a alguien al grado de poseerlo y colmarlo de todos los placeres? Nada; eso es cosa de dos y sólo diré que es acoso, violencia, vejación, violación, maltrato cuando no hay consenso mutuo; si todas las partes están de acuerdo, si no hay nadie diciendo: "No quiero", entonces adelante, a jugar y disfrutar los cuerpos. 



domingo, 3 de abril de 2016

Estamos locas todas.

Alguna vez soñé y supe que no era normal, que lo que pensaba que sabía era pura mentira, que todo dependía de mi percepción, de la propia versión de mi realidad. Alguna vez no lo supe.
Tras el desencuentro con la que fuera mi mejor amiga 1 y luego mi mejor amiga 2, no dudé más. Ellas estaban locas y yo cuerda; y yo estaba loca y ellas no cuerdas. Por eso digo que no, que no es cierto, que uno jamás termina de conocer al otro, ni a sí mismo. Que uno debería pasar el tiempo juzgando mal a los demás y ya. 
Alguna vez, no hace mucho tiempo, pensé que podría tener una nueva adquisición dentro de mis amistades, que era una persona de avanzada, sin falsos prejuicios, libre en su pensamiento y su sexualidad. ¿Qué pasó? Pues nada, me hice una idea demasiado buena de ella y resultó que hizo una tormenta en un vaso de agua, qué vaso, en un caballito de tequila, qué caballito, en una corcholata llena de agua. Todo por asumir cosas que no eran ciertas. Todo por no tomar en cuenta que la total desconocida podría enloquecer y decir necedades, necedades necias, mocherías; todo por no adivinar que a ella le afecta mucho el "qué dirán", a pesar de las correrías que me había contado.
Perdón, fue mi error por asumir que eras chévere. 
Perdón, amiga número 1 por asumir que eras chévere, que no te importaba lo que dijeran de ti, que hacías tu arte, tus dibujos y tus lecturas por ti y para ti y que esa era solamente tu vida y nada más. Perdón por pensar que el cariño sería mutuo por siempre, que me contabas tus cosas más íntimas por confianza y lealtad. Ahora, a muchos, pero muchos años de distancia, puedo ver, por un simple y mínimo detalle, que tú no me querías sinceramente, que aquella vez que me dejaste plantada alegando enfermedad no fue otra cosa que demostrar que dentro de tus prioridades no estaba nuestra amistad, y así siguió hasta el fatídico día de la patada y la larga tarde donde las sombras conversaron.
Perdón, amiga número 2 por no ser chévere contigo, por no dar mi brazo a torcer, por reclamar tiempo y espacio para ti, por no querer entender tu posición ahorcada entre la culpígena y la bruja (a saber quién era quien). Perdón por abandonarte e irme a vivir el romance fallido que duró 5 años. A ti sí perdón; te ofrezco mil disculpas y ojalá pudieras leer esto desde donde quiera que estés. Quizá sea cobarde en no decírtelo de frente, pero sé que tienes tu reservas en volverme a ver y hablar. Lo entiendo. A ti sí, perdóname. 
A las demás no, a la amiga número 1, que le aproveche su vida de madurez, a la culpígena y a la bruja, ni qué decir, querían ser chéveres, pero creo que se han quedado en medio del camino y la la loca desconocida que no quiere que le digan mocha y amargada los mochos machistas, pues, me río mucho, mucho, mucho.