De vez en cuando tengo razón; no tan seguido, pero sí, la tengo. ¿Por qué lo digo? Porque es poco tiempo; ha pasado poco para decir que todo ha sido sanado, que soy salva. Yo no soy la loca que dice que "te he liberado", no. Sé muy bien que aún quedan resquemores y que vienen en forma de flashasos los recuerdos de pena y gozo, y que entre ellos no hay más que lástimas: Lástima que no fuera sí, lástima que esto, lástima que aquéllo.
Por eso y en honor a mí y a mi sapiencia en el tema del Abandono, anoto esta canción que canté en la infancia con la otrora mujer que sí me abandonó para su mejoramiento personal (supongo, y tal vez supongo bien, que yo representaba lo peor de su persona):
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En Córdoba, Ver.
ADIÓS MARIQUITA LINDA
Adiós Mariquita linda,
ya me voy porque tú ya no me quieres
como yo te quiero a ti;
adiós Mariquita chula,
ya mevoy para tierras muy lejanas
y ya nunca volveré.
Adiós vida de mi vida,
la causa de mis dolores,
el amor de mis amores,
el perfume de mis flores,
para siempre dejaré.
Adiós Mariquita linda,
ya me voy con el alma entristecida
por la angustia y el dolor;
me voy porque tus desdenes
sin piedad han herido para siempre
a mi pobre corazón.
Adiós mi casita blanca,
la cuna de mis amores,
al mirarte entre las flores
al cantarte mis dolores,
te doy mi postrer adiós.
Autor: Marco Jiménez