miércoles, 22 de junio de 2016

La culpa no la tiene dios, ¿o sí?

La Gemütlichkeit, aquello que el hombre anhela y que, cuando la alcanza, la defiende por sobre todas las cosas. ¿Quién no quiere un poco de comodidad en su vida? ¿Quién no quiere el statu quo? ¿A quién no le duele sentir que se ha perdido lo que se ha ganado?
Pensar que sólo uno tiene la razón para mantenerse en la Gemütlichkeit debería ser un síntoma de vejez mental, de apatía, de conformismo, como conformismo hay cuando se espera "lo que dios quiera" y no se mueve un dedo. ¿Por qué dios nos ha abandonado? ¿Por qué la fe dejó de mover montañas? Porque dios y la fe está en uno mismo, las montañas las mueve uno y en uno está el luchar para que la desgracia no nos pegue (tanto), para que las injusticias sean las menos, para ayudar al otro que no es uno, tener solidaridad. Si la dama está siendo acosada, ¿por qué no unirse a ella? Si las personas están perdiendo su empleo ¿por qué no informarse antes de juzgarlos?
Para juzgar estamos todos. Tú que no eres yo, eres menos que yo. Tú, que no estás en mi lugar, no sabes, porque no tienes hijos, no pagas cuentas, no tienes responsabilidades. Tú, que nunca has dado clases, no tienes idea de lo que es lidiar con hijos de padres irresponsables. Tú, que no crees en dios, no sabes porque no estás en su gracia divina. Tú, que no tienes hijos, no sabes lo que es el amor verdadero. Tú, que no tienes consciencia social, no sabes la impotencia de no poder hacer algo por el que está siendo juzgado por todos, empezando por ti.
Todos estamos mentidos en el mismo costal, peor aún, todos estamos siendo manipulados por quienes sacan provecho del sistema. ¿Quiénes? No sé. Y aquí parecerá que me he adjuntado a algún grupo conspiranoide, que me he dejado lavar el coco por los que quieren justicia a la mala, no sé. Pero no, ese no es el caso. Es evidente que algo pasa, algo que parece que está fuera de nuestro control y no lo está.
La unión hace la fuerza o divide y vencerás.
Los que poseen la Gemütlichkeit no la quieren soltar y no dicen nada, aún cuando se les cometa injusticia.
Los que no saben que poseen la Gemütlichkeit luchan por tenerla, aunque estén en ella, es más, desde ella es que luchan. ¿Paradoja?
Los que no poseen la Gemütlichkeit, luchan porque no se les arrebate dignidad, pero, como están importunando a los poseedores de la Gemütlichkeit, son mal vistos por estos últimos. 
Las luchas están y son válidas, es menester la justicia, la felicidad, la vida digna. Las luchas lo son hasta cierto punto, hasta el punto que nadie quiere ver: el momento de los intereses personales. 
Es sumamente cansado ver cómo esas luchas son armas de algunos para obtener lo que quieren, que en este caso, desde mi punto de vista, es separar a la sociedad, tenerla encontrada en todo momento, para ganar a costa de ella. Porque sí, cada quien piensa distinto, tiene intereses propios, le acomoda uno u otro modo de vida, pero en el momento de que alguien se opone a su modo de vida, la persona salta y se va en contra de quien lo perturba, aquel que marcha en las calles clamando justicia y en contra de su grito de justicia.
¿Y si fuera al revés? Eso también ya se ha visto. El otro desacredita al poseedor de la Gemütlichkeit por creer que su demanda es tibia y burguesa. Y ¿en serio es necesario luchar por separado? ¿en serio es válido desacreditar al otro en todo momento?
Habría que ver más arriba, descubrir los hijos que mueven los movimientos, dejarlos a un lado, desenmascararlos y seguir luchando, porque los intereses de esos son los que promueven la desestabilización, la división de la sociedad. La lucha está bien, los que manipulan a las masas so pretexto de la lucha para ganar dinero y poder, no. ¿Qué no es evidente?

domingo, 5 de junio de 2016

Extraño a Osito

No debí dar a Osito para que viajara, me dijo. Tal vez, pero no hice de buena voluntad. La buena voluntad, ¿qué es la buena voluntad? Esa bondad bonita que se guarda en las gentes, eso que hace que ayuden sin pedir nada a cambio, sólo por compasión, por hacer el bien desinteresadamente.
Ayuda, y yo que no sé pedir ayuda y cuando la brindo, que no. Entonces no y no.
Yo sólo quiero mi Osito. Ya no quiero buena voluntad, sólo quiero mi Osito.
Ahora que todo terminó, ¿volverá Osito?

martes, 26 de abril de 2016

Un "hola" y un acoso.

¿Es el "hola" de un taxista en una calle acoso sexual? Ahora que todos escriben algo sobre el acoso en este país, el acoso, el abuso, la violencia, la violación, la muerte, la lucha de poder, el sojuzgamiento, la vejación, la nulificación, y todo aquello que pone en desventaja al sexo femenino ante el masculino, no me he puesto a pensar, pero sí a leer los testimonios de muchas amigas y otras anónimas sobre lo difícil que es andar por la calle vestida como sea: con un uniforme escolar, con un pantalón guangocho, con un vestido bonito, con una falda sexy, con maquillaje, sin maquillaje, con cabello recogido o despeinada. Sí, andar en la calle es difícil porque , además de haber tenido que hacer un gran esfuerzo en escoger la ropa para el día, sobretodo en esta ciudad, donde amanece frío, sale el sol, llueve y hay ventisca, todo en un día, lo es porque sabes que muchas miradas lascivas, palabras soeces y tocamientos sin consentimiento pueden estar sobre tu persona. Sí, es cierto que las mujeres nos vestimos como nos da la gana y lo hacemos no para aradar, sino para sentirnos bien con nosotras mismas por un día y así al día siguiente, porque en casa nos han molestado, nos han dicho gordas o flacas, nos han dicho prietas o güeras, nos han dicho larguchas o chaparras. No, casi que ninguna se ha salvado de las primeras miradas inquisitivas, las de nuestra familia, porque ellos ven en nosotros todo lo que desean ver en sí mismos y, si por ellos fueran, harían por nosotras las cosas, con tal de alcanzar el éxito, no estoy hablando del éxito académico (puf), sino del éxito social, porque todo es apariencia, porque una mujer que no es bonita ni tiene sonrisa agradable no puede tener amigos y mucho menos novio. De más joven mi madre me decía que traía todo el día cara de gendarme y que así los muchachos no se me iban a acercar, ¿qué le dije? porque sí, no soy hija ejemplar y le respondo a mis mayores, le dije que ni modo de andar sonriendo, porque si sonreía los viejos luego luego pensaban que les sonreía a ellos y me empezaban a molestar.
Entonces, ¿es el "hola" de un taxista en la calle acoso? Todo depende. Depende de si quiero que se me salude o no, depende del todo de su voz, depende si en su enunciación hay saliva, depende si después de ese "hola" viene alguna cosa como guapa, sabrosa, mamita, mamacita, etc. No hace mucho caminaba por mi calle oscura después de haberme bajado de mi transporte público cuando de la gasolinería escuché un chiflido, era para mí, lo supe porque no había otra persona más que yo caminando por la calle. ¿Me sentí acosada? No, al contrario, me sentí gustosa de que me chiflaran, que alguien me considerara guapa y atractiva, sí, porque a veces un clásico chiflido (fiú fiúúúúú) se agradece, sobretodo cuando se van cumpliendo los años y el cuerpo va cambiando.
¿Será acoso el "hola" del taxista o el chiflido del despachador de gasolina? No lo sentí así, ¿y por qué no? porque no los sentí ofensivos ni malintencionados, porque no percibí vulgaridad en sus acciones. Vulgar es cuando después del chiflido te avientan besos llenos de saliva, vulgar es cuando después de decirte hola te dicen más cosa. 
¿Y el "adiós guapa" también es acoso? Este tema se está poniendo complicado, hiper correctivo, este tema de relaciones de poder, de equidad, igualdad, relaciones entre los géneros y los géneros mismos se va radicalizando, porque sí, ¿qué de malo tiene que a una en la calle le chiflen? ¿es igual de malo un chiflido a una eyaculación en el hombro o las insinuaciones sexuales explícitas? Esto se está poniendo tan raro que en poco, muy poco tiempo, dirán que sí, que un "hola" o un chiflido es igual que un tocamiento o un "qué ricas tus piernas" del desconocido.
Yo, yo en mi pequeña persona, considero que no es igual, pero soy yo, que soy permisiva, que me gusta hablar abiertamente de ciertas cosas, que no me espanto, yo de treinta y tres años, que la yo de diecisiete, no diría lo mismo, porque me molestaban los viejos feos y nunca pude ponerme la ropa bonita que siempre quise, porque con mis grandes senos, con un mínimo cuello en V, parecían que se desbordarían de la blusa.
Ahora, ¿qué puedo hacer ante los acosos del sexo opuesto y las ideas de lo que es acoso cada vez más radicalizadas? Pues ver, oír, escuchar y hablar sólo lo necesario y vivir mi cuerpo como yo he aprendido que es mejor para mí, porque a veces, de tanto leer y escuchar que el otro es malo y que los géneros y que el poseer al otro y que la vaina, he llegado a pensar que algunas cosas de las que hago en mi intimidad no son adecuadas, porque, ¿qué tiene de malo amar tanto a alguien al grado de poseerlo y colmarlo de todos los placeres? Nada; eso es cosa de dos y sólo diré que es acoso, violencia, vejación, violación, maltrato cuando no hay consenso mutuo; si todas las partes están de acuerdo, si no hay nadie diciendo: "No quiero", entonces adelante, a jugar y disfrutar los cuerpos. 



domingo, 3 de abril de 2016

Estamos locas todas.

Alguna vez soñé y supe que no era normal, que lo que pensaba que sabía era pura mentira, que todo dependía de mi percepción, de la propia versión de mi realidad. Alguna vez no lo supe.
Tras el desencuentro con la que fuera mi mejor amiga 1 y luego mi mejor amiga 2, no dudé más. Ellas estaban locas y yo cuerda; y yo estaba loca y ellas no cuerdas. Por eso digo que no, que no es cierto, que uno jamás termina de conocer al otro, ni a sí mismo. Que uno debería pasar el tiempo juzgando mal a los demás y ya. 
Alguna vez, no hace mucho tiempo, pensé que podría tener una nueva adquisición dentro de mis amistades, que era una persona de avanzada, sin falsos prejuicios, libre en su pensamiento y su sexualidad. ¿Qué pasó? Pues nada, me hice una idea demasiado buena de ella y resultó que hizo una tormenta en un vaso de agua, qué vaso, en un caballito de tequila, qué caballito, en una corcholata llena de agua. Todo por asumir cosas que no eran ciertas. Todo por no tomar en cuenta que la total desconocida podría enloquecer y decir necedades, necedades necias, mocherías; todo por no adivinar que a ella le afecta mucho el "qué dirán", a pesar de las correrías que me había contado.
Perdón, fue mi error por asumir que eras chévere. 
Perdón, amiga número 1 por asumir que eras chévere, que no te importaba lo que dijeran de ti, que hacías tu arte, tus dibujos y tus lecturas por ti y para ti y que esa era solamente tu vida y nada más. Perdón por pensar que el cariño sería mutuo por siempre, que me contabas tus cosas más íntimas por confianza y lealtad. Ahora, a muchos, pero muchos años de distancia, puedo ver, por un simple y mínimo detalle, que tú no me querías sinceramente, que aquella vez que me dejaste plantada alegando enfermedad no fue otra cosa que demostrar que dentro de tus prioridades no estaba nuestra amistad, y así siguió hasta el fatídico día de la patada y la larga tarde donde las sombras conversaron.
Perdón, amiga número 2 por no ser chévere contigo, por no dar mi brazo a torcer, por reclamar tiempo y espacio para ti, por no querer entender tu posición ahorcada entre la culpígena y la bruja (a saber quién era quien). Perdón por abandonarte e irme a vivir el romance fallido que duró 5 años. A ti sí perdón; te ofrezco mil disculpas y ojalá pudieras leer esto desde donde quiera que estés. Quizá sea cobarde en no decírtelo de frente, pero sé que tienes tu reservas en volverme a ver y hablar. Lo entiendo. A ti sí, perdóname. 
A las demás no, a la amiga número 1, que le aproveche su vida de madurez, a la culpígena y a la bruja, ni qué decir, querían ser chéveres, pero creo que se han quedado en medio del camino y la la loca desconocida que no quiere que le digan mocha y amargada los mochos machistas, pues, me río mucho, mucho, mucho.


viernes, 4 de marzo de 2016

A la gata Isis

Isis ventana

Gata Isis, gata Isis, tú que sabes todos mis secretos, tú que hueles todos mis aromas, tú que duermes sobre mí de forma líquida y poco te importa si quiero despertar o no. Gata Isis, hoy te dedico esta entrada, que no esta canción, porque no he cantado y porque a ti no te importa si canto o toco el piano, lo único que te importa es un lugar calientito para dormir. Por eso, cuando tienes ya sueño, vas por mí a la cocina y me exiges que me vaya a dormir, así como tu mamá, Baka, me exigía que me acostara en el sofá a ver televisión.
Gata Isis, me llenas de pelos no la ropa, pero sí todo el suelo; y luego parece alfombra, y tengo que barrer, pero jamás parece que he barrido. Pero no me importa, porque eres tú, la gata y yo, tu mamífero proveedor de calor y de croquetas caras. Eso tampoco eso me importa, porque eres la gata Isis, esa que nació en un cuaderno de mi madre, que se fue brevemente de esta casa, pero que regresó para quedarse conmigo.
¿Te acuerdas de esa mujer malvada que te odiaba porque la mirabas fijamente?
¿Te acuerdas de esa otra mujer no malvada que te mimaba cada vez que venía?
Y ahora que viene ese enorme y guapo hombre, bien que te pones a platicar con él.
Te quiero Isis, tal vez tú me quieras menos, qué se yo, pero estoy contigo y tú estás conmigo y eso es lo más bonito. Eso es el amor más puro.

Isis con Bucho

Isis con Bolillo

Isis conmigo y Gorritosito

Isis con Osito

Isis conmigo

viernes, 29 de enero de 2016

Tótem

Me siento a mirar el gris del cielo, el frío de la inmensa nube que todo lo rodea, las copas de los árboles, la silueta del cerro que el hombre aún no se ha comido con sus feas casas. Trato de escribir algo bien estructurado, trato, no lo hago porque estoy escribiendo esto, porque me distraigo, porque veo cómo la chayotera se ha quemado con el reciente frío. Me pregunto si mis lecturas me han traído algo bueno, me han dado armas para seguir adelante o simplemente me han estado distrayendo de esta que es mi vida, que debería serlo, dinámica y llena de acción. Pero no, sigo sentada en esta silla, encobijada, con este frío, con el calentador prendido y el rehilete inmóvil.
Ayer me preguntaron si habría nieve; les he contestado que no habrá. Si tan siquiera hubiera nieve, el frío sería divertido, pintoresco, vivificante. El frío acá cala, molesta, impone ropas estorbosas y entumece las manos cuando se hacen las labores del hogar. Ya no quiero hacer labores del hogar. Quisiera que todo esto se derrumbara y pudiera construir al instante una casa nueva en un clima cálido y tierra fértil, donde con tan sólo escupir una semilla algo delicioso creciera. Sí, tal vez lo haga.
¿Qué es un Tótem después de todo? Un algo que representa una otra cosa, algo que impone respeto, amor o hasta cariño. Hace unos días me dijeron que se quedaría lejos, muy lejos, que no lo vería en un tiempo. Me pregunto si alguna vez lo volveré a ver, si me lo devolverán, si lo que mi Tótem significaba importa aún, si ese cariño bonito y ese: "te cuidará por siempre", puede estar vigente con tantos años pasados. No me había detenido a pensar en ello, hasta que me contaron de su viaje prolongado y mi vida aquí, sin él, sin su calor en mi espalda, sin sus ojos sinceros y su cabeza ladeante. ¿Qué va a ser de todas nosotras?
Un Tótem que ahora comparto con una tercera persona, pero no sé exactamente si es injusto, porque era mío, era mi querer y fue mi sanación.
Mi Tótem de la sanación del alma se ha ido y no sé cuándo volverá o si lo hará a tiempo.


martes, 12 de enero de 2016

Debería rendirme

Debería rendirme y deja que la tele me sorba el seso, o el radio, o la internet. Debería rendirme y mirar todos los días una pared y dejar que mi piel sea expuesta a la luz artificial y al aire acondicionado todas las horas de todo el día. Debería despreciar las plantas y los animales y verlos como un mero bien de consumo.
Debería rendirme. Estoy cansada de tanto odio, de tantos juicios, de tanta superioridad frente al otro, de tanto que el otro no es como yo, ergo el otro no merece lo que yo; y esto también me lo digo a mí, porque también lo hago. También veo menos a los demás porque no piensan como yo, ni razonan como yo, qué decir de los intereses. Todos esos, que no son yo, no merecen lo mismo que yo (pues no, porque no son yo), mas ¿merecen un trato diferenciado, indigno? Al revés, ¿yo también mereceré un trato diferenciado e indigno de parte de los otros que no son yo?
De esto, de la otredad, han escrito ya muchos; así que no me atrevo a ahondar en ello, tan sólo a reflexionar muy por encima, porque tampoco me atrevo a ponerme a mí misma en la mira de todos, para ser comidilla de los que no son yo.
Solamente quiero dejar aquí escrito: ¿En verdad será cierto que el otro es menos que uno mismo? ¿Será que logremos sobrevivir sin el otro? ¿Creemos de verdad que burlarse de la situación del otro sin saber su contexto es sólo risa sin sentido? ¿O acaso el reírnos del otro no es porque nos estamos riendo de nosotros mismos? ¿O acaso el reírnos del otro es para mostrar superioridad y/o tratar de ocultar que estamos en situación similar? ¿Qué tanto pecado es también lo políticamente correcto?
¿Qué coños es lo políticamente correcto?
Yo no sé si el mejor maquillaje para el odio sea lo políticamente incorrecto, lo dudo. Mejor decir las cosas, ¿o mejor ocultarlas? La verdad no peca, pero incomoda, pero ahora lo que incomoda hay que guardarlo donde nadie lo vea, no vaya a ser que a alguien se le ocurra mencionarlo y entonces haya ofendidos muchos; tanto del que se está hablando, como los que están escuchando la mención.
No sé si haya que edificar enormes murallas censoras, o si nos debemos de ir a vivir apartados de los que no son como nosotros, o si podremos aprender algún día a respetar a ese otro que no es yo o que ese otro que no soy yo también podrá aprender a respetarme a mí. 
Sí, porque ese mentado cambio no sólo está en uno, está en dos, tres, cuatro, ¿cuántos habitantes tiene este planeta?
Escrito esto y viendo la magnitud del problema, me rindo.



martes, 1 de diciembre de 2015

El colmo del sexismo

No sé bien a bien cuál era mi enfado para escribir acá este día. Se fue la luz por las chispas que causó la electricidad y todo se disolvió. Luego veo cierta foto que tomé en la calle el día de hoy y como que quiero recordar el motivo de mi incomodidad, pero como que se disuelve y vuelvo a ser yo, serena, con ganas de ya no leer y sólo escribir. Luego, leo un artículo sobre las esposas de los escritores del Boom latinoamericano y como que me enervo un poco y más, porque recuerdo que estoy cansada de sentir las manos como de cartón de lavar trastes, recoger basuras y guardar comidas. Sí, mis manos sufren, como también sufre mi psique, que bien podría comenzar con sus deberes más temprano, pero siempre tengo cosas de casa que hacer antes.
El otro día llegué después de mi sábado contento y qué miré: más trastes, trastes que yo no ocupé, porque dejé limpio el viernes. Después, el domingo, despierto y qué veo: trastes, trastes que yo no ocupé porque dejé limpio el sábado en la noche.
Sí, tengo ocupaciones intelectuales pendientes, ocupaciones que quizá, debería estar haciendo en este momento, pero no lo hago, porque me permito escribir antes mis desagrados, mis desasosiegos.
Pasé este día frente a una escuela secundaria de este pueblo sin futuro y lo que vi me causó indignación: Al parecer, hay entrada para niños y entrada para niñas.
¿Qué pasa aquí? ¿Qué tan espantoso está este lugar para dividir niños de niñas en una misma escuela? Si con dividir vagones del metro y metrobús no bastaba, ahora ¿dividir a los niños en sus escuelas?
Hay de proteger, (sobre)proteger a las niñas de los varones llenos de hormonas y deseos. 
Los hombres, todos, son unos monstruos, y más si no se les educa desde pequeños y se les instruye que deben respetar a las niñas. ¿Cómo se logrará superar la aversión entre sexos —hablando como si todos nos tratáramos iguales de verdad—, cómo se logrará superar la aversión del sexo masculino hacia el femenino, si por solución se sigue la de dividir a las personas, clasificarlas y aislarlas por género, número y caso?
Leía sobre las esposas de los escritores del boom, sobre cuán perfectas, calladas y sumisas fueron en pos de los logros de sus maridos y no, no me cabe en la cabeza ser así, tal vez lo fui en algún tiempo, pero no más. Irónico, sin embargo, decir que alguna vez me alejé de mí misma en pos del éxito de alguien más, una alguien más, mujer, como yo. Irónico, sólo digo.
Uno de mis libros favoritos se llama Las palabras perdidas de Jesús Díaz, un escritor cubano del que poco sé, sólo sé que ya murió. En esta novela muy cubana, muy literaria, muy llena de hombres, hay un sólo personaje femenino: Una. Es Una porque es sólo una, flaca e inteligentísima, pero a pesar de lo inteligentísima (y por flaca) sus compañeros la ven como un compañero más, casi, pues no deja de ser mujer y encargarse de servir y limpiar la mesa cuando los invita a cenar a su casa, mientras ellos departen y fuman como todos unos hombres.
Amo a Una, la amo y la entiendo y siento rabia cuando releo ese pasaje y me enojo con los otros personajes con su eterno machismo, por no ver cómo ella es persona, igual que ellos, por no agradecerle siquiera, por relegarla como sin querer de sus sesudas pláticas. Te amo Una.
¿Por qué he escrito todo esto? Pues simple. Porque he visto dos entradas en una secundaria pública, una para varones y otra para mujeres y sigo en lo dicho: Separar por géneros no es la solución.
Aquí la fotografía de mi molestia:


Escuela Secundaria Técnica 96, ubicada en Sto. Tomás Ajusco.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Noviembre 4

Ahora que ha pasado el noviembre 4, puedo escribir. Puedo escribir y no leer. Puedo vomitar y no escribir. Puedo y lo haré. Ahora que ha pasado el 4 de noviembre recuerdo cómo es que la gente me ha adoptado en la etapa más oscura de su vida y luego me ha desechado, cual si yo hubiera sido el factor más importante de la oscuridad de su pensamiento. 
No. Yo no les metí malas palabras, ni depresiones, mi malos pensamientos, ni odios, ni rencores. No tengo tanto poder sobre las cabecitas de esas pobres gentes que creen (porque aún lo creen) que yo fui la que les enseñó qué es la depresión, qué es el sarcasmo y qué es eso de no sentirse a gusto con su propia existencia.
No, señoras y señores. No tengo yo tanto poder como para poner cabizbaja a la gente, como para que la gente desee esconderse del mundo. Si ellos decidieron abrazar la depresión, fue por voluntad propia; como tampoco fue mi voluntad que ellos se alejaran porque abrazaron la fe religiosa y decidieron que yo era el factor que les hacía daño.
A muchos años de distancia, sigo sintiendo que merezco una satisfacción, que las personas a las que no hice ningún mal deberían ofrecerme una disculpa, un helado, una charla, dinero, un saludo, reconocer sus errores, porque no, yo no soy la mala del cuento.
La lealtad es algo que me caracteriza y no la traición, como alguna otra piensa.
Cómo quisiera a veces encarar a todos esos que creen en mí el mal encarnado y decirles que me han utilizado como un espejo, que me han hecho la imagen de la caja en donde guardan sus más oscuros secretos y temores, cómo quisiera que esos que han cometido injusticia hacia mí tuvieran el valor de reconocer que son ellos, y no yo, los que padecen demonios y los niegan.
Por mi parte, estaría mejor decir que los perdono, eso podría ser justo. Quizá los perdone, pero no los olvidaré. Hay gente loca en todas partes. 

Una ofrenda para todos ellos.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Bonito machismo literario

No quiero que esto lo lea nadie. No quiero siquiera escribirlo. Quisiera que esto fuera una carta personalísima. No lo será. Será una queja, una queja femenina, que no feminista, no porque no lo sea un poco, sino porque soy mujer inserta en este país piñata, en donde se supone que tanto hombres como mujeres gozan de los mismos derechos, lo cual dista mucho de la realidad.
Ya me cansé de escribir…

En fin. El chiste es que estoy haciendo un arduo trabajo literario; leo cierta novela rosa de mediados del siglo XX  y entre más la leo, más me convenzo y me entero, lamentablemente, de que ese tipo de lecturas, llevadas al cine y a la televisión, han tomado parte importante dentro de la educación sentimental de las mujeres de este país piñata. 
¿Qué es el amor? El amor es sacrificio, el amor es algo que nos hace sentir que nada es real, que se flota. ¿Qué es la mujer ante el amor? La mujer es la que ha de dejarlo todo por amor, la que ha de sacrificarse por el otro, pese a su propia felicidad, la que, cuya carrera ha de ser el amor o el matrimonio. ¿Cómo es la mujer ante el amor? La mujer es la que calla, la que resiste los embates y adversidades, la que no se queja, la que es delicada y silenciosa. 
¿Cómo debe ser una mujer? Cauta, confiada, libre de sospechas ante los demás, deliciosa, generosa, dulce, paciente, ¿y si no es así? Entonces la mujer es mezquina, egoísta, llena de rencores, estéril, seductora, caprichosa, incomprendible.
De todo esto, ¿no acaso la mayoría de la gente de este país piñata aún lo piensa? No se quejan los hombres, las mujeres, las madres, las tías, de las mujeres independientes y las tachan de egoístas y estériles por no desear hijos? ¿No ven con ojos de gratitud a las mujeres generosas y dulces, que son incapaces de pensamiento malvado alguno? ¿No acaso las gentes creen que el amor es darlo todo, dejar se ser uno mismo, ser otro por el ser amado o sacrificar la vida misma en pos de la felicidad del otro?
Ahora bien. No me digan que las madres de este país piñata no desean, no anhelan que sus hijas se casen bien, que tengas sus hijitos, que cuiden a su marido y a sus hijos, y que guarden para sí las quejas y los deseos ajenos a la vida familiar para la que se les a aleccionado toda su vida.
Soy mujer también, siento amor, mucho, pero ¿qué fue lo que mi madre me enseñó sobre compartir una casa con alguien más? Que lo cuidara, que le diera de comer, que le limpiara, que lo educara a mi modo, ¿y si no hacía eso? Pues me exponía a ser la propiedad del otro, adoptar sus modos, sus costumbres, su forma de comer y de vestir: ser absorbida.
¿O no?
¿Qué espero finalmente de la persona a la que amo? 
No quiero una telenovela por vida, no quiero ser la mujer frágil y abnegada, ni quiero ser la malvada seductora. No quiero que él sea el hombre que protege y salvaguarda el honor, ni lo quiero de proveedor, ni que me eduque, ni que me tire de a loca. No quiero sacrificios, mezquindades, o reclamos. 
La verdad sólo quiero respeto y certezas.



martes, 15 de septiembre de 2015

Viva México (mientras tomo chocolate caliente de Guatemala).

No por mucho madrugar, amanece más temprano; sin embargo al que madruga dios le ayuda. Aunque, dios le ayuda al que madruga, pero no amanece antes, por mucho que uno se levante antes que el alba. ¿Qué será mejor? ¿La acción, la pasividad, la queja perpetua, las bombas molotov, el espionaje telefónico, el sabotaje, la inserción para hacer mayor daño desde adentro, la desobediencia civil o el acatamiento de las leyes? ¿Serán los vacíos legales los eternos salvadores de los que pueden pagar por ellos? ¿Alguna vez hubo verdadera justicia? Y si no la hubo, ¿a quién le importó esta falta de justicia?
Esta clase media que, por un lado lucha diariamente por ganar un pan, una tablet (siempre me negaré a decirle tableta, esa palabra es para las medicinas), llenar el tanque de la gasolina, ver series nuevas por su sistema de entretenimiento de pago vía internet (me negaré a mencionar el nombre de la compañía), también acusa las injusticias; es testigo mudo (sí, mudo, porque en general sólo utiliza sus dedos para pulsar las teclas y escribir sus puntos de vista), y exige la restitución de las miles y millones de faltas de las que muchas veces no tiene vela en el entierro, ¿por qué? ¿Por qué esta clase media se siente responsable de los males que han estado aquejando? ¿Qué ha hecho para contribuir a la maldad, al terror, a la desaparición, a los cuerpos desmembrados, a los encarcelamientos ilegales, a las mujeres acusadas de aborto? Esta clase media, ¿acaso está atrás de estos y muchos otros actos de injusticia? o ¿acaso esta clase media, solamente ve, se queja, escribe (como su servidora), pero no sale a las calles para reclamar? Bueno, ¿para qué? ¿eso sirve de algo?
Supongamos que esta clase media sale a las calles para reclamar una u otra injusticia, además de granaderos, además de personitas con caras tapadas, además de anexos y acarreados, ¿qué? ¿En serio ha cambiado algo? No digamos algo dentro de la legalidad, de este bonito sistema, no, sino dentro de algo con mayor importancia, ¿se ha logrado algún cambio en la opinión pública?
Los que no luchan por llenar el tanque de la gasolina, sino por agarrar un lugar más o menos cómodo en el camión para cenar la torta que compraron en el paradero, ¿han cambiado de opinión? ¿Han tomado ellos un bando, han defendido sus verdaderos intereses, le han dado la espalda a la corrupción, se han sentido responsables por los destinos de terceros y cuartos, aquéllos seres humanos cuyas vidas han sido perturbadas de maneras muy desagradables?
No lo creo. No creo que toda esta lucha por internet haya valido para algo y no lo hará si las personas de esta clase media no se conectan entre a sí, cara a cara, ni si no lo hacen con las otras clases medias, ni con las otras clases no tan medias, ni con las clases altas. ¡Pero todo cara a cara! Nada de salir a las calles y ya, ni de diálogos con una sola persona; nada de esperar a que no salga aprobado en las cámaras. Podría esta clase media salir de sus casas, reunirse, charlar, beber té o café, integrarse como grupo, plantear acciones y hacer; acercarse entre sí verdaderamente.
Ah, pero siempre llegará un Judas, como en todas las historias de la Humanidad, o vendrá el mal llamado corrupción, o, en el más silenciado de los casos, vendrá la represión Estatal, a la vieja usanza de esta nación de la que dice mi credencial, soy ciudadana.
Ya terminé mi chocolate.

Paseo de la Reforma



domingo, 19 de julio de 2015

Es raro cuando es familiar.

De una salida de vacaciones, una salida familiar cualquiera. Un día de esparcimiento y feria de las flores, donde lo menos que hay son flores, donde lo más que hay es gente, comida, cumbia y solazo. Yo no sé por qué como que quiero llorar o no sé. Debe ser envidia lo que hay en mí, envidia de tener pocos panas. Me siento apartada y rara. Demasiado fuera de lugar. ¿Qué era lo que me gustaba hacer en esos ayeres? Tan fuera de lugar como nunca pensé, o acaso siempre estuve fuera de lugar, acaso nunca llenaba los estándares que la edad cumplía. Si volviera a tener los dulces veintes, haría exactamente lo mismo, sólo que con un teléfono móvil, por qué no—No es llanto, no es rabia, no es envidia, es aburrimiento de ser yo misma y no poder cambiar y decir vamos a beber hasta que las hormigas nos caminen, vamos a hacer tonterías y a no pensar en que mañana tenemos cosas que hacer.
No sé con exactitud qué tipo de desasosiego traigo, quizá sea que no llevaba yo acompañante y no pude ver las cosas que me gustan ver, y no me esperaron al caminar entre las multitudes, y cuando caminé rápido tuve que esperar en las avenidas, y cuando llegaba con flojera a casa, tampoco pude tomarme mi tiempo.
Sé que a la gente no le interesa todo lo que me interesa, pero, si me tomo el tiempo... bueno, no importa, total que en este mundo apartado no soy yo, sino otra, no usan mi verdadero nombre, por el que respondo y soy contenta, sino un nombre estúpido que le resta intelectualidad a toda persona que lo porta y debo asumir ese rol.
Será la insana envidia de no tener verdadera cercanía ni apego con las personas con las que debería...
Yo no sé cómo se le hace para eso; no entiendo el universo familiar. Pocas veces he cupido en una de esas que se llaman familias.



jueves, 25 de junio de 2015

Debería bañarme

Debería bañarme, darme una ducha con esas gotas de agua helada del supuesto verano que nos ataca todas las tardes de junio en esta ciudad matraca, dentro del país piñata, perteneciente a todo este gran mundo matraca. Algunos se preguntarán por qué ya no he escrito más en este sitio, si me he aburrido de escupir y vomitar mis inconformidades en el espacio que he creado para mi diversión y esparcimiento, para regodearme en mis dolores, mientras como chocolate, por supuesto, porque soy gran amante del chocolate; aclaro que del chocolate verdadero y no del dulce tipo chocolate hecho de grasa vegetal y muchas porquerías más. Por eso ya casi no como cosas de tiendita.
Cuando era niña, las cosas de tiendita, además de tener menos azúcar y sólo azúcar, no jarabe de alta fructosa y miel de maíz (gracias EEUU), tenían ingredientes verdaderos, chocolate verdadero, gelatina verdadera, cosas que venían más directamente del origen. Ahora, me parece, los ingredientes de las chucherías de tienditas, son producto de muchos procesos de la ingeniería de alimentos y saben a lo que les contaron que sabían los ingredientes originales.
Luego de esta breve introducción en donde expongo mi desazón por este mundo matraca presente y futuro, he de exponer el por qué no he escrito largamente en este ni en ningún otro espacio.


FIN


¿Para qué escribir palabras, frases, oraciones, párrafos, artículos, ensayos? ¿Para qué seguir escribiendo tonterías que nadie lee o que, los pocos que leen interpretan a su antojo? ¿Para qué escribir si no he escrito verdadera ficción en años?? 
Quien me conoce, no necesita leerme, quien me lee, poco me conoce.
Quisiera algún día poder escribir nuevamente y que quien me conozca me lea y sea feliz y me haga feliz diciéndome lo bien que escribo, que no he perdido el toque y que por eso nos volvimos amigos, después de todo.
Después de este conato de despedida, seguiré escribiendo, porque, además, en estos meses me ha llenado la desazón más que en otros meses, porque he visto lo bajo de la humanidad de este pueblo ínfimo, dentro de esta ciudad matraca, en este país piñata de este gran mundo matraca. He visto cómo se desmoronan velozmente las mentes, los pensamientos, los anhelos, el progreso. He visto cómo ni siquiera se borran, sino que se desdibujan las vidas de muchos más jóvenes que yo, y no por la violencia, no por las ganas de tener mucho dinero fácil, sino por la mera decidia, por la flojera, por el ni siquiera conformismo, porque el conformismo llega cuando se sabe más o menos a que se renuncia, no. Estas personas renuncian por pasividad, por dejar que sus vidas sean llevadas por la corriente—la corriente más corrompida—, una corriente que los llevará a donde alguien más quiera, a ocupar un lugar muy bajo dentro de la pirámide o a ser los reemplazos de los lugares bajos de la pirámide y no, en esta ciudad matraca, de este país piñata, dentro de este gran mundo matraca, estar abajo de la pirámide, no te convierte en la base o cimentación de la pirámide, sino en lo que soporta todo el peso sinsentido, sin-consciencia, sinrazón, sin-justicia de esta ciudad matraca en este país piñata, dentro de este gran mundo matraca.
Por tratar de ayudar a esa gente, me he alejado de acá, de mí misma, de mis muy internas reflexiones, de mis angustias propias y mis problemas por resolver y resueltos. No, no lo vuelvo a hacer. Si he de ayudar a alguien es porque ese alguien así lo quiere, de voluntad y de todo corazón.
No olvidemos también la Institución que respalda a esa gente pasiva, que maquila certificados, que malpaga (perdón, la institución no paga nada, quien paga es una Fundación), que no da nada, esa Institución tan de este país piñata, institución piñata también. No diré cuál es, siquiera diré que es una de las tres Instituciones que se dedican a la educación de este país piñata. No dudo que las primeras intenciones no hayan sido malas o que haya varios bienintencionados dentro de ella, pero los más son los que minan la voluntad de ayudar, los más son todas aquellas mentes contradictorias que dicen que te dan, no te dan, te quitan, dicen que no te quitan y terminan dándote la espalda y ahí vas tú sola consiguiendo material y lidiando con todos esos pasivos, desmadrados, siendo su madre y padre, intentando corregir bestias. ¡Joder! Si no tengo hijos es por algo.
Ahora sí, después de esta breve reflexión, he de decir que me dedicaré a mi vida. Gracias.

El edificio de La Nacional cada vez más inclinado.



miércoles, 1 de abril de 2015

Das sinnlose Leben.

Miro a la gente caminar por la calle atiborrada, la gente y la calle, los miro, no los comprendo. ¿Por qué se empeñan en ver a un personaje del cine que ni siquiera está aquí? ¿Por qué querrían ver a su doble? ¿Por qué tomarse la foto tipo selfie con enormes huesos de calaveras en semana santa?
Escucho el radio, las porquerías, las tonterías, los constantes prejuicios que pudren las bocas y los oídos de quienes escuchan, incluidos los míos. Miro el televisor y lo mismo de lo mismo; mejor lo apago y lo miro así. Mi reflejo sólo está allí, casi inmóvil, casi, porque a veces parpadeo o una mosca vuela y se atraviesa, y perturba la paz que necesito tanto.
Tengo sed.
Bebo. En algún tiempo me creí que era especial, que era única, que era capaz de hacer algo que nadie más podía hacer. Me equivoqué. Soy tan igual a todos, tan no diferente, tan parecida al común de la gente, del mundo entero, en sus días, en sus noches. Tengo habilidades, sí, como cualquiera las puede tener. Una voz singular, sí, como cualquiera la tiene también. Escribo a veces, como cualquiera escribe también... ¿Qué tiene de especial estar en esta vida o en otra? ¿Por qué no simplemente tomar otra vida, otro cuerpo, otra linea temporal? Si tan sólo pudiera, ¿de qué serviría de todos modos?
No hay nada fuera de lo común más allá de esta temporalidad, más allá de este espacio. Todo sigue igual. Y si todo sigue igual, ¿para qué seguir respirando, durmiendo, comiendo, defecando? ¿Qué sentido tiene el dinero, el poder, la angustia, la esperanza, la lealtad, la razón y el sentimiento?
Ahora entiendo muchas cosas. Ese dolor silencioso, el anhelo del caos, el bullicio, de un alma que te dé los buenos días o las buenas noches.
No estamos hechos para vivir aislados, como tampoco lo estamos para vivir en comunidad. No hestamos echos para nada. Acaso para poblar este pobre planeta cada vez más sucio y para creernos que podemos hacer de él lo que nos plazca. Traemos hijos al mundo, como perros, los aventamos, como perros, vivimos, como perros, peleamos por un hueso, como perros, por la hembra, como perros, por el macho, como perros y al final terminamos solos, como perros. Pero los perros no hacen tanto mal como nosotros, ellos miran con entera confianza, creen ciegamente. Nosotros desconfiamos y hacemos que creemos. Todo es mentira. Todo lo que hacemos es fingir que vivimos, que tenemos un objetivo, un ideal, una esperanza.
Y seguimos luchando contra nosotros mismos.


lunes, 30 de marzo de 2015

De las vueltas de la vida

O de cómo las cosas caben sin siquiera saberlas acomodar.

Pues es raro no ver a tus amigas en mucho, mucho tiempo, ni platicar con ellas por alguno de los múltiples medios que ahora existen. Es raro que cuando las ves, no sabes exactamente qué decir, qué preguntar, qué contar. Es raro ver que después de tanto tiempo son iguales y a la vez son muy distintas una de la otra. Es raro de pronto sentir que los temas de conversación se pueden agotar en 15 minutos. 
Es raro guardar las charlas por días, semanas, meses y hasta años y que pasados los siglos todo parezca tan igual y tan distinto. Es raro ser soso, cuando antes se creía ser complejo; y raro ser complejo cuando antes se era soso.
Es raro mirar al espejo y ver un cuerpo no agradable y que alguien sí lo vea agradable.
Y es aún más raro querer desahogarte y no poder, nunca poder.
Es mentira. Es raro que ante la súbita soledad, ante el súbito cambio de costumbres una persona recurra a quien menos pensaba recurrir, será que fueron mejores amigas por mucho tiempo y que eso no fue difícil de disolver, a pesar de las complicaciones que después vinieron.
Es raro encontrar la paz y la confianza en donde se perdió la confianza y un poco de paz, pero sí pasa, sí se encuentra y sí, también incomoda.
Es bien raro no tener ese vínculo mágico que siempre creí que iba a tener, esa figura de La mejor amiga.


miércoles, 4 de marzo de 2015

Isis cumple once años


Isis miau miau 

No tengo mucho qué decir hoy. Sólo felicito a mi gata públicamente, ya que nació un 4 de marzo del año 2004 en un cuaderno de apuntes de la carrera de mi mamá. Sigue acá conmigo. Es una gata bonita que busca el calor del sol y el calor de mi cuerpo, como se puede ver en la fotografía.
La amo y ella me ama a mí, ¿cómo lo sé? Porque sólo sobre mí, y sobre mi ropa, se echa, y porque sólo a mí me molesta tan así... como me molesta. Me exige, me maúlla, me da órdenes. Eso debe ser amor...

domingo, 8 de febrero de 2015

Sutil y grácil

La sutileza de una mirada, de una caricia apenas dada, el silencio feliz y los gritos juguetones.
Ser como una hoja, la más frágil, expuesta al peligro de ser destruida de un pisotón y no ser más.
Sentirse salvada por una mano suave y reconfortante. Sentir el calor de un cuello y querer recostarse en un regazo eternamente y después...
Sólo dejarse llevar por las sensaciones, los humores, los sabores. Dejar que la intuición sea la que actúe sobre el cuerpo.
Esas cosas que son como andar sobre una nube, como comer espuma todo el día. Esos sonrojos y sonrisas cómplices. Esas que ya casi no recuerdo, que han quedado atrás y que sí, extraño...


miércoles, 31 de diciembre de 2014

No mucho que decir.

Que se acaba el año 2014 y comienza una nueva oportunidad. Que el nuevo ciclo. Que olvidarlo todo y hacer, construir. Más bien yo diría reconstruir. Hay mucho por hacer en este año que está por comenzar, mucho por ver, mucho por decir, mucho por cantar, mucho por ahorrar. Hay mucha vida que dar y mucho por dejar ir. Que se vaya todo aquello que me ha hecho daño, que no me moleste más. Que venga a mí más felicidad y alegría y paz, sobretodo paz. 
Qué más quisiera yo que verdaderamente olvidar los malos ratos, las depresiones inútiles, las constantes decepciones de la Humanidad. Qué más quisiera que la violencia y el sinsentido se borrara cuando pasáramos del 31 de diciembre al 1ro de enero. Muchos dirán que es mejor no voltear a ver cómo todo se derrumba, se ensucia, se pudre. No puedo dejar de no verlo, no puedo estar calmada y celebrar el año nuevo, la navidad, el día de muertos. No, no celebré nada, porque no hay nada que celebrar, porque estos ciclos de tiempo sólo marcan tiempo, pero no hay bienestar ni beneficio en su transcurso.
Solía celebrar con euforia el año nuevo, pero ahora no le veo razón; ahora sólo quiero estar conmigo misma y analizar qué de todo ha sido lo que he hecho mal, qué es lo que en verdad me molesta, qué es lo que puedo cambiar, qué... qué demonios estoy haciendo aquí.
Ahora me siento en mi sillón y recuerdo lo que estaba haciendo hace un año...(¡mmm! je je), mas poco recuerdo los anteriores. Varios años con mis amores pasados. Uno en VT con amigos varios, allí, donde supe cómo era que el fútbol sí unía mentalidades.
Varias uvas, mucha sidra, abrazos, algunas—varias—decepciones, sexo...
¿Qué es el año nuevo en realidad? ¿Hay algo más allá en dar una vuelta más al sol? Sólo es eso y eso lo es todo. Será ese ciclo cósmico el que llena de esperanza a las gentes, el que las hace creer que todo será ahora mejor, y sin embargo, sigue tan igual, o casi tan igual que hace unos años, o mejor dicho, peor que hace unos cuantos años. ¿Qué hay que celebrar? ¿Que se acaba este año roto y comienza otro igual de roto? ¿Qué hay que celebrar? ¿Que este año violento de gente ciega no tendrá continuación en el siguiente? ¿De verdad hay que creer eso y celebrarlo? ¿No es parte de la misma ceguera?
¿Cómo voy a volver a creer en el misticismo del año nuevo?
Habrá quien me hable de cerrar ciclos, habrá quien me diga que no es un círculo, sino una espiral. Mucho tiempo creí en el Tiempo como una espiral. Ahora eso no es consuelo; ahora todo eso no es más que vértigo.
Tal vez lo único bueno de pensar en un nuevo ciclo sea en la oportunidad de no cometer los mismos errores y de emprender cosas buenas y bellas. Ojalá—¡Ojalá!!—las haya para mí y para todos aquellos a los que amo.

La gata Isis

martes, 18 de noviembre de 2014

O Leide weh! (Sé que pocos lo leerán).

Sé que pocos leerán esto porque al final del día, de la mañana o de la tarde, viene valiendo sorbete, porque este espacio tiene una advertencia de contenido para adultos, porque la gente teme o tiene flojera, o teme y tiene flojera. Escribo por no dejar rondando en mi cabeza el mismo pensamiento, el que me asaltó de pronto mientras preparaba mi cena, ti té, mi café de la mañana siguiente.
¿Qué hacer cuando un alumno le sugiere a otro dejar los planes para el futuro y mejor unirse a los sicarios? No, ni siquiera a los productores, vendedores, expendedores, traficantes de droga, no, a los sicarios... ¿qué hacer?
Tal vez he pecado de vieja, de snob, de anticuada. Tal vez he vivido en otro país todo este tiempo, cobijada por mis libros, mis reflexiones y mis notas musicales. Tal vez creo que existo y sólo soy el fantasma de muchos otros que pisaron esta tierra, gente con pelucas, gente que gustaba de leer libros y sonreír de cosas buenas.
¿Qué soy ahora?
En esta humanidad deshumanizada y ultraviolenta, deshumanidad psicópata, ¿dónde quepo yo?
Ahora todo va sobre mí. ¿Para qué estoy aquí? ¿para qué estoy aquí si nada o poco puedo cambiar, si ni mi entorno inmediato parece mejorar? Está en mí, como está en cada uno de los demás; empero ¿y si cada uno de los demás no quiere mejorar? ¿No lo saben, no se dan cuenta, no lo saben, no se quieren dar cuenta?
No se trata de mí ahora, se trata de mí y de todos, de ti también, el que no sabe saludar, y de mí que a veces también olvido hacerlo. Se trata de mí cuando decido no echar agua buena en el agua mala y de alguien más que culpa a los demás por ser persona estúpida. Se trata de mí por acatar órdenes y cumplir responsabilidades y de los otros que dan órdenes, mostrando el poco respeto que tienen por los demás y que me echan a la guerra sin fusil.
Se trata de mí porque he dejado de hacer las cosas que me gustan por hacer las cosas que dije que haría—maldita consciencia, maldita responsabilidad, maldita escuela, malditos estudios, maldita cabeza que no me deja botarlo todo—.
Hacer bien tu trabajo de poco sirve. Hacer, pensar y decir por todos los medios, tampoco. Todo queda en opinión, en algo loco que dijo ese merolico, que viene con su erre que erre, con su insatisfacción, que todo lo ve mal y feo, que no se calla y deja estar en paz con mi refresco, con mi soda, con mi cerveza, con mi pantalla, con el dinero que pedí prestado, con el dinero que me he ganado en mi jornada de once horas y contando.
Vámonos a vivir a Tuvalú, aunque ya ni en Tuvalú debe estar bueno.