Extraño un alma, un alma suave, un alma plena, un alma generosa y dadivosa. Extraño un alma extraña, única, que jamás volverá a tocar la mía, ni la de nadie, que nunca más estará en otro espacio, en otro sitio, tan solo en recuerdos, tan solo grabada en lugares distantes, de esos que nadie conoce, de los que encuentran olvido, o no, porque ese alma tocó muchas otras, tocó sonidos, teclas, oleadas de preguntas con respuesta.
Extraño un alma que ya no pude ver, que azarosamente tuve cerca de un vez y para siempre nunca más…
Te extraño, no pensé que tanto, no pensé que fuera a ser así tan pronto, tan de pronto, prontitud vehemente, terrible, inconstante. ¿De qué se se trata esta vida? De tocar almas frías, almas calientes, nunca almas tibias.
Extraño un alma toda, a pesar de únicamente haber visto una parte pequeñita, diminuta, pero quizás haya sido la necesaria, la más veraz y voraz, la que se daba todo, la que lo entendía por montones, la sonrisa con hoyuelos, los ojos alegres siempre de verme, la palabra amable. Esa forma tan bonita de dirigirse, tan memoriosa, tan, de tantos años, no cómplices, sí formativos, porque ambos fuimos jóvenes, yo más que tú, pero ambos revolvimos la mente para crear un algo, por lo menos por instantes breves, pero certeros.
Ojalá pudiera yo volverte a ver tocar el piano, ojalá pudiera escuchar cómo el sonido que produces envuelve el espacio, lo abarca, no abandona, alimenta. Ya no tocas, no produces, no envuelve tu sonido, ni tu sonrisa, ni tus ojos, ni tus dedos ágiles sobre el teclado. Ya no la vida entretejida, ni los proyectos, ni el deseo de volver a verte, a invitarte a hacer algo o a tocar conmigo. Qué lindo que hubiera sido volver a cantar contigo.
Extraño un alma tan única, tan tanta, que sonaba a que todo, siempre, para siempre. Quisiera y ya no hay más vida que contenga esa amplitud indescriptible.
Entiendo ya lo que es un alma.
Te extraño mucho, Elías.
%2021.56%20%232.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario