Desde la férula inmovilizadora, me atrevo a
escribir al respecto de Ingrid E., la mujer asesinada y desollada por su
pareja.
Desde este desesperanzado corazón casi no
escribo sobre el caso de horror humano que estamos presenciando en este país
piñata llamado México.
¿Qué puede pasar por la mente de una persona
al matar a su parea?
Nada, no pasa nada. Simplemente se nubla la
razón, (¿alguna vez la hubo?). Siguiendo la narración del feminicida, pelearon,
la cosa se puso violenta, ella lo agredió y él le dio el chuchillo y dijo:
"Mátame, hazlo." ¿Qué hizo ella? Apenas lo hirió. ¿Por qué él no se
detuvo?
Quizás ella tomó el cuchillo y vio la
oportunidad para defenderse, (casi podría asegurarlo) porque una mujer al verse
acorralada recurre también a la violencia, por miedo, por terror…Terror. Pero
al final no le hizo gran cosa. ¿Por qué? La vida violenta, no sólo una relación
violenta, sino la vida entera, despertar, desayunar, regresar a casa, dormir,
todo envuelto en celos y falta de amor, con falta de lugar seguro, aislada,
empequeñecida al grado de ser incapaz de ver la puerta abierta, la puerta de la
libertad. Así es el sentir de quien está bajo el yugo de una relación
codependiente, violenta, aterradora. Tal vez por eso.
Él, en su calidad de superior no pensó, no,
no lo pensó y la mató con el mismo cuchillo que momentos antes le había
ofrecido para que ella lo matara. Ella, con su falta de fuerzas (físicas,
mentales, emocionales) no pudo contra el embate del que se supone la amaba. Él,
sin pensar, sin razón, terminó con su vida, lo hizo porque podía, porque nadie
se lo impedía, porque creía que era suya. No, ella no era nada, sólo una
molestia, ruido de fondo en su vida. Se la quitó de en medio, hizo todo lo
posible por deshacerse de ella, como un desecho, como un animal atropellado en
la carretera, un bicho muerto.
Lo estoy asumiendo todo.
No la amaba.
Lo que hizo con su cuerpo después simplemente
no tiene nombre.
Lo que vino después fue realmente
escalofriante.
Tras dar a conocer la noticia en redes sociales,
circuló la foto explícita de un cuerpo descarnado, así, sin pudor ni respeto;
se hizo explícita la manera en la que se trató el cuerpo de Ingrid. La gente no
dejaba de compartir dicha imagen y descripción, de uno y otros lados, con
cualquier tipo de justificación: Desde que para que no digan que las feministas
exageran, hasta la vulgar nota roja. Después vinieron los comentarios a la
grotesca publicación… ¿Se creerá que la mayor reacción fue de indignación ante
tal inhumano crimen? N, si no la mayor, sí la más notoria fue la
revictimización y la burla.
Un montón de seres machistas, tanto
masculinos, como femeninos, no tardaron en expresar su odio: "Algo
hizo", "Para qué anda con una persona tan horrible y vieja, ella tan
joven, naturalmente despertaba celos.", "Para qué se queda en esa
relación, todo por tener un sugar daddy.", "Pero seguro algo quería
de él, por eso no se iba." "Ya ven, por qué no se valoran y están con
ese simio."
Al poner estos comentario, parafraseados
todos, me doy aún más cuenta de lo que tienen en la cabeza la cobarde mayoría
de los mexicanitos. Comentarios estúpidos que sólo escriben desde el anonimato
de las redes sociales, que no se atreverían a expresar en vivo ante un foro más
grande, pero que sí expresan en la intimidad de hogar, porque así
verdaderamente piensan, porque así fueron criados. ¿En qué cabeza funcional
cabe el burlarse de un asesinato tan atroz?
Este país es una ruina por ellos, por todos
nosotros, por nuestra educación y las ínfulas de querer ser más, de creerse
moralmente superior al otro, siempre y en todo momento, de la moral católica
mal plantada y ejecutada, de la nula responsabilidad por nuestros actos.
¿Cómo los mexicanitos no son capaces de ver
más allá de sus narices y ver que la misma problemática de Ingrid en casa es la
misma que tienen en su hogar? ¿No ven los masculinos que en realidad, por su
falta de educación emocional y su cultura machista, son tan capaces de actuar
como el mismo homicida? ¿No ven las femeninas que, por su falta de educación y
atención, por vivir la desigualdad, por no analizar su situación, es posible
que sean víctimas terribles como la de este caso?
¿No ven que están replicando con sus
prejuicios la violencia sangrienta que aún está circulando en las fotografías
(porque apenas hace unos minutos volví a ver otra horrible publicación)?
Somos un país enfermo, un país sin remedio,
un país sin comunidad, cuyos miembros pequeñitos, insignificantes, ven sólo por
su bien individual. Por falta de empatía, quizá no merecemos nada de compasión
ni respeto.
![]() |
Ingrid E. |