martes, 3 de diciembre de 2024

¿Ustedes no extrañan a sus papás?

Justo antier estaba recordando el momento exacto en que me sentí desamparada, algo huérfana, lejana de mis padres, sí, huérfana y desamparada, de plano. Ese momento fue cuando tuve un esguince en el tobillo y no había quién me asistiera bien a bien, no, porque mi madre estaba lejos, mi padre enfermo, incapacitado mentalmente, y mi pareja pues, estaba trabajando y se ausentaba dos días a la semana, aunque si bien, él me acompañaba en el transporte público para mis actividades, había otras, las del hogar, en las que no podía asistirme del todo. En la más difícil era en la del baño. Vieran qué difícil es tener que bañarse con regadera y un yeso… por eso comencé a usar la cubeta comex y la jícara, era más eficiente y sencillo para no mojar la pierna; sin embargo eso daba otra dificultad: La de tener que subir la cubeta, calentar el agua, poner todo listo para no caerme. Recuerdo que un día él estaba malhumorado y me contestó de fea manera, supongo que estaba cansado, harto del baile de las cubetas, pero yo no tenía por qué tolerar eso. Recuerdo muy bien que con todo y férula calenté mi agua, me puse la cubierta en la pierna y me bañé así, yo solita, porque tenía calor, porque hacía calor, porque lo necesitaba. Nunca hablamos de eso.
A partir de entonces tuve la idea de pedir lo menos posible, a pesar de que me había dicho que le pidiera lo que fuera, que él lo haría con gusto.
Desolación. Desamparo.
La primera vez que me sentí así fue cuando necesité muletas, mismas que me prestó una amiga inmediatamente, cosa que le agradeceré de por vida y que hizo que yo la amara tanto, justo ahora la sigo amando. No. La primera vez que sentí desamparo fue cuando se metieron a la casa de mi madre y todo fue caos, y nadie sabia bien qué hacer, menos ella, y todo fue para mal. ¿Qué iba yo a hacer con mi perra? Nadie le quiso dar asilo, ni los conocidos de la familia, ni mis amigas acá; tampoco mis caseros se vieron cooperativos, a pesar de haber sido un evento bastante traumante. Sí, ahí sentí el desamparo. En una tierra lejana, sin los míos, que son pocos, con las manos atadas. Después fue el desamparo de las muletas y, después, la necesidad de usar un bastón. ¿Dónde conseguirlo en esta ciudad? No fue hasta tras casi un mes, que mi madre pudo venir a verme, que ella se pudo mover y traerme un bastón, mismo que aún conservo y adorné con estampitas de Hello Kitty. Ella y yo platicando sobre lo extraño que nos resultaba pensar: "Le voy a decir al Huehue que traiga…" y después constatar que eso ya sería imposible lo que restara de nuestras vidas. El desamparo de la persona que siempre estuvo allí, satelitalmente a veces, pero allí, y que dejara que ser/estar.
La desolación. Cuando sientes esa libertad, ese TE-MANDAS-SOLA, pero no hay más allá que ti misma, no hay a quien robarle un billet o a quien contarle cualquier pavada, que, aunque le pueda contar al padre, no habrá la misma respuesta, uno, es el padre, dos, no tiene la misma habilidad. Esa misma desolación que sentí aquella tarde en que me calenté sola el agua, cubrí mi pierna para no mojarla, y supe que era yo y yo, a pesar de todas aquellas palabras que en eso momento se vieron huecas.
Sí, este es un largo PMS. ¿Cuándo fue la última vez que me bajó la regla?



martes, 30 de julio de 2024

Lo hecho, desecho.

Me encuentro. ¿Pregúntenme cómo me encuentro?
Otra vez el ruido, otra vez la vida y los días, los odiosos días. No poder escapar. No poder simplemente salir sin un horario y admirar las nubes, esas maravillosas nubes de verano que todo cubren: Mis sentimientos, mis motivos, mis ojos. Otra vez las nubes.
Y yo que pensaba que no las habría, ni tampoco luciérnagas, ni libélulas. 
Y al final las hay, pero ¿qué más me da? Qué ganas de ser perrito de zona arqueológica para ir caminando feliz por los lugares frescos y recoger caricias y proteger las tierras. Qué ganas de ser gatito zampón, que duerme como un bendito, que recibe besitos. Qué ganas.
Me encuentro. ¿Cómo me encuentro?
Un tanto desecha de los nervios. A veces –casi siempre– me causa gran pena el hecho de mover las actividades diarias y acomodarlas al antojo del padre (porque no hay de otra). A veces –casi siempre– quisiera no tener horario y entregarme a la vagancia, recoger las hojas, tirar para delante y estar en una playa bien remota. A veces –casi siempre– pierdo el sentido de las cosas, se me atiborran las ideas y el cansancio invade hasta la punta de mis cabellos.
Hoy rescaté una luciérnaga mientras regaba mis plantas. ¡Qué dicha de verlas brillar, qué dicha de que me caminen la mano! Agradezco esos pequeños pedazos de vida que me sujetan al suelo y me quitan de pronto tumbarme y no levantarme.
No es que no quisiera críos, es que ya pasó el tiempo. Es que valoro mi vida, mi tiempo (el que tengo mío), mi silencio. Es que no deseo perder mi salud –si es que la tengo– y poner en riesgo mi vida. Este cuerpo ya va para otro camino, el mío, el que me he forjado, y ahí no están esos críos. A veces –casi siempre– me es molesto hablar de eso con gente, ¿qué demonios les importa, si ellos no soy no, si no saben de mi mente?
Son impertinentes. Son molestos. Debieran callar, callar para siempre.
Me encuentro. ¿Qué es un encuentro? Un hallazgo de dos o más cuerpos en una encrucijada abierta, entre flores, cañas y olores. Me encuentro arrastrando dolores.






martes, 18 de junio de 2024

Ruido

Aquí hay ruido. Ruido muerto. Ruido molesto. Ruido y caos. Caos muerto, Caos Molesto. Pronto voy a poner. Ya he puesto música. Música ruidosa. Continua. Continua como esta vida, que no acaba, en la que no cabe el descanso. Sigue y sigue.
¿Para qué quiero descansar de todos modos? Quizá sea el calor el que me tiene atosigada, incómoda, sudorosa, terrible y temible. Quizás sea el cuerpo que no tolero, la cantidad de libros, las ganas de leer y de estar sola, pero los trastes deben ser adecuadamente ordenados antes de lavar los siguientes. (No lo he hecho) Me he dedicado a hacer mis cosas y luego nada, casi nada. A hacer eso pendiente del auto, la limpieza del polvo que jamás acaba, jamás se va, siempre permanece. ¿Qué aroma es ese? Un dolor de panza eterno, terrible, ya lo estoy sintiendo. No pude evitar comer esa galleta. Tenía ya mucha hambre. ¿Para qué estoy estudiando lo que estoy estudiando? ¿Para qué sigo en ello? ¿Es eso mi vida?
Tiene tiempo que no lo hago de verdad. Aquí no encuentro nada ni nadie. Aquí nadie puede ver ojos en otra cara. Para hacerlo propiamente me tendría que mover a otra ciudad, qué otra ciudad, otro Estado, porque aquí no he encontrado, además, gente afinada. 
No, no necesito silencio. Necesito mi propia tonada. Solamente la mía, no otra. Sólo quiero escucharme a mí misma, sin complicaciones. Ir de mi punto A a mi punto B, sin interrupciones (y sin embargo, me interrumpo a mí misma). 
Cuidar las cosas. Cuidar de los demás. Cuidar de las cosas de los demás. Cuidar lo que digo. Cuidar lo que escribo. Cuidar lo que pienso. Cuidar lo que no pienso. Cuidar de escuchar lo necesario. Cuidar de escucharlo todo. Cuidar del sonido, del silencio, de la oportunidad, de la depresión, del pan dulce, la grasa, los irritantes. 
Mirar el horrizonte quebrado por una lona y una espantosísima barda de block gris. ¿Por qué la gente usa ese material tan inmundo para construir? Sé que es barato, pero es realmente espantoso, o Hespantoso, así con hache. Quita la vista, corta el viento, da calor. Te-rri-ble
¿Y de qué más me he de quejar esta vez? De la levedad de algunos días y la pesadez de otros. Del dolor de panza con cólico menstrual. (Me arrepiento de haber comido esa galleta ahora mismo). Qué largo, qué fiaca, qué calor, qué más da.
Si puedo, me sentaré a leer el libro que he querido comenzar desde hace semanas, pero que, por una u otra razón (tarea de guitarra, salida, enfermedad), no he podido hacer. Ojalá lo logre. Ojalá termine esto pronto. Ojalá de verdad haya ayuda. 



domingo, 10 de marzo de 2024

Sobre los resquicios rimbombantes: El 8 de marzo.

Tiempo ha, nuevamente, que no escribo nada de nada. Ni en diario, ni una nota. ¡La nota! Terminó el semestre; creo que salí bien; aunque siempre me confundo con los modos griegos y alguna otra cosa. Si no los canto, no los capto. A la siguiente los cantaré. Hay cambios simples y cambios sencillos; también hay cambios complejos y verdaderos. Tuve que cambiar mi computadora; no fue culpa de Gaia, sino mía por descuidada. Prometo ser más cuidadosa y no dejar nada cerca de mi ordenador y de mis gatas. Todo por creer que sería un día tranquilo, pero aquí estoy, creyendo que puedo escribir algo este domingo, algo significativo, algo bueno, y no. Todo es solamente una sarta de ideas inconexas en lo que sale algo bueno de mi cabeza.
Puedo hablar de la marcha del 8 de marzo, el #8m, puedo decir muchas cosas de esta ocasión, (¿dejaré de ser sorora si digo lo que estoy pensando?). Pues lo dejo de tarea:
Esta marcha fue corta, fue pequeña, la convocatoria estuvo difuminada por otras convocatorias, por el ruido, los balazos de esta ciudad. Marchamos solamente unas cuantas y no abarcábamos más de una cuadra. Todas tenían pancartas y unas se sabían las consignas, otras tantas no. Las más básicas recitamos: ¡Alerta, alerta!, Señor, señora, Señora consciente se une al contingente, Verga violadora. Se repartieron más consignas, pero no las escuché, sobretodo porque estaba pintando con aerosol verde y esténcil las banquetas, pintaba leyendas tan bellas como: ABORTO LIBRE y VIVAS Y LIBRES. Decidí usar verde y no morado, porque soy totalmente proaborto, porque ese tema sigue causando escozor y porque es algo que jamás debe dejarse atrás, porque, ya se ha visto, que no es un derecho garantizado, ni aunque lleve años en un país de primer mundo, porque pronto vienen ya los derechistas a querer imponer sus ideas de carcamanes arcáicos y católicos y decir que su moral es la que debe regir las legislaciones del mundo. Fundamentalistas aquí y allá, debo decir. El mundo está en peligro real, pero a ellos no les importa, con que siga rolando su dinero, que se acabe el agua, que se mueran los pobres.
Es realmente alarmante, también, que haya señores profesores que se alegren de que se mande fuerza pública a sus alumnos y que esos señores se reproduzcan, porque seguramente son de esos que dicen que el derecho de nacer, que el cuerpo de las mujeres no es de ellas, sino que es un templo de dios y sepa qué dios, pero cuando alguien llega y les dice "este hijo será tuyo" son los primeros en desear el aborto ajeno.
Pero ese es tema de otra semana, o de la misma, porque en realidad es parte de lo mismo. Como el hecho de que haya muerto el creador de Dragon Ball, Akira Toriyama, y que los señores otakus de porquería hayan utilizado su muerte para vomitar su odio contra una causa y un grupo vulnerable que año tras año sale a las calles a protestar porque nada, absolutamente nada, ha cambiado desde, no sé, desde siempre. Porque a mi abuela la violentaron, a mi mamá la molestaron, a mí me jodieron y a las chicas que están creciendo también las están fregando.
Una niña como de 18 años se me acercó mientras adornaba la Alameda y me pidió el aerosol. Me comentó que justo el día anterior un señor había intentado tocarla.
"¿Y qué hiciste?"
"Nada"
"Sí, una no sabe qué hacer… A mi mamá se lo hicieron, a mí y ahora a ti. Nada cambia. Mejor lleva un seguro y los picas o saca unas tijeras y diles que si les sobra algo."
Se empezó a reír.
Porque sí, se dice que hay equidad, que hay derechos iguales para todos los habitantes, pero no hay respeto, no lo hay. No existe un respeto para las mujeres por ser personas. Sí lo hay por ser madres, por ser abuelas, por ser esposas, todas de, pero no por el simple hecho de haber nacido mujeres, tan no existe que un desconocido tuvo a bien/mal en tratar de insultarme, agraviando la masculinidad de mi Amor, que si es mandilón, que si soy la patrona, que si también le gustan los hombres, que si nos maquillamos juntos, que si es un pelafustán por tener por pareja alguien que quiere destruir la propiedad privada… Sí, pero ese no era el punto. El meollo era que tengo una pareja que me acompaña, que me apoya y que le gusta que haga cosas, al igual que a mí me gusta que él se ponga a querer ver arder el mundo. Sin embargo el desconocido quería insultarme diciéndole maricón a mi Amor. (ja, ja, ja) 
Tan las mujeres no son respetadas por sí mismas que prefieren insultar al que ellos creen, que son poseedores de nuestras vidas. No, las cosas no han cambiado, ni cambiarán. Tienen miedo y reaccionan más violentamente, ante una desconocida, con lágrimas de señor enfurecido, incapaz de manejar cualesquiera emoción que tuviere.
Y como dije, en broma antes de salir a marchar este 8 de marzo, en consigna genérica:

DE NORTE A SUR
DE ESTE A OESTE
EMASCULAREMOS UN HOMBRE AQUÍ
CUESTE LO QUE CUESTE.


Aborto Libre