jueves, 9 de marzo de 2023

Mi aborto del feminismo.

Pido perdón por no cumplir con el feminismo, por no llenar los estándares, por querer sacudirme en todo momento los "deber ser" y los preceptos de éste.
Pido perdón por no ser 100% sorora y no dejar de torcer los ojos ante algunas acciones que me incomodan, de esas que parecen mandato, de esas que me saben a imposición, a regla inquebrantable y absoluta.
Pido perdón por no haber soportado ya los absolutos, los no rotundos, la ceguera ante el contexto, ante las personas individuales y sus historias.
Pido perdón por haberme exaltado con una compañera que tuvo a bien el querer proteger identidades de mujeres, sin saber exactamente si se les estaba vulnerando o si era real lo que se le estaba diciendo.
Pido perdón por no soportar esos absolutos feministas, esos "porque es hombre" y punto, aunque se haya tratado de razonar con ella, aunque se le haya dicho "él es mío y hace lo que yo le digo y es mi material", aunque se le haya dicho "vine a cubrir el performance de mi esposa", mientras ella hubo respondido: "Pero no todas son tus esposas".
Pido perdón por pedirle a mi único compañero de vida, al bueno, que me acompañe en cosas simples, en recoger material gráfico y echarle un ojo a las compas, así sin estorbar y sin protagonismos. Pido perdón por ahorita no tener una compañera lesbiana que me pueda apoyar en ello.
Dicho todo esto. Dejaré de ser feminista.

(Aunque siempre me llamará la atención de cómo paulatinamente hay chicas aquí y allá que se quejan de que las activistas les han hecho mal).

Gestorbener Feminismus

jueves, 26 de enero de 2023

No hacer. Hacer nada.

Enfermé esta semana. Quedé con tantito moco y me cuido de la ronquera, porque sino, ¿de qué otra forma podría yo comenzar el año dando clases de canto? Acabo de limpiar el suelo. Esta semana lejos de las actividades pública y físicas han dejado en mi un cuerpo más o menos descansado, una cabeza un tanto clara, pero una casa realmente sucia. No es porque seamos en realidad muchos, sino porque tenemos un nuevo gato y nos trae tierrita, además de que aquí la caña carbonizada cae como nieve y brinda a la tierra nutrición, y a las losetas, mugre. Purita y toditita mugre. Pero ni modo, ya no quería vivir en el monstruo llamado CDMX que porque era imposible, y sí. El plan era venir a vivir acá con mi Amor, encontrar un terreno para construir, comenzar a hacerlo y vivir haciendo lo que fuera que nos gusta. Y tantán.
El plan era venir a vivir aquí con mi Amor, mi gata Isis, mi perra Gilda y que a los pocos meses se mudara mi madre a Querétaro, donde tiene su casa amueblada, y todos abandonáramos la gélida casa el sur de la Ciudad. El plan fue, porque Gilda se quedó con mi madre, al igual que ella con mi padre y todo pasó por delante, justo antes de la pandemia, y nos llegó el año parado, luego vino el otro, y mi gata, y mi madre, esas dos se fueron.
No sé si en realidad me ha hecho bien ir con una psicóloga y hablar de las cosas así sin objetivos, porque me siento laxa, pero no quiero rigor, porque los objetivos me agobian y me llegan de desazón. La gente dice que está mal vivir así, que está mal no tener ninguna meta, ninguna ambición, que está mal no poderse imaginar en el futuro así exitosa, estable, remunerada. La verdad es que no me gusta hablar de ello, ni del éxito, ni de la estabilidad, mucho menos de la remuneración. Me la he estado viviendo así, cachando lo que viene para mí, sin mucha ambición de querer lo mejor, (¿o no?). No quiero lo mejor, ni lo ambiciono, porque lo mejor siempre implica más casas, más autos, más dinero, más fortuna, lo mejor para mi pobre cabeza crecida en este triste mundo no implica más nutrición, ni mejores condiciones, ni más felicidad.
Tampoco me gusta imaginar mi futuro, porque esas proyecciones siempre han de ser el de una casa propia, perro, gato, marido, carrera, trabajo estable, propiedades, compras, viajes, cosas que sí me van, pero que son para todos y yo no soy todos. Quiero un viaje a la playa, pero no a la playa donde todos van, quiero estabilidad, pero no la que implica no ver ni el atardecer, quiero carrera (pero si ya tengo una, pero no la ando presumiendo, aunque de tantas pausas nadie sabe de ella y todo se va para atrás porque además, al lugar al que vine a parar nadie te presta ni un lápiz si no sabe quién eres). Lo único que quiero es una casa propia y ahí es cuando llega la frustración, porque ya estamos en el umbral de febrero y ni siquiera hemos hecho lo que habíamos convenido hacer en diciembre, ¡en diciembre! Yo creo que haré esas agencias solas, sino eso tampoco va a avanzar, así como trámite del ISSSTE.
No me gusta hablar de mi futuro porque no se concreta, ni en uno, ni en dos, ni siquiera en cinco años. Lo que realmente quiero es construir una casa y habitarla antes de ser demasiado vieja, tener mi casa para nuestras actividades, nuestros gustos, nuestra familia, un lugar donde de verdad, nadie, NADIE nos moleste y no tengamos que vestirnos para ir al baño.
Pero en fin, lo único que venía a escribir es que me enfermé un poco y que finalmente hice la nada, LA NADA, y he podido ver series, películas, ¡he podido leer! Cosas que quiero, que me nace, cosas que hago para rellenar el tiempo, casi sin pensar en pendientes, obligándome a echar para adelante los trámites por hacer, los pagos, la maldita vida adulta. Esta semana en donde sólo me he cuidado a mí y un poco a las gatas. Esta semana merecida que seguirá así, hasta la última hora de este domingo, porque por supuesto que no iré a taller de teatro el sábado, donde seguirán ad nauseam con La Bella y La Bestia, porque he visto en las redes sociales que se promociona como taller de teatro musical y eso sí que yo no quiero, no me late, me cansa, me fastidia, hasta sueño que estoy harta. He pensado en renunciar, pero entonces, ¿cómo practico y perfecciono?
Y justo ahora, se ha ido la luz…
¿Por qué, en serio, a la gente le gusta disnei y el teatro musical? Tanto ruido, tantas luces y sonidos: estridencias que no te dejan la cabeza más que para ellas y no para las cosas buenas y mesuradas. Por eso es que no me gusta imaginarme en el futuro, mucho menos hablarlo, porque mi futuro imaginado –si acaso lo pudiese realmente elaborar en la mente– no es como el de los otros, con canciones sosas y luces y sueños de fantasía en donde al final el bien siempre triunfa, mientras que el mal es castigado. Eso no, eso siempre es muy aburrido. Mi película tiene suaves cabellitos, muy buena música bien estructurada y un argumento sólido como edificación antigua aún no descubierta por los saqueadores de tesoros (y los arqueólogos).

Yo


lunes, 9 de enero de 2023

La significación (cumplí 40).

Una imagen en la cabeza, muchas. Los días contados avanzan y el plazo finalmente llega. ¿Qué sería de mí sin los que vienen no fueran los mismos? Yo quería escribir algo, pero no tengo nada en concreto que escribir, de pronto me vacié, pero es cansancio, nada más, porque la vida adulta me atropelló hoy. ¿Qué es la vida adulta sino cumplir con una serie de trámites para satisfacer el ego y el status quo? Nada más que eso. En fin.
Pasó el día de mi cumpleaños y comenzó la semana de preparativos para mi fiesta. Entre cansancio, berrinches, los "ya sabía que no vendría" y los "avisé con mucho tiempo", también los "ni modo de enojarme, así pasa". Llegó el día del festejo, porque cumplir 40 años no es cualquier cosa, y menos después de la apaleada que la vida me dio un par de años atrás, (¿o fue menos?) El trabajo me rebasaba. De sentir que iba a ser muy simple, se convirtió en picar y picar, preparar y preparar y la gente comenzó a llegar. Aún no terminaba todo.
Llegó una amiga reciente, una amiga-hermana de corazón justo a tiempo para la ayuda necesaria: Entre picar, corregir, supervisar el fuego, el ride a mi Amor por mi pastel (que según él, apenas estaban terminando). Llegó como del cielo, aunque en realidad llegó de Cuautla, y se lo voy a agradecer siempre, porque no hubiéramos armado la fiesta sin ella. ¿Quién hubiera pensado que en un momento de la vida llegara una ex-alumna a hermanarse conmigo? Circunstancias adversas parecidas, hijas únicas y chinos, los chinos.
Siento que esta narración está un tanto insulsa, no sé por qué, será porque estoy haciendo sopa.
Pasó algo extraordinario, algo que no hubiera pensado, tomé mi confianza y la deposité en otros así, sin miramientos, simplemente me dijeron "hago" y dejé, simplemente dije "tú haz" y se hizo. No fueron grandes cosas, pero sí fue un gran descargo, unas cosas pequeñas que le dieron forma a toda la fiesta, entre correr y ver qué faltaba, entre oír conversaciones cortadas y no decir nada. Fue raro porque estuve allí y no estuve en nada por estar en todo; sin embargo hubo destellos que le dieron certidumbre a la reunión y a mi vida misma. ¿Cómo detalles tan simples denotan la naturaleza de las relaciones?
Entre mi amiga a la parrilla, mi ex la encargada del queso, mi Amor, el de los nopales y que se cercioró de que todos tuvieran bebidas…Creo que acabé pocas conversaciones, y creo que abarqué mucho mucho. Como los días cotidianos de correr sin descanso, como los domingos de no estoy para nadie, como comer y jugar y beber y charlar y no hacer eso.
Hubo momentos en los que mi ex me platicaba, me preguntaba cosas y yo tuve ese resquicio del pasado que ya no es y pero qué bueno, tuve la seguridad del vínculo más allá de los problemas y rencores, más allá del amor carnal y los placeres. Saber que se es y que somos y no fuimos, con ella, con él, con todos lo que estábamos en ese patio y alrededores.
Regalé tiempo, así como ellos a mí el suyo. Regalé confianza, así como ellos a mí. También fui una reina maga, porque eso siempre es algo que me nace.
No podía decir gracias, no podía expresar cosas lindas, ni el gran discurso que quizá sí estuve pensando por días, mas sí les di una parte de mí, la más reciente, la que se ha construido aquí, en estas tierras, tan rota, tan ajada, tan fortalecida por el Amor, por ellos…
Yo no sé si le quiero regalar esta emoción bonita a quien no me conoce así, yo quiero tenerla para mí para siempre. Esa certidumbre de cariño y confianza, de falta de duda y de totalidad, eso que no se puede hablar mucho y que vale del todo. Las ganas de besar en la boca, de abrazar, de contarlo todo y escucharlo por igual.
Lo que hubiera querido tener antes, ya no tengo.


La ex, el gato cósmico, y yo


El abrazo de Acatempan.


El Amor y yo


Los reunidos


martes, 15 de noviembre de 2022

Escritura rápida

Hoy que estoy sola, me di cuenta que por andarle jugando al teatro este año, no he hecho las cosas que me gustan, no me mal interpreten, me gusta saltar y andar haciendo cosas nuevas, cosas que nunca antes me atreví, pero no he podido hacer lo que disfruto. No he podido leer, cocinar, no he podido escribir aquí, ni en ningún otro lado, y tampoco he podido pensar bien, bien en mi porvenir, en el mío, el personal e íntimo.
Andar de teatro es rico, es duro y fuerte, pero también aturde. No se puede pensar en más mucho, sobretodo yo, que soy una persona que sólo tiene una línea de pensamiento, aunque finja tener más. Es jugar con la gente, entregar el cuerpo, jugar y crear una fantasía, pero también es lidiar con los egos y las locuras de la gente, sobretodo de gente con pensamiento general, absoluto, gente con la que no se puede dialogar, pues ellos y sólo ellos tienen la razón.
El teatro así pareciera una secta, donde se sigue al gurú ciegamente, un lugar en donde las fantasías y la superstición lo es todo.
No soy gente de teatro, soy gente de ARTEEEEE, soy gente que le gusta expresar y provocar, incomodar. Soy gente que no precisamente desea agradar, porque el ARTEEEE, aunque sea bien ejecutado, no es un adorno para presumir, sino una manifestación del pensamiento humano, de las emociones, del cuerpo, del entorno. Soy persona de gustos simples también, me gusta cocinar, me gusta criar plantas, cuidar gatas, me gustan las niñas más que los niños, me gusta la vida tranquila y salvaje, pero no me gusta que venga cualquier prejuicioso a ensuciar mi vida simple, a vigilar que cumpla el "deber ser" según sus creencia, según sus dogmas. No me gusta la gente que mata árboles para Navidad o que pone insecticidas sin mirar por otra alternativa. No me gusta la gente que siempre mira la paja en el ojo ajeno, pero no es capaz de ver el contexto en el que está pisando. No me gustan las personas que dicen que han cambiado gracias a dios y que por eso piensan que ya cualquiera debe perdonarle y olvidar sus faltas. No me gusta que se crea que se debe amar y honrar al padre y a la madre sin conocer antes si los progenitores fueron cuidadores suficientes de sus críos.
No me gusta el "Deber ser" de nada.
No me gustan los prejuicios.
Y si continúo respirando y haciendo ARTEEEE será para derrumbar las paredes mentales de estos dos males mencionado.

Seguiré descansando.



Gaia mi amor.

martes, 5 de julio de 2022

Adiós, ayer, adiós.

Un encuentro bastante incómodo tuve la semana pasada. Un encuentro que ni esperaba, ni quería, ni sabía el porqué del objeto. ¿Para qué verla? ¿De qué me iba a hablar? ¿Me iba a reclamar algo, a pedir, a solicitar, a ordenar? ¿Querría yo pelear con ella? ¿Querría yo decirle que la culpo totalmente de la muerte de mi madre, de su cansancio previo a dejarse caer al pozo? ¿Valdría la pena el desgaste y la pérdida de tiempo?
La mesura llegó a estos, años, cierta mesura, sí, aunque no la completa calma ante las cosas inoportunas. Ansiedad sí hubo, bastante, incomodidad y alguna pelea. ¿De qué servía acceder a verla? Tal vez era mera curiosidad de saber qué quería de mí, si había alguna novedad, porque algo bueno de ella, no, totalmente no. Lo dudo.
Luego llegó a mi cabeza ese recuerdo infantil de ella cuidándome, llevándome al cine a ver Terminator 2, de darme un libro a leer, de enseñarme cosas y tenerme la confianza para habitar su casa por semanas, todo en esa infancia tan inocente, tan falta de juicios y valores en contra. ¿Qué pasó con la tía que sí cuidaba de mí, que era moderna por ser la más joven? ¿Qué pasó con esa mujer a la que yo admiraba de pequeña, que me subió al metro por primera vez, que me prestaba ropa para sentirme mayor, que me enseñó a que se puede ir al mercado a comprar una fruta cuando se tiene hambre y así matar el apetito sanamente?
Se fue con mi infancia, llegaron los prejuicios que se asientan con los años, con la adolescencia, los prejuicios que se postran sobre la cabeza de la que está creciendo y le impiden ser ella misma, hacer cosas nuevas, y buenas, y al mismo tiempo que mi inocencia desapareciera, sus prejuicios de adulto rancio, de ideas conservadoras, llenaron su mente, (o quizá ya estaban allí, pero era incapaz de verlos). ¿Qué pasó entonces? Me volví otra, me volví yo, me volví Una.
Accedí a verla, a pesar de que se me dijera que para qué. Pues accedí a verla por educación, por cortesía, por verla, porque quizá sí sería la última vez que la viera en la vida, quizá no. Accedí un poco por los recuerdos de la muy lejana tía. Fue tan mesurada la visita, tan de dientes afuera, tan falsamente cortés e hipócrita, tanto que valió la pena, por saber que yo era yo, y soy otra, y soy Una, tan lejana a la que piensan que soy, tan ajena, afortunadamente ajena, y capaz de mostrar una careta correcta, por el bien de todos, a pesar de mi disgusto, a pesar de su presencia, a pesar de que insultara ya sin razón a mi padre, todo por mi padre, por mi tío, que la acompañaba y, sobretodo por mí. ¿Valdría la pena la pelea y el desgaste físico-emocional? No.
Ya no estoy para esos trotes, ya no doy el cuerpo en cosas que no producen el bien en mí. Ya aprendí. ¿Ya aprendí?
Luego vino la llamada telefónica. "¿En qué proyectos estas? ¿Qué estás haciendo?" Cosas, esa fue mi respuesta, cosas, porque soy libre, verdaderamente libre, no le tengo que rendir cuentas a nadie, ni contar mis sueños y proyectos a ninguna persona que no lo valga, y porque, recordé también muy bien, que justo la faceta de carne de mí, la humana, la faceta de EL ARTEEEEEE que me conforma, fue la que más deseó aplastar durante mi formación. Por supuesto que no tendría que contarle absolutamente nada.
Eso, sumado a su insistencia de no aceptar la violencia (como si apartar a su hijo de su familia no lo fuera, como si pelear la cocina con su hermana no lo fuera, como si dejar a su sobrina con hambre después de una ida al hospital a ver a su hermana, no lo fuera), y de recalcar quién era su única familia en este país –su hermano, mi tío– y decir que será la última vez que estará y que sólo viajó por su única familia que le queda. No, no vale para mí ya, ni por el recuerdo, ni por la admiración que alguna vez le tuve, esa que valió para que accediera a perder un par de horas de mi vida en verla. Ya... 

...adiós a la tía


martes, 10 de mayo de 2022

Sufrimientos

Este día de la madre la recuerdo, pero no la recuerdo ni bonito ni feo, sólo la recuerdo, no a ella, sino lo que opté por hacer ese día para festejarla. Comida y pastel. No había otra cosa más que saliera de mi corazón, ni de mi bolsillo, porque le gustaban cosas muy caras, o perfumes muy oloroso, o aretes sólo de oro, porque le hacían reacción los otros, que sabía que perdería muy prontamente.
Alguna vez de algún viaje le regalé una mañanita, esa sí le gustó.
También alguna vez le regalé un rebozo, ese también le gustó.
Fuera de eso, cualquier otro regalo no sé, creo que no le gustaba, o tal vez sí, pero me era difícil encontrarlo en esas fechas, puesto que todo está retacado de cosas que el mercado dice que le gusta a las mamás, cosa más mentirosa.
Este día de la madre la recuerdo y la recordaré, porque veo que muchas la festejan, la exponen, la presumen. Yo no, sólo, acaso, muestro su imagen, la expongo un tanto. Jamás en vida la presumí, jamás dije, miren todos es mi mamá. No era vergüenza, era algo personal e íntimo, era mi relación con ella y nada más. Nadie más tenía que inmiscuirse en ella, nadie. Aunque al final resultara que todos querían meter su cuchara, que varios dijeran pestes de mí con ella y que ella optara por no decirme las cosas importantes. Aunque al final resultara que quien yo creía que era ella, no era, sino su imagen en mi cabeza, la que quise construir, la que tuve que formar para crear mi propia personalidad, tan alejada de ella como me era posible, y al mismo tiempo, tan parecida. Qué terrible.
Y ahora, en este día de las madres he llorado, pero no por ella, sino por mí, porque no entiendo, porque entiendo, pero porque necesito ternura y no la tengo, porque debo ocuparme de las cosas viejas, de las nuevas, de las nunca estrenadas y también de mi padre, porque debo ver que no se mate, que sobreviva, que viva lo más decentemente posible. Vivirá.
Y vivirá a costa del cansancio de mi cuerpo, de mi cintura rota por hacer el doble de guisado, por andar de un lugar a otro y tratar de dejar todo cubierto, para poder sobrevivir yo, y poder pensar en mí nuevamente. Hace falta mi vida, y no la tengo, no por el momento. Tan cansado mi cuerpo.
Tiene poco que me dijeron que ya no siento, que sólo pienso y es cierto, totalmente cierto, porque no puedo sentir, porque todo duele y porque, cuando necesito sentir encuentro un muro agresivo, un muro sombrío, agreste. ¿Qué culpa tiene mi padre de no poder tener toda su mente en forma?
Sólo quiero alejarme ya mismo, en este momento. Sólo eso, y sé muy bien de la fecha especial que se avecina, pero también sé que poco se podrá hacer esta ocasión y es triste, también terrible, aunque también sé muy bien que el corazón falto de ternura no podrá dar mucho ese día.
Si tan siquiera fueran dulces conmigo…

La dulzura

El pasado


martes, 26 de abril de 2022

Cansancio y un poco más.

Abril. Ya se fue abril y ni lo sentí. Entre tantos viajes y pendientes por hacer, viajes, viajes y viajes. ¿Y las fotos? ¿Y la diversión? Sólo viajes. Y sólo veía con recelo las fotos alegres y familiares de la gente, las bodas, los XV años, y yo, viajes, viajes, viajes.
Primero para peinar el asunto de los terrenos del padre, la familia ávida de sus hectáreas, de su cuarto, de su herencia. El hermano disponiendo a diestra y más que siniestra de lo que no es suyo, ayudado de la ausencia de mi padre. Todos dando por sentado que está tan enfermo que sería mejor hacer y deshacer por él, sin él. Ese viaje fue sencillo, más fácil, algo relajado. Con una parada en Oriental, otra en Libres. El enorme tren, las paletas del Pato y los quesos de cabra. Una charla con una vieja conocida, hotel decente y joda, joda, joda. Ningún otro paseo y un regreso bueno, con cemitas y alegría de no ver una súper carretera, sino la panorámica vía federal que me brindaba recuerdos, vagos, pero recuerdos.
Segundo, para peinar lo que dejó mi madre, mi madre y su hermana, aquella persona molesta que sólo gusta de estropear las cosas, aquella parienta que llegaba de extranjia para des-arreglar lo que ya estaba acomodado, como lo hizo la vez de la emergencia familiar, la vez que por su mandato se mudaron de manera revuelta y desordenada las cosas de mi madre a diversas locaciones, todas lejanas, todo mezclado. ¿Qué encontré?
Bultos de ropa, documentos desordenados, no las facturas, no los contratos, pero sí muchas cosas muy, pero muy viejas, trastos, ropa de cama, cobijas, dos o tres, quizá cuatro vidas. Las vi todas amontonadas y bien dispuestas por la sobrina, pero en desorden, de ese desorden de las cosas que no son tuyas y les das un sitio con lo que la mente te alcanza. Todas las cosas de mi madre.
A decir verdad, creía todo mucho peor. Tal vez el año transcurrido ayudó a que se fuera ordenando todo, aclaro que no solo, pero tal vez; sin embargo, ¿qué necesidad había de favorecer el caos ante el caos no pedido?
Las negociaciones.
Este viaje fue tan pesado, no sólo por los kilómetros manejados, no sólo por el estrés de no saber dónde estaba cada cosa, sino por ver qué era lo conveniente y cuáles iban a ser los nuevos términos en cuanto a los habitantes e la casa de mi madre. Finalmente, la de las decisiones habré de ser yo, ¿no? Y pues sí, así fue, porque es lo mejor para todos en este momento y porque no me doy abasto con las cosas. ¡Las cosas! ¡Cuántas cosas hay en todos lados? ¿Alguien quiere ropa de señora  mayor? ¿Alguien quiere una recámara? ¿Alguien quiere una caminadora, una cama de masajes? ¿Alguien quiere rentar una casa semiamueblada?
Las Cosas.
Mientras tanto, de tanta vuelta, tanto pendiente, tantas charlas, no hubo paseo, no hubo mucho que ver, pero sí gente horrible. Gente horrible en las calles, en el centro comercial donde paramos a almorzar, en las redes. Las señoras prepotentes queretanas amedrentando a las chicas que apenas estaban entrenando para formar parte del equipo de la cafetería. Las personas que hacían escarnio de las amigas que dejaron a la que apareció muerta en una cisterna. Las personas que se burlaban de aquéllos que lloraban una palmera que parecía que vencería a la humanidad.
La gente es horrible, es una porquería, y no cualquier gente, sino la gente del país. Ya no cada quien tiene su lucha, sino que cada quien tiene su móvil para odiar. Es tan cansado ver las estupideces de las personas, pero lo es más aún cuando una sólo quiere cerrar la mente tantito para lograr encontrar el mejor camino. 
El mejor camino.
El mejor camino sería… que dejaran estar en mi camino. ¡Cuánta mezquindad! ¡Cuánta falta de corazón y tiento! ¡Cuánto maldito egoísmo! Tanta porquería duele y hace que desee dejar de vivir, que sólo quiera estar acostada en mi cama viendo a la nada, sin decir nada, sin ver, sin oír, tan sólo sintiendo el fresco de las recientes lluvias, tan sólo acariciando la suavidad de las almohadas. Dejar de ser en la vida real y la tecnológica, simplemente desaparecer, como lo hice todo este mes de mi trabajo.
Dejar el camino, dejar.

Sombras

martes, 22 de febrero de 2022

Cosas

Hoy he hecho algo que jamás había hecho: He escrito una carta. Una carta que tiene quién la lea, mucho menos respuesta. Una carta que tiene destinatario, pero que ya no existe.
Hoy he hecho algo que jamás había hecho, porque no tenía sentido, porque no había un porqué, o sí, pero más grande era el sinsentido, enorme, como el año de sinsabor y responsabilidades ajenas sobre mis hombros.
Hoy he hecho algo que jamás había hecho: Una carta a una madre muerta. ¿Para qué? ¿Para descargar las culpas? ¿Para contar los pormenores? ¿Para preguntar sin respuesta? ¿Para azotar mis dolencias más hondamente sobre mis carnes, sobre mi seso? ¿Para agitar angustias y desventuras y ponerlas en el marco más grande de la casa? 
Hoy he hecho algo que jamás había hecho. ¿Qué punto tuvo todo esto? Sólo quedé más triste, más solitaria, con ganas de no hacer nada, de escribir más y más y de quedar en silencio, vago silencio. Sólo quedé con el estado de ánimo alterado, lejano, lacónica, como se me solía decir. ¿Para qué he hecho esto si sólo me he sentido peor?
Hoy he hecho algo que jamás había hecho. ¿Fue mi ego solamente? ¿La necesidad de recordar, de ensalzar, de crear un recuerdo, porque quizás no fue así? No se me ha desdibujado su carácter, su genio, sus manías, tampoco se me han desdibujado sus palabras y sus actos de amor y de ternura, pero no, no las digo, no las hablo, o quizá sí, y demasiado, y quizás he hartado ya a esa gente, a ese casi único interlocutor eterno.
Hoy he hecho algo que jamás había hecho. Y no quiero hablar más de ello.

Cuando aún no era mi mamá.


martes, 15 de febrero de 2022

Se fue el 14 de febrero.

Aún recuerdo cuando mi madre vivía.
Justo ayer rememoraba cuán difícil era el vivir con ella. Cuán irracional parecía a veces, casi siempre. Esa vez que le avisé que saldría con un amigo y que me llevaría tarde a casa, hasta la puerta de mi casa, esa lejana y fría y no le importó el aviso, ni la rectitud de mi amigo y su disposición, e hizo un drama de grandes magnitudes porque la película que empezaba tarde no acababa a la hora que ella quería y porque no me teletransportaba y porque me llevaba un amigo hasta mi casa a entradas horas nocturnas. No, no le importó la oportunidad y estuvo molestando vía telefónica por todo lo que pudo, hasta que se cansó y no, yo no era una adolescente, sino una mujer ya entrada en los veintes. (Antes de que me digan cualquier cosa de que por qué seguía en casa, han de saber que dejar ese techo es lo más difícil por economía y por mente, se logró, pero se le trabajó). Lo primero que dije al terminar mi relato fue: "No vuelvo a tener mamá", porque MADRE no es sólo la que te arropa por las noches, te mima y vela por ti cuando estás enfermo, ni es sólo la que siempre te respalda y que tú sabes que no estarás solo, no, madre también es aquella que crea tormentas mentales, se crea historias, te recrimina, quiere que haga lo que ella quiere cuando ella dice, sin tomar en cuenta la voluntad del hijo; madre es la que te tiene como hijo, extensión siempre suya, te inculca valores y se empecina en que cumplas sus mandatos, tal cual ella los imagina,  y que, a pesar de que sí los sigas, esté convencida de que estás errando el camino.
Sí, eso también es madre. Yo no sé qué angustia tan más grande pueda tener una madre, que se convenza día a día que afuera todo es peligro, que tú no eres capaz de sobrevivir sin su guía, que seguramente has sido el más sordo y no hayas jamás oído sus consejos sabios sobre la vida fuera y dentro de casa, sobre las relaciones interpersonales, sobre el cuidado personal. No, no lo sé. Una gran amiga me ha dicho que no tenga hijos porque se vive en total angustia por ellos, por su bienestar, y le creo, tan le creo que, ya a la distancia, lo he visto con mi madre y he visto cuanto espanto tenía ella de mí, por mí y para mí. ¿Y yo, madre? ¿No lo logré acaso?
Ya está por darse un año de su muerte, inesperada y esperada, y aún estoy en duelo. La extraño, lo bueno, mas lo malo está ya muy lejos. Esa relación terrible que tenía con ella ya no será más, para mi pena y también mi alegría. Hace un año, un 14 de febrero de 2021 lo único romántico que hice con mi Amor fue un arrumaco fugaz por la mañana, toda helada y dura, porque nos estábamos quedando a dormir en la casa donde ella rentaba y porque allí no había más que cartones y cobijas para acostarnos, y el piso, además de duro, era sumamente frío. Yo recuerdo que me acomodé para acercarme por un poco de calor al cuerpo de mi amado y ya…Feliz 14 de febrero. El resto del día, supongo, fue duro. Fue de hospital, de tronarnos los dedos por dinero, de espera porque sobreviviera mi madre, de cansancio por haber dormido muy mal. Mi Amor dice que estuvo conmigo porque ni modo de dejarme sola. Quiero pensar que hay algo más que eso, que lo hace por amor verdadero, porque él es mío como yo de él, (aunque se pongan furiosas las que rechazan el amor heterosexual, aunque sepan que el nuestro no es nada heterosexual, pero si se exaltan al leer que nosotros nos pertenecemos y simplemente le dan lectura de amor normalizado, horriblemente llamado romántico, no merecen explicación alguna de la naturaleza de nuestro amor bisexual-dominatrix-esclava que hay entre nosotros) y que valgo tanto para él como él para mí.
Me acordé de ese 14 de febrero tan áspero y lo contrasté con el 14 de febrero que acaba de pasar, donde tuve el disgusto de leer por todos lados lo terrible que es el amor heterosexual y cuánto hay que analizar y sobreanalizar las relaciones, no sólo porque el capitalismo nos dicta las conductas sociales, sino por los vínculos enfermos que se crean a partir de éste, sí, pues, todo eso es cierto, pero es totalmente injusto, cansado y hartante leer comentarios al respecto el día de los enamorados, el día que una puede y quiere estar con su Amor, porque al fin, tras un largo año, hemos tenido el tiempo de relajación y nos hemos encontrado nuevamente a nosotroas mismas. Cuando finalmente hemos podido tomarnos de la mano y recordar nuestros años juntos, sonreír, reír, tocarnos y disfrutar. 
¿Por qué convertir el Día de San Valentín en un espacio de análisis duro y seco y no dejar en parz a los verdaderos enamorados? ¿Por qué el énfasis de la lección y del recordatorio? Entiendo lo de las distintas posibilidades para ver el camino tortuoso o feliz del amor verdadero o no, pero ¿por qué demonios tengo yo que leer esas reflexiones y por qué no caen donde deben de caer?
De tanto leer estas cosas lo mejor que pude hacer fue relajarme, bañarme, perfumarme, vestirme bonito y salir con mi amorcito, a una cita íntima para comer wafles a la moda, que no había encontrado en años, café y unos tacos en el puesto de la esquina.

Gracias mi Vida, por tanto, por todo, por ti.
Mi Amor y yo

Wafles a la moda


jueves, 3 de febrero de 2022

Incómodo silencio

De un comentario cualquiera al silencio.
No sé cómo resolverlo. Esta vez no lo sé.
Quisiera tener la certeza de saber qué se oculta atrás de la cortina, qué es la molestia primaria, pero la tengo, pero no la quiero decir, porque hay algo allí enterrado que incomoda, como una uña del pie, algo que trae consecuencias y charlas que no se quieren decir, porque estorban, porque no son fáciles de expresar. Quisiera acallar lo que me muele, y no puedo, no puedo ni quiero, pero debo, porque además de mí hay otro y ese otro también ha estado incómodo; ha perdido todo un año de su vida a causa mía y de los míos. ¿Cómo salvar eso? ¿Cómo no arruinar las cosas?
Mi desinterés no ha sido más que falta de momento. ¿No merezco acaso una segunda oportunidad en el interés?
También yo soy tajante. También digo las cosas y las quiero ya. También. Pero algo trivial, que al final no lo es, ha cerrado las voces el día de hoy y se ha convertido en uno de los días más inquietos y pesados. ¿Será acaso el momento de hacer una separación de intereses? ¿Será acaso que nunca los hubo en común y que todo era fingido? ¿Qué es la realidad en esta relación? ¿El equipo simplemente se ha formado en las adversidades? ¿Será que las cosas que decía me eran interesantes no lo son y solamente me he estado adecuando a los suyos? ¿Cuáles son mis intereses? ¿Qué es el tiempo? ¿Cuál es el momento correcto para compartir? ¿Se puede regresar el tiempo? ¿Hay un futuro en común? ¿Y yo? ¿Dónde he estado yo?

¡Qué se yo!



domingo, 23 de enero de 2022

Enero, que acaba enero.

De los días buenos a los días malos, y de regreso. ¿Acaso los hubo?
Días buenos, pendientes casi saldados, casi hechos. Lo último que nos queda es esperar a que acabe el día de este mes que fue el de enero, este mes que termina para mí cuando acaba la era del Capricornio, porque el resto no es para mí el mes mío, sino de otros. Este mes que me aclara cosas y no me aclara nada; que tiene para mí la esperanza de que va todo derecho, sin falta y sin detalles, ojalá y sí se logre, esta vez sí.
Ojalá y sí se logre el año y no se quede como hace doce meses, que se quedó en esperanza vana y se convirtió en terrible llanto. Las pérdidas están atrás, pero están curadas. Se llenan vacíos con el caos que está dentro de mí casa, el caos que acaba de tirar algo de la mesa y que me niego del todo a ver de qué se trata… El caos se llama Gaia.
Un pequeño nudo de tripas y ruidos latosos, una tibieza blanca en la noche umbría, risas, carcajadas, y unas cuantas preocupaciones. El caos se llama Gaia. 
Ella a vino a nuestras vidas de la tragedia, vino a alegrar el día y dar luz en mi alma, vino a complicar la vida de las otras gatas y a descubrir la inmensidad de mi paciencia. Vino a cobrar en sonrisas los amargos duelos y tropiezos, a mostrarme lo liviano de los nudos más inmensos. 
El caos se llama Gaia.
Y de éste viene la vida y nos da pie al más natural de los órdenes, el del amor todo inmenso, todo eterno.

Gaia


domingo, 2 de enero de 2022

Mañana es mi cumpleaños 2022

El día de mañana es mi cumpleaños. Imagínense ustedes. Pasar todo un año entre trámites, consultas y cosas que no son parte regular de tu vida, ni de tu rutina, ni de tus planes. Pasar un año entero esperando que no pasa nada más malo y pasa, y pasa, y pasa.
Mi gata murió empezando febrero, empezando un año que creía sería bueno, que creía sería para mi casa, mi hogar y nuestras cosas y planes, con una bolsita de borrego de la suerte que jamás estrené porque mi gata enfermó y murió, y a los pocos días, al día siguiente, mi madre enfermó y murió, y a partir de ese momento la cabeza fui yo, la cabeza, el cuerpo, pero la vida no, la vida ya no fui yo. Tuve que hacerme cargo de lo había dejado mi madre, de mis dolores, de los dolores ajenos; tuve que ver no sólo por mí, sino por mi padre, a pesar de todo, a pesar de que no habíamos sido los más unidos. Tuve por deber y por cariño.
En este año mi amor tambaleó, no el sentimiento en sí, sino su corazón, su cuerpo, su vida. Se sintió rendido, ausente de sí, sintió que perdió todo un año y no por él. Me disculpo por eso. No podía pensar bien ni darme cuenta por completo de sus pesares, por eso, cuando hacía sus cosas, miraba que las hacía y no lo interrumpía.
¡Cuánto cansancio emocional y físico nos dio el 2021! ¡Cuántas pérdidas!
No bien recuperada estuve del dolor, cuando mi perra enfermó, enfermó y murió. Fue el colmo. Mi corazón se rompió, no tanto por su muerte, sino por su enfermedad, su incapacidad de ser más ella. Siempre tan libre, siempre tan su voluntad y luego, una semana y no se pudo levantar más. Cayó y no se pudo levantar, ni para obrar, ni para comer. Luché y luché, como con Isis, para que Gilda no muriera, y murió.
No era justo tanto penar. No es justo tanto penar y, a pesar de que todo lo demás ya tenía cierta estabilidad, la sensación de desamparo no se iba, ni se fue en mucho tiempo. Dejar a mi madre y mi padre, dejar la casa del sur, que después fue robada, y robada, y robada. Dejar parte de mi vida allá, lejos, en el frío, a mis perritos bebés, pensar que todo iba bien y luego todo iba mal, mientras seguía pensando que todo iba bien. Los silencios de mi madre, sus secretos, esos que, como telenovela, se llevó a la tumba. La enfermedad de mi padre, sus cosas pendientes y deseos que, como puedo, intento resolver. La vida trunca, en pausa, pero trunca, todas las cosas por hacer que no he, ni hemos podido emprender…
Mañana es mi cumpleaños y no quiero que el dolor me vuelva a someter. Quiero pasarla bien, con mi amor. Quisiera pasarla con mis amigos, todos ellos que me ayudaron durante el difícil trance, ya sea con sus palabras, con su presencia, con una ducha caliente, con internet o con comida, pero estamos lejos y aún estamos en esta pandemia. Quisiera caminar por allí, comer muchos mariscos y rico pastel, tener muchos regalos y sonreír y un abrazo de mi mamá, aunque ya no esté, unos golpes de cola con terribles garras de mi Gilda, aunque ya no esté y unas lamiditas constantes en mi brazo con suaves ronroneos de Isis, aunque ya no esté.
Quisiera gorditas con repollo y dejar de llorar, y tener mucho tiempo para descansar el cuerpo y esta mente que da vueltas en los pendientes y que sólo quiere un buen momento de letargo,  ensueño y diversión.
Siempre digo que ojalá nos veamos pronto, que ahora que se pueda con esta pandemia nos reunamos, lo digo con fervor y deseo constante que de sea real, de que nuevamente en esta vida, en este año, pueda volver a hacer un día de campo lleno de comida y felicidad por todos, para esos, mis hermanos de vida que han sido mi constante y mi aliento. Un día lleno de alegría y carcajadas nos quisiera regalar…

Ya mañana es mi cumpleaños.

martes, 23 de noviembre de 2021

No sufran.



No me gusta que mis amigas sufran. No me gusta que quien quiero tenga dolor del alma. ¿Qué hacer para evitarlo? Nada. Quisiera poder abrir una caja mágica y arreglarlo todo de un cerrón, cerrón tostón. Quisiera poder tener la gracia de calmar sus penas con tal sólo oírlas. Una amiga muy sincera sufre hoy por haber terminado su relación de doce años. Otra amiga muy breve sufre por las mismas dolencias que yo misma: La pérdida de la madre y se hija única. Qué refriega que nos toca. A ambas las entiendo, a ambas las quiero, en la misma cantidad y medida, así como también he padecido su dolor, ajeno y propio. Es tristísimo sabernos solas, cuando no debiéramos. Es terrible saber que alguien siente lo mismo que tú has sentido. ¿Qué es de nosotras, las dolientes, una vez que ha pasado? Las siguientes. No me gusta que mis amigas sufran, ni mi amiga bella y candorosa, ni mi amiga madre tan lejana, tampoco mi amiga soltera, ni la casada, ni la juntada. No, ninguna, porque ninguna de ellas merece el llanto y el desasosiego, ninguna de ellas merece padecer. Todas ellas, tan bellas, tan generosas y tremendas. Todas ellas decorosas, despeinadas, vellosas y tiernas. Todas nosotras, que fuimos niñas, que crecimos entre mofles y ruinas, que alcanzamos a comprender el mundo en medio de todo barullo. Todas nosotras, tan grandes y fuertotas, y que ahora sufrimos. No nos gusta sentir pena, pero menos ellas, ellas que me lo han dado todo y yo, que tan poco les puedo dar. Las amo.



domingo, 26 de septiembre de 2021

Me desborono

Estoy demasiado triste para mí, para crear, para formar. Estoy demasiado triste para leer, para llenar, razonar y reformular espacios, teorías. No quiero saber de las cosas del mundo, de lo externo a mí, de lo que ha molestado a las demás por siglos. Hoy no. Hoy no quiero ver por nadie, por las desvalidas, por las aguerridas. Quiero ver en mí, en mi destino, en el tajo cortado que he dejado de lado, allá, lejos, en el pasado, en el frío y eterno invierno de mi juventud, la que cesó el día 6 de febrero y terminó de rematarse el 22.
No quiero sino pensar en mi destino erradicado, terrado, por mi corazón dejado de lado, ese que casi no daba de sí ya. ¿Quién iba a pensar que una ausencia así haría tal mella en el camino?
Interrupción.
Continuación.


Desvío mi mente y la mirada hacia los deseos varios. El se etérea y eterna, quedarme como espina dentro del abismo suave de todos los que me tocan, pero quien ha quedado dentro ha sido mi madre.
No tengo ya referente, ni memoria, no recuerdo mucho de los cuentos y vivencias, unos lugares vagos a los que fui ya hace muchos años. Un canal, un río, árboles y calor. Y nada ya está allí, supongo, son difusos momentos poco significativos, para nadie, para mí solamente. Un  pequeño grano de arroz, y roto.
Ese soy yo.

Escribir de corrido tampoco puedo hoy. Quizá debería dejarlo aquí, tal vez no. Este desgarre, este ansia de escuchar la perfección, el lamento contento, el día de sol idóneo para secar la ropa. Este trauma insostenible y la flexibilidad. Nada.

¿Qué es de mí, tabla a la deriva en este río casi seco?



sábado, 10 de julio de 2021

Cancelado

Una llamada inesperada, mejor dicho, un mensaje. Un mensaje que no quiero contestar, por salud mental, por sanidad, por distancia sana y mesurada. Yo no quiero contestar cómo estoy, no quiero hacer conversación, no quiero que se sepa de mí, menos si es para pontificar, para incomodar, para querer sobresalir el dolor sobre el mío, porque quizás eso pase y quizás eso no lo quiero. Mi dolor es prioridad, es mío y lo comparto con quien yo quiera.
Me gusta el sol, las flores, los gatos y algunos perritos, pero no me gusta que de pronto me pregunten cómo estoy, máxime si no me he comunicado con esa persona en meses, muchos y largos meses, máxime si no he tenido ni una palabra, ni una ayuda, máxime si me he peleado con esa persona en sueños, si la he culpado por la desaparición del bienestar de mi madre. No, no quiero, y, sin embargo, me temo que he de contestarle con un "bien" simplemente así. Hay tantas cosas que hacer que no hay tiempo de hablar, sobretodo con ella.
Hablo sólo con quien sé que me hará bien, que son muchas otras personas, todas amigas francas, manos y oídos, lindos hermanos de alma y corazón, pero con ella, con ella nada, porque no merece mi tiempo maravilloso y precioso, porque soy cortés sólo por mi primo, porque él sí me interesa.
Esto es todo.



lunes, 19 de abril de 2021

Confesiones de Primavera

Desde diciembre de 2019 que mi vida perdió rumbo, y tomó uno distinto e igual a la vez. Desde diciembre que se metieron a la casa de mi madre y se quedó sin ella, voluntariamente, deseando estar de nuevo allí, a pesar del frío, a pesar de la vida mala que tuvo, deseaba estar en su casa, a pesar de decir que tenía otra nueva, lista para ser estrenada, deseaba su casa, esa casa, la misma de donde huí, la misma a la que le lloré un poco cuando desalojé más de mis cosas, mi cuarto, su cuarto, el cuarto del Huehue. La casa bonita que necesita más vida, que requiere toda la vida y nada del frío.
Desde 2019 se perdió el rumbo de todos.
Creo que primero del Huehue, cuando una perdió parte de su mente, por su vida disipada, disoluta, variada, desordenada, su vida, esa que perdió y anhela, yo sé que la anhela. Se ve en sus ojos tristes de párpados caídos.
Luego fue mi madre, con su hogar su casa, la pérdida de algo que desconozco, el temor, la angustia, la paranoia. Sólo ella supo de qué huía; sólo ella supo el nombre del terror que le alimentaba. Su casa que ya no era su casa, porque ya no quiso. ¿Qué fue de ella? Que se perdió en sus angustias, que le carcomió el alma el terror sin nombre y con cara. Hasta que murió.
Mi mamá se murió porque se quedó sin casa.
Luego fui yo. Con padre que es como un niño y sin madre. Mirando por él, sabiendo los pendientes de ella. Luego estoy yo, que me fui lo más lejos posible de esa gran casa con el sueño de volver a ver a mi madre en su casa, do quiera que fuera y no, ya no la vi. ¿La última vez que la vi? ¿Lo último que le dije?
¡Vámonos María! Y se la llevaron los camilleros a su clínica del IMSS para que siguiera con su hospitalización, hasta que el cuerpo ya no le dio. Y quedé.
Si bien, en febrero del 2020 me sentía desamparada, ahora lo estoy más.
Ese desamparo que te quita el aliento y que no te deja pensar. Ese desamparo que sólo provoca el anhelo de que tu padre te vuelva a conseguir un libro que no se ha editado o del poder contarle a tu madre alguna mala acción de un tercero. ¡Qué terrible el convertirse en tus padres así de pronto!
Estuve huyendo de mis responsabilidades familiares durante un año, para que cayeran sobre mis hombros de la manera más funesta. ¿Huyendo? ¿Hacer mi vida era escapar y evadir a los padres?
Al parecer así siempre parece que fue.
No tengo más que decir por ahora.
Ah no, sí.
Es muy, muy molesto que cualquier persona me diga que necesitaré terapia.



jueves, 4 de marzo de 2021

De las pérdidas.

Tiempo ha que no he escrito, ni leído. Tiempo ha que no he escrito aquí, ni allá, ni en lugar alguno. He estado ocupada, atribulada, desvencijada. He estado, y eso es ganancia.
Hoy no haré ninguna felicitación para una gata, porque ha muerto.
Hoy no río.
Hoy sólo recuerdo y conmemoro, un poco, sólo un poco, porque duele.
Porque el dolor es suma de dolores, vacíos y silencios.
Porque hay mucho por decir, pero más por hacer.
Me dicen que me tome un tiempo, que respire, que haga por mí, que me apapache, pero el tiempo viene volando y me lleva de vuelta a la resolución de cosas, las más inesperadas.
No pensaba que mi madre moriría.
Pensaba que la cuota era mi gatita Isis y que mi madre sobreviviría, que su cuerpo aguantaría nuevamente las batallas y que la tendríamos en casa en un par de semanas más…y no.
No resistió su corazón.
Falleció.
Murió un lunes 22 de febrero. Fui al hospital, porque insistieron y cuando llegué la noticia fue funesta, implacable, terrible. "¿Ya se murió? Pensé que sobreviviría."
Y no. Ahí quedó la prieta. 
Se llevó su voz, sus dedos ya chuecos. Se llevó sus secretos y problemas. Se los quedó todos y dejó aquí un regadero de emociones intensas, un regadero de hojas, cuentas, enredos. Dejó una hija que no sabe qué hacer con su padre, porque está allí, todo triste y desbaratado, todo sin saber exactamente qué día es por los antipsicóticos que le recetaron hace tiempo.
"Yo no sé qué voy a hacer sin mi mamá." Y no, no lo sé.
Estoy siguiendo la bola. Estoy consiguiendo tiempo, pero no lo tengo, como ella no lo tuvo para sí, como mi gatita hermosa que se fue en un estertor, como mi madre que simplemente tuvo paro y su corazón ya no jaló, a pesar del medicamento, a pesar del carrito de choques. Nadie pensaba que eso pasaría. Tampoco ella, ella que pensaba que iría a casa pronto, que necesitaba sus ropas para irse a su casa y luego ir a su otra casa, aquélla que tanto estuvo preparando para finalmente habitar un espacio a su gusto. El espacio que se quedará vacío, sin ella. Sus sartenes, su cocina integral, sus muebles bien pensados, morados, según recuerdo.
"Se murió mi mamá." Recuerdo que escribí. Y mis amigos no lo podían creer.
"Ya se murió mi mamá." Recuerdo que le dije a su hermana y lloró desconsolada. "¿Qué vas a hacer? ¿La vas a cremar y la vas a traer para acá?" No, ella nunca quiso ser cremada.
Tantas llamadas y palabras. Tantas suspicacias.
Y nada, nada me dio sosiego.
Acaso algunas notas, acaso el abrazo largo de mi tío y el llanto de mi prima, acaso el apoyo fuerte de mi Amor y mis gatitas sobre el pecho. Y mi casa tan sola, sin mi Isis, esa gata que sabía darme el consuelo exacto ante todo, esa gata que se dejaba cargar y llenar de lágrimas, la que me miraba paciente mientras dormía. La amo.
Y mi madre muerta, que también amo.
Tal vez jamás se lo dije.
Tal vez siempre pensó que no la quería.
Quién sabe.
Tampoco sé si me quería de verdad o si creía que mi vida era un juego de niños. No lo sé. No sé.
Mientras sus amigas diciendo pavadas, que la llevé a que la mataran al seguro social, sí, ¿y con qué se pagaba el resto del hospital? "Ella tenía dinero." "¿Dónde, tú sabes?, me ayudaría mucho." "No lo sé, eso te corresponde a ti saberlo."… Saberlo, si ella jamás me dijo nada, si ella todo lo guardaba y luego, cuando me quiso contar todo, no pudo, ya no pudo, y se fue a un hospital, la entubaron y poco hablé con ella, acaso unos días que estaba más consciente, porque entre la oxigenación baja y las toxinas que no filtraba su único riñón, ella alucinaba, veía cosas y luego se ponía necia. Quería irse a su casa.
Yo no la dejé.
Mi madre muerta y la vida que sigue y el dolor encarnado, silente, terrible. Quizás muchos entiendan, se agradece que lo digan.
Gracias mi madre, por hacerme, aunque sea yo un desmadre.
Qué triste.


martes, 15 de diciembre de 2020

De los días atrasados y muy pesados y demás.

¿Qué pasó en las semanas pasadas? ¿Qué fue lo que me mantuvo con zozobra por días y días? Interminables días.
Y este día, esta fecha justamente. Un 15 de diciembre del año 1979. Un par de personas se casaron. Después tuvieron una hija, como tres años después.
La verdad no me gusta hablar de mí, nunca, casi nunca, y sin embargo todo el tiempo estoy hablando de mí, ¿de qué otra cosa podría hablar? ¿De literatura, de arte, de música? Podría hacer gala de lo que sé, y lo hago, podría ser más cínica en lo que hago gala, y lo hago. Todo con la finalidad de encubrir lo que en realidad soy, qué soy, a dónde pertenezco. Todo con la finalidad de que no se note lo que me duele, lo que me está lastimando.
Los recuerdos, esos momentos que ya no están, así como las gentes, así como la juventud. Lo único que queda es la muerte, y su recuerdo, aunque no haya muerte, aún, pero el recuerdo.
Soñar con la humedad de una casa, los hongos, el hacinamiento. La preocupación del padre y de la madre. El impedimento de no poder ayudar más, por espacio, por lugares. Aquí no hay espacio, ni lugares. Quizá si hubiera, pero sólo quizá.
Mi empeño en tener mi espacio, mi vida, mi tiempo. ¿Y si eso sólo me hace una egoísta? ¿Y si eso es lo que no debo hacer? ¿Y si eso me convierte en una mala hija, una irresponsable y abusiva? 
Muchos dirían eso, yo misma me lo diría, pero no por mi cabeza necia, sino por lo que he escuchado por años de la gente de esta familia: 
"Yo nunca dejaría a mi madre sola."
"Es tan buen hijo, le puso casa a su madre."
"No estudié lo que quise porque no iba a dejar sola a mi madre."
"Cuida a tu madre."
Y yo xingo a mi madre.
Llevo mucho tiempo intentando terminar esta entrada, me distraigo a propósito, le doy vueltas al asunto, a lo que me incomoda. Entre el "deber ser" y el "tienes que sacar lo que te duele" y no sale, y sí, está allí, pero velado entre palabras necias, porque no hay otra forma en mí para darme a entender. Quisiera teorizar al respecto, pero siento que sería demasiado banal, demasiado falto de importancia, porque finalmente son cosas que me están pasando. Son pérdidas inesperadas.
Jamás pensé que sucedería así, jamás pensé que sería el padre el primero en flaquear, el primero en estar más indefenso, y ahora, al lado de la ya perennemente indefensa madre. Quisiera que estuvieran cerca, pero no tan cerca, y no hay forma de mantenerlos en esta cercanía sana, no hay forma de que no irrumpan en el equilibrio de este hogar si se acercan más. Soy muy egoísta. He de ser un monstruo.
Luego recuerdo que son adultos, que ellos deberían ya saber lo que hacen, pero luego recuerdo lo que es sentirse rebasado. ¿Qué puede más?
He de ser un monstruo.
Pero hago lo mejor que puedo.
Pensar en una vida que jamás me ha gustado, en una dinámica de familia muégano que jamás, JAMÁS he experimentado, porque crecí lejos de todos los parientes, porque sé que así debe ser, por lo menos para mí y para mi amor…
Puede ser por unos meses, puede ser por años, puede ser por décadas, y este momento de la vida, donde he perdido ya tanto tiempo con mi amor, no quiero perder ni un minuto más. Suena tan dramático.
Quizás estoy siendo melodramática y no me dejo llevar por la practicidad de la vida. Si no se puede, no se puede, si me quedo en este paraíso infernal es porque acá estoy tejiendo mi vida, si ellos no vienen es porque no tienen un lugar aquí, porque no lo pensaron así antes. ¿Y ahora? ¿Por qué no hacerlo? No es imposible; sin embargo se necesitan voluntades y tiempo y disponibilidad y todo en plural, porque no todo ha de depender de mí, porque la madre es un ser independiente y yo también (aunque a veces no lo sienta así). 
La deuda moral y más que moral pesa sobre esta cabeza turbia y pesada.



miércoles, 16 de septiembre de 2020

Una llamada de Feministlán / Las Heroicas

Mentiría si no me da miedo cada día que mi pareja en algún momento se le botara la canica y se convirtiera en aquel gran macho que todo mexicano tiene en su interior. En el Pater Familias sobre protector, en el hombre controlador de actos y de ideas, en el celoso patológico manipulador. Sí, diario tengo miedo por mí y deseo que no pase, que él siga siendo como se ha manifestado estos años, que siga congruente con sus ideales y jamás deje de poner en tela de juicio las acciones que le enseñaron que un hombre debe ser.
Lo conozco lo suficiente como para confiar en él, mi vida, mis pensamientos, la construcción de nuestro hogar y nuestro patrimonio. Le sé todo y él me sabe todo. No hay nada que ocultar, ni una mentira, ni un saber. Todo nos lo contamos, con la entera confianza de que es verdad, de que no nos hemos de juzgar, de que nuestros puntos de vista serán discutidos, pero jamás minimizado.
¿Qué les enseñan a los niños que deben hacer, que deben pensar y actuar? 
Ellos son los fuertes, nosotras las débiles, ellos deben resistir, nosotras flaquear, ellos deben de tener la mente dura y los músculos dispuestos para todo, nosotras debemos estar agradecidas por su escudo protector, físico e intelectual. Ellos accionan, nosotras nos sometemos a su acción.
Todos los días me pregunto si no uno de estos él tomará esas riendas de la vida, o si acaso no ya las está tomando y no me he dado cuenta, ciega por el amor incondicional que me profesa.
Luego recuerdo a otra persona, alguien que dice ser igual, alguien que dice apoyar la causa feminista, el aborto, la lucha contra la violencia, que decía ser un hombre que se cuestionaba y que ya no era el mismo de antes y…cómo después me desechó sin necesidad de la verdad, mirando sólo sus prejuicios y atacando mis supuestas acciones.
No diré que todos los días lo recuerdo, eso ya no pasa, pero de vez en cuando, y más en estos días, no por causa mía, sino por una tontería que él hizo y noté, pero hoy sí está en mi mente, porque gracias a él encajo, por desgracia, en aquél chocante dicho que reza: "El aliado de una es el agresor de otra." Dicho chocante que generaliza, y que por eso me desagrada. Y por él, porque se las sigue dando de aliado feminista y porque él y sólo él ha sido el único que ha puesto en tela de juicio mi sexualidad, es que caigo en la terrible generalización, penosa, desagradable. 
Él es una muestra de la desgracia, de que el machismo no se sacude con una toalla, que, por un lado se dicen liberados del machismo y por otro lado, lo siguen actuando. ¿Y ellas? Y las mujeres mayores no actúan de la misma manera?
En mi vida nueva en estos lares me di cuenta de muchas cosas, que la burbuja citadina nos protege, que no todas las mujeres crecen y se desarrollan igual, tanto por la zona urbana, como por la clase social, aprendí que muchas mujeres jóvenes crecieron más precipitadamente que yo y se dieron de frentazos con los machos horrendos de estas tierras. Les enseñaron a ser mujeres —cualquier cosa que eso signifique— y como tales las maltrataron muy, pero muy pequeñas, sin haberles dado la oportunidad de respirar un poco de madurez antes del golpe machista. También, por razones generacionales, ellas tuvieron los estereotipos de género dictados por el mercado, mucho más marcados. Así crecieron, sin ver otra posibilidad de vida, creyendo que ser niña era portarse bien y ser mujer era lo que escuchaban y veían en los medio. Y, como se vieron en la necesidad de crecer velozmente, no tuvieron la oportunidad de probar y reprobar lo que les habían enseñado del cómo ser mujer.
Llegué, las conocí y aprendí de ellas. Les llevo ya varios años, muchas de ellas estaban naciendo cuando yo estaba iniciando la carrera, prácticamente ninguna gozó de ver el contraste del siglo XX, de lo sórdido de un muro divisorio a la esperanza de un mundo unido en la paz y la libertad, misma que se desapareció un 11 de septiembre, evento en el cual no ahondaré.
Las conocí y supe que ellas eran sabias, que su fuerza no estaba dirigida por un berrinche, sino por el hambre verdadera de justicia. Supe que sabían lo que hacían, que leían, se informaban, que no todo lo hacían con víscera (no tanto). Supe sus historias, que todas habían llegado a ese punto del feminismo por sus historias de maltrato. ¿Cómo era posible que chicas de menos de 22 años ya tuvieran una historia de violencia física, un procedimiento legal contra alguien, la necesidad de atenderse en un psiquiátrico?
Algo definitivamente se está haciendo mal cuando mujeres tan jóvenes tienen que dar su tiempo de vida en lo que se supone que debía estar solucionado desde hace años.
Y lo que más me enoja, además del sistema que desprotege a las mujeres que apenas están llegando a serlo, son las mujeres mayores; todas aquellas que se ciñen a los preceptos de su edad, de las enseñanzas de su infancia, de su juventud; todas ellas que no ponen en tela de juicio nada y piensan que las más jóvenes son simplemente tontas, por jóvenes, que son inexpertas y, por lo mismo, incapaces de formarse juicios, de organizarse para algo bueno, que todo lo hacen por berrinche, porque ellas no saben. 
Me enoja que esas mujeres mayores crean que las jóvenes son débiles porque se quejan, porque no aguantaron en silencio lo que ellas pasaron, no importando que, tanto las chicas, como las mayores, todas, hemos vivido experiencias similares, porque hemos sido criadas en México, en Latinoamérica machista y misógina. 
Me enoja que esas mujeres mayores quieran medir a las jóvenes con la misma vara con la que fueron medidas, que no se acerquen a ellas, que no dialoguen con ellas y que crean que sus años son la verdad única. Me enoja que las mujeres no deseen desempolvarse el supuesto respeto a sus canas y vean que el problema es de todas, no sólo de ellas y que sólo ellas tienen la solución.
Me enoja la mentira, la mentira de él, las mentiras de las que se creen la Verdad. Me enoja que todo lo quieran ensuciar con lucha política y de fuerzas, que siempre gane el prejuicio sobre la justicia.